Bajar al barro para competir

Se volvió a perder contra el Barca, que desde un punto de vista mediático y de rivalidad sé que escuece más a la parroquia que una derrota cualquiera. Pero no deja de ser una con la que se contaba en las cábalas para entrar en top8, el verdadero objetivo exigible este año, así que clasificatoriamente no resulta costosa. No es día para drama queens, de esas medio futboleras que asoman tras los derbis, aunque sean de fase regular. El objetivo del Madrid sigue siendo ganar dos partidos (o mejor tres) en lo que resta de fase regular, y el de anoche era el menos propicio. Esta vez, y a diferencia de la final de Copa, sí se compitió. Laso aplicó la misma receta que en las dos victorias previas, Zenit y Murcia, es decir, espesar el partido y llevarlo al barro. Compensando con defensa la evidente desventaja de plantilla, que de por sí la habría con todos disponibles, pero que con las bajas se vuelve abismal.

Saras cuenta desde el regreso de Claver con el roster al completo, recordemos, el más caro de Europa, y se puede permitir lujos zaristas como descartar ayer a Pustovy, que cobra 1.8M brutos este año. Mientras, el Madrid está sin base titular, Facu, al que se decidió no suplir por ahorro, sin Rudy, Llull y Randolph, lesionados, a los que ayer se unió Tyus, roto en el segundo cuarto cuando estaba cumpliendo, que ya es novedad. Y Thompkins, aunque salió unos minutos, también está lesionado, mermadísimo por su reciente esguince: en condiciones normales no hubiese ido convocado ni ayer ni al partido del Zenit.

En esas condiciones, tiene mérito llegar a los dos últimos minutos con opciones reales de victoria. Tavares dominó la pintura como acostumbra y Taylor secó a Higgins, principal vía de agua en la final de Copa (en la que fue baja). El regreso del sueco ha sido clave en la mejora defensiva en los tres últimos encuentros.

Deck nunca se esconde en estas citas y ayer no fue excepción, máximo anotador con 17. Por cierto, que ha enchufado 9/12 triples en las últimas cuatro citas Euroliga, dedicado a los de «no puede ir a la NBA porque no mete de tres». Como veréis, no ha modificado su mecánica, sigue lanzando sin apenas parábola, pero no se trata de tirar bonito sino efectivo, y a base de repetición y entreno todo se compensa.

Abalde debió leerme y mejoró sus prestaciones (11pts, 4as), teniendo que jugar 10 minutos de base, que ya sabemos que no es lo suyo, porque Lapro no pasa el corte en defensa en partidos de este nivel y a Alocén, que firmó buen inicio, se le empezaron a caer los balones de las manos en el tercer cuarto (5 pérdidas en 15 mins).

El Madrid falló un par de tiros clave en la recta final, que el pobre Deck iba ya con la lengua fuera, y fió sus opciones a la defensa. Y ahí resultaron decisivas dos faltas rigurosas (y sus consiguientes tiros libres) señaladas en los últimos 120 segundos: una de Tortuga a Mirotic en la porfía al poste y otra de Taylor sobre Higgins en la presión sobre bote. En esos dos pitidos se esfumaron las opciones de un Madrid que, de todas formas, deja buenas sensaciones, dadas las limitaciones. Toca seguir remando.

El rookie wall de Alberto Abalde

No anda el Madrid precisamente para tirar cohetes, ya lo sabemos, entre la plaga de lesiones y una plantilla de por sí vieja y desequilibrada. Lo que empezó por cuesta de enero va ya por marzo. «Todos los años tenemos un bajón en diciembre, simplemente este año nos ha venido en enero», alegaban al principio los más optimistas. Realismo mágico. El martes en Jimki se tocó fondo: problemas al margen, fue ese día en que todo sale torcido, se te caen los balones de las manos y Tavares, que es medio Madrid, se carga de personales. Cuando me levanto en mitad de la noche aún veo a Jordan Mickey anotando de media distancia… No encontré las ganas para sentarme a echar unas líneas.

Porque la paliza en la Copa del Rey escoció por ser el Barca y por ser final, pero no dejó de ser el resultado lógico, y por tanto asumible. Lo de Jimki fue distinto: los rusos llevaban 17 derrotas seguidas y los jugadores sin cobrar desde hace tres meses. Cómo sería la cosa, que la directiva blanca recurrió al viejo truco de filtrar a la prensa nombres de fichajes para entretener y desviar la atención en la parroquia. Resulta tan burdo y descarado que paso de darle mayor pábulo.

