NBA – Balas perdidas

De Shawn Kemp quedan para el recuerdo sus temporadas en Seattle, donde alcanzó a verse con los Bulls del 72/10 en las finales del 96. Un ala-pívot de tremendo físico, un dominador de las zonas. Haciendo limpieza en mi cuarto encuentro una longaniza de cromos de la NBA de mediados de los 90. Ahí está Kemp, cuando era una estrella. ¿Qué fue de él? Lo último que se supo fue de sus escarceos con la droga, por los que rindió cuentas a la justicia en 2005. El alcohol, el sobrepeso y cerca de una decena de hijos ilegítimos desperdigados por la geografía estadounidense completan su “otro currículo”. Fue ejemplo de la cara B del cuento de hadas de los prodigios de instituto que saltaron a la Liga sin escala universitaria (en pasado, porque hoy la ley impide reclutar por debajo de 20 años). Los últimos veranos, Kemp ha intentado ponerse en forma y recorre los campus de las franquicias “mendigando” empleo con poco éxito. Una estampa patética para una antigua estrella de la competición. La NBA es tierra de oportunidades, pero también es cruel parada cuando se pierde el paso. Recordamos en esta clasificación a algunos de los que se quedaron en el camino, casi todos son ya sólo reliquias de cromos.

– Efecto gaseosa: promesas universitarias o de primeros años de carrera profesional, jugadores de gran talento cuya relevancia se evaporó (causa mezcla de lesiones e indolencia) hasta caer en la mediocridad e indiferencia, aunque en todos los casos con una generosa pensión asegurada. Tom Gugliotta, Juwan Howard, Steve Francis, Penny Hardaway, Christian Laettner, Shareef Abdur-Rahim y Jason “Chocolate Blanco” Williams.

– Mala vida: “Nunca jugué un partido de NBA sobrio. Llegué a beber ginebra hasta en los descansos”, Keon Clark, espigado ala-pívot que pasase por Denver, Sacramento o Utah. Fuera del parquet, los jugadores de la Liga tienen algo en común con las estrellas de rock. Fama y dinero a mares llama a drogas, a alcohol y a mujeres de dudosa reputación. Ahora se imparten cursos de orientación a los novatos para lidiar con la tentación del mal camino. Para Vin Baker, Shawn Kemp, Eddie Griffith y Keon Clark llegan demasiado tarde.

– Les miró un tuerto: trayectorias notables lastradas o cortadas de raíz por lesiones, ya sea una grave o muchas repetidas. Bryant “Big Country” Reeves, Jayson Williams (reboteador de Nueva Jersey que llegó a All-Star), Michael Dickerson y Terrell Brandon. Caso dramático fue el del base Jayson Williams (nº2 del draft de 2002 por Chicago Bulls). Llamado a ser estrella, un accidente de moto casi le costó la vida en 2003. La rehabilitación llevó un año, para entonces ya no tenía hueco, ni en los Bulls ni en ningún otro equipo de la NBA. Muchas veces intentó reengancharse, pero sólo logró jugar 5 encuentros de la pretemporada de 2005 para Nueva Jersey. Su trayectoria profesional terminó con 25 años, cuando los Austin Toros de la Liga de Desarrollo le cortaron en diciembre de 2006.

– RIP: perdieron la vida en dramáticas circunstancias durante el cenit de sus carreras en la NBA. Malik Sealy (Minesotta Timberwolves) y Bobby Phills (Charlotte Hornets) contaban 31 primaveras cuando murieron en sendos accidentes de tráfico en el año 2000.

