De madurez y nuevas tecnologías

Hacía tiempo que no se veían. Ambas son mujeres independientes, rozan la treintena y tienen un buen trabajo. Se conocen desde el primer curso de carrera. Fueron amigas íntimas en los años de facultad, pero últimamente se ven poco. Ayer encontraron un rato para tomar café y ponerse al día. Las dos llegaron tarde, con prisas, aunque perfectamente arregladas. Se saludan efusivamente: “¿Qué tal todo? ¡Fenomenal! Pasados tres minutos, suena un móvil. “Es del trabajo, tengo que contestar”, explica una con aires de importancia. En frente, su amiga, al ver que la llamada se alarga, no quiere ser menos y llama a su novio, con el que, en realidad, no tiene gran cosa de que hablar. Anoche chateó con él por mesenger hasta entrada la madrugada, a pesar de que habían pasado la tarde juntos. Un mes después de la última vez que se vieron, las dos amigas están sentadas en una mesa hablando por sus respectivos teléfonos. Cuando el camarero se acerca por fin a tomar nota, ve el panorama y pasa de largo: “tanta tecnología… tanta estupidez”…
Igual que hay normas de cortesía para el trato bis a bis, que denotan madurez y educación, las hay también para el uso de la tecnología. Nuevos medios de comunicación dan a luz nuevos lenguajes: hábitos, en algunos casos, ridículos, infantiles o hipócritas adoptados también por los adultos.

SMS’s en fechas señaladas. Por cumpleaños, recibes una docena de mensajes industriales de gente a la que no ves hace tiempo. Son textos impersonales, que igual sirven para un suegro que para un amigo de infancia. No faltan los tópicos: “Espero que te regalen muchas cosas», «A ver cuando quedamos”; que delatan que el texto es una plantilla standard o que se tiene poco en común con el remitente. Hay a quien le hace ilusión coleccionarlos, contarlos una y otra vez, y pensar “cuanta gente me quiere”. No es que verdaderamente se acuerden de la fecha, sino que les sonó uno de los 200 avisos de cumpleaños que salpican la agenda de sus móviles. “Para cumplir”. En navidades es aún peor. Enlatan lo mejor de su romanticismo o de su humor verde en 150 caracteres, adjunto al sello “enviar a todos los contactos”. Los graciosos son chuscos o están muy vistos, y los románticos son especialmente ridículos: “espero que la luz de estas fechas entrañables ilumine vuestros corazones”.

Msn Nickname (nombre o alias para chatear).
1) Don Juan. A la vista de todos, publican con vocabulario grandilocuente su amor o desamor, su “alma atormentada”.
P. e.: “Nací en tu cabeza, viví en tu corazón, agonicé por tu cuerpo y moriré en tus labios” (juanrivera23@ ).
2) Encantado de conocerme. Se autoafirman aireando lo espléndido de su existencia. Están los viajeros: “Navidades increíbles en Málaga y Alicante. Gracias a todos, os quiero. Next stop: Miami” (joseluisbenalm@ ). O los acomplejados: “Ya tengo coche. Un Seat León 2.0, de 150 caballos”.

Fw: Emails en cadena. No son un fenómeno nuevo, pero siguen teniendo vigencia, sustentados en la credulidad de sus lectores. Hay presentaciones de Power Point con música cursi e imágenes de bebés y/o animalitos a los que se atribuye valor de oda a la amistad (“reenvíalo y pide un deseo”). Hay test de personalidad, inteligencia y sexualidad. Hay fotomontajes “cómicos” y advertencias catastrofistas (“firma para que msn no sea de pago”).

Sucedáneos. Feos, acomplejados, tímidos, amargados, reprimidos… han existido toda la vida de Dios. El anonimato de internet es una vía de escape, un regate a sus problemas de socialización. Pero los amores y amistades virtuales son sólo un parche que no da para sustituto del contacto real que, incluso los más creyentes internautas, en el fondo anhelan.