No volvieron a escucharse nombres de fichajes porque el equipo encontró los arrestos y la vergüenza torera para recomponer filas y ganar en Piter solo 48 después a un equipo bastante mejor, el Zenit, de hecho rival directo en la puja por el top8. Tavares fue decisivo, con un tapón y un mate con personal en el último minuto. Y Thompkins, con un esguince, tuvo que infiltrarse para poder jugar unos minutillos, lo que da un pista de la importancia clasificatoria del duelo. El billete para cuartos de final de Euroliga pasa por ganar entre dos y tres partidos de los seis que restan de fase regular. A priori sería un objetivo cómodo, pero el calendario es de aúpa, con duelos pendientes frente a Efes, CSKA, Fener y Barca.

Tanto la victoria en Piter como la del domingo en Murcia se cimentaron en el principal resorte del equipo en este sufrido tramo de la temporada: la defensa. En 71 se quedaron los rusos y en 57 el Murcia, y así, claro, es más fácil mojar. El regreso de Taylor, ese del que nunca hablamos, ha subido una marcha atrás, de hecho, fue clave su defensa el jueves a Pangos, catalizador y termómetro de los rusos. Los mejores minutos del exazulgrana coincidieron con la defensa de Lapro…

La sequía de Abalde

Dicho lo cual: tenemos que hablar de Alberto Abalde, de su bajón de rendimiento. Estaba dejando pasar unas semanas para no precipitarme, pero me parece que podemos considerarlo ya tendencia. Empezó exactamente con el nuevo año y no encuentro explicación sencilla aparente. Porque físicamente está bien, de hecho, las lesiones en el juego exterior le han dejado campo abierto para minutadas. Pero en vez de crecer, siguiendo el guión previsible para un jugador de su talento y edad, se ha ido haciendo pequeño, en una suerte de rookie wall: promedia valoración 5.5 en los últimos 18 partidos entre ambas competiciones, es decir, desde el 1 de enero. Más o menos la mitad que de octubre a diciembre.

Ya no llega hasta el aro ni saca faltas (tiros libres), y de postear a rivales más pequeños ni hablamos. Abusa de tiros de 4-5 metros, a la media vuelta y sin ventaja generada, ergo de bajo porcentaje, propios de final de posesión. Eso, o triples random, que a veces cuela por pura clase pero que no dejan de constituir una selección de tiro mejorable. Le tengo bastante fe a sus aptitudes, por lo que enseñó en Valencia y sus pinceladas de blanco en el primer trimestre. Por eso, a falta de otra explicación, imagino que el problema sea de coco, de confianza.

El inicio de su bajón coincidió en tiempo con la lesión de Llull en enero y su paso por el puesto de base. Una función que desempeñó intermitentemente en categorías inferiores pero que en el Madrid de Laso es de una exigencia endiablada y le vino grande. Para cuando regresaron los lesionados y volvió al puesto de escolta/alero, se le había salido la cadena. No le faltan minutos porque cumple atrás y sigue habiendo bajas, pero no se le ha fichado para esto. Hay que pedirle más, incluso en este, su primer año en el Madrid. Si bien Laso, quizá consciente de que el problema de Abalde es de confianza, se corta bastante en sus broncas, si las comparamos con las que dedica a errores similares de otros jóvenes.

Reconexión desde la defensa

Hace falta defender muy bien (y avasallar en el rebote: +16) para ganar un partido de Euroliga, encima de forma holgada, pese a 22 pérdidas de balón y a no lanzar ni un solo tiro libre (¡!). Fue el caso del Real Madrid anoche, que sacó adelante un duelo contra Zalgiris clave para frenar la sangría, recuperar la cara a la temporada y hacerse un mínimo colchón en la lucha por un puesto en el top8.

Pero al partido volveremos después, porque la noticia no sucedía en pista sino en la enfermería: la nueva lesión de Llull, que ha pasado por quirófano para someterse a una artroscopia en la rodilla derecha. El tiempo de baja no es muy preciso, pero estaríamos seguramente hablando de 6-8 semanas. Si sumamos una o dos más para recuperar el ritmo, significa que no echaríamos cuentas con Llull sano hasta mayo. Un crochet en la línea de flotación del Madrid que, ni qué decir tiene, no saldrá al mercado a buscar sustituto. No lo hizo a la marcha de Facu, lo va a hacer por una lesión del menorquín…

