Sábado 9. Tras el desayuno de pintxos en DATO 5 enfilamos al Buesa Arena…tocaba semifinales. Confiados en la victoria del Madrid nos dejamos llevar por la euforia. De camino al pabellón ondeamos provocativamente las bufandas blancas por las ventanillas del coche y subimos el volumen de la música, una remezcla de “Y tú te vas” que se convirtió en nuestro hit durante la Copa. La hora previa al comienzo de la jornada la pasamos en el único bar cercano. Mientras Alfonso iniciaba su maratón brugalCola, departimos con aficionados del TAU. Nos desearon “suerte” en el partido, una feliz estancia en la ciudad y brindamos por Megan, la mujer del alero del Bilbao, Luke “Calcetas” Recker (en la fotografía). Buen rollo. Dentro del pabellón, uno de los patrocinadores tenía un stand con figuras de cartón a tamaño natural de la estrella de cada uno de los ocho equipos participantes. Nos tiramos una foto con Felipe Reyes, el jugador más odiado de la ACB (especialmente en Vitoria, por sus duelos con Scola). En el reñido primer encuentro de la tarde, TAU-Bilbao, los dos pequeños bases bilbaínos, Marcelino Huertas y Javi Salgado, mantuvieron vivas hasta el último minuto las opciones de triunfo guipuzcoano, a pesar de la evidente inferioridad de plantilla. Mickael, Rakocevic y Teletovic fueron demasiado, y la lógica se impuso, dejando en Vitoria el título honorífico de la Copa del Lehendakari. El Madrid comenzó pletórico su semifinal ante el DKV, con un asombroso acierto exterior. 
El graderío blanco vivió momentos de éxtasis, pero el Joventut no se descolgaba demasiado, 48-46 al descanso. El 3º cuarto fue crítico, los de Plaza entraron en barrena. El Madrid se agarró al partido como un grande (cambios defensivos, Llull sobre Rudy) para llegar a ponerse uno arriba a falta de minuto y medio, pero jugó el final como un pequeño, encomendado al arco de tres en manos de Mumbrú y Smith. El ex-madridista Hernández-Sonseca, con fama de indolente en la cancha y borracho fuera de ella, resultó decisivo. Igual que nuestro viejo conocido Joan Carles Mitjana (el árbitro). Pero hubiese dado igual si los triples hubiesen entrado. Jugársela con Bullock en cancha parecía razonable. Nunca antes había viajado para asistir a una competición como ésta, en la que gana uno y pierden siete, así que no sabía lo que se siente cuando eliminan a tu equipo… ahora lo sé, se te queda cara de tonto. Alfonso permaneció sentado en silencio con la mirada perdida durante casi 10 minutos. En la salida de la grada, aficionados del TAU compraban a los madridistas entradas para la final del domingo, ya que la mayoría regresaban esa misma noche a la capital… Oímos ofertas de hasta 100 euros, pero preferimos pensarlo mejor y no tomar decisiones en caliente, además, quizá el día de la final se ofreciese más dinero. Confiábamos en la desesperación de la burguesía vitoriana… Tras cenar, salimos de marcha, al fin y al cabo era sábado. La estampa de cuatro madridistas copa en mano, en silencio, caras hasta el suelo y sin bailar en medio de la discoteca era penosa.
Nuestra suerte cambió.
Enfilamos a “la Zapa”, donde entramos a boleo en un bar entre tantos, “Tótem”. Alfonso, cabeza de puente, abrió brecha con cuatro simpáticas vitorianas, de las de bufanda del TAU al cuello. Nos contaron que al terminar los partidos del sábado en el Buesa Arena, aficionados del Baskonia robaron la figura de cartón de Felipe Reyes. Al pobre “Felipón” le infringieron el garrote vil y le quemaron en aquelarre. Con guía y compañía fue la noche más divertida del viaje. Si hasta nos enfundamos las bufandas del TAU… Hernán las deleitó con sus chistes de “se levanta el telón” y Fonsi sacó el poeta que lleva dentro. Ensayo de Alfonso Matellano sobre el amor en Vitoria, versículo primero: “aquí los tíos van a saco, y las tías sois muy jodías”. Cuando casi al amanecer regresamos al convento, alguien comentó en el ascensor: “Nos hemos divertido tanto que ya se nos ha pasado el disgusto de la derrota”… El resto asentimos con la cabeza, excepto Alfonso, que en el silencio de la noche y sin mediar provocación comenzó a cantar a voz en grito: “Sonseca hijo de puta muérete…”. La boca se le llenaba de odio y una vena se le hinchó en la parte derecha del cuello. Sus heridas no habían cicatrizado aún.
