Sea por simple relajación, por economía de esfuerzo o por los quintetos cemento de Laso, el Madrid lleva todo el curso regalando primeras partes como local en Euroliga. Llegó por debajo al descanso en el primer partido de cuartos de final (-1) y en el segundo repitió la operación (-6), y de tanto ir el cántaro a la fuente al final se rompió, Darussafaka roba la ventaja campo. Lo hace de justicia, tras pasar ciertamente más minutos que el Madrid por delante en el marcador en estos dos primeros partidos. Clave fue el arranque de la segunda mitad, con esa tremenda ráfaga de triples de Llull (15 puntos y 2 asistencias en el tercer cuarto), que por experiencia sabemos que deja en la lona a la mayoría de rivales… pero no a este Dogus, que respondió a la pelota de break.
Es ahí donde se demuestra la categoría de un equipo, la que muchos le negaron a los turcos en la previa y ahora ya conocen. Darussafaka contestó a casi cada canasta de Llull con otra en el aro blanco, evitando una sangría en el marcador y forzando un final apretado. Y en ese se le apagaron las luces al Madrid, que firmó un calamitoso 0 de 12 triples en el último cuarto, sencillamente imposible. Más aún si tampoco cumples desde la personal, 11 de 20, y es entonces cuando maldices haberte dejado llevar en el primer tiempo.
Hay días que señalamos a Laso o hablamos de repaso de Blatt, pero no es el caso, es claramente una derrota de los jugadores, de puro desacierto. El equipo nota sobremanera el bajón de juego de Doncic en las últimas semanas, especialmente dado que Rudy ni está ni ya se le espera. Quizá sea el ‘rookie wall’, ese valle en la temporada de todo debutante, quizá sea que los scouters rivales ya le conocen mejor y las defensas le están esperando, pero a Luka se le está haciendo larga la temporada e, igual que dijimos de Zizic el miércoles, se le están notando los 18 añitos en esta eliminatoria. Rompió a llorar en el banquillo una de las veces que le sustituyeron, en la segunda parte, él es el primero consciente de que no está al nivel. Es la autocrítica de los que llegan lejos. Entre él y Rudy no subieron un solo punto en el segundo partido, 0/8 de campo. Me refiero primero a Doncic porque es de quien se puede esperar una resurrección, hablar de Fernández a estas alturas es casi fustigarse, una esquela en la sección de necrológicas: «Aquí yace una antigua estrella del basket FIBA, no hace tanto este tío se sacaba la chorra por Europa, de hecho aún cobra como tal».
Y sin el concurso de ninguno de los dos a un nivel homologable, el peso creativo en estático queda en manos de Llull, iluminado por momentos, pero que acabó cortocircuitado, extenuado física y mentalmente (33 minutos, 19 tiros de campo). Un guión conocido y peligroso. Se salvó de la quema Ayón, con otra actuación titánica (val 30), y los americanos, que al menos cumplieron (Thompkins, Othello y Taylor), pero el resto fue un erial. Felipe, ya con la renovación bajo el brazo, recordó por que no está para Euroliga, el equipo no anotó un solo punto en los cinco minutos que pasó por pista. ¿Y convocar a Chapu en su lugar? Draper, por su parte, se quedó en cuatro y no pudo repetir las buenas sensaciones del primer encuentro.
Desaparecido en combate tenemos a Carroll, que llegaba como una moto a la eliminatoria, con 21 de media en los tres partidos previos. Sus armas, tan efectivas como previsibles, se han diluido en la maraña Blatt. Si a todos estos ingredientes le sumamos una de las primeras actuaciones flojas de Randolph en partido importante, reñido con el aro y lastrado por personales, entonces las cuentas no salen. La derrota es un jarro de agua fría y una cura de humildad, pero no el fin del mundo, el Madrid es bien capaz de robar un partido de Estambul y cerrar la serie en el Palacio, pero hará falta recoger algún cadáver.
Por inercia de campeón, oficio y fondo de armario, jugando más bien reguleras, se lleva el Madrid el primer asalto de los cuartos de final de Euroliga. Y se lo lleva pese a regalar de nuevo el inicio de partido, con una intensidad indigna de la cita (16-28, min 11), y pese a que Darussafaka demostró ser más equipo de lo que suponían algunos iletrados, de los que se guían por historial y apellido (‘solo’ tres cuartos de entrada en Goya). Los turcos tienen un gran mariscal en banda y son un digno top-8 de esta edición Euroliga. Wanamaker y Clyburn se reivindicaron como burguesía continental (36 puntos combinados), un caramelo este verano como Dogus migre su inversión, el club no se clasifique para Euroliga y tenga que desmontar la plantilla, un guión más probable de lo que creemos.
No hay adversario fácil a alturas de cuartos de final, pero el primer puesto en la regular ha concedido al Madrid la gracia del rival efectivamente menos temible, Darussafaka. Han ganado los blancos 14 de los últimos 16 partidos en la fase regular y necesitarían perder 3 en una semana para caer eliminados. Se antoja complicado, por mucho que apriete el pequeño Volkswagen arena (5.240 asientos) y en el banquillo esté David Blatt, con varios repasos a Laso en el expediente, incluido el de la primera vuelta este año, eso sí, con la baja de Llull.
¿Recordáis la temporada 2013-14, ese balance 32-2 del Madrid en la fase regular ACB, con una media de 16 puntos anotados por partido más que el rival? Se nota que este curso, con el desgaste de un calendario Euroliga aún más exigente y marcado a fuego el lema de que en diciembre no se ganan títulos, va el Madrid (y todos los que compiten Euroliga) con el ralentí en la liga nacional. Con seis jornadas aún por jugar suma ya siete derrotas, además de muchas victorias raquíticas. Tanta economía de esfuerzo, que llega al tramo final de la fase regular con los deberes por hacer, si no quiere un cuadro de playoffs envenenado, lo que convierte en trascendentes encuentros como el de ayer. La victoria fue por tanto clave, ante Baskonia, rival directísimo, que deja al Madrid segundo, a solo medio partido de Valencia.

Es una victoria parcial, pero igual es una gran victoria, se asegura el Madrid el primer puesto de la fase regular Euroliga en este año uno del formato todos contra todos, además lo hace a falta de una jornada y con el último partido en casa. Lo logra tras un sufrido triunfo ante Fenerbahce, que por muy mal que llegase sigue siendo el rival de toda Europa que peor se le da, una visita al dentista (iban 4 derrotas seguidas). Lo es por su planteamiento, que juega poco pero deja jugar aún menos, una plantilla muy física y que defiende al borde de la falta, amparado en cierta connivencia arbitral, porque Zeljko está en la banda y porque no dejan de ser el equipo turco de referencia, el país que desde hace años más invierte en la competición y nunca la ha ganado.
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