Puede que Llull de base no fuese la idea original de Laso para este curso, desde luego no debería serlo para el que viene, pero dados los recursos de la plantilla actual, sí que era la mejor baza del Madrid para lo que resta de temporada. La esperanza de que mantuviese esa versión de las semanas inmediatamente posteriores a la marcha de Campazzo. Quizá esa media docena de partidos fue solo un espejismo, fruto de nuestro «optimismo jaranoso«, pero al menos era algo a lo que agarrarnos ante el socavón que dejó el argentino. Bien, pues esa esperanza se la están llevando las lesiones. Las mismas continuas lesiones que han impedido a Llull un nivel homologable sostenido en el tiempo desde que regresase de aquella rotura de ligamentos hace ya 3 años. Da muchísima pena: es uno de los más grandes que ha vestido la camiseta blanca, para mí el mejor jugador de la ACB en la década 2011-2020. Una leyendaza y un tipo cojonudo.

Sin embargo, y en estos días que tanto hablamos de los movimientos de plantilla para la próxima campaña, creo que el club debería pensarse muy bien el rol y los términos (salario, duración) de la renovación, en vista de la fragilidad física y rendimiento del menorquín, camino ya de 34 años. Porque doy por sentado que seguirá, incluso que se retirará de blanco, pero el Madrid debe curarse en salud para competir en la élite, y eso pasa por tomar medidas a veces dolorosas, impopulares entre la afición, como relegar a Llull a un rol bastante secundario. En otras palabras: que si la idea es recuperar el terreno perdido con el Barca de la mano de Llull y Heurtel de bases estamos apañados. Sé que seguramente me caigan palos por escribir esto, de los aferrados a la vieja guardia, que no son pocos, de los que confunden la fidelidad con la ausencia de crítica constructiva. Pero ahí no me encontraréis.

Regresemos a Goya, al partido de anoche, amarrado desde la defensa, y me parece de ley destacar a dos de los que peor venían jugando: Garuba y Tyus, esta vez sí, implicados y muy activos, que es ni más ni menos lo que se espera de ellos. Puede que este año no vayamos a ganar la Euroliga, pero se puede (y se debe) dar guerra y caer con dignidad. Dadas las limitaciones de la plantilla y el lastre de las lesiones, eso pasa impepinablemente por elevar el nivel defensivo. No hay otra receta. Anoche fue un recordatorio.

En Zalgiris juegan dos piezas teóricamente cotizadas de mercado, Grigonis y Walkup, que pasaron por Goya con mucha más pena que gloria. Grigonis, de hecho, va camino de convertirse en una de las atracciones del verano: Zenit tiene su nombre marcado en rojo en la agenda. Le he visto ya unos cuantos partidos este curso: tiene IQ y talento, pero también va un poco justo de físico y velocidad de ejecución para la mega élite europea, que sería el siguiente paso. Desde luego no le veo una opción para el Madrid, dado el overbooking exterior, con Causeur, Rudy, Taylor y Abalde bajo contrato garantizado, y Llull y Carroll camino de renovar. No, el salto de calidad del Madrid este verano pasa por el puesto de base, por el nombre que acompañe a Heurtel y a Alocén.

Por cierto, que el maño volvió a jugar anoche un partido consistente, acertado en defensa y dirección. No estelar, desde luego, pero sí apañado, igual que el vilipendiado Lapro. En vista de que Abalde cortocircuita un poco en el puesto de base, el periodo de baja de Llull puede ser el momento para plantearse ir metiendo a Matteo Spagnolo en convocatorias ACB, por aquello de rotar un poco. Ahora bien, eso debe decidirlo Laso, en función de cómo le vea en los entrenamientos. Que no se trata de regalar minutos a canteranos por postureo y castigo a Lapro, sino porque sea lo mejor para el equipo y la sección.

Por cierto, y ya para terminar, Laso se puso como una furia en la entrevista posterior al partido, blandiendo la hoja de estadísticas y lanzando una puya al arbitraje en forma de pregunta, ¿cómo es posible acabar sin un solo tiro libre lanzado? Cierto es que el Madrid a día de hoy carece del respeto o incluso protección de que gozan otros, digamos CSKA o Barca. Me remito a la cifra de técnicas por protestar o a algunas de las faltas que le pitan a nuestra estrella (Edy). Pero concretamente los tiros libres lanzados tienen más que ver con las situaciones de juego y las virtudes de los jugadores. Al final, los tiros libres no son sino el fruto de las faltas, que normalmente sacan los generadores desde bote cuando atacan el aro.

