Sobre el supuesto antimadridismo de Pedro Martínez

He escuchado algunas voces, tampoco demasiadas en mi entorno, llevarse las manos a la cabeza por el fichaje de Pedro Martínez por el Madrid, escandalizados porque pueda ser “antimadridista”. ¿Acaso no lo eran Petrovic, Nocioni o Rudy? Esto es el Madrid, señores, no el tribunal de la Santa Inquisición: si ganar es el ADN del club, las puertas deben estar siempre abierta sal talento, sin prejuicio del pasado o filiaciones varias.

Pero es que, además, si Pedro Martínez es antimadridista lo disimula realmente bien, a los hechos me remito. Porque ha sido llamar el Real Madrid a su puerta y dejar lo que estaba haciendo, casi de la noche a la mañana, uno de los proyectos más atractivos del basket europeo, Valencia, que había ayudado a levantar. Además, lo hace asumiendo el odio que le iba a llover, ya lo está haciendo, quizá para siempre, de la misma afición y ciudad que hasta hace una semana le idolatraba. Lo tenía a huevo para no venir, un verdadero antimadridista no se lo hubiese ni planteado, pero él ha dado el paso, y yo le concedo crédito por ello.

Aquí sus primeras palabras como coach blanco: «En primer lugar, es un honor. Es un club mítico, por el que han pasado algunos de los mejores jugadores y entrenadores del mundo, y del que es un orgullo formar parte. Conozco el legado y daré el máximo para estar a la altura”.

Decisión exprés

Se decidió por la oferta blanca en apenas 24 horas, tras reunirse con JCS en Barcelona el 27 de junio, y firma por el mismo salario que le ofrecía el Valencia en la contraoferta, alrededor de 1.2M netos anuales. Es decir, que por la diferencia de dinero tampoco viene. Como referencia de la cifra: Xavi Pascual ha firmado por 3M anuales en Dubai, Zeljko por 4M en PAO, Jasikevicius ha renovado por 2.5M en Estambul y Barztokas por 2M en El Pireo. Así que, los 1.2M de Pedro Martínez, recordemos, Mejor Entrenador del Año en la Euroliga (trofeo Gomelsky), no parecen un dispendio. El dispendio, visto en perspectiva, eran los 1.5M de Scariolo, a sumarle el séquito de asistentes, y que ha desembocado en un finiquito de 3M netos, 5M si hablamos de coste empresa. Un agujero en las arcas de la sección, y vendiendo humo hasta en el vídeo de despedida…

Pero volvamos a PM, ¿dónde veis vosotros el antimadridismo? ¿En el matiz de alguna declaración pretérita? ¿En la queja arbitral tras una derrota ajustada? Como si no lo hiciese el 90% de entrenadores, es casi acervo cultural en la ACB. Os reto a encontrar declaraciones suyas despectivas o de animadversión hacia el Madrid. Yo las he buscado, con la ayuda de ChatGPT, y no he encontrado.

Por otro lado, no perdamos de perspectiva que, aunque para nosotros los aficionados el basket es una pasión, un entretenimiento, y bien está que lo sea, para los protagonistas es una profesión. ¿O acaso pensáis que Campazzo, Maledon, Hezonja o Deck son «madridistas»? No, y da igual, para eso ya estamos nosotros. Como abonado lo que espero de ellos es profesionalidad y resultados, lo mismo que le pediré a Pedro Martínez.

La siguiente pregunta es: ¿por qué viene al Madrid? Reconozcámoslo, casi ninguno vio venir este movimiento después de su ampliación de contrato en marzo tras la Copa. A tenor de sus propias palabras en Las Provincias, viene por cierta sensación de final de ciclo en Valencia (fuga de talento), y sobre todo por el reto, la oportunidad once in a lifetime de entrenar a un grande de Europa.

Alto voltaje

Soy plenamente consciente de que la apuesta del Madrid es de alto voltaje y puede acabar como el rosario de la aurora, sea por choques con la gerencia (pregunten a Laso) o por la gestión de egos en vestuario, que Pedro tiene también su carácter, disimulado bajo ese rictus de profesor de universidad. Pero, con todo el riesgo que implica, me gusta la apuesta, un movimiento atrevido y ambicioso, out of the box, alejado del tradicional modus operandi de la sección. ¿O acaso preferiríais salir al empate con un Sfairopoulos de la vida?

