Lecciones de la Copa al margen del replay

Copa del Rey Llull Real Madrid BarcelonaFue un error arbitral histórico, que marcará el recuerdo de esta edición de Copa y, quiero pensar, la carrera en la élite del trío arbitral. Entiendo que la parroquia azulgrana se remita a la falta previa sobre Singleton, pero fallos arbitrales de apreciación como ese hay cada semana, faltas más o menos contundentes que quedan sin señalar. De lo que no hay precedentes en basket Fiba es de un fallo tan grave (y encima tan relevante) en una jugada revisada en el instant replay a cámara lenta. Eso lo convierte en histórico y de paso sienta un precedente peligroso. El Madrid ha redoblado su apuesta y pide que se aparte indefinidamente al trío arbitral de ayer, que sólo quiso revisar 2 de las 11 tomas de tv disponibles de la jugada final porque ya les parecía claro. Se habla incluso de una amenaza de salida de la ACB que, particularmente, tendría que ver para creer.

Dicho lo cual, se puede hablar también de basket, que la Copa dejó unas cuantas conclusiones de las que también deberíamos tomar nota. La primera es que se echó mucho de menos a Thompkins, más de lo que imaginábamos, estando tan de dulce Toñete. El motivo es Felipe, al que, por muy en formol que se conserve, le pasan ciertamente factura ya los años y está para muy pocos trotes.

Él, que ha sido un ventilador de estadística durante dos décadas, firmó 3/11 tiros de campo en la Copa, incluido un costoso -3 de valoración en la final en 9 minutos. Venía, además, de hacer un poco el ridi en Moscú la semana previa. Puede darnos aún relevos de calidad en pachangas de domingo contra equipos ACB de clase media o baja, pero ante rivales top ni está ni le esperaría. Le cuesta un mundo comprar una canasta, no saca faltas como antaño y en defensa sufre en muchas situaciones de juego. Parece que va a renovar, que seguirá otro año, la cuestión es en qué rol. Si es como sexto interior, para completar convocatorias y jugar ACB, pues bien, la gira de despedida que quería Navarro. Pero como quinto interior ya no llega, quizá haya que fichar, repescar a Sebas o subir a Garuba, ya se verá, una decisión que no hace falta tomar ahora.

Que nadie se equivoque, no se quiere más a Felipe por taparse los ojos y negar la evidencia, por darse golpes en el pecho y reivindicarle con cada partido bueno que pueda hacer de aquí a final de curso. Quererle es apreciarle por lo que es en cada etapa de su carrera de blanco y despedirle con honores cuando toque, que ya se acerca el día. Punto.

Anthony Randolph y Singleton en la final de la Copa del Rey de baloncestoAl que habría que pensar en renovar sin duda es a Ayón, estelar su temporada, de lejos el mejor del Madrid en la Copa, que también ha servido para poner en perspectiva a Tortuga Deck, un magnífico activo de rotación y un acierto de fichaje.

Además de a Thompkins, se echó de menos a Rudy, lesionado en la segunda parte ante el Barca y por tanto ausente en esa recta final de cara o cruz. Lleva semanas desacertado de cara al aro, pero su defensa, anticipación y visión de juego hubiesen sido capitales en la prórroga.

Laso, por cierto, volvió a patinar en la gestión de un parcial rival, sólo pidió tiempo muerto cuando ascendía a 11-0, con casi toda la ventaja esfumada y el Barca subido ya a las barbas. Su libreto no es balcánico, de cortar el partido para abroncar a la prole si encaja 5 puntos seguidos, sino de dar margen a la autogestión de los jugadores, un voto de confianza pensando en el largo plazo. Es el mismo libreto que nos ha traído tantas alegrías estos años pero que, oiga, aplicado en finales supone un riesgo. Que sea el mejor entrenador posible para el Madrid no le convierte en infalible, sirva ayer como recordatorio.

Otra conclusión que ya sospechábamos pero viene a confirmar la Copa es que el Barca se ha puesto las pilas. La Copa del año pasado fue un sonar la flauta, el subidón tras el despido de Sito. Pero, después de dos temporadas vergonzantes, fuera del top8 Euroliga con semejante presupuesto, puede decirse que vuelve a ser el segundo mejor equipo de España, enseñando matrícula a Baskonia. Pesic ha imprimido carácter competitivo, reman todos a una y saben a lo que juegan, sea mas o menos bonito. Además, la salud les está respetando escrupulosamente y ficharon con sentido común en verano, con el resultado de una plantilla equilibrada. Con todos sanos el Madrid debe ser mejor, pero la brecha se ha reducido sensiblemente en poco tiempo, lo cual, sinceramente, tampoco es malo para el interés de la competición doméstica.