Diario de la Copa, 3. El safari de Tontón
Viernes 8. Rutina: diana a las 13:00, centro de Vitoria a comer de pintxos en DATO 5 (mención especial al de perca rebozada, jamón, setas y bechamel), partida de mus y comienzo de la jornada de copas para Alfonso y Hernán. En el bar entablamos charla con aficionados del Joventut, que nos cuentan una anécdota sobre Jerome Moiso, ex-pívot del Real Madrid y actual jugador del DKV. Hace alrededor de un año, Moiso viajó a Badalona para disputar uno de sus primeros encuentros con el club blanco. Apenas llevaba unos días en España y, por supuesto, de castellano ni palabra. La mañana del partido el pívot no apareció por el desayuno del hotel de concentración y el delegado del Madrid pasó la mañana buscándole en las discotecas afterhours, preguntando a los “seguratas”. Al final apareció, no jugó ni un minuto en aquel encuentro y meses después le dieron boleto.
El primer cuarto de final del viernes, Joventut-Pamesa, fue un tostón. El paso de los valencianos por la Copa fue vergonzante, sin alma ni dignidad, permitieron al DKV gustarse de cara a la galería. Y por fin el Madrid, por fin el sector del pabellón de la afición blanca lucía lleno. En ese pelotón estábamos los cuatro, dejándonos la voz y las uñas. Las personales de Gasol, la profundidad de banquillo y la clase de Bullock fueron las claves de un encuentro que se jugó mal pero se ganó. “Malhechor” Miralles, máximo directivo del baloncesto del Madrid, oportunista a la par que populista, apareció por la grada para agradecer el apoyo y celebrar la victoria con los Berserkers. Nadie le vio el sábado tras la eliminación… Para cenar entramos, de nuevo por casualidad, en un restaurante al parecer con solera: La Taberna de los Mundos. La especialidad son los bocadillos “de diseño”… http://www.delosmundos.com/ Un manjar. Después, descubrimos “la Zapa”, la otra calle de marcha de Vitoria, de ambiente menos político que la Cuchillería. Pero la noche no dio demasiado de sí. Alfonso se agarró un señor trozo y nos “retuvo” hasta tarde bailando con las columnas. Al resto nos pesaron las copas de la noche de apertura. En una de las paradas de nuestro peregrinaje fuimos a dar a la discoteca que había alquilado la ACB. En la barra, todo un mito del TAU y del Madrid, Joe Arlaukas (ahora metido a promotor inmobiliario), le tiraba los tejos a una joven a la que casi doblaba en edad. Siempre fue un pichichi… El sector joven del equipo de TVE andaba por la pista. La entrevistadora Fe López no defrauda en persona y el narrador Arseni Cañada, con pinta de soso y empollón, parecía coquetear… con un chico. ¿Se le moja la canoa?
David condujo el coche de vuelta al convento. Alfonso, de copiloto, borracho y dormido. Detrás, Hernán dormido y servidor despierto como un búho, preocupado por la espesísima niebla (por cierto, perpetua en el trayecto Vitoria-Miranda). El conductor se encomendó al GPS (de nombre Tontón), pero la tecnología falló. Se equivocó de desvío y David detuvo el coche a 50 metros de lo que se intuía el control de entrada al peaje AP-1. Alfonso se despertó y acertó a apartar unos conos para poder hacer la “pirula”, pasar al otro lado de la carretera y cambiar de sentido. Nos volvimos a encomendar a Tontón… 20 minutos después estábamos aún más perdidos. El GPS nos condujo por un pueblo fantasma (Armiñón), a la salida del que nos indicó un camino de tierra y una posterior “ruta de cabras” que continuamos hasta que los cardos medían más que el coche e impedían el paso. La niebla seguía igual de espesa, no se veía a más de 5 metros. Paramos el coche, preocupados. “¡Hernán, despierta!”. A Alfonso se le arrugaron los huevos hasta quedar como pasas deshidratadas… “¡Echa el cierre al coche, a ver si nos van a asaltar!”. Tontón marcaba continuar en esa dirección… Y nos dio por reír… Se había vuelto loco. Acordamos pasar de él, dar la vuelta y volver sobre nuestros pasos. Al poco encontramos el rumbo correcto. Invertimos una hora y media en los 25 kms. del trayecto Vitoria-Miranda.