– “Que fue de”: ocuparon páginas de sucesos por hechos rocambolescos acontecidos durante y después de su paso por la NBA. Junto a la definición de “bala perdida” en el diccionario aparece una fotografía de Isaiah Rider, escolta portentoso e imán de conflictos. Ya en sus años universitarios en Nevada Las Vegas, J. R. pasó un par de días entre rejas. Su andadura NBA hizo escala en Minesotta, Portland, Atlanta y Lakers, entre otros. “Tiene problemas con la autoridad”, fue la explicación de psicoanalista de película de Woody Allen que se daba a su comportamiento deportivo: indisciplina reiterada y agresividad en la cancha en forma de violentas faltas y airadas protestas (que acostumbraban a costarle sanciones de partidos y dinero). Fuera de las canchas, su dilatada relación con la justicia culminó en febrero de 2007, cuando fue declarado culpable de intento de violación, asalto a un coche y posesión de cocaína. Durante el juicio reconoció su larga adicción a la marihuana y a la cocaína, ya desde tiempos en la NBA. Esta noche, J. R. Rider duerme en la cárcel.
Byron “Animal” Houston fue elegido en primera ronda del draft de 1992 tras un prometedor ciclo universitario (máximo anotador de la historia de Oklahoma). En la NBA, jugó en Golden State y en Seattle, con poco éxito, aunque los aficionados españoles le conocemos por sus temporadas en el León y el Joventut a finales de los 90. El pasado septiembre (2007), una mujer lo denunció al verle dentro de su coche (aparcado en una calle de tránsito), con los pantalones bajados y masturbándose. Cuando llegó la policía, le pilló con “las manos en la masa”. Los vecinos relataron que no era la primera vez. Por entonces, Houston estaba en libertad provisional, pues un par de años antes había sido procesado por exhibicionismo en un campus de niños.
Durante el juicio, la defensa argumentó que el comportamiento del ex-jugador era producto del trastorno causado por los abusos que sufrió en su niñez. A pesar de lo cual, Houston pasará los próximos cuatro años en prisión. Bison Dele (antiguo Brian Williams, hijo de un componente de “The Platters”) se retiró con sólo 31 años, rechazando un contrato de 30 millones de $ con los Pistons (curso del 2000). En el 2002, el ex-jugador, su pareja y su hermano (Dabord) alquilaron en Nueva Zelanda un catamarán (Hakuna Matata) para un crucero privado. Cuando la embarcación atracó en Tahiti (Polinesia francesa), Dele y su acompañante habían desaparecido. Supuestamente, su hermano les había asesinado y lanzado por la borda para quedarse con el dinero de la herencia. Pero nunca se llegó a conocer en detalle lo que sucedió en Hakuna Matata, pues Dabord no llegó a ser juzgado, al morir antes (supuestamente suicidado) de una sobredosis de insulina. El cuerpo de Bison Dele nunca fue encontrado.

NBA – Cuentos de Navidad

– Comer turrón con Atlanta 4º clasificado del Este retrotrae a tiempos pretéritos, a los Hawks de Mutombo y Mookie Blaylock, así como una década atrás.

– Que la peor plantilla de la liga (Trail Blazers sin Oden) acumule 11 triunfos del tirón y ocupe puestos playoff en el Oeste entra en el capítulo de milagros navideños, “Que bello es vivir”.

– No tan bella es la historia de Miami: Un equipo de Shaquile O’neal que navega último de conferencia tras 28 encuentros. El 34 no ha cuajado ninguna noche por encima de 20 puntos (en 29 minutos de media) y ha lanzado 80 tiros menos que Ricky Davis con los mismos partidos jugados. ¿Cuestión de edad o de prioridades ofensivas?

– A Scott Skiles le hicieron la cama en Chicago y Papá Noel llegó con la carta de despido en el saco. Viendo la desidia de algunos Cavaliers (Larry Hughes, Pavlovic…), Mike Brown puede seguir el mismo camino en Cleveland. ¿Creen que Isiah Thomas y Pat Riley seguirían en los Knicks y en los Heat, respectivamente, si su nombre y su pasado (y bien pasado ya) no fuese el que es?