Y ahí es donde cojea el Madrid dramáticamente desde la marcha de Campazzo: raramente vemos a Laprovittola o Alocén romper a su defensor. Y pidiendo bloqueo tras bloqueo en cabecera no se sacan faltas. Causeur podría entrar en la categoría de generador desde bote, pero su juego unidireccional resulta un poco previsible, mientras que Abalde ha perdido la mordiente de unas semanas a esta parte. Al final, solo Deck juega con la agresividad suficiente como para acudir regularmente al 4.60. Otro punto a tener en cuenta en la configuración de plantilla de la próxima temporada…

Baño de realidad copero

Lo primero de todo: máximo respeto para este equipo, empezando por el entrenador, Laso, faro del proyecto y cuya renovación debería ser la prioridad nº1 en Concha Espina, y siguiendo por los jugadores, cada vez más viejos y con más achaques, pero siempre dignos. Ni un reproche a su rendimiento y entrega. Un grupo que lo ha ganado todo en el último lustro y ha vuelto a dar la cara en esta Copa del Rey. Primero batiendo con holgura a Valencia, el rival más duro posible en cuartos, baño de Laso a Ponsarnau mediante, y luego remontando 18 puntos en semis a Tenerife, con menos cartel pero todo un hueso, a lomos de la vieja guardia del juego exterior. Teniendo en cuenta cómo llegaba el equipo a esta Copa del Rey, tras la humillación de Baskonia en Goya hacía una semana, estar en la final es ya un buen resultado se mire por donde se mire.

Y el soberano repaso del Barca en la final puede que sea duro pero no imprevisible. Ni con todos sanos tenía el Madrid, en honor a la verdad, más de un 30% de probabilidades de victoria, así que con las bajas de Taylor y Rudy, y con Garuba, Lapro y Tavares mermados, pues echadle un 10%. No hubo color, no hubo final, así que tampoco me detendré demasiado. Hubiese hecho falta un día inspiradísimo de los yayos exteriores para dar la campanada y lo que resultó fue justo lo contrario: -11 de valoración Carroll, -2 Causeur y -3 Llull. Ellos, que 24 horas cimentaron la remontada en semis, se quedaron en un imposible 5 de 28 tiros de campo, no sin mérito de la defensa culé. Game over. A falta esta vez de los veteranos tirando del carro, fueron los jóvenes quienes dieron la cara y evitaron un marcador sonrojante: Abalde, desdibujado en las últimas semanas y al que necesitamos como el comer, subió 15 puntos, y Alocén confirmó esa sutil pero sostenida línea ascendente.

Año de transición

Más allá de eso, el Madrid está a día de hoy lejos del Barca, su rival directo en todos los títulos, y lo que es peor aún, carece a priori de los recursos de plantilla para ponerse a su nivel. Mucho tendría que cambiar la temporada para batirle en junio en una serie a cinco en la final ACB. Es el resultado del envejecimiento de la columna vertebral del equipo blanco, traducida en frecuentes lesiones musculares (hoy Rudy), y de la complacencia del palco. De dos cursos de discreta pero progresiva desinversión en plantilla, el año pasado disfrazada de continuismo y este con la excusa del covid, desembocando en el «apañaos con lo que hay» a la marcha de Facu, anunciada seis meses antes.

Es también el resultado de dos años de desaciertos en el mercado: de la renovación de Felipe a los fichajes de Lapro y Prepelic contra criterio de Laso, de las renovaciones por tres años garantizados a jugadores secundarios, a la incorporación de Mickey teniendo ya dos extracomunitarios en plantilla. Si le unimos la faraónica apuesta del Barca, con toda su columna vertebral en los años prime de sus carreras, es decir, 5 de media más jóvenes, pues era cuestión de tiempo que llegase este momento, en que nos rebasasen como rival a batir del basket patrio.

Y en este punto ya no caben los golpes en el pecho ni los balones fuera, el realismo mágico de «por mis cojones» y «nunca dudaré de este grupo», apelando a un pasado glorioso. Ya puede bajar a vernos la Virgen de Fátima, que sin Facu ni Randolph hay demasiada desventaja de plantilla como para competir de tú a tú y con unas mínimas garantías. El club ha dejado meridianamente claro (por omisión) que esta temporada es «de transición», que los resultados de ambas secciones son anecdóticos y la única prioridad de gasto es el Bernabéu. Puedo estar o no de acuerdo, pero no puedo cambiarlo, así que tampoco sirve hacerse mala sangre.