Diario de la Copa, 2. Madrileños en Cuchillería
Jueves 7. El que dice las 9:00 dice las 9:30, así que, “puntuales”. Alfonso “Johnny Zapatilla” puso el coche y fue el conductor. En dos horas y media estábamos en Miranda de Ebro. ¿Cómo? A una media de 160 kms/h, con picos de 195… si le pilla un control, hubiésemos aparecido al día siguiente en el noticiario. 
El convento donde nos alojamos resultó ser un auténtico convento, como nos habían anunciado, con claustro pero sin monjas. Las zonas comunes eran hermosas, pero es un dos estrellas caro, con el peor colchón que recuerdan mis cervicales. Una ducha después y con el ánimo por las nubes, pusimos rumbo a Vitoria. Al terminar Burgos y empezar Euskadi la N-1 pasa de uno a dos carriles… Por casualidad caímos en un bar del centro con surtida y sabrosa variedad de pintxos, el DATO 5, al que fuimos fieles todo el fin de semana. Para hacer tiempo antes de ir al pabellón, jugamos una partida de mus, que Alfonso y Hernán regaron con un par de cubalibres por cabeza, otro standard del viaje. Vitoria respiraba Copa del Rey: posters, bufandas y carteles de apoyo al TAU colgaban de tiendas, bares y balcones. Por la calle se veían aficionados variopintos con las bufandas de los equipos… excepto del Madrid. Éramos los únicos. La peña mayoritaria Berserkers sólo asistió a los encuentros del Real Madrid, lo que habla de su interés y cultura baloncestística, y de sus ganas de integrarse con el resto de aficiones.
El Buesa Arena está a las afueras de la ciudad, junto al humedal de Salburua, famoso por ser el primer foco de gripe aviar en España (importada por un somormujo). Es un pabellón de fácil acceso y amplio aparcamiento, al estilo NBA, pero con la contra de la carestía de bares alrededor que fomenten el ambiente en la previa y el postpartido. La charanga de Unicaja no necesita bares, montaron un pequeño concierto en el aparcamiento. Una pena que los malagueños cayesen en el primer encuentro de los cuartos de final, tras un intenso e igualado partido con el TAU. Por momentos se mascaba la tragedia: el Buesa Arena, y por extensión toda la ciudad, respiraba miedo con las exiguas ventajas de Unicaja en el último cuarto. Un decisivo triple de Mouneke en el último minuto a pase de Splitter (tras 10 segundos en la zona) silenció la charanga malagueña, que ya no volvió a sonar en Vitoria. En la otra semifinal del jueves, el modesto Bilbao se comió a un Barcelona ridículo, donde sólo Lakovic mostró dignidad. Para el recuerdo queda el “momento araña”, cuando la mascota del Iurbentia (una araña, claro) saltó a la cancha en medio del vendaval bilbaíno a bailar el “Rock n’ Roll Radio” de Los Ramones.
Preguntamos a un transeúnte cualquiera la zona para salir por la noche, nos recomendó la Cuchillería, “tras la plaza, subiendo unas escaleras”.
Es una calle peatonal llena de bares y pequeñas discotecas, todas atestadas de gente.
