La de 2015 en Madrid supo a gloria tras dos décadas de travesía por el desierto y dos finales pérdidas, pero ésta, la Décima, tiene infinitamente más mérito, una especie de confirmación, ya sin el asterisco de haber tenido que esperar a jugar como anfitrión para ganarla. Se consumó en Belgrado, ante 12.000 turcos en las gradas, a donde llegó el grupo sobreponiéndose a un inaudito reguero de contratiempos. Diría más, este título bien puede ser el mayor logro de la sección desde que tengo uso de razón, la obra maestra de Laso, una hombrada que le eleva al Olimpo del madridismo, el más grande que se ha sentado en este banquillo ya sólo tras Ferrándiz.
El reguero de contratiempos se ha convertido a la postre en la fortaleza de este Madrid que, igual que en 2015, han liderado en la F4 los secundarios, entonces Rivers, Chapu y Ayón, esta vez Thompkins, Tavares o Causeur, reservas que crecieron con la confianza de Laso y al calor de los minutos de que dispusieron por las lesiones. Imposible no acordarse también de Campazzo, aunque apenas haya podido aportar en Belgrado, pero sin cuyo concurso el Madrid sencillamente no hubiese sobrevivido.

¿Sabor agridulce con Luka?
Con Doncic, protagonista absoluto en prensa, detecto en la parroquia una alegría contenida, un orgullo castrado por aquello de su marcha, que hasta los más incrédulos comienzan ya asumir. No, que los árboles de la impotencia ante esa salida, paso natural en su carrera, no nos impidan ver el bosque: se va con los deberes hechos, como le pedía Chapu, ganando y dominando, justo MVP de todo pese a algún bache durante el curso, leyenda del basket europeo con 19 años. Una F4 muy seria la suya, sin campanillas pero de gran madurez, claramente superior a Kurbanov en semis y referente discreto en la final, compensando el pinchazo de Llull en labores de creación desde bote. El menorquín se borró por faltas, pecó de exceso de fogosidad defensiva.
Doncic, si recordáis, no hace tanto empequeñecía en estos escenarios, enfrentado a los rivales más potentes de Europa, sobre todo aquellos de corte defensivo, de mucho contacto, como Fenerbahce, con ese magnífico perro de presa en su puesto que es Kalinic. Aún leo a alguno que, supongo por despecho, le reprocha a Luka no firmar estadísticas tipo Petrovic. Ese se ha equivocado de siglo. En el baloncesto tan físico que se juega en 2018, que requiere plantillas larguísimas en la élite, no hay lugar a estrellas tirillas de 25 tiros por partido, aquello pasó a mejor vida. No es mejor ni peor, es diferente y así hay que asumirlo. Y sí, también en que Luka tire la puerta abajo tiene mucho que ver Laso, que le dio la oportunidad en el primer equipo y ha gestionado su eclosión con templanza, sin consentir ni regalar, pese a las voces impacientes en prensa y grada.
«Este equipo es mi familia»
Matrícula de honor de Belgrado se lleva Thompkins, el madridista más valorado entre los dos partidos (38), pese a que se quedó en 15 minutos el domingo. Queda como el autor de la canasta para la hemeroteca, el palmeo con 81-78 a 18 segundos que daba la tranquilidad y certificaba el triunfo, merecido a los puntos pero que cerca estuvo de complicarse en el carrusel de tiros libres. Ya hemos versado suficientemente en los últimos meses su evolución, el mejor trabajo de Laso con un interior (su asignatura pendiente histórica), que a priori no casaba con el estilo, acostumbrado a ser primera opción ofensiva en Nizhny. Se ganó primero el aprecio del vestuario, después el respeto de Laso y ahora el reconocimiento de la grada. ¿Recordáis cuando se abrazó a Laso entre lágrimas de agradecimiento en el aeropuerto cuando el club le dio permiso sine díe para ir a USA a cuidar de su madre enferma? «Ha sido para mí un año muy duro por problemas familiares, pero este equipo es mi familia. Amo este club». Imposible no quererle. Aviso, si no le renuevan me hago del Barca.

Uno que se reivindica en Belgrado es Causeur (ojo, 5/5 triples entre ambos partidos), tampoco es que lo necesitase, aunque ocasionalmente durante la temporada le habían brotado haters en grada propia. Destacado en semifinales, fue quizá el más redondo ante Fenerbahce, quien más claro lo tuvo casi siempre, máximo anotador con 17 y de nuevo puntal defensivo. Él se quedó en puertas del MVP, pero no se fue de vacío porque su prometida, made in Colmenar, ganó el de la grada, protagonista de los planos a la afición blanca.
Rudy cambió el ritmo del partido en el segundo cuarto, antes de que un golpe en el hombro le cortase la progresión, aunque el verdadero factor sorpresa resultó Gigante Verde, el más heterodoxo, del que se esperaba poco por su falta de experiencia en estas lides y porque le había costado todo el curso ante los grandes de la competición. Pues fue el Doctor a pasar consulta el día D, haciéndose amo y señor de la pintura en la segunda parte y de paso retratando a Vesely, contrastado azucarillo en las finales. Fenerbahce acabó notando la ausencia de Udoh y Bogdanovic, sin reemplazo posible en Europa, no importa el presupuesto. Lo imaginábamos desde el verano y lo hemos comprobado en la hora de la verdad.
Ampliaremos en próximas entregas, hoy es para celebrar y acordarse de los que no están. Me voy a la cama con alegría pero sobre todo orgullo. Sufriendo como se ha sufrido, conociendo lo que cuesta, es como mejor se saborean los triunfos.
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