
El pinchazo en Vitoria la primera jornada bien pudo haber quedado en anécdota, derrota asumible en una salida exigente. Se compitió tres cuartos y los árbitros, caseretes, tampoco ayudaron. Pero resultó no ser anécdota sino preludio: el Madrid ha gripado motor en este arranque de Euroliga, precisamente cuando más falta haría lo contrario, granjearse cierto colchón clasificatorio antes de la marcha de Facu. Pero el asunto de su salida está empezando a pesar en la dinámica como un nubarrón gris de incertidumbre. Y seguramente nos queden aún dos meses de sainete…
Tras una notable pretemporada y ganar la Supercopa, el Madrid transmite de repente las mismas sensaciones que en la fase final ACB de junio en Valencia. Las de una plantilla larga pero envejecida y desequilibrada, con veteranos sobrepagados y adolescentes asumiendo demasiadas responsabilidades. Un roster dependiente de Facu y Tavares, con overbooking de escoltas y alapívots pero un galopante déficit en el puesto de center.
En los tres minutos que se sentó el caboverdiano en el segundo cuarto el Madrid pasó de +7 a -2 en el marcador. Repito, en tres minutos. Valencia ya no volvió a soltar el mando del partido, con Dubljevic de brazo ejecutor en el tercer cuarto. La cosa terminó en rapapolvo, 77-93.
La relación Laso-Campazzo

Me llegaron hace días rumores de que la relación Laso-Campazzo se había tensado últimamente. No era la fuente más fiable así que no le concedí demasiada atención, al fin y al cabo, un calentón de vestuario tras una derrota lo tiene cualquiera. Pero ahora me da que pensar leyendo el tono de las palabras de Laso en rueda de prensa: «La Euroliga no acaba de comenzar. La Euroliga ya ha comenzado y nosotros llegamos tarde. Si alguno quiere hacer la guerra por su cuenta, conmigo no jugará».
Un dardo evidente a uno o varios de sus jugadores, y se me viene a la cabeza Facu, algo individualista en las dos derrotas, pareciera más concentrado en exhibirse que en dirigir: 26 tiros de campo por solo 5 asistencias, un ratio alejado de los números de su mejor versión. O Deck, de repente desaparecido, ¿también con la cabeza en USA? O Randolph, sospechoso habitual y especialmente desacertado y pasota hoy (val -2). Podría ser casi cualquier otro, al fin y al cabo los síntomas de vestuario son los más opacos para el aficionado.
Me faltaron minutos de Abalde, hoy menos retraído, y me sobraron situaciones 1×1 de Deck contra Kalinic, quizá el mejor alero en defensa al poste de Europa. Tampoco comprendo la gestión de Laprovittola. Laso ya ha dejado claro que no es santo de su devoción, pero es que son lentejas. Si se cuenta con el argentino en un rol relevante a la marcha de Campazzo, como se sobreentiende tras vetar su salida a PAO, necesita jugar en Euroliga para hacer callo y ganar confianza.
Bien, pues con este suma tres partidos oficiales (sobre ocho) fuera de la convocatoria… Poco callo va a hacer así. Teniendo en cuenta que para Laso este año Llull es escolta a tiempo completo, implica poner demasiada responsabilidad en Alocén. Que progresa adecuadamente, pero no deja de tener 19 añicos y tampoco parece que vaya a echar la puerta abajo.
En fin, podemos tirarnos la noche analizando los desequilibrios tácticos ya conocidos, y reclamar fichajes para corregirlos con un dinero que no hay, pero estas derrotas huelen a problemas de dinámica de vestuario tanto o más que a desajustes tácticos. Así que Laso tiene trabajo por delante, y no solo de pizarra.
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Era un partido clave, tras la cagada ante Burgos del sábado, y podemos resumirlo en que Campazzo nos salvó el culo. 37 minutos y 42 de valoración, números que no veíamos en el Madrid desde la marcha de Doncic. Dominó todo el duelo y lo acabó decantando con ese 2+1 a falta de un minuto, con 90-89 el marcador.