Hace años que PM me parece un entrenador magnífico, aunque haya sido este curso cuando le ha llegado el reconocimiento a gran escala. Pero ya ganó la ACB con Valencia en 2017 y metió tres veces a Manresa en playoffs, por mencionar dos. Sus equipos suelen jugar un basket atractivo, del s. XXI, algo que se venía echando de menos últimamente en Goya. Chus se hacía un poco monotemático, insistiendo en el pick&roll, y Scariolo tenía a los jugadores encorsetados entre el Excel y unos roles tan rígidos.

En fin, que bienvenido sea Pedro Martínez, le deseamos suerte desde esta humilde tribuna.

¿Dónde encajamos a Hezonja?

Escucho ruido de fondo en la parroquia, seguramente justificado, sobre el ostracismo intermitente de Mario Hezonja. El croata se quedó en solo 8 minutos ayer en el triunfo en Valencia, y no es el primer partido en esos guarismos. Por ejemplo, jugó solo 5 minutos en Vitoria y 8 contra el FCB en la final de Supercopa. A continuación algunas reflexiones sobre el tema.

A Hezonja le penaliza principalmente compartir puesto con Gabi Deck, el mejor alero de la competición tras Clyburn e imprescindible cuando los partidos bajan al barro. Como ayer en la Fonteta tras el primer cuarto. El argentino es el ojito derecho de Chus Mateo, su jugador fetiche, en algunos sentidos diría que hasta por delante de Tavares.

A Hezonja le penaliza también que el técnico sea muy fiel a la receta que le trajo el éxito en junio, aquella final ACB en que martilleó al Barca con Deck de alero generando desde el poste bajo. Laso en seguida movía al argentino al cuatro, pero Chus no, ni siquiera ahora con Yabusele lesionado. En Valencia, y pese a los problemas de faltas de Cornelie, solo 8 minutos de Tortuga como alapívot por 12 de Ndiaye. ¿Y esto cómo afecta a Hezonja? Pues por efecto dominó, si Deck apenas pisa el cuatro los minutos de alero se ponen carísimos.

Overvooking de aleros

Pero a Hezonja no le penaliza solo Deck sino el overbooking general en el puesto de alero. La consigna en mercado del Madrid este verano pareció ser la relación talento-precio, buscar oportunidades sin priorizar su encaje táctico en un esquema tradicional. Talento es talento y se acaba abriendo paso, una estrategia interesante pero no exenta de riesgos. La plantilla se ve ahora con seis jugadores cuyo puesto original y lógico sería el de alero, a saber: Deck, Hanga, Rudy, Abalde, Musa y Hezonja.

Algunos de esos se han buscado la vida en otros lares. Hanga, por ejemplo, ha aprovechado el vacío en el puesto de base para hacerse imprescindible en la dirección, una alternativa que nunca utilizó Jasikevicius. Rudy apenas necesita minutos a su edad, no hasta que haya verdaderamente algo en juego, Abalde puede desempeñarse en cualquier puesto del 1 al 3 y Musa, peso pluma, ha encontrado acomodo como escolta. Pero Hezonja es menos intercambiable, máxime si Chus no contempla usarle como alapívot, puesto que frecuentó el curso pasado en Kazán con éxito de crítica.

Ese es el contexto, pero tampoco lo es todo. El croata es un jugador de vocación ofensiva y de corriente alterna, y ayer en Valencia claramente no estaba enchufado, con algún error claro de concentración. ¿Que Chus Mateo tiene más paciencia con otros jugadores? Ciertamente, con aquellos que gozan de galones de vestuario y/o habitan puestos sin un titular tan dominante como Deck. No digo nombres porque tampoco hace falta.

Más que su minutaje, lo que me sorprende con Hezonja es que no haya aparentemente ni un solo sistema ofensivo diseñado para él, a priori uno de los grandes talentos ofensivos del continente. A priori y en la práctica, señores, que promedia un 52% en triples en la Euroliga (16/31). Bien, pues parece tener prohibido botar y los (pocos) tiros que lanza son buscándose la vida, a sistema roto o porque le llega el balón en una circulación.

