Nada mejor para aparcar las miserias a domicilio que un triunfo de prestigio en Goya, el día de Reyes y ante el campeón de Europa vigente. Sigue pendiente la asignatura como visitante, pero amarrando en casa (6 seguidas) evita el Madrid urgencias clasificatorias dada la igualdad reinante. Fue, por la forma, un baño de confianza, un triunfo de ley cimentado, esta vez sí, en 40 minutos de concentración, intensidad y compromiso, todo espoleado por el llenazo hasta la bandera en el Palacio. Es la única fórmula ante CSKA, relojería suiza en ataque, la mejor circulación de balón de Europa, que tanto penaliza los momentos de desconexión rival. Aún escuece aquel parcial 22-0 de noviembre en Moscú. Los números de ayer, 25 asistencias y 12 triples, hablan de un partido a campo abierto, de los que prefiere el Madrid de Laso, lo contrario que las trincheras del Fenerbahce de Zeljko, el otro gran aspirante al título.
El idilio con el aro de Maciulis (20 puntos) mantuvo a los blancos en la primera parte, lleva 11 partidos seguidos metiendo al menos un tripe y lidera la Euroliga en porcentaje: 62% (¡!). Quién nos lo iba a decir. Su renovación en verano generó dudas razonables tras su pobre curso pasado, pero se está demostrando un acierto, encima a la baja y por dos años. La renovación que está empezando a generar dudas es la de Carroll, que amplió hasta julio de 2019, para cuando tendrá ya 36. Parecía el de CSKA a priori un partido perfecto para reivindicarse, duelo de prestigio, en el Palacio y ante un rival que deja jugar. Pero no. Valoración -3, una rémora los 10 minutos que pasó por pista, un agujero atrás y nulo en ataque, guión que se repite en Euroliga desde hace ya siete jornadas. Y el apagón Carroll deja cojo el juego exterior blanco, dado que Draper al no ver aro va muy justo en partidos así. Laso se ve con solo cuatro jugadores fiables (Llull, Luka, Rudy y Jonas) para cubrir tres puestos, más la aportación intermitente de mechitas Taylor.
Rudy anduvo negado cara al aro (0/6tc) pero tremendo en defensa e intendencia, un activo inclasificable en esta versión 2.0. A Doncic se le encogió por momentos la mano desde el tiro libre, pero en general cuajó una actuación muy sólida emparejado con algunos de los mejores del continente. Fueron canela sus minutos en la dirección cuando Llull pasó por la banca en la primera parte, un partido para aprender y disfrutar. Puede que Llull esté técnicamente un peldañito por debajo de los Teodosic y De Colo, pero lo suple con corazón y carisma. Son junto a Udoh sus dos rivales por el MVP, al que ayer insistió en presentar candidatura: 24 puntos y go-to-guy cuando se decidió el duelo.
Los interiores quizá no lucieron en números pero cumplieron con creces, para empezar ganando la batalla del rebote, +9 para el Madrid. Ayón y Othello son bonos del estado suizos y Randolph, disperso en la primera mitad, en su línea del último mes, se enchufó en la segunda no solo con puntos sino un valladar en retaguardia, desviando y taponando tiros. Es difícil entender los motivos detrás de sus picos y valles de motivación, pero cuando se pone así es un jugador top europeo y cierra la puerta a Thompkins, digno, soberbio tirador, pero de una dimensión diferente en la suma de ambos aros.
Arranca el Madrid 2017 con un repaso en Vitoria, donde nunca tuvo opciones tras un humillante 3º cuarto (33-15). Hubo momentos de vergüenza ajena. Nada nuevo bajo el sol, quinta derrota en seis partidos como visitante y cede ya el liderato ACB al Barca, que tan mermado por lesiones compitiese el primer tercio de curso. Cierto que el Madrid tendrá una segunda vuelta más cómoda, pues se ha quitado ya las cuatro salidas más duras (Barca, Baskonia, Valencia y Canarias). Pero, como no recupere mínimamente el pulso a domicilio, se le van a hacer muy largas las ligas regulares de ambas competiciones, pese a la profundidad de banquillo.
Tiene 17 años pero le van quedando ya pocas cimas pendientes de escalar en Europa. Esta noche puede tachar otra, la de dominar y decidir un partido a domicilio en la máxima competición continental, de esos con ambiente hostil y arbitraje casero, como los que se le atragantaron esta misma temporada en Estambul, ante Dogus y sobre todo Fenerbahce. Pero a la tercera fue la vencida en el Bósforo. Hizo olvidar la baja de última hora de Llull (molestias en la rodilla), mantuvo al equipo a flote y decidió en final igualado: valoración 31 en 23 minutos, a saber, 17 puntos (7/10 de campo), 5 rebotes y 9 asistencias, incluida la de la última canasta, de Ayón, que decidía el duelo (78-80). Corta el Madrid así una preocupante sangría de resultados a domicilio, previa a la visita de CSKA el día de reyes, uno de esos encuentros que definen tendencias en la temporada.
La inconsistencia del Madrid como visitante empieza ya a cantar, en Sevilla sumó el tercer pinchazo consecutivo. Derrota en competición doméstica, con menos trascendencia pero más delito. El Betis que, por poner en contexto, venía de perder los tres últimos partidos en su pista por una media de 21 puntos. Y cayó el Madrid pese al regreso de Maciulis, Doncic y Rudy, fuera de la convocatoria se quedó ‘mechitas’ Taylor, el mejor en Belgrado. Remontó Sevilla 10 puntos en el último cuarto para ganar un final de cara o cruz. El guión no fue el habitual, porque un Betis no tiene potencia de fuego como para romperle el partido a un Madrid, pero los síntomas blancos sí fueron los ya conocidos… Mala defensa en la pintura (65% tiros de dos concedidos), dependencia de Llull (18 tiros de campo lanzados) y del triple (25%).
Qué dos derrotas seguidas tan feas del Madrid a domicilio, Darussafaka la semana pasada y Estrella Roja esta. Rivales competitivos, claro, como todos en esta Euroliga, pero con ciertamente menos plantilla, el tipo de pabellón donde debes ganar un partido de cada dos si quieres estar arriba. Y no es que no se gane, es que ni se compite, nada que ver con esa sensación de perder dando la cara ante un vitorino, como en pista de CSKA o Fenerbahce. Dos derrotas estas últimas casi calcadas, con el Madrid regañado con el aro (20 puntos por debajo de su media), aguantando un cuarto o dos en el marcador para después encajar un parcial importante (14-0 en Belgrado) y en vez de remar borrarse. Solo un jugador, uno, dio la cara en Serbia: mechitas. Soberbio Jeffery Taylor, desatado en ataque con 25 puntos, de lejos su mejor marca en Madrid.
Es ya un clásico, perder entre semana en Euroliga y que un equipo ACB de clase media-baja pague los platos rotos en el Palacio el domingo por la mañana. Le tocó al Obradoiro del canterano blanco Santi Yusta, bastante estancado en su progresión, pero que jugó su mejor partido de la temporada (valoración 18). El guión también nos lo sabemos: relajación defensiva del Madrid hasta permitir mínimas ventajas visitantes (20-22, min10), para después reaccionar con contundencia, según los titulares rivales se cansan y sale fresca la segunda unidad blanca. Hasta 15 triples metieron solo los reservas, a destacar Chapu (4/4) y Carroll (6/7), que se quitaron el mal sabor de boca tras sendas actuaciones horripilantes en Estambul el jueves, donde de hecho fueron los peores.
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