Os escribo desde el orgullo y la felicidad máximos, los de la temporada más redonda de la historia de la sección, con un irrepetible póker de títulos, aliñado con las victorias de los equipos filiales en todas las categorías (infantil, cadete y junior). No nos hemos dejado por ganar nada, y lo hemos hecho como equipo, en mayúsculas, con todos aportando, una piña, jugando con criterio, orgullo y corazón. Es todo a cuanto puedo aspirar como aficionado del Real Madrid. Gracias a los 13 jugadores y a los técnicos, sois leyenda blanca.
El tercer y definitivo triunfo de la final ACB cayó como fruta madura. No importó el factor campo, ni el despertar de Tomic, ni el flojo partido de Felipe, Llull y Rudy, porque este año somos sencillamente mucho mejor equipo que el Barca. La segunda unidad blanca tiró del carro, los rústicos, como en casi todos los partidos importantes del curso. Soberbios Slaughter, sí, monstruo en defensa, killer Nocioni y Maciulis, la tanqueta de Kaunas, en uno de sus mejores partidos de blanco, impartiendo cátedra en ambos aros. Chacho nos mantuvo a flote con dos triples prodigiosos en los peores momentos, con 5 abajo al final del tercer cuarto, y Carroll volvió a merendarse a su criptonita (Oleson), corroborando en plaza mayor por si hacía falta que su versión 2.0 no es flor de un día. Lideró en anotación (19pts) y dio la puntilla con un canastón a 6 metros con la mano en la cara del de Alaska.
No me detengo más en los detalles del partido, que empequeñecen ante la importancia histórica del día. Bien pudo ser la despedida para algún que otro estandarte del proyecto (temo por la continuidad de los sergios), pero si efectivamente ha sido el último baile, bien mereció la pena. Es un adiós con la satisfacción del ciclo culminado, un tiempo que ha devuelto a la sección el orgullo de pertenencia y la grandeza perdida, no solo por el resultado, sino por la forma en la pista y la organización en los despachos. Con los últimos sorbos de mi gintonic recuerdo al camarada caído, juntos dibujamos muchas veces un cuadro como el de esta noche. Los madridistas de basket, tan sufridos nosotros, podemos mirar por primera vez al horizonte con la certeza de que no queda ninguna orilla por conquistar. ¡Enhorabuena!






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