
Hemos leído en un margen de dos semanas noticias absolutamente contradictorias sobre el futuro de Randolph en el Madrid. La más reciente, la de Marca el miércoles, da por sentada su continuidad y trata de paso de blanquear un poco la figura del alapívot, el jugador más cuestionado este curso en Goya. El artículo pareciera poco menos que redactado por el agente, recalcando la «buena actitud» del jugador y reduciendo a una mera cuestión de bajo rendimiento coyuntural su escaso tiempo en pista en la recta final de curso.
Cuesta sin embargo creer que Laso, con tanta mano izquierda con el vestuario, capaz de mantener rotaciones contra viento y marea para no desmoralizar al soldado, no le concediese ni un minuto en los tres últimos encuentros de la temporada, sin lesión aparente pero justo tras retrasarse a un entrenamiento después de la derrota en el primero de la final ACB. De hecho, el propio Laso aseguró que no estába fuera de forma, preguntado por el banquillazo en el segundo de esa eliminatoria.
Se escuchan ofertas
Pese al esfuerzo blanqueador de Marca, me llega que a día de hoy la continuidad de Randolph no está garantizada. El club escucha propuestas, pero no va a salir a cualquier precio ni a cualquier destino. Valencia y Baskonia habrían preguntado por su situación, pero esa es una línea roja: si sale no será a un equipo español, a poder ser tampoco europeo. El Madrid no quiere pagar rescisión y que refuerce a un rival directo. Dos equipos chinos se han interesado también por su disponibilidad, aunque la opción preferida es la NBA, de donde habría recibido una oferta pero demasiado baja.
La permanencia o no de Randolph es la cuestión más sensible de este plácido verano en las oficinas blancas, con Prepelic y Deck cerrados tiempo antes de que concluyese el curso. Quedársele es arriesgado para el equilibrio salarial de la plantilla, con un sueldo por encima de los dos millones anuales, lo mismo que Felipe y Trey juntos, los ala-pívots con los que se ganó la Décima. Tampoco contribuyen a la armonía de vestuario sus caritas de prima donna ofendida cuando no juega o sí lo hace pero no le pasan el balón un par de posesiones seguidas. El grupo se ha acostumbrado a sobrevivir sin él, apañarse con el dúo Trey-Felipe, aunque dada la edad del capitán resulta imprescindible un tercer ala-pívot en el roster.
La ausencia en el mercado de recambios claros (no extracomunitarios) y su evidente potencial juegan también en favor de su continuidad. No sería la primera vez que Laso recupera para la causa a un jugador que hemos dado por muerto, Taylor y Trey, sin ir más lejos, aunque su lenguaje no verbal e integración en el vestuario eran bien distintos a los de Randolph.


Hasta aquí ha llegado la paciencia del Madrid con Randolph. 
Cae el telón de la temporada con el Madrid de vuelta al trono nacional, el que cediese el curso pasado y casi exigible a un campeón de Europa. Un título incontestable esta vez, con un estratosférico balance de 38-5 entre fase regular y playoffs, 8 derrotas menos que Baskonia, con mucho el segundo mejor del curso ACB. Es el premio a un grupo que no perdió la paciencia ni la compostura en la adversidad, empezando por el entrenador, un doblete de mucho más mérito que el de 2015, con plaga de lesiones y 




Recobra el Madrid el pulso a la final con una victoria cómoda en el segundo, en el que no perdió la cara al duelo pese a un arranque de enorme acierto exterior visitante (9/13 triples al descanso). Clave resultó el ajuste de Laso, superado por Pedromar en el primer duelo y que, en vista de que Rudy y Lull siguen con la pólvora mojada (3/21 triples en la serie), sí recurrió esta vez a alternativas de ataque en la pintura. Se buscaron con paciencia los desequilibrios y se castigaron sin miramientos, especialmente tras el esguince de Voigtmann, que obligó a Timma a jugar minutos de 4. Así las cosas, los interiores blancos se fueron a 47 puntos, 27 más que en el primer encuentro, con Ayón y Thompkins como referentes.
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