Ha llegado el momento, ahora que se acerca su ocaso, de rendir honores y disfrutar de los últimos coletazos de este grupo que tanto nos ha dado, de sacar el paraguas hasta final de curso, compitiendo con dignidad como hasta ahora, y de recomponer filas en verano, a poder ser con mayor ambición de la presidencia y acierto de la directiva. De esa ambición y acierto dependerá que el año de transición no se convierta en un cambio ciclo en el basket español.

¿Y si Carroll continuase otro año más?

Tenemos que hablar de Jaycee, parroquia. Ha llegado el momento de replantearse la hoja de ruta, esa que marcaba esta como su última temporada en activo, con la idea de que se retirarse en junio a la limón con Felipe Reyes, cual cuento de Disney. Sucede que el cuento no obedece a la realidad deportiva, porque lo único que tienen en común ahora mismo es la edad, ser los dos jugadores más veteranos del vestuario. Las similitudes terminan ahí.

La renovación de Felipe en verano apestaba a indulgencia diplomática, a contratito de agradecimiento, y el devenir de la temporada está sirviendo para confirmarlo. Y conste que no es plato de gusto ni verlo ni contarlo. Su ostracismo estas semanas ha sido el baño de realidad definitivo, inédito pese a la plaga de bajas en la pintura blanca, que hasta Rudy Fernández ha tenido que jugar de ala-pívot. Laso ya no cuenta con el capitán porque sencillamente ya no está para jugar, no lo está desde hace tiempo, y el desembarco de Alex Tyus es la puntilla. Una pena este deslucido e innecesario epílogo a su carrera. Sería bueno que la sección tomase nota, para evitar que se repita la historia, de cara a la ya cercana retirada de otras leyendas: pienso en Carroll, Rudy o a más largo plazo Llull. Cabría recordar que los clubes cuentan con resortes para agradecer los servicios a sus veteranos y brindarles despedidas a la altura sin condicionar la configuración de la plantilla. Retirada de camisetas, partidos homenaje, etc.

Pero volvamos a Jaycee… Os confieso que yo mismo era el primero convencido de que se retiraría el pasado verano, una vez terminada la construcción del rancho en Wyoming y con Baylee ya instalada con la prole. Según contó Prepelic, la parte perjudicada, Carroll cambió de opinión hasta tres veces sobre el asunto durante el pasado curso. Pero la decisión final fue seguir, en lo que debió influir que su hija mayor, Bella, se instalase una temporada con él en Madrid. Y suerte que lo hiciese…

También supuse que esta temporada, ya sí, se le empezaría a notar el bajón, que cumple 38 palos en abril. Pero ni por esas, oiga, ni por esas. «Se conserva en formol», «el que tuvo retuvo», «es incombustible», etc. Son tópicos que habéis escuchado docenas de veces para ensalzar a leyendas en la recta final de sus carreras, exageraciones desde el cariño. El asunto es que con Carroll son piropos rigurosamente merecidos.

Laso tiene que dosificar sus minutos, sí, y tiene carencias defensivas, vaya novedad, pero es que sigue siendo la máquina de anotar de siempre, y eso son palabras mayores. El go-to-guy indiscutible cuando está en pista, sobre todo cuando la carretera se empina y el equipo va por debajo en el marcador, como evidenció el partido ante Milán de forma un poco dramática. Y es la referencia ofensiva por el sencillo motivo de que, pese a la extensa y lustrosa plantilla del Madrid, pese a su edad, sigue siendo la mejor opción en ataque, con ese jodido tubo al aro. Tiene el mejor ratio de punto por posesión de toda la liga ACB, promedia 11 tantos en 15 minutos y acredita un disparatado 70% en tiros de dos entre ambas competiciones (¡el mismo % que Tavares!), eso lanzando bastante (52/75).

El factor económico

Con esos números, ponerle sobre la mesa una oferta de renovación no sería una cuestión diplomática sino pragmática, intentar retener a un activo valioso de la plantilla. Porque, para más inri, recordemos, su precio es asequible: tras sucesivas renovaciones a la baja a lo largo de los años Jaycee se mueve en el barrio de los 800k euros brutos / temporada, una ganga a estos niveles. Ya os digo que el Madrid no va a encontrar un sustituto digo en Europa por menos del doble de esa cifra (si le sumamos transfer), y se viene un verano en que la prioridad de gasto debería ser el puesto de base.

