Debe ser la primera vez en las más de siete primaveras de historia del blog que escribo un resultado en el titular, pero estaréis conmigo en que la ocasión lo merece. Para que no os perdáis cuando busquéis la entrada dentro de unos años, como el que abre un album de fotos para recordar los tiempos mejores. No son los gintonic, no, son +38 al Barcelona en una semifinal de Euroliga. Resulta que no estábamos en baja forma, simplemente en hibernación. Llegada La Hora hemos retomado el nivel de diciembre (¡¡100 puntos en una semifinal!!), el equipo que mejor juega colectivamente y la plantilla más redonda relación calidad/precio/equilibrio, lo que me recuerda que en esta hermosa tarde de baloncesto han caído dos de los tres mayores presupuestos de Europa (el otro es Fenerbahce, que se apeó tiempo atrás). Espera el domingo un Maccabi de recursos limitados. Respeto sus cojones, el partido que han remontado al CSKA, admiro el trabajo de Blatt… pero juegan otra liga. Defensa y concentración. Con carburar un tercio que hoy nos traemos la copa, les hemos ganado los últimos seis duelos directos.
Grande Mirlo contra el Barca, rehabilitado para la causa, cerrando bocas (la primera la mía), con una gran defensa y esos 19 puntos, todos cuando calentaba el Sol, tras un comienzo titubeante. De Chacho, que se ha cascado 21 puntos, luciendo MVP en plaza mayor, me quedo con la estadística de +/-. En sus 20 minutos en pista, +35, en sus 20 minutos en la banca, sólo +3. Pero más allá de los nombres brilla el colectivo, un alarde de baloncesto. Ocho jugadores subieron al menos un triple. Exceptuando el primer cuarto, el Madrid firma un encuentro digno de los grandes del basket moderno en Europa, como el Maccabi 2003-05. Regresamos a la final dejando impronta, arrasando al Barca (el rival más en forma del continente) y encandilando al espectador. El domingo, final de trayecto, estación La Novena.
Categoría: Real Madrid
Se la debemos a Dick
Llega la hora, la cita con la historia tras 19 primaveras de sequía. Aunque se antoja previsible un triplete blanco en el basket nacional este curso, todo lo que no sea traer La Novena de Milán impregnará de un sabor amargo el balance. Porque durante años el objetivo fue regresar a la élite pero, una vez completada la misión, sólo sirve el último peldaño, se la debemos a Dick. Llenar pabellones y batir récords de anotación mola mucho, contribuye a crear masa social, pero quedan en trofeos de consolación si se pierde el último partido. Os confieso, que nadie se me ofenda, que no soy especialmente optimista. No al menos como lo fui en otros momentos de la temporada. Somos el mejor equipo de los cuatro, los que mejor baloncesto hemos jugado hasta llegar aquí, pero no atravesamos un gran momento. En diciembre hubiésemos ganado una Final Four con la chorra fuera, pero estamos a mediados de mayo y somos peores que entonces, mientras algunos rivales han crecido en este tiempo, especialmente el Barca.
De navidad a esta parte hemos sufrido la desconexión de Mirotic y las lesiones de Carroll-Draper (el primero llega, pero en un estado de forma y ritmo no homologables). Y no tenemos una plantilla tan larga como el Barca (ahí van los 7 millones de diferencia presupuestaria) como para no resentirnos. Igualmente será un duelo igualado, nos conocemos como hermanos. Nuestras bazas pasan por igualar su intensidad defensiva (frenar a Huertas-Tomic) y por un Felipe estelar. No jugó el sábado en el Palau pero fue quien destrozó el curso pasado al Barca en la F4 y en la final ACB. Es duro decirlo dadas las edades y los momentos de sus carreras, pero espero más de Felipe que de Mirlo en esta Final Four. Ojala me equivoque. Creo también que el ganador de la semifinal española será claro favorito al título el domingo pues el otro cruce tiene bastante menos nivel. Los recursos de la plantilla del Maccabi están a años luz comparados con los de los otros tres equipos y el CSKA de Messina hace aguas por momentos. Mostró debilidad contra un PAO de andar por casa y está al borde del precipicio en la VTB Liga Báltica, donde marcha 0-2 en la serie de cuartos de final contra el Kuban… tras jugar los dos primeros partidos en Moscú.