Su lenguaje no verbal empieza a traslucir ansiedad, se frustra sobremanera con cada error porque sabe que sobrevuela la sombra del banquillazo. Esa presión constante de tener que reivindicarse, de justificar cada minuto en pista, y encima hacerlo sin apenas balón. Chus debería darle una pensada a la utilización del croata porque, sinceramente, para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

Garuba y Llull enseñan el camino a la final

El Madrid está en la final ACB, así dicho puede sonar a poco, lo esperado, lo que se viene repitiendo desde hace años. Pero este no ha sido un año normal, sino uno accidentado, de fugas y lesiones, con una plantilla coja, de retales, abuelos y júniors.

Y en estas circunstancias llegar a la final ACB era el objetivo, el exigible, el mínimo que marca el aprobado del equipo en el curso, igual que lo fue clasificarse para top8 Euroliga o para final de Copa. En años previos esos objetivos pasaban por llegar a F4 y revalidar título ACB, pero la vida ha dado muchas vueltas en el Madrid el último año, no siempre para mejor, y ha tocado reajustar objetivos. Hoy celebramos esta clasificación como un triunfo.

Visto en perspectiva, hubiese supuesto una pena quedarse fuera de la final ACB tras semejante fase regular. Ahora bien, el tercer partido de semis fue un parto, dominado por los blancos, sí, pero nunca llegó la ventaja a doble dígito como para soltar esfínteres. Y no llegó porque Valencia es un equipo notable, un hueso. Sí, lo es pese a que su curso deje cierta sensación de oportunidad perdida, con el presupuesto más alto de su historia (24,7 millones) y una plantilla de quilates, pero fuera del top8 y de la próxima Euroliga por una cagada en casa contra Olympiakos, y fuera de la final ACB eliminado por un Madrid en cuadro.

El regreso de Llull

Un Madrid en cuadro… pero que ayer recuperó a Llull. No porque estuviese completamente recuperado de su enésima lesión muscular, sino por sus cojones serranos, porque forzó para jugar. No se le esperaba hasta la final, con suerte, pero ayer se vistió de corto para dar un balón de oxígeno al equipo, que solo con Alocén y Núñez no alcanza ante rivales Euroliga, como quedó bien claro el martes en la Fonteta. Son las cosas que tiene Llull, esta fe inquebrantable y un compromiso a prueba de bombas, por las que le queremos tanto aunque también nos haga sufrir a menudo.

Metió algunos tiros valiosos, repartió 5 asistencias y dirigió con un aplomo que a Alocén todavía le falta en duelos de estas alturas. En descargo del maño cabe puntualizar que jugó tocado. Sea como fuere, y dada la exigencia e igualdad del partido, queda la sensación de que sin la reaparición sorpresa de Llull el finalista sería Valencia.

La mera presencia del balear imagino que desbarató los planes de Ponsarnau, de volver a cargar el ataque sobre el puesto de base blanco, castigando el flanco débil: las piernas cansadas de Alocén y la bisoñez del júnior. Puede que Llull haya tenido alguna actuación mejor este curso, pero seguro que ninguna tan valiosa. Fue la de ayer sin duda su mayor contribución al equipo esta temporada.

Usman se estrena como clutch

Pero la estrella fue Garuba, una vez más, y van ya varias en los dos últimos meses, sobre todo en partidos importantes, pregunten al Efes. 16 puntos, 14 rebotazos y esa hiperactividad marca de la casa que condiciona el juego en ambos aros. Un triple por aquí, una ayuda defensiva, el primero que abre los contraataques, un cambio de emparejamiento… son muchas cosas las que aporta y no todas aparecen en la estadística. Para colmo, ayer encima fue el mejor en la recta final, con seis puntos en los dos últimos minutos.

Es brutal el ritmo al que crece su influencia en el juego semana a semana: qué evolución, señores, qué nivel, qué intensidad y qué bemoles. Se ha erigido en el andamio que sostiene al equipo en su frágil equilibrio, el que evitó que se desmoronase a la espantada de Tortuga y la lesión de Trey, que en condiciones normales hubiesen supuesto la estocada definitiva.

Creo que no somos conscientes de lo que está consiguiendo con 19 recién cumplidos, que nos acostumbramos mal con Luka y no apreciamos el valor de las cosas. Estamos ante la eclosión del jugador joven español más importante en un lustro y encima canterano del Madrid, cómo para no sacar pecho. Dudamos en la primera mitad de curso, pero mirad, al final se va a ir a la NBA consagrado, bueno, todo lo consagrado que se puede ir uno ahora salvo que te llames Doncic, en esta época en que las fraquicias solo draftean prospects de 19 primaveras. Lo dicho: valorémosle como merece y disfrutémosle, que ya nos queda muy poco.