Ahora bien, que el club le proponga renovar no significa automáticamente que Jaycee acepte, al contrario, no está nada claro que posponga otro año el rancho, que la paciencia de Baylee tiene sus límites. Eso sí, sería bueno conocer con antelación la decisión, si se cuenta o no con él para el próximo curso, para en caso negativo poder moverse con tiempo en el mercado. Y ya os digo que Marius Grigonis (Zalgiris) me parecería la opción más atractiva entre los exteriores Euroliga fichables. Tiene un perfil distinto a Carroll, menos francotirador pero con más recursos desde bote. Su experiencia ACB, que hable español y sea comunitario representa un plus.

Si se busca un perfil táctico más similar a Carroll, Francis Alonso (Unicaja) puede ser una opción. No está todavía en la élite pero progresa adecuadamente y tiene margen de mejora, además son 24 años y cupo nacional. Una opción de futuro. Ahora bien, ninguno de los dos termina contrato, así que habría que revisar letra pequeña y pasar por caja. De entre los que sí terminan contrato destaca Jordan Loyd (Estrella Roja), cuya principal pega sería el pasaporte extracomunitario. Son nombres interesantes, pero insisto en que la mejor opción sería la renovación de Jaycce y posponer así el problema de su sustitución para cuando haya más certidumbre económica y se hayan arreglado otras goteras más urgentes en la plantilla.

El Madrid post Facu, un equipo de autor

Este Madrid post Campazzo es uno de autor y lleva la firma de Laso, ‘Gambito de Goya’, como dijo ayer Piti. Podemos poner el foco en el paso al frente de LLull, en el dominio de Tavares o en los brotes verdes de Laprovittola. Pero, al final, es Laso quien está al mando de todos ellos, exprimiendo hasta la última gota de esta plantilla extensa pero claramente desequilibrada. Donde otros entrenadores aprovecharían cada comparecencia pública para señalar sibilinamente a la directiva, ir poniendo vendas y reclamar fichajes, él ha aguantado estoico la fuga de la estrella, preparando en cada entreno desde hace meses alternativas tácticas para enjuagar esa marcha con los recursos disponibles. Política de cero excusas.

Y un ejemplo cristalino llegó anoche contra Zenit (su victoria 200 en Euroliga), con el quinteto inicial seguramente más heterodoxo de su carrera, sin base, ni escolta, ni pívot. Salió con tres aleros (Abalde, Taylor, Deck) y dos alapivots (Randolph, Trey), un atrevimiento tras el que no había sin embargo ni locura ni improvisación, sino mucho trabajo en los entrenos, preparando al grupo para esta nueva realidad, este Madrid cual cubo de Rubik. Porque ese quinteto, que nunca había coincidido en cancha y al que lógicamente le falta rodaje, aguantó el marcador, apretó atrás, jugó fluido en ataque (incluido contra zona) y tuvo por principal problema el rebote defensivo, y ese no es nuevo cuando falta Tavares.

La gestión del overbooking

Donde otro entrenador hubiese elegido guardia pretoriana y condenado al resto al ostracismo, Laso ha convertido el overbooking en las alas en una ventaja competitiva, rotando y asignando a cada jugador un papel, que conoce y asume, aunque no siempre implique jugar. Me detengo en Jeff Taylor, uno de los menos queridos por la parroquia, porque lo suyo es defender y no atacar (lo que se ve), y que apenas había jugado en los últimos partidos. «Ya no tiene hueco», he llegado a leer. Bien, pues 26 minutos ayer en Euroliga, en los que secó al faro rival (Pangos) y le dio tiempo a sumar 9 puntos sin fallo. Claramente unos de los destacados, quizá su mejor encuentro de la temporada entre ambos aros. Y mientras, Carroll inédito en el banquillo, llegado de Wyoming de asistir al parto de un ternero en su rancho. Aguarda su turno, despejado y en buena onda con Baylee. Lasismo.

También se desmintió ayer que hayamos cambiado la dependencia de Facu por la de Llull: el balear jugó un encuentro discretito a pesar de lo cual la victoria fue relativamente cómoda. Sí rayó a buen nivel Laprovittola, con quien Laso está teniendo más paciencia que el Santo Job. Tampoco le queda otra, dado el ritmo de la progresión de Alocén, el lógico, que Roma no se construyó en un día. El argentino, con 11 puntos y 4 asistencias, empezó a quitarle la tapa al aro en Euroliga, su espina clavada, y lideró la escapada buena en el tercer cuarto, con parcial de 20-3.

Las dinámicas traen confianza y el calendario ayuda, ahora en un tramo más cómodo. El camino se empinará de nuevo en algún momento, pero lo que hemos aprendido en tres semanas es que el Madrid sabe también ganar y jugar bien sin Facu, con el de corbata como principal responsable.