El primer vistazo nos impresionó un poco: se respiraba una fuerte carga política en el ambiente, contra el “Estado español opresor”, por el nacionalismo vasco y la amnistía a los presos de ETA. Desentonábamos de la vestimenta tipo, que consistía en: barba de tres días, pendiente, media melena corta por los laterales y sudadera en tonos combativos. Por los carteles en la calle, las camisetas de la gente y las pinturas del baño se deducía que los madrileños no son bien recibidos. Mientras los aficionados de otros equipos, hermanos bienvenidos, lucían con orgullo sus bufandas, nosotros nos sentíamos “proscritos”. Pero no nos dejamos llevar por esa primera impresión y rascamos para ver debajo de las apariencias. Al rato estábamos bailando, conversando y ligando con seguidores/as de Joventut, Iurbentia, Girona y, por supuesto, TAU, con el baloncesto como tema rompehielo. Resulta que nos trataron con la naturalidad y el respeto con que lo harían en cualquier otro rincón del país. Hasta Alfonso se hizo medio colega de un camarero que lucía una camiseta en apoyo a los presos y que le invitó a un “brugalCola”. Mientras buscábamos el coche para regresar al hotel, con el frío de madrugada propio de “Siberia-Gasteiz” y el hambre que da la menopea, David mangó unos bollos recién hechos de la furgoneta repartidora de una pastelería (Artepan)… Nos supieron a gloria. En el camino de vuelta al Convento nos preguntamos porqué los políticos se empeñan en crear enemistades artificiales entre ciudadanos. Nosotros pasamos de tópicos y nos mezclamos, pero fuimos la excepción, dudo que ningún otro de los 400 aficionados madridistas pusiera un pie en Cuchillería.
Diario de la Copa, 1. La previa
Miércoles 6. El plan para mañana: Madrid-Vitoria en coche. Salida, “a las 9:00”. Llegada, “para antes de comer”. Una vez allí: paseo por la ciudad, entrada al pabellón, sesión doble de baloncesto (TAU-Unicaja y Barça-Bilbao), cena y salida nocturna. El alojamiento es un convento de monjas en Miranda de Ebro (a 20 kms. de Vitoria), único lugar donde quedaban habitaciones. Una peculiar fonda para cuatro jóvenes con intención de desparrame. Uno de ellos, Hernán, es un tipo divertido, con más ganas de fiesta que afición al baloncesto. Alfonso es un merengue de vieja escuela, un alcohólico social, cabeza de puente en asuntos de mujeres. Los hermanos Colmenarejo, catadores de baloncesto, creen en la victoria blanca a pesar de que un amigo común, el Anfi, les advirtió hace semanas: “no os hagáis ilusiones, el Madrid nunca gana la Copa”. La historia es clara: la última victoria se remonta 15 años atrás (A Coruña), el Cretácico para aficionados por debajo de la treintena.
El equipaje para el viaje es escaso: baraja de naipes, tres o cuatro mudas y algo de acohol. Además, el “kit Copa Real Madrid”: bufanda y camiseta cortesía del club al par de centenares de aficionados que viajan a Gasteiz. De todos modos, la idea no es mezclarse con los Berserkers (“barra brava” blanca en cuestiones de baloncesto) sino pasar por civiles. Tópico en mano, Vitoria es territorio hostil para cuatro madrileños madridistas, dentro y fuera. Fuera, por obvios y ridículos motivos políticos que no vienen al caso. Dentro, será como jugar a domicilio, pues todas las aficiones animarán siempre al rival blanco. ¿Por qué? Dos vascos (Bilbao y TAU), tres catalanes (Barça, Joventut y Girona) y los otros dos, Pamesa y Unicaja, son neutrales… pero apoyarán al rival más débil. En ningún caso el Madrid.
Apuntes de enero
NBA
– Loncar afirma que Lebron hace mejores a sus compañeros… James ha lanzado 62 tiros en los dos últimos encuentros, sin prórroga, el 25 y el 27 de enero… en los que Drew Gooden no ha anotado ni una sola canasta en 52 minutos.
– En la conferencia Este, con un record de 18-25 se ocupa puesto de Playoff (Nueva Jersey). Si se cambia el orden de los números… Utah Jazz está fuera de los ocho primeros del Oeste con un balance de 25-18.
– Entre Milicic, Cardinal y Swift suman 15,3 puntos por partido y 21 millones de sueldo anual (de los 55 que suma toda la plantilla grizzlie). Los tres tienen contrato garantizado la temporada que viene…
– Los Lakers le quieren de parche para la baja de Bynum, pero a él le gustan los Warriors, que le dan calabazas porque con Al Harrington tienen suficiente. Webber se aburre en casa: le sobran talento y dinero, pero le falta dignidad.