Rudy, en modo superguerrero
Tenemos a Rodolfo desatado, se le está poniendo el pelo pincho y de color dorado, modo super guerrero, según se acerca el desenlace de la temporada. El caso es que atraviesa quizá su mejor momento de forma desde que viste la camiseta blanca, 23.2 de valoración media en sus últimos 9 partidos, entre los que incluyo la serie ante Olympiakos. No le darán el MVP de la temporada ACB porque cae mal a muchos, es más Vegeta que Son Goku. Pero en su fuero interno esos que tanto le odian saben que es el mejor, de la ACB y probablemente de Europa. Memorable su exhibición dominical, 30 puntos (11/16tc), 7 rebotes, 5 asistencias, 1 robo… y ninguna pérdida de balón. Y no fue estadística de relleno, Rudy contribuyó a sacar adelante un encuentro que se estaba poniendo feo por momentos, ante un CAI que no deja de ser uno de los mejores equipos de la competición (cómo me gustan Sanikidze y Jones).
Aunque sus números no fueron deslumbrantes, me gustó Chacho, esta vez sí, en su versión más altruista. Darden volvió a estar resultón y Slaughter cuajó unos minutos muy valiosos en el tercer cuarto (cuando se rompió el partido), que ya iba siendo hora. Carroll, por su parte, no pudo confirmar la mejoría que apuntó el viernes contra Joventut. Laso concedió vacaciones a Bourousis (8 minutos) y a cambio dio cancha a Mejri, que es de los más felices cuando Chacho tiene el día altruista. Llull y Felipe cumplieron, aunque esta vez sin especial brillo.
Y dejo a Mirlo para el final. Es pensar en él y suspiro. Sigue en los mundos de Yupi, vaporoso, con la cocotera en cualquier lugar menos en Madrid. Ya no es que se borrase contra Olympiakos, que es un vitorino del basket FIBA, es que en el último mes en ACB acredita 9 de 30 tiros de campo. Se le comió Doellman y se le comió ayer Sanikidze. Es que hasta Llovet-Shurna le sacaron los colores por momentos el viernes. Ni que decir tiene que se olvide de repetir MVP. Recuperarle mentalmente es la labor más importante de Laso de aquí a la F4.
Más que a la imbatibilidad, adiós a la inercia
La imbatibilidad en sí es poco más que una anécdota, un titular recurrente en una liga regular soporífera y desequilibrada. En todo caso, ahí queda el récord, 28. Importa en tanto que demuestra regularidad, nivel de juego y asegura la ventaja campo en los playoffs (clave como se demostró el curso pasado). Lo que me preocupa de la derrota ante el Valencia es que suma la tercera en sólo una semana. A la postre, y gracias a Dios, ninguna es irreversible, pero en un equipo que pasó casi 4 meses invicto y regalando palizas, como que invita a reflexión. Ya no se gana fácil. Más que la imbatibilidad lo que hemos perdido es la inercia. Llevamos 62 partidos en la mochila, las piernas pesan y la rotación se encoje. Carroll no está para nadie y Draper sigue out. De entre los jugadores clave, Rudy, Llull y Felipe son los que parece que mejor llegan al sprint final.
