Nada que perder

– Pase lo que pase en la eliminatoria Barca-Madrid de Euroliga, el saldo será positivo para los blancos, pues acudían sin nada que perder (eso se lo dejaron ante el Maccabi en el último partido del Top-16). A falta de conocer el desenlace, el Madrid ha recuperado el orgullo propio y el respeto ajeno. Se ha ganado el derecho a tratarle de tú a uno de los mejores Barças de la historia.
– Ante Tomic es, por méritos propios, el jugador de moda en el baloncesto español. Casi todo está escrito, así que me limito a recordar cifras económicas para la esperanza. El Madrid pagó por su traspaso un millón de euros. Se le firmaron 4 años de contrato a razón de medio millón anual, con una cláusula de salida a la NBA de 5 millones de euros. Resumiendo, gran trabajo de Maceiras, Tomic está bien atado.
– Desprecio el oportunismo de los críticos de Xavi Pascual. Uno que escribe nunca había visto en muchos años de baloncesto una defensa colectiva como la del Barcelona esta temporada. Y esa no es mérito de Chichi Creus…
Puede que el Barca no tenga un repertorio ofensivo acorde a semejante retaguardia pero, ¿cómo criticar a un entrenador que sólo ha perdido 3 partidos en 6 meses? Además, recordemos, todos ellos a domicilio y en circustancias excepcionales: polémica (Belgrado), prórroga (Canarias) y triple sobre la bocina (Valencia).
– 23.000 yihadistas FIBA recibirán al Maccabi en Belgrado. Partizan ha logrado autorización de la Euroliga (faltaría más) para jugar los cuartos de final en el mounstruoso Belgrado Arena. No me gustaría arbitrar esos partidos…

El Madrid que viene

Los habrá que verán el vaso medio vacío. Dirán que el Madrid prepara la temporada que viene porque da la presente por perdida. No les faltará razón. También los habrá que piensen que los grandes fichajes se gestan mucho antes de terminar la temporada, que en verano sólo quedan las sobras. Tampoco a esos les faltará razón.
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Estamos en marzo y surgen ya como setas rumores de fichajes del Madrid para el próximo curso. Operaciones inverosímiles, fruto de la mejor tradición del periodismo especulativo español, se mezclan con alternativas razonables. El club parece tener dinero y voluntad. El acierto es otra cosa. Dejamos algunas pistas:
EL COCINERO RECOMIENDA