Fotodiversión. Hubo un tiempo en que una fotografía se concebía como el testimonio de una ocasión o acontecimiento novedoso. Cámaras digitales y móviles con cámara forman hoy parte del atuendo de la rutina de una noche de fiesta, junto a cartera, llaves y condones. En las noches tostón, la cámara deja de ser mera cronista para convertirse en el propio divertimento. Se disparan decenas, centenares de fotografías porque sí (es lo que tiene el que la memoria sea gratis). Al día siguiente se seleccionan unas cuantas con pose de baile intenso y se cuelgan del espacio msn. Cualquiera que lo visite pensará que fue una gran noche y que el sujeto goza de una boyante vida social. Este hábito se ha extendido especialmente sobre el colectivo Erasmus, prostituyendo su otrora desinteresada concepción del desparrame nocturno.

Si es importante, insistirán. Contestar el teléfono móvil en la mesa (p. e. en una comida familiar) o en el coche conduciendo son actos de descortesía e impertinencia. Cualquier llamada puede esperar. Se cuelga, y si se trata de algo urgente, seguro que volverán a llamar. Pero haciéndolo no parecerían ocupados e importantes. Es la versión moderna de los yupis que en los primeros 90 paseaban por la Castellana fingiendo hablar por teléfonos móviles de pega.

NBA – Sin gracia ni guindilla

La cobertura televisiva de la NBA en España data de los años 80. El material entonces era escaso, apenas un partido en diferido los sábados por la mañana (después movido a horarios clandestinos) y algún programa resumen. Pero los medios humanos eran notables, en calidad, que no en cantidad. Cómo olvidar aquel “Cerca de las estrellas” con Ramón Trecet y Vicente Salaner, o las retrasmisiones de Esteban Gómez o del propio Trecet (“¡Ding, dong!”). El nivel no decayó cuando los derechos pasaron de TVE a Canal Satélite en 1995 (con un año de apagón entre medias), donde el inimitable Andrés Montes hizo pareja con el prestigioso Santiago Segurola. Lucían unos aparatosos cascos-micrófono estilo hormiga atómica en un plató tamaño cuchitril. Cuando Segurola se marchó, para centrarse en su labor de redactor jefe en El País, le sustituyó Antoni Daimiel.
Aunque eclipsado en sus comienzos por la efervescencia de Andrés Montes, Daimiel maduró, perdió timidez y se convirtió en un magnífico comentarista (discreto, inteligente y oportuno), además de formar una entrañable pareja humana con su compañero de retransmisiones. Desde el inicio del desembarco de españoles en la NBA comenzó una época dorada de los medios destinados a la cobertura televisiva de la Liga (número de emisiones semanales y de personal empleado), pero una crisis en la calidad de los periodistas. Hace dos veranos, plus.es organizó un casting de narradores para la NBA. En una entrevista informal, tomando un té y con la grabadora apagada, Daimiel confesó que aquello fue un fracaso, y que acabaron saliendo del paso con un par de narradores de otros deportes de la plantilla de Sogecable. Periodistas de escaso bagaje y con nula vinculación al baloncesto. Esa solución de urgencia se alarga ya un año y medio. Hoy, la voz y cara de la NBA en España son:

