Belgrado llega en el mejor momento

Ya estamos en semana de Final Four, parroquia, y que nadie se despiste, que este año se juega en jueves y sábado, que el pabellón de Belgrado estaba reservado el domingo para un concierto de Iron Maiden… ¿Cómo lo veo? Razonablemente optimista, según pasan los días y compruebo que el resurgimiento del equipo no parece flor de un día. Nueve victorias seguidas dura ya el efecto rebote tras la galopante crisis. Visto en la perspectiva del charco de fango en el que chapoteaba el equipo hace solo un mes, no podía llegar esta F4 en mejor momento.

No hay garantías a estas alturas y en este formato, faltaría más, pero eso juega este año a favor del Madrid, con mucho menos que perder. Seguramente el FCB siga siendo favorito, al balance en duelos directos del último año y medio me remito, pero el equilibrio de fuerzas nada tiene que ver por ejemplo con la final de Copa del Rey, que Laso tuvo que plantear a chica para dar al menos partido.

A medida que se suceden los encuentros y caen las victorias blancas, meritorias las dos últimas, ante Murcia y Granca que se jugaban billete a playoffs, se confirma el nuevo formato de rotación corta. La lógica de menos es más. Heurtel y Trey habrán sido indultados y entrenan con el equipo pero no han vuelto a jugar ni un minuto desde el episodio farra, y dudo que lo hagan salvo lesión de un compañero de puesto. Ya no es una cuestión disciplinaria sino simple lógica deportiva. Nadie les echa de menos: si la cosa funciona, para qué tocarla.

Y la cosa, paradójicamente, ha vuelto a funcionar jugando ‘a grande’, es decir, planteando los partidos a tanteo alto. La plantilla, construida en teoría para bajar al barro, ha encontrado su identidad a ritmo de 90 puntos, pese a la mencionada ausencia autoimpuesta de dos de sus anotadores más solventes: Heurtel y Trey. En esta racha de nueve victorias el Madrid promedia 88.5 anotados, así que podemos esperar una partido el jueves bastante distinto al 59-64 de la final de Copa.

Nombres propios

El resurgir tiene también algunos nombres propios, como los de Yabusele, que vuelve a ver el aro grande, y Poirier, faro de la segunda unidad. Ambos redujeron sensiblemente sus prestaciones en los meses de crisis. Además, el puesto de base ha dejado de ser un problema con la mejoría de NWG y Llull, aunque quizá la mayor metamorfosis la encontramos en Hanga. Comenzó la temporada de notable y se fue diluyendo en los confines de la larguísima rotación exterior, entre problemas físicos y la propia dinámica depresiva del equipo. Llega a este tramo clave fino de forma física, capital para su estilo de juego, y pleno de confianza, la que da la certidumbre de minutos, que se refleja por ejemplo en el acierto desde el arco.

Como contrapartida, Gabi Deck, llamado a ser una de las referencias, todavía no ha encontrado su nicho en este nuevo formato de juego rápido y rotación más corta. Alterna su puesto natural, el de alero, mejor cubierto, con minutos de de ala-pívot, más obligado por las circunstancias, que Laso se fía de Randolph lo justo y menos. Viendo los precedentes, contra el FCB asumo que jugará la mayoría de minutos como cuatro y por su su defensa a Mirotic pasarán buena parte de las opciones blancas de final.

¿La vuelta del hijo pródigo?

Sergio Rodríguez jugó ayer su último partido de Euroliga con Milán, eliminado en cuartos por Efes. Termina contrato y cumple 36 años dentro de un mes. ¿Próxima estación? Valencia Basket ha preguntado, ya se interesó por él hace tres años, pero su destino más probable es… el Real Madrid, en formato 1+1, según adelanta Javier Maestro en Encestando. El jugador quiere volver a España, conserva casa en la capital, amigos en el vestuario y la plena confianza de Laso. Ya quiso regresar al Madrid en 2019, a su salida de CSKA, de hecho Laso lo pidió, pero la dirección de la sección vetó el fichaje, aún escamada por su abrupta salida a la NBA en verano de 2016, con dos años de contrato pendientes. 2019 no queda tan atrás pero corrían otros tiempos, el club blanco aún en ciclo ganador y los de corbata rezumaban suficiencia. En su lugar se apostó por Laprovittola y de aquellos lodos vinieron estos fangos.