– Los Lakers se han llevado el Gordo: Andrew Bynum (2,13m., 19 años) ha encestado 27 de los últimos 32 tiros que ha lanzado, promediando 22 puntos y 11 rebotes en los tres últimos encuentros. Los angelinos ya son cuartos del Oeste, a sólo una victoria de Dallas y Phoenix. Bynum es el salvoconducto para que Kobe vuelva a ver segunda ronda vestido de amarillo.

– ¿Es casualidad que las dos decepciones del Oeste, Houston y Utah, ambos fuera de playoff, sean los equipos que más partidos han disputado lejos su pabellón (17 de 28 y 18 de 29, respectivamente)?

– “Los Pistons están viejos, muy vistos y sus partidos son un tostón”, sí, pero van segundos de la liga (20-7).

– Corey Brewer, puntal de los Florida Gators del doblete NCAA, 7ª elección del selecto draft’07, es el 5º rookie en minutos (24,3 de media). El alero tiene una gran oportunidad para progresar en una franquicia en reconstrucción como Minnesota, pero está negado: 31% en tiros de campo (5 tantos por actuación).

– ¿Qué bases de la NBA son netamente mejores que Calderón en aportación al equipo: defensa, visión de juego, anotación, liderazgo, pérdidas de balón? Steve Nash, Deron Williams, Chris Paul, Chauncey Billups, Tony Parker, Jason Kidd y Baron Davis. Siete. Brandon Roy, Gilbert Arenas y Jason Terry no son verdaderos bases, mientras que Marbury, Bibby, Cassell e incluso Hinrich no son ni la sombra de lo que fueron. Es decir, Calderón sería titular, sin necesidad de equilibrismos de plantilla, en unos 15/20 de los 30 equipos de la competición…Este verano, a poner el cazo.

– “Es un hombre nuevo desde que sale con ella, vuela sobre la cancha. Incluso hace mates, lo nunca visto”. Mark Madsen, sobre la transformación de su compañero Marco Jaric desde que es pareja de la modelo brasileña Adriana Lima. El serbio siempre ha sido un base más bien gris, pero su declive le había llevado a marginal en los tristes Timberwolves. Ahora promedia 10 puntos por noche, su mejores números desde que saliese de Clippers. Minnesota es una banda, sí, pero en la vida hay cosas más importantes que el deporte: con 7 millones de $ de sueldo anual en los próximos 4 años y una mujer así esperando en casa, las victorias bien pueden esperar.