Carlos Suárez. ¿Que el Estudiantes vendería el alma al diablo antes que a Suárez al Madrid? Pues sí. ¿Que el chaval ha dado muestras suficientes de su antimadridismo colegial? También. Pero igual de cierto es que el Estudiantes está al borde de la quiebra técnica y que Florentino tiene el cheque en blanco para salir a flote. No sería la primera vez… Llegados a este punto, el sentimentalismo no paga facturas. O la mitad del Telefónica Arena que asiste de gorra a los partidos empieza a pasar por taquilla, o Suárez vestirá de blanco.
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David Andersen. Bueno y conocido. Porque Messina siente por él un amor platónico, en cierto modo correspondido. Porque el jugador se la está pegando con todo el equipo en la NBA (Houston). Porque los Rockets no pondrían pegas a su salida.
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Sergio Rodríguez. Ha perdido el último tren de la NBA. D’Antoni era un «contigo o con nadie». Y va a ser que con nadie. Herreros ya ha estado en Nueva York para hablarle del proyecto. Para el Madrid sería un fichaje barato, pues no habría cláusula de rescisión y el jugador no está en una posición negociadora como para exigir un contrato alto (cobra una miseria en EE.UU. y no hay muchos equipos haciendo cola por sus servicios). Por otra parte, los tres años que pasó en Estudiantes no dieron para forjar un antimadridismo irremediable. En el Madrid le ofrecen el cariño y comprensión que la NBA le ha negado. Además de un pico de dinero más y las puertas de regreso a la selección. Su juego, clarividente en transición y ataque estático, sería un buen complemento a Llull, mejor tirador y defensor.
POCO VEROSÍMILES
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Rudy Fernández. Si aspiras a estrella de la NBA, no hay peor apellido que el de especialista. A Rudy ya le cuelga… y le colgará por los restos. Y es que temporada y media es tiempo más que suficiente para que los General Manager de la Liga graben a fuego un sambenito en sus cuadriculadas y estereotipadas cabezas. Y a un GM, igual que a McMillan, no le pidas comprensión ni cariño. Rudy es consciente de todas estas variables, y está fastidiado, batiéndose entre la resignación y la pataleta, porque no hay cosa que más le guste en este mundo que el protagonismo. Eso es exactamente lo que le ofrece el Madrid: ser portada del Marca, el Cristiano del baloncesto. Además de triplicar su mísero sueldo NBA, claro. ¿Sería capaz de comerse su antimadridismo visceral a cambio de protagonismo y un puñado de dólares?
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Andrés Nocioni. Perdido para la causa desde que salió de Chicago. Su valor de mercado ha caído en picado. Es reserva en Sacramento, que ya es decir. Le restan dos años de contrato, pero los Kings darían palmas con las orejas por quitárselo de encima. Al Chapu le gusta el dinero y le gusta España. De que le guste el Madrid tenemos algunas dudas más.
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INVEROSÍMILES
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Tiago Splitter. Porque su destino natural y razonable es la NBA. Porque el jugador no quiere (como buen baskonista, tiene interiorizado el odio al Madrid). Porque su entorno tampoco quiere (su novia es vitoriana… ¿Se imaginan la tensión con los suegros en la cena de Navidad?). Y porque Querejeta le sacaría hasta los ojos a Florentino por el traspaso. El único punto a favor es la presencia de Vidal y Prigioni en la capital.
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Manu Ginobili. No merece la pena extenderse demasiado en este rumor. Cierto que Manu es agente libre este verano y que los Spurs se están haciendo los locos con la renovación. Pero no importa. Media NBA estaría encantada de firmarle no menos de 7 millones de dólares anuales. El Madrid no puede (ni debe) entrar en esas cifras.
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Pedja Stojakovic. Porque la temporada 2010/2011 va a cobrar 15,3 millones de dólares de los Hornets. ¿Quién renunciaría a eso?
MEJOR QUE NO
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Darko Milicic. Porque está zumbado. Porque sería caro y no mejoraría lo presente (Tomic-Lavrinovic).
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Bostjan Nachbar. Porque se vuelve a la NBA. Porque Messina no traga a los mingafría.

¿Por qué seguimos la NCAA?

Leo opiniones enfrentadas sobre el interés del ‘March Madness’. Para los menos ilustrados, apuntar que en el mes de marzo (loco) se disputa la fase final de la liga universitaria estadounidense (NCAA), cuyas eliminatorias se juegan a partido único.

Ramón Trecet se ha volcado en su blog y su twitter. Lo mismo que Jacobo Rivero (sputnik) y M. A. Paniagua. Por contra, Jesús Sánchez (Marca) apunta con sorna en twitter: «Queda muy in decir desde aquí que te gusta el march madness. Pero a mí me aburre soberanamente».

Todas las opiniones son respetables. Sin entrar a valorar, apunto algunos pro’s y contra’s.
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PROS

No se compite por dinero, al menos directamente. Cierto que algunos jugadores son conscientes de que les espera un futuro en la NBA, es decir, la vida resuelta. Pero son los menos. La mayoría compite únicamente por los colores. Nunca se darían los esperpénticos y frecuentes casos de jugadores NBA lanzándose las zapatillas en el último año de contrato. O de equipos dejándose perder en busca de más bolas en el sorteo del Draft. En ese sentido, la NCAA es mucho más noble.

El ambiente en los pabellones. El público se implica: acude uniformado, anima, canta y aplaude. Hay ruido, pasión. No hay mejor salsa para un partido de baloncesto que un pabellón con ambiente. En la NBA, en cambio, abunda el famoseo casposo, el concepto dejarse ver. «No me gusta el baloncesto, pero mi agente me ha recomendado sentarme en primera fila en el partido de los Lakers para ver si pesco algún papel». Llegan 5 minutos tarde y pasan en el bar el comienzo de la segunda parte. Tienen las manos demasiado ocupadas en comer y beber como para aplaudir. El resultado son babellones vacíos (NJ o Memphis) o silenciosos (Staples Center), con honrosas excepciones (Utah o Miami).