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El Madrid se deja la copa en el replay

tapon

Perplejo os escribo estas líneas, atónito ante la cadena de pifias arbitrales en los últimos segundos que decidieron la final de Copa. Comienza por un error grave, la falta no señalada de Randolph a Singleton, dicho sea de paso, tras una infracción de 5 segundos de Tomic en el saque de fondo pero, oiga, pelillos a la mar. Es falta, por supuesto, incluso antideportiva si queréis, pero sucede muy deprisa, los árbitros están lejos y no pueden verla en replay, un error humano de apreciación como suceden cientos cada semana. La norma, recordemos, sólo contempla revisar el grado de la falta si ya la has señalado, pero no si es o no falta. Es la ley, la misma que sufrió el año pasado el Madrid en la final, con aquel faltón de Claver a Taylor en el palmeo de la última jugada. Errores graves ambos.

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Lo que siguió, sin embargo, no fue un error grave sino directamente histórico. Porque lo incomprensible y de lo que no hay precedente en baloncesto (no hablo del VAR en fútbol, que el fuera de juego es muy jodido) es de equivocarte en la señalización de una jugada que has podido ver repetida 20 veces a cámara lenta, me refiero a la acción final, la canasta concedida a Tomic que da el título al Barca. ¿Cómo puedes conceder una canasta por tapón ilegal… ¡cuando no era tapón sino rebote!? Es rebote porque el balón había tocado ya el aro, como se aprecia bastante claramente en varias repeticiones, como la que abre este artículo.

En una final igualísima, entre dos equipos bastante parejos a día de hoy, sobre todo dadas las ausencias blancas (Trey baja y Rudy lesionado en la segunda parte), son los pequeños detalles los que desequilibran, como decisiones arbitrales. No creo en la mala fe de los colegiados, en la retórica futbolera de las conspiraciones. Sí en el fallo humano, leo que se les escuchaba hablar muy nerviosos mientras deliberaban sobre la última jugada, viendo las repeticiones, condicionados quizá por la sospecha de haberse equivocado en la jugada previa. Tenían cargo de conciencia, prisa por tomar una decisión y no esperaron a ver todas las tomas de televisión, o no se las mostraron. Es la explicación más plausible a un error incomprensible, inaudito.

El cabreo en el Madrid es formidable, empezando por el máximo responsable de la sección que, en la rueda de prensa, teóricamente ya “en frío”, ha dicho lo siguiente: “Se ve en las imágenes, es tapón legal de Randolph, con lo cual no sé cómo hay que llamar a esto otra vez. El año pasado, ustedes se acordarán, en la Copa de Gran Canaria, se dio una circunstancia parecida y nos callamos, pero sufrir la misma situación una segunda vez creo que no debemos de callarnos“. Tanto es el cabreo, que el club ha solicitado formalmente a la ACB que emita un comunicado reconociendo el error en la señalización de la última jugada, al estilo de los que emite en ocasiones la Euroliga, sin ir más lejos, tras el reciente Barca-Zalgiris.

Los jugadores, lógicamente, han usado palabras aún más gruesas: “Vaya puto robo, que lo ve todo el mundo. Esto es un robo, dos años seguidos. Es clarísima, tapón clarísimo me cago en la puta”, clamó Felipe camino del vestuario. “Es una vergüenza. Queda la semana para analizar el partido en sí, pero esta noche la noticia se llama replay…

¿Por qué la NBA me gusta cada vez menos?

Captura de pantalla 2019-02-12 a las 13.07.15.pngCuando nació este blog, hace 12 años, escribía principalmente de NBA. Aunque haya pivotado hacia el basket FIBA, especialmente el Madrid, he mantenido el interés y admiración por la NBA, incluidas épocas de ver muchos partidos, en función de horarios y rutinas crápulas. Pero esa admiración ha decaído sensiblemente de un tiempo a esta parte por lo que creo una degeneración del juego, así como por el desequilibrio manifiesto de la competición, siempre desde mi perspectiva de europeo rancio.

