Sudando tinta china se clasifica el Madrid para semifinales ACB, un tercer encuentro que dominó con rentas de un solo dígito, incluso saltaron las alarmas con el 71-71 con 8 minutos por jugar. Apareció entonces Llull con siete puntos seguidos, que maquillaron otra actuación chuchera, de 2 asistencias y demasiados tiros salvapatria en 29 minutos en pista. Los 95 puntos finales resultan engañosos, fue un Madrid de escaso lustre, sostenido en gran medida por el baño en el rebote (43 a 28), especialmente sangrantes los 7 ofensivos que atrapó Felipe.
Doncic, Ayón y (‘sorpresa!) Rudy cuajaron actuaciones completas, mientras que Randolph, salvo minutos puntuales del tercer cuarto, sigue en el mismo modo hibernación de las últimas semanas. Me detengo en Maciulis, ya no solo por lo que queda de curso sino pensando en el que viene, para el que creo (/temo) que tiene aún contrato en vigor. Tipo noblón, ojito derecho de Laso, dan ganas de abrazarle, pero ha llegado el momento de reconocer que no genera absolutamente nada, y mira que ayer se le buscó con insistencia al poste en los compases iniciales, para castigar su ventaja física sobre Walker. El rédito fue escaso, 1/5 de campo y 1 rebote en casi 18 minutos, más de lo habitual por la baja de mechitas. Con la nueva y parece definitiva versión de Rudy, ‘intendencia y gracias’, el juego exterior, en concreto el puesto de alero, se queda cojo de puntos, pues Taylor es especialista defensivo y Jonas, como hemos dicho, no crea nada. Que tomen nota en los despachos, aunque tampoco esperaría milagros, pues de aleros en el mercado hay poco que rascar.
El dominio del rebote no sirvió al Madrid para granjearse un encuentro plácido, porque le lastran sus conocidos problemas defensivos, que además encuentran en el Andorra la horma de su zapato, al tener un center dominante (Shermadini 21 puntos, otro día en la oficina). El conjunto del Principado es un rival bien digno, atractivo de ver, con unos automatismos ofensivos que ya quisiesen para sí algunos equipos Euroliga (24 asistencias ayer). Le afea sin embargo un entrenador inmaduro y picajoso, Peñarroya, que pareciera primo de Pedro Martínez, Valencia, de estos catalanes que ven conspiraciones mesetarias según cruzan Calatayud.

Ayer, tras una primera mitad de guante blanco, soltó a Milena un: «tiene narices que el Madrid se queje del arbitraje, cuando tienen a Shermadini como saco de boxeo». En la reanudación Andorra se vio beneficiado por un par de técnicas a los locales bastante discutibles, así que en la entrevista post partido no había ya espacio para más lamento arbitral y cambió de tercio: «Es una satisfacción que la afición de una entidad tan grande como el Madrid nos cante ‘era campo atrás'». Muy digno él. Antes, en los compases finales del duelo, con el marcador ya resuelto, se giró hacia un aficionado en las primeras filas, le miró fijamente y se agarró los testículos, un gesto señorial, no creáis, deseando al Madrid toda la suerte para semifinales.
Empiezan ya el miércoles (2030h), ante Unicaja que, por suerte, carece de una amenaza clara en el puesto de cinco, el conocido agujero blanco. Lo sería Musli, pero ha llegado a los playoffs en un terrible estado de forma, recién salido de una lesión, mientras Omic es un culo pelado sin puntos en las manos.
Llega el Madrid con la gasolina justa al final de temporada, todo lo contrario que la pasada, que fue siempre a remolque pero recuperó cadáveres a tiempo para salvar el curso con doblete. Pese al festín del primer partido ante Andorra, la clara derrota en el segundo (tremendo repaso en el 3º cuarto) aviva algunas de las dudas que despertó la F4, la más llamativa el boquete en la defensa interior.