Ya lo veis, parroquia, el maldito Covid nos lo ha alterado todo, hasta el basket. Entiendo que las competiciones (ACB y Euroliga) apuren todavía plazos para intentar terminar la temporada de alguna manera, aunque sea en formato exprés, de fase final tipo Copa del Rey, a puerta cerrada y en sede única. Un mal menor para reducir las pérdidas y evitar que el palmarés quede desierto. Al fin y al cabo, no hay certezas más allá de 15 días vista, ni a nivel deportivo ni tampoco sanitario. Pero, muy a mi pesar, creo que tenemos que irnos haciendo a la idea de que la temporada 2019-20 ha terminado, que las prórrogas del estado de alarma se irán sucediendo hasta dejar sin opciones de calendario para terminar ligas. Muy especialmente las supranacionales, que necesitan del levantamiento de fronteras de múltiples países.
Si algo ha venido a enseñarnos esta Copa del Rey de Málaga es que el Madrid continúa teniendo una marcha competitiva más que el resto en ACB, también este curso, pese a la mastodóntica inversión del Barca en verano. Un reprís por oficio, carácter, profundidad de plantilla, conjunción y defensa, ingredientes que además de dinero requieren paciencia y estrategia. Ante el aluvión de fichajes rutilantes del rival directo, la dirección técnica blanca mantuvo la calma y apostó por continuidad. Una continuidad expresada en fichajes discretos, incluso decepcionantes en la comparación con el vecino, pero también y sobre todo en las millonarias renovaciones de largo plazo de Campazzo y Tavares, blindados ante la tentación NBA y señalados como líderes naturales del equipo para los próximos años.
Con Facundo Stockton se le agotan a uno los adjetivos, confirmadísimo mejor jugador de la ACB, manque pese a Mirotic y a los enamorados de la estadística de valoración en ligas regulares. A ver quién puede siquiera toser al argentino, MVP de las tres últimas competiciones nacionales (final ACB, Supercopa y Copa). 31 asistencias por solo 3 pérdidas en el torneo, y 9/15 triples. Es paradójico que las mayores dudas respecto al juego de Campazzo cuando regresó a Madrid tras la cesión en Murcia fueran precisamente la inconsistencia de su tiro exterior y su excesivo ratio de pérdidas. Su caso es un recordatorio de cómo el talento, la confianza del cuerpo técnico y trabajo, mucho trabajo, pueden cincelar una estrella. Remarco lo del trabajo porque, en el caso de Facu, tras esa imagen de prestidigitador canchero se esconde un workaholic casi enfermizo. Milagros a Lourdes.
La Copa viene también a desmentir la idea extendida de que el Madrid sigue siendo muy dependiente de Rudy y Llull. El equipo ha jugado un torneo extraordinario pese a que el primero apenas ha podido aportar por problemas físicos y el segundo solo ha jugado un partido bueno de tres. De todas formas, en el caso del menorquín, el balance es positivo, teniendo en cuenta de lo bajo que partía: tuvo un papel destacado en el único duelo igualado en la Copa, contra Bilbao. El sábado patinó y el domingo para cuando salió a pista ya no había partido. Se reservó en la segunda parte por molestias, isquios, en principio nada grave.
Ni tanto ni tan calvo. Es una alegría ver a Llull disfrutar sobre la pista, y ayer lo hizo y de qué manera en el segundo cuarto, con cuatro ‘mandarinas’ casi consecutivas que levantaron al pabellón, voltearon el marcador y dinamitaron la resistencia de Valencia. Pero seamos serios, acertar con 4 tiros de bajo porcentaje tras toda una temporada «muy dura» (en sus propias palabras) no es motivo suficiente para lanzar las campanas al vuelo y pregonar el regreso del rey. Porque ya lo pregonamos tras su actuación
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