Por inercia de campeón, oficio y fondo de armario, jugando más bien reguleras, se lleva el Madrid el primer asalto de los cuartos de final de Euroliga. Y se lo lleva pese a regalar de nuevo el inicio de partido, con una intensidad indigna de la cita (16-28, min 11), y pese a que Darussafaka demostró ser más equipo de lo que suponían algunos iletrados, de los que se guían por historial y apellido (‘solo’ tres cuartos de entrada en Goya). Los turcos tienen un gran mariscal en banda y son un digno top-8 de esta edición Euroliga. Wanamaker y Clyburn se reivindicaron como burguesía continental (36 puntos combinados), un caramelo este verano como Dogus migre su inversión, el club no se clasifique para Euroliga y tenga que desmontar la plantilla, un guión más probable de lo que creemos.
Nadie sobresalió especialmente en el Madrid, fue un triunfo colectivo (21 asistencias por 10 del rival), que no pasará a la historia pero allana sobremanera la eliminatoria, el camino a Estambul, y es que Darussafaka ya enseñó toditas sus armas. Llull tiró del carro con su ración de canastas forzadas, que esta vez sí entraron en un porcentaje razonable (6/14), tras cuatro encuentros verdaderamente desafortunado (13/51 = 23%). En realidad fue el peor del primer cuarto y enseñó algún detalle de chupón en el último, pero sus mandarinas encendieron a la grada y sus asistencias a Ayón desangraron a los turcos en el tercero. El mexicano diseccionó a Zizic con su movilidad, subió 7 canastas, todas en situaciones de 2×2, que al final es su negocio. No es el más talentoso ni el de más recursos, pero tiene la mili hecha y logró que se le notasen al chaval los 20 añitos. Slaughter, que se llevó la ovación del Palacio, forzó por necesidad tras 21 jornadas de baja, 11 minutos voluntariosos aunque intrascendentes.

No era partido de máximos sino de remangarse, y nadie lo entendió mejor que Draper, nº12 de la plantilla, ovacionado por el Palacio tras valiosos minutos, forzados por el apagón Carroll. Fue Draper, que acumula varias semanas mejorando sensaciones/prestaciones, el único que logró contener a Wanamaker, además mostró más decisión que otras ocasiones en ataque cuando el balón pasó por sus manos.
Randolph anduvo regañado con el aro (2/8) pero no escatimó entrega, y con las condiciones que atesora es suficiente para acabar sumando en muchos rubros: 7 rebotes, 3 asistencias, 3 tapones, 5 faltas recibidas… Sobre todo si se va a 28 minutos, el que más jugó del equipo, principalmente porque Laso le hizo coincidir en pista con Thompkins durante 6 minutos, en una variante táctica que habíamos visto poco pero dio buen resultado. Percibo un sutil cambio de actitud de Randolph desde el anuncio oficioso de renovación. Son detalles, algunos intrascendentes, como esas orejas de conejo en la fiesta de Pascua con los compañeros, esos golpes en el pecho hoy celebrando una defensa, su interés en los tiempos muertos también cuando no está en pista… la implicación de quien ha tomado la decisión de establecerse en Madrid. Su esposa mexicana está encantada en la capital española, su hija adaptada al colegio y él está a gusto en la pista y en el vestuario, comprometido con la causa, ni rastro de aquellas caras de mohíno del primer tercio de curso cuando no le pasaban el balón en ataque.
No hay adversario fácil a alturas de cuartos de final, pero el primer puesto en la regular ha concedido al Madrid la gracia del rival efectivamente menos temible, Darussafaka. Han ganado los blancos 14 de los últimos 16 partidos en la fase regular y necesitarían perder 3 en una semana para caer eliminados. Se antoja complicado, por mucho que apriete el pequeño Volkswagen arena (5.240 asientos) y en el banquillo esté David Blatt, con varios repasos a Laso en el expediente, incluido el de la primera vuelta este año, eso sí, con la baja de Llull.
¿Recordáis la temporada 2013-14, ese balance 32-2 del Madrid en la fase regular ACB, con una media de 16 puntos anotados por partido más que el rival? Se nota que este curso, con el desgaste de un calendario Euroliga aún más exigente y marcado a fuego el lema de que en diciembre no se ganan títulos, va el Madrid (y todos los que compiten Euroliga) con el ralentí en la liga nacional. Con seis jornadas aún por jugar suma ya siete derrotas, además de muchas victorias raquíticas. Tanta economía de esfuerzo, que llega al tramo final de la fase regular con los deberes por hacer, si no quiere un cuadro de playoffs envenenado, lo que convierte en trascendentes encuentros como el de ayer. La victoria fue por tanto clave, ante Baskonia, rival directísimo, que deja al Madrid segundo, a solo medio partido de Valencia.

Es una victoria parcial, pero igual es una gran victoria, se asegura el Madrid el primer puesto de la fase regular Euroliga en este año uno del formato todos contra todos, además lo hace a falta de una jornada y con el último partido en casa. Lo logra tras un sufrido triunfo ante Fenerbahce, que por muy mal que llegase sigue siendo el rival de toda Europa que peor se le da, una visita al dentista (iban 4 derrotas seguidas). Lo es por su planteamiento, que juega poco pero deja jugar aún menos, una plantilla muy física y que defiende al borde de la falta, amparado en cierta connivencia arbitral, porque Zeljko está en la banda y porque no dejan de ser el equipo turco de referencia, el país que desde hace años más invierte en la competición y nunca la ha ganado.
Con la renovación de Randolph se asegura el Madrid al mejor ala-pívot de la Euroliga. Una operación compleja, que llevaba meses gestándose, pues aunque el jugador y su familia están a gusto en España, era lógico que no quisiera pillarse los dedos, cuando en la liga de su país, a donde por nivel pertenece, atan a los perros con longaniza desde el nuevo convenio de tv. El Madrid, por su parte, no podía esperar a julio sin la certeza de continuidad de su ala-pívot titular, si se fuese ya sería tarde para salir al mercado. Firma Randolph una ampliación de 2+1, con mejora salarial y una cláusula descendiente de salida a la NBA. Si dejase al club tirado este verano, sería millonada mediante, un escenario altamente improbable. En 2018 esa cláusula sería más baja, pero para entonces Randolph estaría ya en 29 años, algo tarde ya para reengancharse dados los gustos y manías de los general mánagers de la NBA.
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