Ramón Fernández, (para los despistados: el cuarentón del flequillo a lo brit-pop) es la continuación de eruditos de la música comentando NBA que iniciasen Ramón Trecet, Santiago Segurola o Andrés Montes. Su campo es el pop-rock (60’s-70’s y 80’s), lo que no excluye para que sepa bastante de baloncesto (suficiente para ponerse tras un micro). Su problema es que no sabe transmitirlo. Se nota que es periodista forjado en prensa escrita y muy a menudo se pierde construyendo frases retóricas, impropias del directo televisivo. Tampoco ayuda el hecho de compartir retransmisión con los narradores más flojos de la cuadrilla. Perfil similar al del gran Segurola, pero con menos clase y peor comunicador. Además, se le ve mucho el plumero, que es de los Suns. Lo que está bien (a todos nos gusta el run & gun), pero si Phoenix va ganando de 25 en casa al último de la Liga durante los minutos de la basura, está fuera de lugar cacarear con sarna cada mate o cada triple.
Nikola Loncar. ¿Cuál es la relación de Loncar con la NBA? ¿Jugó allí, por lo que tendría un interesante conocimiento de la Liga desde dentro? No. Entonces, ¿por qué un ex-jugador extranjero (que necesariamente habla peor el castellano que un español) sin título de periodista comenta NBA? Es yerno de Radomir Antic, analista futbolístico de la Cadena SER y ex-entrenador, un poder fáctico en los medios deportivos españoles en general, y en el Grupo Prisa en particular. La cadencia de voz de Loncar es monótona, de ritmo plano, ideal para sobarse de madrugada. Compartir retransmisiones con David Carnicero oculta sus carencias, aunque se le nota cierta progresión. Nos gustan sus camisetas de gigoló de sábado noche.
Antonio Rodríguez. “¡Fucka, por Dios, juégatela al poste, es que no te das cuenta!”. Son los gritos que el comentarista repitió durante varios minutos al por entonces pívot del Barcelona durante la narración de un encuentro de Euroliga frente al Olimpia Ljubljiana de hace unos años. Antonio Rodríguez es una de las personas que más saben de baloncesto en este país, una auténtica biblioteca, y no sólo de NBA, sino también de NCAA y FIBA. Transmite en antena su pasión y entusiasmo, que imaginamos que en su vida personal debe alcanzar cotas enfermizas. El problema es precisamente ese exceso de pasión, fronterizo con el forofismo, impropio de un periodista. Transmite la sensación de frustrado entrenador de categorías inferiores. Como ejemplo, aquellos gritos exaltados a Fucka en antena, fuera de lugar.
David Carnicero. Con Daimiel alejado de los directos, Carnicero es el más fiable del equipo. Narra con intensidad, disimula las carencias de sus compañeros y maneja el tempo de la retransmisión sin perderse en batallas paralelas. Sabe vender el producto, fundamental en un programa en horario de madrugada. Será el narrador titular de Digital+ durante bastantes años. Dos pero’s: pierde la objetividad cuando hay un español en pista («periodismo de bandera») y abusa de motes importados en inglés (falta de originalidad, a diferencia de su antecesor Andrés Montes).
Guillermo Giménez. Para los menos familizarizados, es un narrador de mediana edad, moreno, medio calvo y algo regordete (del que no circula foto en internet). Sus habilidades de comunicación televisiva son cuestionables. Trata de imitar las conversaciones sobre lo cotidiano de Montes y Daimiel, pero le falta gracia propia y complicidad con el compañero de turno. Esas cosas, cuando no salen naturales quedan ridículas. Igual que sus apelaciones en segunda persona a los jugadores, como si le escuchasen. En los descansos y tiempos muertos se recuesta sobre la silla en actitud indolente. Vamos, un primor.
– Completan el equipo: Antonio Lamolda (joven narrador fanático de Kobe y los Lakers), Pablo Moreno (con gafas y una nariz que parece postiza: narrador solvente, aunque con poco vuelo en baloncesto) y José Ajero (realiza reportajes, más tópicos que reveladores, para aliñar descansos y tiempos muertos, siempre con música R&B de fondo).

Vicente Salaner: “La NBA no es golf ni tenis, es un producto enlatado a miles de kilómetros que no se contenta con el frío y pausado comentario técnico, sino que precisa de un poco de gracia y guindilla”.

NBA – Balas perdidas

De Shawn Kemp quedan para el recuerdo sus temporadas en Seattle, donde alcanzó a verse con los Bulls del 72/10 en las finales del 96. Un ala-pívot de tremendo físico, un dominador de las zonas. Haciendo limpieza en mi cuarto encuentro una longaniza de cromos de la NBA de mediados de los 90. Ahí está Kemp, cuando era una estrella. ¿Qué fue de él? Lo último que se supo fue de sus escarceos con la droga, por los que rindió cuentas a la justicia en 2005. El alcohol, el sobrepeso y cerca de una decena de hijos ilegítimos desperdigados por la geografía estadounidense completan su “otro currículo”. Fue ejemplo de la cara B del cuento de hadas de los prodigios de instituto que saltaron a la Liga sin escala universitaria (en pasado, porque hoy la ley impide reclutar por debajo de 20 años). Los últimos veranos, Kemp ha intentado ponerse en forma y recorre los campus de las franquicias “mendigando” empleo con poco éxito. Una estampa patética para una antigua estrella de la competición. La NBA es tierra de oportunidades, pero también es cruel parada cuando se pierde el paso. Recordamos en esta clasificación a algunos de los que se quedaron en el camino, casi todos son ya sólo reliquias de cromos.