NBA – God save the Knicks

Que manera de sufrir: el padre de Marbury (hijo pródigo, rebelde sin causa), muerto de un infarto mientras asistía a un partido en el Garden (2/12/07). Que manera de vencer: dos de los cinco triunfos en lo que va de temporada llegaron tras remontar desventajas de 10 y 12 puntos en el último cuarto. Que manera de palmar: 11 derrotas en 16 encuentros, que incluyen una racha de 8 seguidas y el apoteósico 104-59 en Boston. Hay algo de flagelación y victimismo en cada aficionado knickerbocker, los atléticos de la NBA. Es un cruz cada mañana ojear los resultados y ver una nueva derrota, de paliza o in-extremis, con drama, con ruido, pero nunca vulgar. Entonces se recurre a la memoria como terapia. Así los colchoneros veneran el busto de Milinko Pantic, héroe del doblete, o narran aquella Intercontinetal que llegó de rebote, los de Nueva York idealizan las hazañas de Reed y Frazier, allá por el Cretácico, para autoconvencerse de que el éxito no es una quimera en la Gran Manzana. “…Y como, a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Ese masoquismo, convertido en estigma y comercializado en merchandising, es el que subvenciona el esperpento. El peor equipo que el dinero puede pagar. Desde que Paul Allen cerró el grifo de los excesos, con el consiguiente apagón de la galaxia Trail Blazer (algo así como un lustró atrás), ninguna franquicia ha cuestionado a los Knicks el dudoso honor de plantilla más cara de la Liga. Nueva York ha pasado de llegar casi (Pat Riley’94 y Van Gundy’99) a verlo alejarse (95, 96, 97, 98, 01, 04), de quedarse fuera (2003), a perderlo de vista (29 victorias de media por curso en las 3 últimas campañas). Acudiendo al presente, los Knicks son el equipo tácticamente menos trabajado de la competición.
La defensa es blasfema, irrisoria: recibe 102,3 puntos por partido (el 5ª que más de la Liga) y ostenta la 2ª peor relación puntos anotados-encajados (-8,56). ¿Por qué? Porque sólo defienden dos: Lee y Balckman. El ataque es “el coño de la Bernarda”, un motín perpetuo, una aglomeración de talento individual sin orden ni concierto, donde 6 jugadores (Randolph, Marbury, Crawford, Richardson, Curry y Robinson) se tiran lo que llega sin remordimientos de conciencia colectiva: 24º en puntos anotados (93,7 p/p) y 26º en % de tiros (43,1%), pero, sobre todo, penúltimos en asistencias (17 a/p). Bajo la sonrisa show bussiness y el aire gentleman se esconde Isiah Thomas, arquitecto de “Esta casa es una ruina”, un impostor de los banquillos cuya reputación se forjó al calor de un micrófono y no como aprendiz de oficio (la penitencia del técnico asistente es a fuego lento). ¿Y el futuro? A corto plazo, negro. No cabe esperar nada para la presente temporada, ni lucharán playoffs. A largo plazo, negro también. La franquicia está hipotecada hasta los calzoncillos por contratos a jugadores muy por encima de su valor de mercado, es la herencia del paso de Isiah Thomas por los despachos. Marbury cobrará 42 millones por los dos años que le restan de contrato, Randolph 62 por cuatro años, Quentin Richardson 26 por tres, Malik Rose 15 por dos, Jerome James 13 por tres y a Jared Jeffries 25 por cuatro. Sólo Curry, Crawford y Lee, los mejores del equipo, cobran en relación lógica a su rendimiento, por lo que serán moneda de cambio exigida en cualquier negociación. Las opciones son pocas. En el mejor de los casos, una reconstrucción exigiría un par de años (más) de penitencia. Sí, como cuando el Atleti bajó a Segunda. Quizá eso sea lo mejor, tocar fondo, es entonces cuando suceden las mejores cosas en una franquicia como esta. “Papa, ¿por qué somos del Atlético?”. Ramón Trecet: “El primer partido de NBA que vi en directo fue en el Madison en el 76. Tardé cinco minutos en hacerme de los Knicks».

NBA – Gustos y Disgustos

Me gusta/n:

que a Navarro le vaya bien, su apuesta lo merece.
la clase de LaMarcus Aldridge (Portland), que me recuerda a Rasheed Wallace.
el alma de killer de Daniel Gibson (Cleveland), lo tiene en la mirada.
los pivots de los dos equipos de Los Angeles: Kaman y Bynum.
que Rajon Rondo sea un base suficiente en Boston.
Calderón anotando, asistiendo y mandando, ascendiendo a la burguesía de la Liga.
Caron Butler haciendo olvidar la espantada-Arenas, tirando del carro de los Wizards sin darse importancia.
las segundas oportunidades para aquellos chicos malos de Indiana, Stephen Jackson y Ron Artest, que han enderezado a Golden St. y a Sacramento tras sendos arranques nefastos sin su presencia.
Popovich, sí, Popovich, un ejemplo de integración del baloncesto internacional y de adaptación a las nuevas tendencias del juego, en contraste con otros compañeros de profesión, de ideas cerradas y cortos de miras.
los triples de Kapono en contraataque o transición, un regalo para los sentidos.
Ginobili y Jason Terry demostrando madurez, sacrificándose por el colectivo, brillando desde el banquillo sin patalear (Marbury, ¿te suena?).
cada lección de baloncesto que puedan todavía impartir Nash y Kidd.
que Indiana vea al fin marcadores de tres cifras, un equipo que juege de cara y sin complejos. La ciudad se lo merece.
Milwaukee sano, territorio desconocido.