Lo dice uno que padeció los años de finales NBA a 75 puntos con protagonistas tipo Ben Wallace y Bruce Bowen. La liga, comandada todavía por David Stern, una figura que estamos aprendiendo a valorar ahora en su justa medida, supo entonces adaptarse, cambiar las normas para frenar la deriva del juego hacia un basket defensivo que lastraba audiencias. También supo legislar contra otras amenazas, como el Shack attack o el tanking, aquello de dejarse perder para tener más ‘papeletas’ en el draft. También introdujo el tope salarial, que junto al draft son las piedras angulares de la igualdad de oportunidades que diferencia la NBA de las competiciones europeas, donde siempre ganan los mismos.

Pero Stern dejó el cargo en 2014 y le sustituyó Adam Silver, con pinta de empollón pero que ha resultado enterarse de poco. Dos años después de su nombramiento como Comisionado, Kevin Durant fichó por los Warriors, donde ya jugaban Stephen Curry, Klay Thompson y un tal Andre Iguodala, all-star y campeón olímpico, del que a veces ya hasta nos olvidamos. La llegada de DeMarcus Cousins sólo ha sido la puntilla al sainete. Desde el fichaje de Durant la liga ha perdido buena parte de su interés competitivo, condicionada por un equipo manifiestamente superior. Nos estamos, entre otras cosas, perdiendo a Stephen Curry, un talento como para reescribir la historia del basket, que se aburre y malgasta sus mejores años en tiritos circenses y goyerías para los top-10.

No hay tanta superestrella en la liga (madura pero no vieja) como para juntar a cuatro en un equipo y que no se te convierta la competición en un chorreo. Y, al final, si a una competición deportiva le quitas la incertidumbre del ganador le privas de casi todo el interés. Adam Silver, enredado en giras por Asia y partidos de exhibición en Londres, todo sea por la pela, debió ser el único que no vio venir que un fichaje así condicionaría la igualdad de la liga durante años, es decir, el interés del producto. Y mira que tuvo buen profesor, Stern, que sí se atrevió a algo tan controvertido a primera vista como vetar traspasos.

Ni Cousins ni Durant llegaron vía traspaso, cierto, sino como agentes libres. De vetar contratos no había precedentes, pero todo es ponerse. Como producto de entretenimiento que es la NBA, el interés/valor del producto debe prevalecer sobre el purismo normativo, manque pese a los aficionados de Warriors.

Abuso del triple y boxscorización

El declive de la competición no llega sólo por la superioridad apabullante de los Warriors, sino por la deriva del juego, un empobrecimiento táctico y técnico. Me refiero al abuso del triple, que ha pasado de ser el recurso del equipo pequeño, por si sonaba la flauta, al modus operandi de la mayoría, incluidos los mejores. También a la hiperespecialización de las plantillas, con equipos en los que solo 1-2 jugadores botan el balón y juegan 1×1. El resto se especializa, sea en rebotear, lanzar triples o hacer chupipandi con las estrellas. “Qué majo es”.

Y esas estrellas, sobreprotegidas además por los arbitrajes, firman unas estadísticas individuales escandalosas. Tipo Harden y Westbrook, los dos últimos MVP, que acaban con 35 puntos y 15 asistencias casi cada noche, primero porque son muy buenos, faltaría más, pero segundo y especialmente por una mera cuestión estadística de número de posesiones que asumen. Viéndolo en frío, dispones de unos 50 balones por partido con sólo 5 escenarios posibles: canasta, falta recibida (=tiros libres), asistencia, pérdida o tiro fallado. Metes muchos puntos porque tiras mucho y acabas con muchas asistencias porque das muchos pases. Igual que pierdes muchos balones y lanzas muchos tiros libres. Harden, por ejemplo, también lidera la liga en estas dos estadísticas (5.4 pérdidas y 11.6 tiros libres promedia), de las que lógicamente tenemos menos noticias.

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Los titulares de una noche cualquiera

La prensa ha asumido como propia la boxscorización de la liga, encantada porque los titulares con un solo protagonista venden mejor. Resulta complejo y casi hasta aguafiestas explicar que esas estadísticas tan épicas son una mera cuestión de proporción, el resultado de la evolución de los sistemas de juego hacia sinfonías monocorde, más simples que el mecanismo de un botijo. Como consecuencia, la gran mayoría de los jugadores de la NBA hoy son especialistas unidimensionales. Están cachas y tiran de tres, pero ya, si analizamos el paquete completo tienen peor técnica individual que los de hace 20-30 años. Y cuando llega un europeo multiusos le esperan solo dos escenarios posibles, bien tiene la suerte de caer en un solar y convertirse en la estrella, como nuestro Doncic en Dallas, bien le asignan un rol de especialista, como a Nemanja Bjelica el de tirador, que es como matar a un ruiseñor.