Dicho lo cual, y con todo lo catacrack que ha sido el Chacho, la perspectiva de su repesca a alturas de 2022 no me genera ilusión. Es una operación nostálgica en la dirección opuesta a la necesidad más acuciante de la plantilla: renovar y rejuvenecer un backcourt muy cargado de años (105 entre Rudy, Llull y Causeur). Donde hacen falta piernas frescas y savia nueva se ficha a una leyenda en su ocaso, una reliquia de otro tiempo. Es un agarrarse al pasado, como la oferta sine die a Carroll, insistir en un ciclo terminado, en una vieja guardia que ya no es diferencial. Al discreto rendimiento de Rodríguez en los cuartos de final me remito.

Chacho va muy justo de gasolina como para primer o segundo base en la rotación de un contender a la Euroliga, que es el rol para el que tiene toda la pinta que llegaría. Porque la información de Encestando también explica que la idea de la sección sigue siendo dar boleto a Nigel Williams-Goss (27 años), independientemente de su mejora en las dos últimas dos semanas y de quedarle otro año de contrato, y que Heurtel no va a seguir, como era previsible.

¿Chacho y…?

Con Chacho de segundo base haría falta a su lado, para equilibrar, un director titular de primerísimo orden (¡y que defienda!), y el mercado en ese puesto es muy limitado, habas contadas, más contadas aún después de saberse que el Milán tiene atado a Kevin Pangos y que el Barca trabaja en el regreso de Satoransky, seguramente en lugar de Jokubaitis, que haría las Américas.

El Madrid no está como para melones por abrir en el fichaje estratégico de este verano, así que las opciones top se reducirían a dos. La primera, contratar a unos matones y literalmente secuestrar a Facundo Campazzo, cuya intención es seguir en la NBA y se dice que ofertas no le van a faltar. La segunda, romper el cerdito por Larkin, que termina contrato y por quien seguro que van a pujar los dos grandes del basket turco, someramente condicionados por la devaluación de la lira. Efes tratará de retenerle y Fener seguramente busque base titular, dado que el segundo año de Pierria Henry es opcional (decepcionante su temporada), y el pasaporte otomano de Larkin es un tesoro con la nueva normativa de la liga nacional, que exige un jugador turco siempre en pista.

Margen para fichar

El tercer punto importante de la noticia de Encestando es que el presupuesto de la sección de basket del Madrid no baja, se mantiene para el año que viene por encima de los 40 millones de euros, es decir, top3 de la competición. Lo cual, unido a la ristra de contratos de veteranos a sobreprecio que expiran en junio, deja al club blanco en teoría un enorme margen salarial para moverse en mercado. Repasemos: Llull y Rudy renuevan a la baja, especialmente pronunciado el caso del primero, saldrán seguro Heurtel, Trey y Taylor, asumo que también Randolph y Goss, en su caso indemnización mediante, y tal vez Causeur.

Estamos hablando, a ojo de buen cubero, de unos 10-11 millones de euros de masa salarial bruta para cuatro fichajes, a sumarle las letras de la hipoteca de salida de Campazzo y Garuba. De esos cuatro fichajes, uno es (o debe ser) asequible, Chacho, dos de rango medio, un ala-pívot reserva y un escolta (si sale Causeur), y uno en el que echar el resto, el base titular. Salvo que insistamos en el continuismo y en la fórmula de plantilla de 15, que se ha demostrado poco operativa, dudo que ningún club europeo disponga de semejante morterada para salir al mercado este verano, así que no hay excusas. Si se han ‘escapado’ Pangos y Satoransky entiendo (o quiero pensar) que es porque el club ya trabaja en algo mejor.

El Madrid se hunde en el fango

Van ya más de dos meses de crisis y ni si quiera se intuye el final. Ni los más optimistas pueden ver brotes verdes, al contrario, con cada semana y cada derrota el Real Madrid se hunde más y más en el fango. Lo que empezó como «el típico bache de todos los años» se convirtió en socavón, y a estas alturas uno ya se replantea los cimientos mismos del proyecto de la sección.