Defensa, orgullo y rebote: el Madrid resiste a las bajas

En cuadro, y ya no es una hipérbole sino la literalidad, sacó adelante el Madrid el primero de la semifinal contra Valencia. Porque a las ausencias de Randolph, Thompkins, Abalde y Felipe se unieron las de Llull y Laprovittola, que bien podrían no regresar en lo que resta de curso. El argentino seguro que no, Llull tendría alguna opción si se llegase a la final. En todo caso, mejor no contar con ello.

Debutó Juan Núñez, que se limitó a subir el balón y ordenar sistemas durante 5 minutos, y demasiado fue, con 17 años recién cumplidos y llegado solo 36 horas antes, que estaba en la fase final de la Euroliga junior cuando le llamó Laso.

Hay mucho de infortunio en la plaga de lesiones, la mayoría, pero no todo. Echarle toda la culpa a la mala suerte es el recurso fácil. La plantilla está muy envejecida, sobre todo las alas, y a más años en las piernas mayor probabilidad de lesiones musculares. Rudy y Llull como mayores exponentes. Hace falta una reflexión seria. Quiero pensar que, después del sainete de lesiones de este curso, la directiva tomará nota de cara a la configuración de plantilla para el próximo.

Resiliencia

Los que quedan sanos dieron la cara, vaya que si la dieron, alimentando el mito de la resiliencia de este grupo. El equipo, arropado ayer por algo de público por primera vez en 15 meses, firmó un encuentro magnífico dadas las circunstancias, un alarde de concentración, despliegue físico y defensa. Pero el principal arma volvió a ser el rebote, +56 en tres partidos de playoffs. Es decir, un promedio de 18 más que el rival, y esa es una ventaja sideral que compensa muchas limitaciones. Y no es Valencia precisamente una malva en la pintura, al contrario, es el corazón de su plantilla, con los Dubljevic, Tobey, Kalinic y Layberie, pero igual salieron escaldados de Goya. 52-33 terminó la batalla bajo tableros.

El Madrid ha hecho de la necesidad virtud, y ha transformado el hándicap de puntos y tiro exterior en el puesto de cuatro (por las bajas de Trey y Randolph) en dominio reboteador y fortaleza defensiva. Porque Garuba y Tyus no anotarán apenas ni enchufarán triples, pero si hablamos de defender y rebotear son auténticos valladares. Especialmente el canterano, soberbio ayer, qué ayudas defensivas (3 tapones), qué forma de cargar el rebote (12), qué intensidad. Pantera total.

Fue uno de los cuatro que lideraron la victoria blanca. Tavares recuperó su mejor versión (17+11) tras casi un mes out entre lesión y descanso. Causeur, que venía de un partido muy discreto en Gran Canaria, se erigió ayer en referente ofensivo exterior. Asumió muchos más tiros de los habituales y, como vio el aro como una piscina, se fue hasta 24 puntos.

Por último, y no menos importante, Jeffery Taylor dio también un paso al frente cuando más se le necesitaba, ausentes Abalde y en la segunda parte también Rudy. Secó a sus pares sin cargarse de faltas y añadió 13 puntos y 7 rebotes. Su mejor partido de la temporada.

Demasiado Efes para tan poco Madrid

40 minutos necesitó Efes para arrearnos una sonora bofetada de baloncesto y desactivar el optimismo mágico de la parroquia tras la victoria en el Palau. Esto no es la ACB.

De 25 nos ganó Efes en Goya hace tres semanas y de 27 hoy en Estambul. Los más optimistas se agarraron entonces a la excusa del arbitraje, que nos cortó la remontada del tercer cuarto. Pero hoy no hay excusa de arbitraje posible. Ni siquiera necesitaron esta vez la mejor versión de Larkin o Micic. Los turcos son mejores que el Madrid, de hecho el mejor equipo de Europa, y va a hacer falta jugar bastante mejor para arañar alguna victoria en la serie.