Con dignidad (-9) pero también sin opciones reales de victoria se despide este curso el Madrid de la Euroliga, ante un Fenerbahce que, tras una fase regular trastabillada, ha llegado como una moto a ‘su’ F4 y apunta al título, al fin un equipo turco. Ni el ambiente ni el arbitraje resultaron tan determinantes como suponíamos, no hicieron ni falta, todo el encuentro por delante en el marcador los locales, 10 arriba ya en el minuto 6. Probablemente uno de los partidos más difíciles de la era Laso, por nivel del rival y escenario, y aunque el equipo dio la cara quedó lejos de la excelencia que requería la campanada, con 5 jugadores en valoración negativa y dos ceros.
Hablábamos hace dos semanas de las etapas de la temporada, que el Madrid este año sí está cubriendo con nota. Etapas que no suponen necesariamente títulos pero hablan de la consistencia del equipo y se debieran tener en cuenta en el balance del curso, independientemente de las vitrinas. A la consecución de la Copa del Rey, el primer puesto en la regular de la Euroliga y la clasificación para la F4, se sumó ayer el primer puesto en la fase regular ACB. Un liderato pese a dosificar esfuerzo, sin victorias de récord y con (al menos) siete derrotas, dos más que el año pasado y cinco más que hace tres, cuando al final ni siquiera ganó el título. Digo al menos, porque el domingo juega el Madrid en Andorra, una cancha de por sí exigente y a la que debe acudir poco menos que de turismo, con esa F4 a la vuelta de la esquina.
Campeón de Copa del Rey, primer puesto de la fase regular Euroliga y ahora clasificación para la F4. Tras el trastabillado curso pasado, a remolque con lesiones, el Madrid sí está cubriendo en este con nota las metas volantes de la temporada. Cerró ayer su billete para la F4 tras ganar los dos partidos en Estambul a Darussafaka, con cierta suficiencia en ambos, confirmando lo que había enseñado en la liga regular, que es el mejor visitante de la Euroliga (balance 11-6, por 9-7 de CSKA). Una virtud que da ciertas esperanzas de cara a esa envenenada semifinal ante Fenerbahce, el más difícil todavía de la era Laso.
Además de Thompkins, al que destaco por novedad, el Madrid en general ralló a gran nivel, 21 de las 29 canastas llegaron tras asistencia, por solo 7 del rival, que si evitó un marcador más abultado fue por lo casero del arbitraje en la segunda mitad, con bastantes faltas discutibles, que ahora ya son solo anécdota. Los cuatro pilares del equipo cumplieron con notable. Llull sigue forzando algún tiro de más, pero es un factor diferencial, Luka enterró definitivamente sus lágrimas (44 de valoración en los dos partidos de Estambul) y Ayón nos ha recordado en la serie que es uno de los mejores interiores de la competición, con ese heterogéneo repertorio que gasta. Randolph jugó un señor primer cuarto y volvió a entenderse bien con Thompkins en los minutos que coincidieron en pista.
Recuperando cadáveres retoma el Madrid la ventaja en los cuartos de Euroliga, 2-1. Doncic, Carroll y en menor medida Randolph retomaron el pulso a la serie tras desaparecer en combate en los dos duelos en Goya. Firmó el Madrid un gran encuentro a domicilio, con ventajas de doble dígito casi toda la velada, y aún así llegó a sufrir en la recta final, y es que Darussafaka se está demostrando un grupo con gran resiliencia. Aunque para resiliencia la del muchacho Doncic, que de talento sabemos que va sobrado, pero se enfrenta en esta serie quizá al mayor reto hasta la fecha en su corta carrera, como ya explicamos, forzado a un rol protagonista por la desaparición de Rudy. Aunque previsible para los que le seguimos hace tiempo, no deja de ser digna de elogio la entereza del muchacho, cómo se ha recompuesto en 4 días, como los elegidos, tras esas lágrimas de frustración del segundo partido. Terminó el tercero con valoración 23, gracias a una selección de tiro exquisita, a su sabida facilidad reboteadora y a su seguridad en la dirección, 0 pérdidas en 27 minutos. Lideró el arreón blanco en el primer cuarto, clave a la postre, pues el Madrid ya nunca cedió la iniciativa del duelo.
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