Chacho, siendo top europeo, dejó atrás la cresta de la ola. Está perdiendo muchos balones (16 contra Olympiakos) y sus porcentajes de tiro han bajado sensiblemente. Además, en un proceso lógico, los rivales han afinado el scouting, ya no les coge por sorpresa. Los segundos cuartos ya no son lo que fueron. Y qué os voy a contar de Mirotic. Maquilla con su facilidad estadística, pero sufre un serio bajón de forma en los dos últimos meses (con el dilema NBA de telón de fondo). Ataca el aro con menos deseo y protesta más de la cuenta a los árbitros. Superado por un Doellman, que bien podría heredar su MVP y hasta convertirse este verano en su sustituto. Lo mejor de la semana, además de un Llull portentoso, es comprobar que Darden lee este blog. Ha sido darle caña, cuestionar su continuidad y volver aparecer. 15, 13 y 14 su valoración en los tres últimos encuentros, además de una sacrificada pero valiosa labor defensiva sobre Spanoulis que no aparece en la estadística. Tremell vuelve a sumar.
El Valencia ganó en el Palacio de la única manera posible, cuajando un partidazo de estruendo. Además, puestos a perder, prefiero caer ante el Valencia metiendo 105 puntos que darle al Barca en el Palau el gustazo de romper nuestra imbatibilidad. Un Barca que,
por cierto, se las va a ver putas para meterse en la final de la ACB, contra esta gente y sin factor campo. El Madrid, por su parte, defendió de aquella manera (permitió 77% en tiros de dos), aunque tenía la excusa de que sólo había pasado 36 horas del partido más importante del año hasta el momento. Resulta entendible cierta relajación.
La Final Four como rutina
Avance. Recuerdo bien que hace cuatro años por estas fechas vivimos con la exaltación del novato el regreso a la F4 tras 15 años de ausencia. Hoy celebramos una nueva presencia, la tercera en cuatro años, con la contención de la aristocracia. Una celebración, en todo caso, más que por el fondo por la forma, por haber batido al campeón en una serie a cara de perro. Algo debe estarse haciendo bien para habernos asentado en la élite sin estar en el podio de los más ricos. Decisivo el factor cancha en la serie, que se gana a lo largo del curso. Con intensidad y coraje, apretando el culo el defensa, se sacó adelante el quinto partido, sin necesidad de un gran acierto. Este Palacio bien vale un billete al cielo.
Escarmiento en El Pireo
Llevados por la euforia, en algún momento del comienzo de temporada le colgamos a Mirotic el cartel de mejor de Europa, de jugador franquicia. Nos precipitamos. Va sobrado de clase y suma estadística fácil, incluso mejoró en verano su registro al poste. Todo eso está muy bien, pero mantiene una preocupante tendencia a desaparecer en escenarios adversos que ya atisbamos el curso pasado (missing en la final contra el Barca). En los dos partidos en El Pireo sencillamente no ha comparecido, y así nos luce el pelo. Nos jugaremos el pase a la F4 a partido único, en casa, sí, pero contra el vigente campeón, crecido según avanza la serie y que ha aprendido a defendernos como ningún otro en todo el curso. Alguno entiende ahora las proporciones de la cagada de Kaunas. Panathinaikos hubiese sido también duro, pero que no os engañe su 2-2 con CSKA, son mucho menos equipo que Olympiakos.
El Madrid sencillamente cuajó un lamentable cuarto partido de la serie, perdimos más balones (12) que asistencias repartimos (10). Esta vez sí encontramos a los pívots, pero ni Bou, ni Felipe, ni Mirlo anduvieron católicos en los 1×1 de que dispusieron, con lo cual fue un esfuerzo improductivo. De paso, volvieron a hacer all-star a Dunston, para mayor gloria de su agente. Chacho, grisecito grisecito, da menos miedo en esta versión anotadora, acertada el lunes, negada ayer: 1 de 8 de campo. Las meta o no, sus tiros son siempre forzados, mientras que sus pases procuran tiros de alto % del resto (Slaughter, Mejri, Carroll…). El que sí está dando la cara es Rudy (23.5 de valoración media en la serie), el mejor en Atenas, igual que antes lo fue en Milán (26), en Valencia (26) o en el Palacio contra CSKA (33). Este no se achanta en la adversidad, sino que le pone cachondo. Pasa que ni el mejor Rudy puede sacar en solitario nada de La Paz y la Amistad. Nos vemos el viernes.






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