Salvo dramático giro de guión, Laso tiene las horas contadas en el Madrid, Florentino habría dictado sentencia. Su marcha está cantada desde hace algunos días, cuando el club enseñó la puerta a sus asistentes (Hugo López y J. Cuspinera), que terminaban contrato. Desde esta tribuna hemos defendido que el ciclo del técnico vitoriano en el banquillo blanco tocaba a su fin, pero no cuesta tanto cuidar un poquito las formas y los tiempos. ¿Qué es eso de cepillarse a los asistentes vía burofax después de tres años de buen servicio? ¿Y a qué viene tener a Laso 12 días ‘walking dead’? Tenemos la confección de la plantilla paralizada y salimos tardísimo al mercado. Pero el asunto se torna boudeville al conocer que Katsikaris ha interrumpido sus vacaciones en Creta. La explicación más verosímil que he leído a este impás es que el club está intentando desgastar a Laso para que renuncie a la mayor cantidad posible de dinero de la indemnización que le corresponde. Recordemos que se le renovó en noviembre por dos temporadas más, a razón de unos 600.000 euros cada. El desenlace está escrito, su confirmación es cuestión de horas, o como mucho días. Quizá la pospongan hasta final de semana, para que no se solape con los fastos por don Alfredo.
No sería justo juzgar los tres años de Laso en el Madrid sólo por el regusto amargo de las dos recientes finales perdidas. Hemos disfrutado en este tiempo de picos de gran baloncesto, que han contribuido a aumentar la masa social. Eso queda en su haber. Pero los resultados no han llegado, no al menos al nivel exigible con la plantilla más redonda que ha juntado la sección en dos décadas, y pese a coincidir en tiempo con un Barca en reconstrucción y un Navarro crepuscular. Todos tienen parte de culpa en los resultados, faltaría más, pero Laso el que más. Por una parte, patina con asiduidad en la gestión de partidos/eliminatorias, y por otra, su política de protegidos (Llull, Carroll y Slaughter) le ha acabado costando el respeto del vestuario. Hemos llegado al desenlace de la temporada con los jugadores franquicia quemados de minutos y la plantilla dividida.
Se va (probable destino Baskonia), pero deja un buen pufo a la sección, esa hipoteca de 4.5 millones garantizados a sus amiguetes Slaughter y Carroll (hasta 2016 y 2017, respectivamente), especialistas cuyo valor de mercado es muy inferior, dado que sólo lucen en el ecosistema Laso (y ni eso). Insisto en el dinero, no por gusto, sino porque con la nueva reducción presupuestaria decretada por Flopper (1 millón) nos queda poco margen para fichajes. Necesitamos hilar fino, que cada euro cuente. Sin embargo, volvemos a la política de planes de pensiones, que nos retrotrae un lustro en el tiempo, a los años negros de Antonio Martín, cuando firmábamos por ejemplo 5 millones garantizados a Hervelle por 3 temporadas. La principal herencia de Messina y Maceiras fue modernizar la sección en ese sentido. Todo al garete.






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