El equipo ha perdido 7 de los últimos 9 partidos de Euroliga, que se dice pronto, incluidos contra los colistas Panathinaikos y Zalgiris. Y en ACB la sangría no es distinta: sirva de ejemplo la derrota en Tenerife, tras colapsar en el último cuarto (31-16), reflejo de la fragilidad emocional y el estado de ánimo del grupo. Un despliegue paupérrimo de baloncesto, de más pérdidas que asistencias, otra vez, anotando solo 59 puntos a un rival que encajó 92 en Valencia solo 48h antes. Por cierto, que todavía no me explico que Causeur, recién regresado de mes y medio de baja, fuese el que más jugase (35 minutos) y más lanzase (13 tc) en Tenerife. Como si a Laso le resbalase el resultado y diese prioridad total a recuperar para la rotación al galo, aunque sea a martillazos.

En este punto, el Madrid malvive gracias a las rentas del primer trimestre, por eso sigue segundo en la clasificación tanto de ACB como de Euroliga, una posición completamente ficticia a día de hoy. Pero ya no se puede dar mus ni esconderse detrás de la tabla, porque la fase regular Euroliga termina el viernes y llega la serie de cuartos, que marcará en buena medida la nota final del equipo en la temporada. Mientras que regresar a la F4 representaría por lo menos el aprobado, fallar a la cita con una de las dos plantillas más caras de Europa supondría un fracaso sin paliativos, más aún en este año de nivel bajito y sin equipos rusos. Y en el estado actual del Madrid cuesta ser optimista sobre esa serie de cuartos, cualquiera que acabe siendo el rival que, por cierto, depende en gran medida del último partido: en Goya contra el Bayern, viernes, 20:45h.

¿Qué le pasa al equipo?

Es la pregunta del millón, cómo ha podido el Madrid desmoronarse de semejante forma, tras un sólido inicio de curso. Si queremos ser un poco justos y no quedarnos en la superficie, la respuesta tiene muchos ángulos. Lo fácil (y condescendiente) sería achacarlo todo a que la enfermería no se vacía nunca, al desacierto puntual en el tiro exterior y al rendimiento de los bases. Y entonces, ¿el resto todo fetén? Hay que hablar también de errores clamorosos en la configuración de plantilla, desequilibrada e innecesariamente larga, trufada de veteranos a sobreprecio. Un fondo de armario que no responde a ninguna necesidad deportiva o decisión estratégica, sino a la fidelidad con los veteranos y a la alergia histórica de la sección a rescindir contratos en vigor.

¿Por qué se decidió que siguiese Taylor, cuando se fichó un perfil tan parecido en el mismo puesto (Hanga)? Es más, el húngaro cobra un ojo de la cara (1.8M brutos), su rendimiento no está cumpliendo las expectativas y a su edad (33) difícilmente vaya a mejor. ¿Se atreverá el club a asumir el error, ser ambicioso y rescindirle en verano, en vista de que abundan aleros interesantes? Hablamos de Clyburn, Musa, Hezonja, tal vez Juancho … No termina ahí la cosa: ¿cortará el Madrid el contrato de Anthony Randolph este verano, aunque haya que pasar por caja? Parece de perogrullo, pero aún no he escuchado ni un solo rumor al respecto. Se asume la salida de Trey, que termina contrato, pero ni suena la de Toñejo…

Tomemos al Barca como ejemplo de lo contrario: no le tembló el pulso el pasado verano para cepillarse a Claver y (precisamente) a Hanga, que les quedaba otro año de contrato, jugadores todavía útiles, pero al fin y al cabo veteranos a sobreprecio. Dos salidas en principio dolorosas… con resultado positivo: se ficharon en su lugar piernas jóvenes a precio justo (Exum, Jokubaitis, Hayes) y por el camino se ahorró dinero, porque el presupuesto es finito y los gastos superfluos lastran las inversiones estratégicas. Luego que si no hay dinero para Larkin…

El RM sigue enrocado en una gestión conservadora, con el ‘continuismo’ como bandera, que es lo contrario a lo que requiere la nueva realidad, la de club perseguidor, que no estoy seguro de que todos en el palco hayan digerido aún. La sección, entonces, queda como plataforma de agradecimiento por los servicios prestados, con ese mantra de que las leyendas se tengan que retirar de blanco, cuando ellas elijan, lo que obliga a comerse los últimos años de jugadores que ya no son top, en muchos casos sobrepagados. A Felipe se le regalaron dos temporadas y a Jaycee se le ofreció pero ni se molestó en contestar, humillando de paso al club. «Es que era una de las debilidades del presi»… Pues ahí sigue su ficha en la web oficial.