En realidad la primera parte fue igualada, con las señas de identidad blancas de los últimos partidos: solidez atrás, Garuba mediante, la inspiración de Lapro y el acierto desde el triple. En ACB, contra cualquier equipo del sexto para abajo, jugando así te vas 10 arriba al descanso. Pero en la élite Euroliga te vas cuatro abajo (44-40).

Y en la segunda parte se secó el río. Bueno, lo secó Efes, atando más en corto a Laprovittola: -2 de valoración tras el paso por vestuario. Tampoco necesitó mucho más. Resulta esclarecedor de la temporada blanca que un empleado con las maletas hechas para irse en dos meses sea el principal y casi único argumento de creación en estático de la plantilla. Y sin ideas el Madrid en ataque ni acierto en tiros forzados, cayeron literalmente chuzos de punta: 46-23 el resultado de la segunda mitad.

Solo dieron la cara los interiores: Thompkins vio el aro grande (13 puntos), Usman fue el mejor atrás y Tavares se movió en sus números. Tyus, por cierto, ni convocado. No descarto que no le volvamos a ver de corto… Teniendo en cuenta que de Euroliga puede quedar poquito, que Poirier ya juega ACB y Laso cuenta a Vukcevic como un activo de rotación a todos los efectos.

Un solar en las alas

Abalde firmó una razonable primera parte, pero después se le hizo pequeño el aro en el tercer cuarto, fallando varios triples claros para cortar la hemorragia. Como sería la cosa, que aún así fue el exterior blanco más potable de la velada, en que claramente echamos por primera vez de menos a Gabi Deck. Era surrealista esperar que, cuando la carretera se empinase, no notaríamos la baja del segundo mejor jugador del equipo. Por cierto, que la ausencia de Valencia en la próxima Euroliga deja el fichaje de Kalinic a huevo para el verano…

Taylor firmó un encuentro lamentable, sin paliativos, y no solo en ataque, como de costumbre, sino también en defensa, lo único que le mantiene en el roster. Le queda otro año de contrato garantizado (de los tres que se le firmaron…) pero quiero pensar que el club se planteará negociar una rescisión en verano para cortarle.

Sobra él, pero sobra también alguno de los cuatro veteranos exteriores, por mucho que sean fetiches de la afición: Llull, Causeur, Carroll o Rudy. El Madrid no puede convertirse en un geriátrico donde los veteranos estiren sus carreras al gusto, independientemente de su nivel o estado físico, en pago por los servicios prestados. Si queremos competir en la élite con garantías no se pueden repetir errores de dirección como el caso Felipe, los dos años de sueldo y ficha que se le han concedido cuando ya no estaba para sumar. Hay muchas formas de agradecer los servicios prestados y rendir tributo sin ficha en el primer equipo.

Cuatro escoltas reservas no hacen un titular

De vez en cuando alguno de los exteriores veteranos se marca una actuación valiosa, a modo sesión remember. No faltan esos días los aficionados perdonavidas que jalean al veterano y señalan a quien osase dudar, “al esquirol”. Pero, visto con una mínima perspectiva y sentido crítico, no puedes contar con ninguno de ellos a nivel top de forma regular, no más de un partido de cada tres, eso siendo generoso. Sea por lesiones musculares en cadena o sencillamente porque ya no tienen físico para la élite, que el tiempo pasa para todos, no hay vergüenza en ello.

Hoy no les tocó, a ninguno: 4 de 21 tiros de campo en 67 minutos entre los cuatro, especialmente duro teniendo en cuenta su perfil eminentemente ofensivo. Si la sección de veras busca un salto de calidad en verano, como apuntan los fichajes ya cerrados, no puede hacer la vista gorda al puesto de escolta y convertirlo en un cementerio de elefantes.

Su caso no es todavía como el de Felipe, cualquiera de los cuatro todavía suma y te sirve como segundo o tercer escolta del roster… el problema es que son cuatro y ninguno tiene ya ni cerca nivel para titular en la élite Euroliga. Y a mejor no van a ir. No, hace falta reforzar también ese puesto y primar piernas frescas, aunque eso implique alguna decisión dolorosa e impopular para hacer hueco.