No es fácil romper una espiral, pero cuanto más tarde la NBA en tomar medidas (y las tendrá que acabar tomando), más compleja será la adaptación. Desde esta humilde tribuna dejamos algunas ideas para ese cambio, asumiendo que otras más complejas serán también necesarias. Primero, permitir más contacto en defensa, los marcadores de 140-130 con 50 tiros libres lanzados por equipo son un espectáculo chusco y artificial. Menos faltas son menos tiros libres, menos interrupciones del juego y menos ventaja en 1×1. También se puede volver a retrasar el triple, para bajar los % y que no salga a cuenta tirarse 60 por partido. El golf, un deporte bastante más conservador, lleva décadas alargando progresivamente la distancia de los hoyos según han mejorado los materiales de los palos y la forma física de los jugadores. Y a nadie se le han caído los anillos. También se pueden acortar las series de playoffs, para abrir la mano a sorpresas. Más partidos son más ingresos de publicidad, pero si suponen una merma del interés de la competición puede convertirse en pan para hoy y hambre para mañana.

 

Toñete, la mano que mece la cuna

Anthony Randolph ACB Baskonia

Rebotea entre poco y nada, no da un pase ni por error y tampoco es que se deshueve en defensa. Sí, todo eso, pero este negocio va de enchufar y nadie en el Madrid las está encendiendo ahora mismo como Toñete Randolph. Dada la baja de Trey, por su equilibrio mental pasan buena parte de las opciones de Copa del Madrid, que no llega a la cita en el mejor momento. Como aperitivo para el camino, una victoria ante Baskonia tan fea como valiosa, que sirve para mantener al menos el segundo puesto de la regular ACB.

Fea porque atacaron los blancos sin fluidez, mucha mandarina de final de posesión, en buena parte porque el catalizador Facu jugó casi siempre incómodo ante la defensa de Vildoza. Además, Caseur estuvo negadito ante el aro (2/9 de campo) y Rudy lo mismo hasta casi la recta final. Sí aprobaron al menos Ayón y Tavares, que volvieron a amargar la noche a Poirier, Jaycee y Taylor aportaron pinceladas y Prepelic, sí, Klemencio, que cumplió por tercer partido consecutivo cubriendo la baja de Llull. Ojo a la estadística, +11 el equipo en sus minutos en pista en un encuentro que se ganó por 6. No repartió ninguna asistencia, que ya sabemos que no es lo suyo, pero sólo perdió un balón y desatascó al equipo con un par de canastas en el peor momento del partido, 8 abajo mediado el segundo cuarto. Progresa adecuadamente.

En todo caso, al final el factor clave fue Toñete, firmó 5 de 6 triples mientras el resto del Madrid se quedó en 3 de 22. La baja de Thompkins se hace más sensible dado que Felipe está ya para pocos trotes, lleva un mes sin jugar un partido interesante, fue en ACB ante Zaragoza, y a Deck le tenemos en pleno ‘rookie Wall’, intarscendente. Lo dicho, en manos de Toñete estamos.

Posdata: Rudy no pudo acabar el partido, se retiró tras recibir un fuerte golpe en la cara de Poirier, que le empujó con el hombro en un bloqueo. Es domingo por la noche y según escribo estas líneas me dicen que Rudy está en el hospital, podría tener una fractura, la Copa peligra para él. Espero, si finalmente Rudy se pierde la Copa por esa acción, no leer a la afición blanca sobre Poirier la sarta de barbaridades e injusticias que leí a la de Baskonia sobre Facu a la lesión de Toko.

Moscú tendrá que esperar

Sergio Rodríguez Prepelic MOSCOW CSKA MADRID EUROLEAGUEUn fallo de Ayón bajo el aro, una falta clara de Clyburn a Carroll en acción de tiro a 15 segundos por jugar con 3 abajo, las pérdidas de balón no forzadas de Taylor y el rebote, 16 nos cogieron en ataque. En detalles así se deja el Madrid el partido en Moscú, 12 años ya sin ganar allí. Por lo demás, poco que objetar, salió cruz pero se compitió hasta el último minuto pese a las bajas de Llull y Thompkins, el primero forzará para llegar a la Copa, el segundo está descartado. CSKA será un hueso pero no el coco de antaño, no con Chacho en versión mediopensionista y Hines claramente ya en la cuesta baja.