Este verano terminan contrato Rudy, Llull y Causeur, que suman 107 años, y según las noticias la intención del club es renovarlos a todos. «Se lo han ganado», «siempre en mi equipo», «se lo merecen», «traidor el que dude»… Si analizamos caso a caso, seguramente ninguno de los tres estorbe, pero la suma de los tres sí que estorba, al compartir puesto y hacer de tapón. Su continuidad mientras siga Laso se me antoja incompatible con una verdadera reconstrucción del juego exterior, porque su sombra es muy alargada, tanto deportivamente como de ascendencia en el vestuario. Si nos creemos que este desaguisado se arregla simplemente cambiando a Goss por Raulzinho lo llevamos claro. Estamos ante un final de ciclo, más o menos suave, y los movimientos en verano deben reflejarlo así, siendo ambiciosos, empezando por las salidas, porque el aire empieza a estar viciado.

Hora de mirar también al banquillo

Hemos quedado en que la plantilla es parte del problema, y no menor, pero no la única: los problemas del equipo hay que buscarlos sin líneas rojas, porque nadie está por encima de la sección. Sé que Laso es sagrado para amplias capas de la parroquia pero a día de hoy es parte del problema. Nunca en sus diez años en el banquillo blanco se había encadenado semejante crisis de juego y resultados. Visto desde fuera, empiezo a dudar de que todo el vestuario esté remando en la misma dirección, o al menos con la misma convicción.

Nadie pone en duda sus logros en el pasado, por los que le estamos agradecidos desde esta humilde tribuna, pero si analizamos el presente de la sección y miramos al futuro no debe haber nadie intocable, tampoco él. Porque la plantilla, con todos sus defectos, da para muchísimo más que el lastimoso juego y los resultados del último par de meses. A Laso le está faltando cintura para gestionar esta crisis: en vez de probar cosas nuevas, como sí hizo el curso pasado, y desde aquí se lo reconocimos, o dar confianza a los que llevan menos tiempo, se ha enrocado en su guardia pretoriana y en recetas de juego pretéritas. Concede a los veteranos patente de corso de tiros y minutos, y esa meritocracia asimétrica desmotiva a los nuevos como efecto dominó.

Cuando llegue el verano, si los resultados y sensaciones no remontan, habrá que analizar la idoneidad o no de que siga Laso: darle al menos una pensada antes de darlo por sentado por mera inercia. ¿Nos parece la persona ideal para liderar un nuevo proyecto en la sección? ¿Le veis con la energía y empuje suficientes, capaz de desprenderse de jugadores queridos para apuntalar la plantilla o de adaptar su libreto a un grupo joven y diferente, con nuevos liderazgos en pista y vestuario?

De Randolph, Williams-Goss y el efecto dominó

El regreso de Trey y Randolph, que debía haber traído puntos y un salto de calidad, no está teniendo ni mucho menos el impacto que esperábamos. Recordemos que suman unos cuatro millones brutos de masa salarial.

Thompkins, que volvió más tarde, está bajito de forma, no atrapa un rebote ni por error y en defensa todo le cuesta un mundo. La explicación no parece esta vez el peso, ojalá fuese eso, que tiene solución más o menos rápida; sencillamente Trey nunca ha destacado por su físico y una baja de siete meses a su edad pasa especial factura. Sin embargo, juega, a veces hasta brilla (semifinales de Copa) y sigue contando con la confianza de Laso, es uno de sus pretorianos (junto a Taylor y Causeur), además de figura apreciada en vestuario y grada. No, lo grave no es lo de Thompkins sino lo de Randolph, que además tiene un salario más alto y (hasta donde sabemos) contrato garantizado el año que viene. Volvió hace dos meses y medio, físicamente parece en buen estado, pero está fuerísima de dinámica, y cada vez más. Un total de tres minutos de juego en los últimos seis partidos (¡!).