– Efecto gaseosa: promesas universitarias o de primeros años de carrera profesional, jugadores de gran talento cuya relevancia se evaporó (causa mezcla de lesiones e indolencia) hasta caer en la mediocridad e indiferencia, aunque en todos los casos con una generosa pensión asegurada. Tom Gugliotta, Juwan Howard, Steve Francis, Penny Hardaway, Christian Laettner, Shareef Abdur-Rahim y Jason “Chocolate Blanco” Williams.

– Mala vida: “Nunca jugué un partido de NBA sobrio. Llegué a beber ginebra hasta en los descansos”, Keon Clark, espigado ala-pívot que pasase por Denver, Sacramento o Utah. Fuera del parquet, los jugadores de la Liga tienen algo en común con las estrellas de rock. Fama y dinero a mares llama a drogas, a alcohol y a mujeres de dudosa reputación. Ahora se imparten cursos de orientación a los novatos para lidiar con la tentación del mal camino. Para Vin Baker, Shawn Kemp, Eddie Griffith y Keon Clark llegan demasiado tarde.

– Les miró un tuerto: trayectorias notables lastradas o cortadas de raíz por lesiones, ya sea una grave o muchas repetidas. Bryant “Big Country” Reeves, Jayson Williams (reboteador de Nueva Jersey que llegó a All-Star), Michael Dickerson y Terrell Brandon. Caso dramático fue el del base Jayson Williams (nº2 del draft de 2002 por Chicago Bulls). Llamado a ser estrella, un accidente de moto casi le costó la vida en 2003. La rehabilitación llevó un año, para entonces ya no tenía hueco, ni en los Bulls ni en ningún otro equipo de la NBA. Muchas veces intentó reengancharse, pero sólo logró jugar 5 encuentros de la pretemporada de 2005 para Nueva Jersey. Su trayectoria profesional terminó con 25 años, cuando los Austin Toros de la Liga de Desarrollo le cortaron en diciembre de 2006.

– RIP: perdieron la vida en dramáticas circunstancias durante el cenit de sus carreras en la NBA. Malik Sealy (Minesotta Timberwolves) y Bobby Phills (Charlotte Hornets) contaban 31 primaveras cuando murieron en sendos accidentes de tráfico en el año 2000.