Me disgusta/n:

ver a Sergio Rodríguez perdiendo años preciosos.
que Garbajosa se sienta mal por haber jugado el Eurobasket.
la sonrisa falsa de Isiah Thomas, un entrenador deleznable.
el regateo mutuo Varejao-Cleveland, pierden ambos.
Gasol vagabundeando desmotivado.
que alguien con tantas posibilidades como Bargnani se limite a lanzar de tres porque alguien le dijo un día que sería el próximo Nowitzki.
que Krstic y Hinrich se hayan borrado para la causa sin justificación aparente.
la falta de carácter de Yao. Tras seis temporadas en la NBA, todavía le “quitan la merienda”.
los ademanes de soberbia, ostentación y prepotencia de Lebron James.
la sensación de descontrol bajo la dirección de TJ Ford (no es nacionalismo).
los motes en lengua inglesa importados por narradores con poca inventiva.
que las mandarinas desde el centro del campo copen las selecciones de mejores jugadas, son suerte y están muy vistas.
Chicago de arriba a abajo. Están a tiempo de enderezar el proyecto, sería una pena tanto remar (reconstruir) para morir en la orilla.
la falta de seriedad, compromiso y profesionalidad de Gilbert Arenas con una franquicia que le ha dado todo.
las falsas ilusiones: Steve Francis no es nada, tampoco en Houston, ni con Adelman.
la aventura de geriátrico de Penny Hardaway en Miami: innecesaria e intrascendente.

NBA – De recesión y ciclos migratorios

La supremacía de la NBA como la mejor competición de baloncesto del planeta se asienta en 1) el nivel de los jugadores nacionales, 2) la superioridad económica, por la que los sueldos de los deportistas a partir de clase media son inaccesibles para cualquier otra liga. A pesar de los últimos resultados de su selección en torneos FIBA, aceptamos como válida la primera prerrogativa. Ningún país se acerca a reunir tanta cantidad de jugadores de nivel como EEUU. Sin embargo, acontecimientos ajenos a la NBA han matizado la segunda. Corren tiempos de recesión en lo que a salarios se refiere, salvo excepciones, ya no se atan a los perros con longaniza en el mercado de agentes libres (pagar el impuesto de lujo no casa con la idea de hacer negocio con una franquicia). La devaluación del dólar respecto del euro (1 E = 1,40 $) convierte en “asumibles” algunos sueldos de clase burguesa de la Liga para clubes punteros europeos. Estos se dividen en 3 clases: amparados en un dueño forrado con tintes de mafioso (rusos en general), equipos de larga tradición y potente masa social (griegos, TAU y Unicaja) y clubes alimentados de los remanentes de millonarias secciones de fútbol (Real Madrid y Barcelona).

Fue el CSKA de Moscú, niño rico del baloncesto continental, quien rompió la baraja este verano con los 3,5 millones de euros netos anuales por los que renovó a Theo Papaloukas, a quien pretendían varias franquicias de la NBA. Desenfundemos la calculadora para valorar la magnitud del contrato. Desconociendo el tipo impositivo ruso, pongamos que 3,5 millones netos equivalen a unos 6 en bruto, que al cambio son 8,4 millones de dólares (cifra inalcanzable por una franquicia estadounidense por un jugador sin experiencia en su liga). Con esos ingresos se situaría, de entre los 124 agentes libres de este verano en la NBA, como el cuarto que mejor negocio ha hecho, sólo por debajo de tres estrellas consolidadas como Rashard Lewis (17 millones de $), Vince Carter (13) y Chauncey Billups (11). Como mapa de situación, estos son los números en los que se han manejado notables de la competición en el mercado: Maurice Williams (7,7 millones de $), Gerald Wallace (7,5), Nocioni (7,6), Milicic (7), Stackhouse (6), Desmond Mason (5,3) o Mickael Pietrus (3,4).

