Decepción. Un desenlace indigno a una temporada homologable, incluidos tramos de brillantez en el nudo, con aquella racha de victorias en Euroliga y el título de Copa, dicho sea de paso, con más emoción que brillantez. Pero esto es el Madrid, manda la vitrina, y ceder el trono nacional en el peor curso de la historia del Barcelona resulta necesariamente una decepción.
Conviene, eso sí, sacudirse complejos y entender que el bipartidismo ha muerto, no solo en el Congreso, también en la ACB. Valencia no es flor de un día sino un dignísimo campeón, con proyecto, un plantillón y a Mercadona detrás, una estabilidad económica como para retener al jugador franquicia cada verano (Dubljevic), y al entrenador, pretendido por el Barcelona.
La final es un repaso, igualados los dos en Goya pero dos baños en la Fonteta, donde el Madrid apenas dio la cara. El cuarto encuentro se resume en dos cifras: el 29-11 del segundo cuarto, coincidiendo con minutos en pista de Doncic, al que se le acabó la gasolina hace ya unas cuantas semanas, Chapu, 1/13 triples en Valencia, triste despedida, y Maciulis, -22 el equipo con él. La otra cifra es el 52-26 del rebote, un baño de proporciones bíblicas a alturas de una final ACB, que explico desde el cansancio físico y la edad. Chapu 37, Felipe 37, Carroll 34… se viene operación renove.

Pero no son ‘los abuelos’ a quien señalo, cargados por circunstancias con una responsabilidad excesiva en la final, sino por ejemplo a Othello Hunter, recordemos, sensación de la pretemporada blanca, amenazando incluso la titularidad de Ayón. Entre él y Draper suman dos millones de euros de masa salarial y cero minutos en el cuarto partido de la final… El Madrid en la serie notó también la ausencia de los primeros dos ala-pívots de la rotación, Randolph lesionado y Trey inactivo por overbooking de extracomunitarios, unido a esa trasnochada norma ACB.
Se notó la dependencia de Llull tras la marcha de Chacho, la inexperiencia de Luka, que Roma no se conquistó en un día, o las limitaciones de los dos pívots quintaesencia del sistema, los que Laso siempre quiso, Ayón y Othello, retratados ante un equipo con un pívot de puntos en las manos y sistemas que lo alimentan.
Las carencias del sistema Lolaso
Valencia elevó la intensidad atrás, receta ya bien conocida, y dejó en pelotas las carencias ofensivas del Madrid, un equipo supuestamente fluido porque anota mucho de media pero que llevado al límite se ciñe a los carretones de Carroll y los 1×1 o 2×2 de Llull con el center en la cabecera.
Tras seis años no me parece mal momento para hacer balance y plantearse la continuidad de Laso, no desde la pataleta de la derrota sino desde un análisis serio del futuro de la sección. «No es mi peor momento en el Madrid… Los ciclos no deberían medirse solo en victorias», dijo anoche, la pregunta de su continuidad ya flotaba en el ambiente. Entiendo que el continuismo no vende y que el aficionado blanco (y también el presidente) es catastrofista por definición, pide demoler la casa con cada eliminación y disfruta más los veranos con rumores de fichajes en el Marca.
Pero hablamos, recuerdo, de una decisión capital para el rumbo de la sección, una sección que viene de vivir sus mejores años de la era moderna, tras década y media de travesía por el desierto. Los árboles, la frustración y el calentón de una final perdida, no deberían impedirnos ver el bosque.
La demolición solo debería acometerse si hay verdaderamente dibujada una reconstrucción: un entrenador mejor que Laso apalabrado y la posibilidad de armar una plantilla acorde a su estilo, es decir, los jugadores adecuados en nómina o en mercado, p’alante con los faroles. Pero no es la sensación, me chivan que el club se replantea repescar a Joan Plaza, tan elocuente y simpático él en las entrevistas, que tiene en su contrato una asequible cláusula de salida de 150.000 euros (a sumarle el finiquito a Laso, que le queda otro año por 1.3 millones).
Son las cuatro de la madrugada, estoy jodido y borracho, pero he visto demasiados partidos de cementazo Unicaja estos años como para pedir su llegada por Laso por un último mes aciago. Si recordáis, el año que el Madrid lo ganó todo fue cuando el club echó a los asistentes-amigos de Laso y le rodeó de Tabak-Chus para hacer de contraspeso y aportar cierta riqueza táctica a un libreto atractivo pero limitado. Quizá por ahí podrían ir los tiros…
Ha llegado el Madrid roto a este final de curso, está viendo consumirse ante sus ojos una campaña prometedora, baloncestísticamente superado por un rival de quilates y venido arriba, Valencia. Si la derrota en el segundo se justificaba por lo apretado del marcador y el acierto visitante en la recta final, el repaso en el tercero no tiene explicación que invite al optimismo. Queda el Madrid al borde de cerrar con suspenso alto una temporada que hace apenas tres semanas iba todavía para sobresaliente. Con una de las mejores plantillas de más potencial que recuerdo y ante la incomparecencia del Barcelona, una Copa del Rey por los pelos sería un bagaje discreto.
«Cuando el encuentro esté decidido, ya podía Laso conceder unos minutos a Chapu para que le despidamos». Lo escuché en la grada minutos antes del segundo de la serie y me pareció un pensamiento atrevido, tras el nivelazo de Valencia en el primero. Se ve que alguno se dejó llevar por el apellido del rival y pensó que este año la final ACB sería un trámite para el Madrid, ante la incomparecencia del Barca y tras arrollar en semis a Unicaja, que traía hechos los deberes y se jugaba más bien poco. Error.
Claves en el triunfo blanco resultaron también otros dos secundarios. Mechitas Taylor, 12 puntos, continúa su buena línea en playoffs y apuntala sus oposiciones a renovar, dejando en evidencia a un Maciulis hace tiempo desdibujado. El otro outsider fue Felipe, que en ACB sigue siendo un ventilador, 11 puntos sin fallo y 6 rebotes, tapando las vergüenzas a un desacterado Randolph, 3/18 triples en post-temporada. Llull ejerció de jugador franquicia (20pts) y, aunque ha visto mejores tardes al timón, supo leer la debilidad rival, atacando con penetraciones a Vives, tocado del tobillo, y a Diot, cargado de personales en la recta final.
Con una victoria de oficio sella el Madrid por la vía rápida su pase a otra final ACB, camino del tercer doblete consecutivo, lo que nadie ha hecho nunca en el basket español. No se descompuso en el arranque, pese al desacierto propio y al predecible arreón local ante su público (8 abajo, min 16), y en la segunda mitad el encuentro cayó como fruta madura, desde la defensa.
Con una atronadora lección de baloncesto en el segundo de semis (+29) despeja el Madrid parte de las dudas surgidas tras la F4 y se reafirma como gran favorito a la ACB. Es el primera actuación redonda del equipo desde Estambul, porque en cuartos se promediaron muchos puntos pero no necesariamente por méritos propios, que Andorra defiende de aquella manera.
Debe estar conectado para enviar un comentario.