– “Que fue de”: ocuparon páginas de sucesos por hechos rocambolescos acontecidos durante y después de su paso por la NBA. Junto a la definición de “bala perdida” en el diccionario aparece una fotografía de Isaiah Rider, escolta portentoso e imán de conflictos. Ya en sus años universitarios en Nevada Las Vegas, J. R. pasó un par de días entre rejas. Su andadura NBA hizo escala en Minesotta, Portland, Atlanta y Lakers, entre otros. “Tiene problemas con la autoridad”, fue la explicación de psicoanalista de película de Woody Allen que se daba a su comportamiento deportivo: indisciplina reiterada y agresividad en la cancha en forma de violentas faltas y airadas protestas (que acostumbraban a costarle sanciones de partidos y dinero). Fuera de las canchas, su dilatada relación con la justicia culminó en febrero de 2007, cuando fue declarado culpable de intento de violación, asalto a un coche y posesión de cocaína. Durante el juicio reconoció su larga adicción a la marihuana y a la cocaína, ya desde tiempos en la NBA. Esta noche, J. R. Rider duerme en la cárcel.
Byron “Animal” Houston fue elegido en primera ronda del draft de 1992 tras un prometedor ciclo universitario (máximo anotador de la historia de Oklahoma). En la NBA, jugó en Golden State y en Seattle, con poco éxito, aunque los aficionados españoles le conocemos por sus temporadas en el León y el Joventut a finales de los 90. El pasado septiembre (2007), una mujer lo denunció al verle dentro de su coche (aparcado en una calle de tránsito), con los pantalones bajados y masturbándose. Cuando llegó la policía, le pilló con “las manos en la masa”. Los vecinos relataron que no era la primera vez. Por entonces, Houston estaba en libertad provisional, pues un par de años antes había sido procesado por exhibicionismo en un campus de niños.
Durante el juicio, la defensa argumentó que el comportamiento del ex-jugador era producto del trastorno causado por los abusos que sufrió en su niñez. A pesar de lo cual, Houston pasará los próximos cuatro años en prisión. Bison Dele (antiguo Brian Williams, hijo de un componente de “The Platters”) se retiró con sólo 31 años, rechazando un contrato de 30 millones de $ con los Pistons (curso del 2000). En el 2002, el ex-jugador, su pareja y su hermano (Dabord) alquilaron en Nueva Zelanda un catamarán (Hakuna Matata) para un crucero privado. Cuando la embarcación atracó en Tahiti (Polinesia francesa), Dele y su acompañante habían desaparecido. Supuestamente, su hermano les había asesinado y lanzado por la borda para quedarse con el dinero de la herencia. Pero nunca se llegó a conocer en detalle lo que sucedió en Hakuna Matata, pues Dabord no llegó a ser juzgado, al morir antes (supuestamente suicidado) de una sobredosis de insulina. El cuerpo de Bison Dele nunca fue encontrado.

NBA – Cuentos de Navidad

– Comer turrón con Atlanta 4º clasificado del Este retrotrae a tiempos pretéritos, a los Hawks de Mutombo y Mookie Blaylock, así como una década atrás.

– Que la peor plantilla de la liga (Trail Blazers sin Oden) acumule 11 triunfos del tirón y ocupe puestos playoff en el Oeste entra en el capítulo de milagros navideños, “Que bello es vivir”.

– No tan bella es la historia de Miami: Un equipo de Shaquile O’neal que navega último de conferencia tras 28 encuentros. El 34 no ha cuajado ninguna noche por encima de 20 puntos (en 29 minutos de media) y ha lanzado 80 tiros menos que Ricky Davis con los mismos partidos jugados. ¿Cuestión de edad o de prioridades ofensivas?

– A Scott Skiles le hicieron la cama en Chicago y Papá Noel llegó con la carta de despido en el saco. Viendo la desidia de algunos Cavaliers (Larry Hughes, Pavlovic…), Mike Brown puede seguir el mismo camino en Cleveland. ¿Creen que Isiah Thomas y Pat Riley seguirían en los Knicks y en los Heat, respectivamente, si su nombre y su pasado (y bien pasado ya) no fuese el que es?

– Los Lakers se han llevado el Gordo: Andrew Bynum (2,13m., 19 años) ha encestado 27 de los últimos 32 tiros que ha lanzado, promediando 22 puntos y 11 rebotes en los tres últimos encuentros. Los angelinos ya son cuartos del Oeste, a sólo una victoria de Dallas y Phoenix. Bynum es el salvoconducto para que Kobe vuelva a ver segunda ronda vestido de amarillo.

– ¿Es casualidad que las dos decepciones del Oeste, Houston y Utah, ambos fuera de playoff, sean los equipos que más partidos han disputado lejos su pabellón (17 de 28 y 18 de 29, respectivamente)?

– “Los Pistons están viejos, muy vistos y sus partidos son un tostón”, sí, pero van segundos de la liga (20-7).

– Corey Brewer, puntal de los Florida Gators del doblete NCAA, 7ª elección del selecto draft’07, es el 5º rookie en minutos (24,3 de media). El alero tiene una gran oportunidad para progresar en una franquicia en reconstrucción como Minnesota, pero está negado: 31% en tiros de campo (5 tantos por actuación).