El rookie wall de Alberto Abalde

No anda el Madrid precisamente para tirar cohetes, ya lo sabemos, entre la plaga de lesiones y una plantilla de por sí vieja y desequilibrada. Lo que empezó por cuesta de enero va ya por marzo. «Todos los años tenemos un bajón en diciembre, simplemente este año nos ha venido en enero», alegaban al principio los más optimistas. Realismo mágico. El martes en Jimki se tocó fondo: problemas al margen, fue ese día en que todo sale torcido, se te caen los balones de las manos y Tavares, que es medio Madrid, se carga de personales. Cuando me levanto en mitad de la noche aún veo a Jordan Mickey anotando de media distancia… No encontré las ganas para sentarme a echar unas líneas.

Porque la paliza en la Copa del Rey escoció por ser el Barca y por ser final, pero no dejó de ser el resultado lógico, y por tanto asumible. Lo de Jimki fue distinto: los rusos llevaban 17 derrotas seguidas y los jugadores sin cobrar desde hace tres meses. Cómo sería la cosa, que la directiva blanca recurrió al viejo truco de filtrar a la prensa nombres de fichajes para entretener y desviar la atención en la parroquia. Resulta tan burdo y descarado que paso de darle mayor pábulo.

No volvieron a escucharse nombres de fichajes porque el equipo encontró los arrestos y la vergüenza torera para recomponer filas y ganar en Piter solo 48 después a un equipo bastante mejor, el Zenit, de hecho rival directo en la puja por el top8. Tavares fue decisivo, con un tapón y un mate con personal en el último minuto. Y Thompkins, con un esguince, tuvo que infiltrarse para poder jugar unos minutillos, lo que da un pista de la importancia clasificatoria del duelo. El billete para cuartos de final de Euroliga pasa por ganar entre dos y tres partidos de los seis que restan de fase regular. A priori sería un objetivo cómodo, pero el calendario es de aúpa, con duelos pendientes frente a Efes, CSKA, Fener y Barca.

Tanto la victoria en Piter como la del domingo en Murcia se cimentaron en el principal resorte del equipo en este sufrido tramo de la temporada: la defensa. En 71 se quedaron los rusos y en 57 el Murcia, y así, claro, es más fácil mojar. El regreso de Taylor, ese del que nunca hablamos, ha subido una marcha atrás, de hecho, fue clave su defensa el jueves a Pangos, catalizador y termómetro de los rusos. Los mejores minutos del exazulgrana coincidieron con la defensa de Lapro…

La sequía de Abalde

Dicho lo cual: tenemos que hablar de Alberto Abalde, de su bajón de rendimiento. Estaba dejando pasar unas semanas para no precipitarme, pero me parece que podemos considerarlo ya tendencia. Empezó exactamente con el nuevo año y no encuentro explicación sencilla aparente. Porque físicamente está bien, de hecho, las lesiones en el juego exterior le han dejado campo abierto para minutadas. Pero en vez de crecer, siguiendo el guión previsible para un jugador de su talento y edad, se ha ido haciendo pequeño, en una suerte de rookie wall: promedia valoración 5.5 en los últimos 18 partidos entre ambas competiciones, es decir, desde el 1 de enero. Más o menos la mitad que de octubre a diciembre.

Ya no llega hasta el aro ni saca faltas (tiros libres), y de postear a rivales más pequeños ni hablamos. Abusa de tiros de 4-5 metros, a la media vuelta y sin ventaja generada, ergo de bajo porcentaje, propios de final de posesión. Eso, o triples random, que a veces cuela por pura clase pero que no dejan de constituir una selección de tiro mejorable. Le tengo bastante fe a sus aptitudes, por lo que enseñó en Valencia y sus pinceladas de blanco en el primer trimestre. Por eso, a falta de otra explicación, imagino que el problema sea de coco, de confianza.

El inicio de su bajón coincidió en tiempo con la lesión de Llull en enero y su paso por el puesto de base. Una función que desempeñó intermitentemente en categorías inferiores pero que en el Madrid de Laso es de una exigencia endiablada y le vino grande. Para cuando regresaron los lesionados y volvió al puesto de escolta/alero, se le había salido la cadena. No le faltan minutos porque cumple atrás y sigue habiendo bajas, pero no se le ha fichado para esto. Hay que pedirle más, incluso en este, su primer año en el Madrid. Si bien Laso, quizá consciente de que el problema de Abalde es de confianza, se corta bastante en sus broncas, si las comparamos con las que dedica a errores similares de otros jóvenes.