Mientras, en Europa, al margen del pelotazo Papaloukas, se movían en estas magnitudes: Siskauskas al CSKA Moscú (4,9 millones de $ anuales), Papadopoulos al Real Madrid (3,5 $), Ilyasova al Barcelona (2,5 $). ¿No muy lejos, verdad? No son casos aislados, por ejemplo: Macijauskas volvió de la NBA (con el rabo entre las piernas, eso sí) por 2,3 millones de euros netos anuales (5,6 $) y Fran Vázquez renunció a ella por 2 millones de euros por campaña. Viktor Khryapa, que ingresará este curso 1,9 millones de $ por ser reserva en Chicago, salió hace tres años del CSKA de Moscú, donde ahora sabemos que los panes se convierten en peces. Seguro que Sergio Rodríguez ganaría en Europa más de los 980.000 dólares que le pagan los Blazers por año, además jugaría minutos y progresaría (importante con 20 años, ¿no?). Es más, Rudy Fernández, estrella emergente del baloncesto a este lado del Atlántico, ha renunciado este verano a su ilusión de dar el salto debido a que con el contrato que le garantizaban “ni cubría gastos”.

Para ser justos, hay que matizar que, aunque los salarios y el nivel deportivo tienden a igualarse, los ingresos por marketing-publicidad etc (que suponen en muchos casos un % importante de los emonumentos totales de los jugadores de la NBA) siguen sin tener comparación. Cuesta imaginarse a esforzados albañiles de las estepas rusas comprando cereales por la sonrisa de Papaloukas en el cartón. Así que, sus 8,2 millones de dólares no irán mucho más allá por ingresos paralelos. Mientras, sí visualizo a, digamos, Calderón o Nocioni como imagen de marca de unas zapatillas o de un refresco isotónico.La balanza está todavía muy del lado de la NBA, pero los pesos tienden a equilibrarse. Análisis al margen, la actualidad manda: Navarro y Scola se han ido, pero Spanoulis y Jasikevicius han puesto rumbo de vuelta, y Varejao y Kirilenko se lo están pensando (y estos dos no son actores de reparto…).

NBA – División Atlántica, Diagnóstico 07/08

– Toronto Raptors: Compren acciones de la franquicia canadiense, uno de los proyectos con mayor perspectiva de crecimiento de la Liga. Juventud y talento no son ingredientes exclusivos, pero sí lo es el carácter competitivo que le imprime el esqueleto de jugadores formados en la otra orilla del Atlántico. Calderón, Parker y Garbajosa, piezas fundamentales del grupo más allá de su planilla estadística, carecen de la mentalidad de la clásica estrella estadounidense: individualista preocupado por presentar números lustrosos al final de su contrato y aparecer en los ‘highlights’ para ser objetivo de “cazatalentos” publicitarios. Bosh y Bargnani son, junto a Curry-Randolph, la más prometedora dupla de pívots de la NBA, un valioso activo. TJ Ford, que mostró una interesante evolución de su lanzamiento en los pasados Playoffs, suma con Calderón una pareja de bases lúcida y complementaria. Llega Jason Kapono, que compite por el Oscar en las categorías de mejor tirador y de peor defensor de la competición. El cliclotímico Carlos Delfino aterriza en el casi único equipo en el que puede sentirse comprendido. Ambos cubrirán holgadamente el hueco dejado por la marcha de Morris Peterson (un histórico de la franquicia, por cierto). Pívots y bases aparte, el chasis de los Raptors tiene un denominador común: tiro exterior. Cuando las defensas se cierren sobre Bosh y nublen su criterio ofensivo como lograron los Nets en la pasada postemporada, los Raptors vivirán de los réditos de más allá del arco, donde cuentan con una lustrosa batería. Diagnóstico: Segundos o terceros de conferencia en la Liga Regular y pasarán una ronda en los playoffs.