– ¿Qué bases de la NBA son netamente mejores que Calderón en aportación al equipo: defensa, visión de juego, anotación, liderazgo, pérdidas de balón? Steve Nash, Deron Williams, Chris Paul, Chauncey Billups, Tony Parker, Jason Kidd y Baron Davis. Siete. Brandon Roy, Gilbert Arenas y Jason Terry no son verdaderos bases, mientras que Marbury, Bibby, Cassell e incluso Hinrich no son ni la sombra de lo que fueron. Es decir, Calderón sería titular, sin necesidad de equilibrismos de plantilla, en unos 15/20 de los 30 equipos de la competición…Este verano, a poner el cazo.

– “Es un hombre nuevo desde que sale con ella, vuela sobre la cancha. Incluso hace mates, lo nunca visto”. Mark Madsen, sobre la transformación de su compañero Marco Jaric desde que es pareja de la modelo brasileña Adriana Lima. El serbio siempre ha sido un base más bien gris, pero su declive le había llevado a marginal en los tristes Timberwolves. Ahora promedia 10 puntos por noche, su mejores números desde que saliese de Clippers. Minnesota es una banda, sí, pero en la vida hay cosas más importantes que el deporte: con 7 millones de $ de sueldo anual en los próximos 4 años y una mujer así esperando en casa, las victorias bien pueden esperar.

NBA – God save the Knicks

Que manera de sufrir: el padre de Marbury (hijo pródigo, rebelde sin causa), muerto de un infarto mientras asistía a un partido en el Garden (2/12/07). Que manera de vencer: dos de los cinco triunfos en lo que va de temporada llegaron tras remontar desventajas de 10 y 12 puntos en el último cuarto. Que manera de palmar: 11 derrotas en 16 encuentros, que incluyen una racha de 8 seguidas y el apoteósico 104-59 en Boston. Hay algo de flagelación y victimismo en cada aficionado knickerbocker, los atléticos de la NBA. Es un cruz cada mañana ojear los resultados y ver una nueva derrota, de paliza o in-extremis, con drama, con ruido, pero nunca vulgar. Entonces se recurre a la memoria como terapia. Así los colchoneros veneran el busto de Milinko Pantic, héroe del doblete, o narran aquella Intercontinetal que llegó de rebote, los de Nueva York idealizan las hazañas de Reed y Frazier, allá por el Cretácico, para autoconvencerse de que el éxito no es una quimera en la Gran Manzana. “…Y como, a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Ese masoquismo, convertido en estigma y comercializado en merchandising, es el que subvenciona el esperpento. El peor equipo que el dinero puede pagar. Desde que Paul Allen cerró el grifo de los excesos, con el consiguiente apagón de la galaxia Trail Blazer (algo así como un lustró atrás), ninguna franquicia ha cuestionado a los Knicks el dudoso honor de plantilla más cara de la Liga. Nueva York ha pasado de llegar casi (Pat Riley’94 y Van Gundy’99) a verlo alejarse (95, 96, 97, 98, 01, 04), de quedarse fuera (2003), a perderlo de vista (29 victorias de media por curso en las 3 últimas campañas). Acudiendo al presente, los Knicks son el equipo tácticamente menos trabajado de la competición.
La defensa es blasfema, irrisoria: recibe 102,3 puntos por partido (el 5ª que más de la Liga) y ostenta la 2ª peor relación puntos anotados-encajados (-8,56). ¿Por qué? Porque sólo defienden dos: Lee y Balckman. El ataque es “el coño de la Bernarda”, un motín perpetuo, una aglomeración de talento individual sin orden ni concierto, donde 6 jugadores (Randolph, Marbury, Crawford, Richardson, Curry y Robinson) se tiran lo que llega sin remordimientos de conciencia colectiva: 24º en puntos anotados (93,7 p/p) y 26º en % de tiros (43,1%), pero, sobre todo, penúltimos en asistencias (17 a/p). Bajo la sonrisa show bussiness y el aire gentleman se esconde Isiah Thomas, arquitecto de “Esta casa es una ruina”, un impostor de los banquillos cuya reputación se forjó al calor de un micrófono y no como aprendiz de oficio (la penitencia del técnico asistente es a fuego lento). ¿Y el futuro? A corto plazo, negro. No cabe esperar nada para la presente temporada, ni lucharán playoffs. A largo plazo, negro también. La franquicia está hipotecada hasta los calzoncillos por contratos a jugadores muy por encima de su valor de mercado, es la herencia del paso de Isiah Thomas por los despachos. Marbury cobrará 42 millones por los dos años que le restan de contrato, Randolph 62 por cuatro años, Quentin Richardson 26 por tres, Malik Rose 15 por dos, Jerome James 13 por tres y a Jared Jeffries 25 por cuatro. Sólo Curry, Crawford y Lee, los mejores del equipo, cobran en relación lógica a su rendimiento, por lo que serán moneda de cambio exigida en cualquier negociación. Las opciones son pocas. En el mejor de los casos, una reconstrucción exigiría un par de años (más) de penitencia. Sí, como cuando el Atleti bajó a Segunda. Quizá eso sea lo mejor, tocar fondo, es entonces cuando suceden las mejores cosas en una franquicia como esta. “Papa, ¿por qué somos del Atlético?”. Ramón Trecet: “El primer partido de NBA que vi en directo fue en el Madison en el 76. Tardé cinco minutos en hacerme de los Knicks».