ACB
– Rudy Fernández está barriendo en la clasificación de anotadores de la ACB. Distancia en 4,3 puntos de media al segundo. Pero, ¿hace mejor al Joventut? Con Rudy en más de 23 tantos por actuación en los ocho últimos encuentros… el DKV ha perdido cinco.
– ¿Roger Grimau selección? Empezó la temporada lesionado, nadie se acordaba de él. Ahora es el más digno de un Barça mediocre. 16 puntos por partido en 22,4 mins. de juego en las últimas cinco jornadas… y es uno de los que menos cobra de la plantilla.
– Al Girona se le ven las costuras. El mercado inmobiliario va mal y el proyecto Akasvayu gira entorno a Marc Gasol, un jugador cedido que la próxima campaña militará en EEUU.

– Telemadrid apuesta por el baloncesto: Siro López y Chechu Biriukov narran su partidos de Euroliga como auténticos Berserkers… Y Felipe Galán los de ACB del domingo como todo un demente… un problema cuando Estudiantes se enfrenta a otro equipo madrileño.NBA – Mi ego y yo
Hace tres años y medio, Washington Wizards firmó a Gilbert Arenas una millonada con el único bagaje de una campaña de 19 puntos en los tristes Warriors. Tres temporadas de tirarse las zapatillas, caer en primera ronda y enchufar algunos tiros bajo presión después, Arenas ha olvidado que es de sabios ser agradecidos. 
Ahora escribe un blog en internet, es la imagen del videojuego oficial de la Liga y está arropado por un séquito de pelotas chupasangre que le engordan el ego, ya de por si grande. Washington le parece poca cosa. Aunque igualase la mejor oferta, elegiría marcharse, porque Wizards “es una organización menor”. Arenas lleva alrededor de nueve meses de baja, alargando su recuperación (hace más de dos meses que tiene el alta) para no tener que regresar y exponerse a lesiones que mermarían este verano su valor en el mercado. Declaró públicamente que su intención era no retornar en toda la campaña, no volver a jugar para Washington. Lo único importante ahora es la magnitud del pelotazo. En contra de su pronóstico, resulta que, sin su concurso, Caron Butler y Antawn Jamison, acompañados por Pepe Gotera y Otilio, ruedan cuartos de conferencia. Capítulo aparte, habría que plantearse qué parte del éxito de un equipo tiene Arenas, cuando los mejores resultados llegan con él en la enfermería. Que tomen nota los general managers de las franquicias que hacen cola para pagarle el tope salarial… De vuelta a la Washington, Arenas asegura ahora que si finalmente los Wizards se clasifican para Playoffs en un buen puesto, lo mismo hasta le entrarían ganas de echarse unos partidillos, lanzarse las zapatillas y lucir palmito. Lo cual, no significa que reconsidere el renovar con los Wizards, sino que les “regalaría” un “polvillo de despedida”. 
A fuerza de escribir sobre sus novias para el verano, reírle las gracias de su blog y recordar lo guapo que sale en el anuncio del NBA Live’08 se ha perdido la perspectiva crítica del asunto. Arenas cobra 12 millones de $ de Washington esta temporada (sí, el dinero con el que paga el “séquito”) y no le da la gana vestir la camiseta. Es una vergüenza, un insulto a la Liga, un alarde de hipocresía y falta de profesionalidad. Igual que si una franquicia deja de pagar el sueldo a un jugador el sindicato se echaría encima del equipo, debieran existir normas que obligasen a un jugador bajo contrato a ponerse a disposición del cuerpo técnico en caso de tener el alta médica. En caso contrario, afrontaría sanciones y la congelación del sueldo. ¿Imaginan una actitud así en un futbolista, un jugador de rugby o un ciclista? No, es la propia de un nuevo rico engreído y mal asesorado. Es decir, territorio NBA. Vince Carter (en 2004) y Allen Iverson (en 2006) sentaron precedente… Ojalá Arenas se anime a regresar para los Playoffs… que los Wizards llegasen lejos y le dejasen calentando banquillo. Podrían argumentar “decisión técnica”, porque, al fin y al cabo, “el equipo es mejor sin él”.
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