Su actitud es pésima, os lo dice un abonado que le ve de cerca en Goya: tiene detalles feísimos que no captan las cámaras, como saltar la valla publicitaria de camino al banquillo, para evitar cruzarse a Laso cuando le sienta. Vedettismo que no veréis a ningún otro jugador del equipo. En Euroliga, que sabe que no juega, se pasa los partidos completos pedaleando en la bicicleta estática para no tener que integrarse con los compañeros en la banda, animar y hacer piña. La bici se supone que es para calentar, no para exiliarse. Llega a los tiempos muertos cuando ya están acabando y ni se asoma a escuchar. Es vergonzoso. Si alguna vez fue tan bueno como para que le riésemos estos desplantes, ya no lo es. Debería estar agradecido por la paciencia y sensibilidad del club con su lesión, ser campeón en actitud, pero lo contrario. Con razón Laso le ha puesto una cruz como la del Valle de los Caídos de grande, ya veremos si definitiva.

El veto a Randolph deja un damnificado: Nigel Williams-Goss, fuera de la convocatoria de semifinales y final en la Copa por el overbooking de extracomunitarios. Algunos lo han interpretado como que Laso tira la toalla con él, yo veo otro motivo. De entrada, me cuesta creer que el técnico se baje del carro de NWG tras apenas cinco meses, de los que se ha pasado uno y medio de baja.

Yo veo otro motivo: el efecto dominó. Me explico: asumiendo que Deck es clave, el descarte debe salir de entre Trey y Goss. Y en condiciones normales, estando Alocén lesionado, el sacrificado debería ser Thompkins. Pero no estamos en condiciones normales, porque el veto a Randolph deja a Trey como único ala-pívot reserva. Puedes utilizar a Deck de cuatro, sí, pero es desperdiciar un recurso valioso, siendo de alero como más diferencias marca. De base reserva tienes dos opciones testadas, Llull y Abalde. Imagino que no fue una decisión fácil, pero así es como yo la interpreto.

Sensei Laso

Lo cual no es óbice para detenernos en la adaptación de Goss, que no está respondiendo por ahora a las expectativas (también algunos las tenían quizá demasiado altas). Creo que todos coincidimos en que arrastra un problema de confianza y autoridad galopante, juega evitando el fallo más que buscando el acierto: no mira el aro, se limita a subir el balón, ordenar sistema o sencillamente dársela a Llull, con quien casi siempre coincide en pista y sabemos cómo acaba la historia. El puesto de base en el Madrid requiere mucha más iniciativa ofensiva, salirse de sistema a veces. La disciplina como hándicap más que como valor: en este formato ameba Goss es un activo desaprovechado.

Vale, no es un superclase tipo Chacho, Facu o Doncic, quizá estábamos mal acostumbrados. Tampoco ayuda el prejuicio estético rancio: leo a aficionados decir que no puede ser base del Madrid por su «manejo del balón», como si fuese un requisito imprescindible y Calathes un Globbetrotter. También creo que no hemos terminado de entender la sequía de talento en el puesto de base del pasado verano en Europa. Los que hemos visto a Nigel jugar en otros equipos sabemos que es un jugador de nivel y con recursos, en Madrid lo ha mostrado a cuentagotas, a los partidos contra CSKA y Murcia me remito. Por cierto, cuando dirigió al equipo Chus Mateo, que Laso estaba de baja por covid. ¿Coincidencia?

Cumple en defensa y no se le pira la pinza, pero acaba los partidos con 10-15 minutos en pista y ni un solo tiro, mientras Llull apedrea el aro sin reparo: 1/11 triples en la Copa, 28% de campo en Euroliga, y no precisamente lanzando poco. A Goss le falta iniciativa, sí, pero aquí señalo también a Laso: no se trata de que el jugador tome el cielo por asalto sino de que el jefe asigne roles. Viendo el nivel de Lapro en Barcelona y la gestión por ahora de NWG os confieso que se me está empezando a caer aquel mito de Laso como sensei de la gestión de bases.