NBA – Gustos y Disgustos

Me gusta/n:

que a Navarro le vaya bien, su apuesta lo merece.
la clase de LaMarcus Aldridge (Portland), que me recuerda a Rasheed Wallace.
el alma de killer de Daniel Gibson (Cleveland), lo tiene en la mirada.
los pivots de los dos equipos de Los Angeles: Kaman y Bynum.
que Rajon Rondo sea un base suficiente en Boston.
Calderón anotando, asistiendo y mandando, ascendiendo a la burguesía de la Liga.
Caron Butler haciendo olvidar la espantada-Arenas, tirando del carro de los Wizards sin darse importancia.
las segundas oportunidades para aquellos chicos malos de Indiana, Stephen Jackson y Ron Artest, que han enderezado a Golden St. y a Sacramento tras sendos arranques nefastos sin su presencia.
Popovich, sí, Popovich, un ejemplo de integración del baloncesto internacional y de adaptación a las nuevas tendencias del juego, en contraste con otros compañeros de profesión, de ideas cerradas y cortos de miras.
los triples de Kapono en contraataque o transición, un regalo para los sentidos.
Ginobili y Jason Terry demostrando madurez, sacrificándose por el colectivo, brillando desde el banquillo sin patalear (Marbury, ¿te suena?).
cada lección de baloncesto que puedan todavía impartir Nash y Kidd.
que Indiana vea al fin marcadores de tres cifras, un equipo que juege de cara y sin complejos. La ciudad se lo merece.
Milwaukee sano, territorio desconocido.

Me disgusta/n:

ver a Sergio Rodríguez perdiendo años preciosos.
que Garbajosa se sienta mal por haber jugado el Eurobasket.
la sonrisa falsa de Isiah Thomas, un entrenador deleznable.
el regateo mutuo Varejao-Cleveland, pierden ambos.
Gasol vagabundeando desmotivado.
que alguien con tantas posibilidades como Bargnani se limite a lanzar de tres porque alguien le dijo un día que sería el próximo Nowitzki.
que Krstic y Hinrich se hayan borrado para la causa sin justificación aparente.
la falta de carácter de Yao. Tras seis temporadas en la NBA, todavía le “quitan la merienda”.
los ademanes de soberbia, ostentación y prepotencia de Lebron James.
la sensación de descontrol bajo la dirección de TJ Ford (no es nacionalismo).
los motes en lengua inglesa importados por narradores con poca inventiva.
que las mandarinas desde el centro del campo copen las selecciones de mejores jugadas, son suerte y están muy vistas.
Chicago de arriba a abajo. Están a tiempo de enderezar el proyecto, sería una pena tanto remar (reconstruir) para morir en la orilla.
la falta de seriedad, compromiso y profesionalidad de Gilbert Arenas con una franquicia que le ha dado todo.
las falsas ilusiones: Steve Francis no es nada, tampoco en Houston, ni con Adelman.
la aventura de geriátrico de Penny Hardaway en Miami: innecesaria e intrascendente.