– Nueva Jersey Nets: Con Krstic recuperado, cuentan con un quinteto temible. Kidd envejece como el buen vino (a su exhibición en la pasada postemporada me remito). Vince Carter, aunque algo ‘chupón’ e irregular, es determinante cuando se decide a aprovechar en ataque su descomunal físico en vez de su dudosa muñeca. Richard Jefferson es el sueño de cualquier técnico NBA por su profesionalidad, defensa e inteligencia sobre el parquet. Nachbar, que no eclosionó hasta los pasados playoffs, ve el aro como una piscina (eso sí, defiende y rebotea poco para su puesto). Krstic, sin ser Duncan, Garnett o Gasol, tiene clase y mide 7 pies. ¿Conocen muchos de esa especie? Cojea el banquillo. En vez de rascarse el bolsillo para retener a Mikki Moore en plena progresión (interesante reserva para la pintura), contratan a Jamal Magloire, que no ha dado pie con bola en los dos últimos años. Mala operación. El base Marcus Williams, todo un nº2 del draft, o mejora o se confirma como el timo de la estampita. Josh Boone, Jason Collins o Antoine Wright son nada. La temporada es larga, puede haber lesiones y faltan efectivos. Por solvencia y trayectoria, en playoffs volverán a ser temibles, pero en Liga Regular se dejarán llevar.

– Boston Celtics: Por primera vez en más de 15 años hay motivos reales para la ilusión de los aficionados celtics. Kevin Garnett y Ray Allen son verdaderas estrellas (nada de Ricky Davis, Olowokandi o Szczerbiack), de las que cambian a la mañana siguiente el rumbo de una franquicia. Se suman al consolidado All Star Paul Pierce. El precio pagado fue alto (la ilusión no tiene precio que anunciaría Mastercard), y la plantilla quedó con faro pero sin fondo de armario. El casting de veteranos a precio de saldo atrajo a Eddie House, a Scott Pollard y a James Posey, buen balance dada la escasez en el mercado. 24 victorias y penúltimo de la Liga es batir desde muy bajo cuando el cielo es el techo. Zona media de playoffs en campaña regular (4º, 5ªº o 6º), pero su tiempo llegará en mayo.

– New York Knicks: ¿No son Stephon Marbury, Nate Robinson, Jamal Crawford y Quentin Richardson un plantel exterior notable o cuanto menos presentable? ¿No son David Lee y Renaldo Balckman jugadores jóvenes con orgullo y corazón de los que agradan a entrenadores y grada? ¿No es Eddy Curry – Zach Randolph una pareja interior llamada a dominar las zonas de la conferencia Este en lo venidero? ¿No es la de Nueva York una plantilla suficiente para alcanzar, sin necesidad de alardes, un lugar en la postemporada? Y, entonces, ¿porqué siento que vaticinar que este curso los Knicks jugarán playoffs es más una apuesta personal llevada por mis colores que por un diagnóstico objetivo? Que sea lo que Dios quiera: Este año sí, por los pelos, octavos de conferencia…Papa, ¿por qué somos de los Knicks?

– Philadelphia 76’ers: Desprenderse de Chris Webber y, sobre todo, de Allen Iverson no fueron decisiones fáciles el pasado año. El primero supuso una gran desilusión, pues llegó a Pensilvania pasado de forma y desganado. Pagarle el finiquito y ponerle las maletas en la puerta fue una acto de dignidad de la franquicia. Con los años, Allen Iverson pasó de Mesías a lastre que impedía reconstruir y empezar de cero, dado que el tiempo había demostrado que la final del 2001 era lo más lejos que se alcanzaba con ese formato. Divorcio, separación de bienes y si te he visto no te conozco. Querría afirmar que decisiones tan valientes tuvieron recompensa, pero el resultado es la peor plantilla de la competición. Cierto que con ese grupo casi entran en playoffs la pasada temporada, pero igual de cierto es que no cambio el plantel de, por ejemplo y sin ponernos espléndidos, el Pamesa Valencia por el de estos Sixers. Bucearán junto a los Hawks en las cloacas del Este.