Solo con la defensa no alcanza

Podemos bajar al detalle, ahora lo haremos, pero no deja de ser una nueva derrota contra el Barca, y nos estamos acostumbrando, como si de un hábito se tratase. Cuarta consecutiva, nada menos, y esta vez con título en juego. Se compitió al menos, que ya es un avance tras la reciente humillación en Goya. Con eso nos conformamos ya…

Laso hizo los ajustes defensivos que reclamábamos para que hubiese partido, lo llevó a su territorio, el de baja anotación, donde este Madrid de barro y músculo tiene más chances frente al Barca. Tanto así que los blancos mandaron en el marcador 35 minutos y se llegó empate al último minuto: lo hubiésemos firmado con los ojos cerrados hace una semana, que andaba el equipo hecho unos zorros, pero dado el desarrollo del torneo y del partido la derrota pica, un remar para morir en la orilla.

En el cara o cruz la Copa se escapó en dos fallos de Tortuga Deck, una falta innecesaria a Mirotic en defensa primero y una bandeja fallada en ataque después. Cuando te juegas una final en los últimos cinco minutos, como hoy, no importa la profundidad de plantilla, el punto fuerte de este Madrid, sino la categoría de los primeros espadas. Porque tres buenos reservas no te hacen un buen titular.

Duelo de banquillos

Igual que destacamos el repaso de Saras a Laso en los últimos Clásicos, es de ley reconocer que pese a la derrota la batalla esta vez fue del vitoriano, dejando en 64 puntos a un equipo que promedió 105 entre semis y cuartos. Sí, se puede ganar el duelo de banquillos perdiendo el partido, seamos adultos: la defensa es el segmento de juego en el que más capacidad de influir tiene el técnico. Y hablando de retaguardia, ojo a Jeff Taylor, que que todas las porras asumen su salida en verano pero lleva un 2022 estupendo y hoy fue el mejor del equipo, descomunal su trabajo atrás secando a Lapro.

El problema para el Madrid en la final fue que el baloncesto se sigue jugando a dos aros, hace falta anotar y la plantilla, con todo lo larga que es, va justa de recursos ofensivos, sobre todo en el backcourt. ¿Qué os voy a contar a estas alturas que no sepáis? La baja de Causeur no ayudó, claro que al Barca le faltaba Higgins. Puedes defender como perros, pero con 59 puntos anotados y 7 asistencias por 17 pérdidas resulta difícil batir a un equipo de élite. Los 14/26 triples del sábado a Tenerife se demostraron un espejismo, en la final 4/23.

Dos peros le pongo a Laso, eso sí. Me sobró algún minuto de Yausele, que sigue negadito contra el Barca: una canasta en 26 minutos y cero mordiente. Su temporada es muy buena, burguesía continental, pero no le consideraré una estrella hasta que no brille también contra el mejor rival.

Y me sobraron los minutos de Llull de base en el último cuarto, que penalizaron mucho al equipo, a los números me remito: -5 de valoración, 0/5 triples y -10 el equipo en sus minutos. Tengo la sensación de haber escrito esto mismo ya demasiadas veces. No llego a entender que en 2022 sigamos insistiendo con el balear al volante en tramos clave de partidos decisivos. Sin ir más lejos, la fórmula de Abalde como base había dado buenos frutos en el primer cuarto, pero es llegar los minutos de la verdad y Laso aferrarse a los clásicos. Y luego está la ausencia de Nigel Williams-Goss por el overbooking de extracomunitarios, un hándicap en competición nacional. Escribiré más detenidamente sobre el tema esta semana, porque tiene miga, pero creo que su descarte habla aún peor de Randolph, al que Laso ha puesto una cruz que obliga a convocar a Trey, que del propio NWG.

Nuevo repaso en el Clásico: el Madrid entra en barrena

No se me ocurre otra palabra más sutil que descalabro. Pocas humillaciones recuerdo al Real Madrid como local en la era Laso como el Clásico de ayer, mención especial al primer cuarto. Porque, además, no se puede recurrir a los atenuantes habituales, ni el arbitraje (10 tiros libres más el Madrid), ni las las lesiones (faltaban Rudy, Deck y Taylor, pero también Higgins y Abrines).

