Lamentable la semana de baloncesto que cierra el Madrid, que si bien no acarrea consecuencias clasificatorias significativas, rompe de cuajo una magnífica dinámica de juego y resultados.
Lo de Atenas el viernes fue simple y llanamente turismo. Imaginamos que el equipo visitaría el Partenón y se pondría hasta el culo de musaká, porque lo que es intensidad, ganas y baloncesto, poquito o nada. Que sí, que OAKA impone (17.500 ‘yihadistas’) y los árbitros tiran para casa, pero es que nos pasó por encima (+20) una versión mediopensionista de Panathinaikos, liderada por Nikos Papas y Batista-Gist, descartes estos dos últimos de Baskonia y Unicaja, respectivamente. Se quedó el Madrid en un 36% de campo, no por desacierto puntual, sino porque los ataques fueron un esperpento. Sin ideas, sin circulación de balón ni criterio acabas haciendo malos tiros y el resultado son % bajos. Un clásico en la era Laso cuando un rival de cierta entidad eleva el nivel físico y de intensidad.
La semana tampoco ha sido mejor atrás, 171 puntos recibidos ante dos contrincantes no precisamente de gatillo fácil. Murcia es el 8ª peor ataque de la ACB (promedio 76) y el PAO llegaba como 4º por la cola del top16 con una media de 71.
Tres datos ilustran el patinazo del domingo: 45% en tiros libres, 18 rebotes menos y Slaughter como jugador más valorado (16). Las derrotas en ACB parece sin embargo que escuecen algo menos al ver al Barca hacer aguas. Volvió a perder a domicilio (de 20 en Valencia) y dice básicamente adiós al segundo puesto de la regular, es decir, al factor cancha en semifinales.
La visita del Maccabi el viernes, clave para amarrar el primer puesto de grupo y evitar un gallito en el top16, es buen termómetro para medir si la semana horribilis que termina fue sólo un tropiezo fruto de la relajación o se trata de síntomas serios de debilidad del equipo a pocas semanas del nudo de la temporada.
Posdata: Felipe renueva por dos temporadas y una ligera subida de contrato.







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