Con Facu, Ayón y Randolph a velocidad crucero nos valió para aguantar en el marcador en Moscú, con pinceladas de un Causeur apañado. Toñete es genio y figura, hay que quererle como es. Está en un tramo tórrido de curso, que ve el aro como una piscina, pero al mismo tiempo no agarró ni un mísero rebote en 31 minutos en pista, una estadística que, vista en perspectiva, nos costó bastante cara.

Lo peor de todas formas fue Tavares, echó el Madrid de menos su influencia e intimidación. Tomó un puñado de malas decisiones en pista, en línea con su nivel de las últimas semanas, un poco desdibujado. Lo mejor, por novedad, fue Prepelic, que firmó sus primeros minutos de nivel en plaza grande desde que viste de blanco: repartió 4 asistencias y coló un par de triples en 12 minutos, su tiempo en pista no fue la sangría de costumbre. No será nunca un buen base, básicamente porque apenas ve juego y su manejo de balón es discreto… pero es un señor escolta. A su adaptación diesel se ha unido un marrón por una defectuosa configuración de la plantilla. Se está teniendo paciencia con él, y quizá haga falta más, pero puede acabar siendo útil. Para empezar en la Copa, si Llull no llegase a tiempo, o en función de cómo llegue.

Llull, ensayo y error

Llull Randolph euroligaDosificando esfuerzos, sí, trampeando, también, que la derrota en Podgorica fue de vergüencita, pero igual el Madrid avanza con paso firme en Euroliga, una fase regular plácida este año, tras el sofocón constante del curso pasado. El objetivo de ventaja campo en cuartos quedó virtualmente sellado ayer, con el quinto clasificado a cuatro victorias ya de distancia más el average, Un triunfo trabajado ante un Efes digno del cuarto puesto que ocupa. Su plantilla es equilibrada, mueven el balón con criterio y tienen a Micic, al que tras cuatro meses y medio de competición podemos dejar de considerar flor de un día para ir incluyendo en el status de estrella continental. El mejor fichaje de la temporada, recordemos que el año pasado era reserva de Pangos en Zalguiris. Acaba de cumplir 25 así que, si no se le lleva la NBA (los Sixers tienen sus derechos), está llamado a ser uno de los cracks de la Euroliga en los próximos años.

No descubrimos nada diciendo que el Madrid atraviesa un ligero valle de juego en las últimas semanas, tampoco es grave en este tramo de la temporada, que hasta la Copa es un ver pasar semanas del calendario. Ayón, Rudy, Campazzo y Trey no estuvieron ayer como nos tienen acostumbrados, y fue Antoñete Randolph quien tiró del carro con 24 puntazos. Salvo algún pequeño tachón, su Euroliga está siendo magnífica, muy regular, además no se le ha salido la cadena al regreso de Trey, como temíamos. Parece mentira que sea el mismo jugador y, sobre todo, en el mismo equipo que el año pasado se arrastró, sin problemas físicos aparentes, en el último tercio de temporada. Una ‘curiosidad’, por cierto, hace 116 minutos y 42 tiros de campo que no da una asistencia. Lo de compartir protagonismo nunca ha sido lo suyo. Genio y figura.

Carroll regresó ayer tras un mes de baja y lógicamente se le notó falto de chispa. Aunque quien dio que hablar fue Llull. El murmullo en Goya es ya constante tras cada melocotón o pasillo a su defendido, ¿y si nunca vuelve a ser el de antes? ¿quién se atreve a ponerle el cascabel al gato y a decirle que se corte? Lo de ayer fue por momentos sonrojante, 6/18 de campo, un desmadre que compensó el rebote, +22 el Madrid. Pero no siempre habrá tanta segunda oportunidad, y tal vez entonces nos dejemos el partido y nos haga menos gracia. Particularmente, mientras el calendario y la clasificación lo permitan, que no sean partidos de título en juego (o sea, todos menos la Copa), insistiría con balones y minutos para Llull, confianza ciega. Quizá efectivamente nunca vuelva a parecerse al que fue, pero si alguien merece el beneficio de la duda, ese es Llull.