Si la visita previa del Barca, no hace ni tres semanas, ya la interpretamos como un toque de atención, para bajar un poco los humos, lo de anoche fue un pasar a Defcon 2: ganar otro título este año requiere casi impepinablemente batir a los azulgrana, y la sensación en los duelos directos va de mal en peor.

El duelo de banquillos

No hubo ni rastro de los ajustes tácticos de Laso que esperábamos respecto al Clásico anterior, sobre todo defensivos, porque a 85 puntos el Madrid tiene poco que rascar. En todo caso sucedió lo contrario: quien ajustó fue Jasikevicius, que dio un sonadísimo repaso (¿otro?) al técnico vitoriano.

No nos engañemos, las opciones del Madrid contra una plantilla de más recursos ofensivos pasan por imponer un nivel físico y defensivo asfixiante, por salir a pista apretando líneas de pase como energúmenos y encajar menos de 75 puntos. Y sí, Laprovittola enchufó tiros que no acostumbra, que ayudaron a la escapada inicial, pero es que se concedieron no pocas canastas cómodas en la zona, y Kuric y Mirotic fallaron un saco de lanzamientos liberados (o sea, mal defendidos) que no perdonarán la próxima vez.

No se apretó atrás en condiciones hasta el tercer cuarto, ya sin bases, con Heurtel castigado por un nuevo gatillazo contra su ex equipo, y van cuatro de cuatro. Con Abalde y Hanga en pista, más Tavares de referencia, vimos al menos baloncesto, el tipo de partido que esperábamos desde el comienzo, pero el marcador era demasiado amplio y el duelo llevaba un rato perdido.

La gestión de tiempos muertos

En realidad se palmó en los primeros minutos, literalmente el Madrid no aguantó ni un asalto. Y aquí señalo directamente a Laso: lleva diez años en el banquillo, conocemos de sobra su estrategia de posponer tiempos muertos para ofrecer espacio a la autogestión de los jugadores, darles confianza como inversión a medio plazo. Y en general lo veo bien, ahí están los resultados. Pero ayer se enrocó y lo llevó al extremo, con un coste altísimo.

Estaba el pabellón lleno (todo lo lleno que legalmente puede estar) por primera vez desde que empezase la pandemia, conozco a madridistas que vinieron de otras provincias para verlo. ¿De verdad tuvo que esperar a estar 15 abajo (2-17) para detener la sangría? Puedes experimentar contra el Betis o el Burgos, sabes que hay margen de remontada, pero 15 abajo contra un rival del nivel del Barca es ya prácticamente partido perdido, por muy primer cuarto que fuese. Me pareció una falta de respeto y de sensibilidad hacia la gente que peregrinó a Goya.

Las soluciones, colectivas

No voy a bajar esta vez al detalle de jugadores, que os conozco y en días así queréis pasar por la picota a media docena y fichar a otros tantos. Esta es la ‘crónica’ del partido de ayer y el problema no fue de desacierto puntual o de atasco ofensivo, así que no ha lugar a centrar el análisis en un solo flanco. Ojalá fuese tan sencillo como «esto con Facu no pasaba» o «falta un tirador», fue aún peor: una derrota por aplastamiento colectivo. La plantilla es larguísima y con alguna carencia, de la que debatimos aquí generosamente cada semana, pero igualmente hay equipo más que de sobra para dar partido al Barca y ganarle de vez en cuando, que vamos líderes de la Euroliga, joder.

Por eso miro al banquillo: sabéis que no puedo ser más lasista, que tiene toda mi confianza y agradecimiento, pero ahora tiene también una montaña de trabajo y un reto fenomenal por delante para estrechar la diferencia en los Clásicos, porque lo de los tres últimos no es acorde con el potencial de las dos plantillas. El año pasado alabamos al técnico desde esta tribuna, incluso en la derrota, porque se sacó conejos de la chistera y logró competir dignísimamemte con el peor plantel en años. Pero este curso es distinto, hay mimbres, así que se puede y debe exigir bastante más que la vergüenza de esta doble jornada Euroliga.