CONTRA

Escaso nivel de juego. Hubo un tiempo, antes de Barcelona’92, en el que combinados de universitarios se valían para ganar torneos internacionales. Hoy, un combinado con los mejores universitarios del país difícilmente lucharía por medallas en el próximo mundial de Turquía. Ninguno de los mejores jugadores de la actual NBA ha pisado una Final Four de la NCAA (Kobe, Lebron, Howard o Durant). Mientras que, un par de décadas atrás, toda estrella de la NBA presentaba un destacado currículum universitario: Jordan, Bird, Magic, Jabbar o Worthy. Sirva como botón de muestra la intrascendencia como profesionales de los 5 últimos MVP de la Final Four universitaria… Sean May, Joakim Noah, Corey Brewer, Mario Chalmers y Wayne Ellington.
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Pregunta al aire

Uno que escribe siente cariño por la competición universitaria, por su nobleza y autenticidad. Pero no puede evitar lanzar esta pregunta al aire: ¿Por qué seguimos en España la NCAA y pasamos de partidos como Olympiakos-Panathinaikos o CSKA-Khimki en las respectivas ligas nacionales, encuentros con más nivel, tanto ambiente y disputados en usos horarios cercanos? ¿Por ia influencia de la cultura americana? ¿Por la morrinha de tiempos pasados?

4 traspasos que condicionan la temporada

Miro la clasificación de la NBA y comprendo la importancia capital de la gestión en los despachos. De hecho, cuatro traspasos, realizados a mitad de campaña, han condicionado la temporada regular que toca a su fin.
Antawn Jamison llegó a Cleveland procedente de Washington a cambio de nada, pues Ilgauskas partió con billete de ida y vuelta. ¿Que los Cavaliers se han aprovechado de un agujero negro en la legislación de traspasos? Pues sí. Pero así es la NBA, igual de sospechosos fueron los términos del intercambio que llevó Gasol a Lakers en su día, traspaso que igualmente ha condicionado el devenir de la liga en el último par de años.
No es que Jamison se esté saliendo desde que llegó a Ohio. Tampoco hace falta. Con sus 16 puntos de media, la nave de los Cavaliers navega cómodamente hacia el primer puesto de la temporada regular, hacia el anillo y hacia la continuidad de Lebron.
Caron Butler, Brendan Haywood y DeShawn Stevenson a Dallas a cambio de Josh Howard, Drew Gooden y Tim Thomas (a Washington). Los Mavericks marchan 12-2 desde el traspaso y son segundos de conferencia. Los Lakers ya no parecen inalcanzables en el Oeste. Por cierto, otro acierto de Dallas fue la elección del francés Rodrique Beaubois en el nº 25 del draft. Un buen escolta anotador para apuntalar una rotación de quilates.
John Salmons a Milwaukee a cambio de Hakim Warrick. Los Bucks firman un 13-2 desde la llegada de Salmons (20 tantos por noche) y serán 5º del Este en liga regular, con aspiraciones de susto en primera ronda. La otra parte implicada en el traspaso, Chicago, suma 10 derrotas seguidas y verá los playoffs por la tele.
– Pasado un mes y medio de temporada, Stephen Jackson se fue a Charlotte a cambio de Raja Bell y Radmanovic (a Golden State). Jackson, a parte de los 20 puntos que promedia, ha resultado ser el perro de presa que necesitaba Larry Bown para clasificar a los Bobcats para playoffs por primera vez en su historia.

¿La futbolización del Madrid de basket?

Ricky Rubio, habitualmente exagerado por la cátedra, cuajó, sí señor, un magnífica Copa del Rey. Al juego de Ricky le beneficia el repunte de forma de Fran Vázquez, menos apreciado por la prensa, cuyas portentosas condiciones atléticas y entendimiento del 2×2 convierten en un socio propicio.

En el otro lado de la balanza está la Euroliga. Los promedios de Ricky en el Top-16 son tan terrenales como 5,8 puntos y 2,5 asistencias, con un 25% en tiros de campo. Quizá el Barca debiera contratar a Randy Knowles, entrenador de tiro del Madrid, que ha obrado un milagro con Sergio Llull (50% en triples en la ACB). Pero, ¿para qué invertir dinero en formar a un jugador que se marcha en poco más de un año? En todo caso, que paguen los Wolves a escote…

Elefante en la cacharrería

Y hablando de inversiones… Tras el repaso en la final de Copa, Florentino quiere invertir aún más dinero en basket para limar el próximo curso la distancia que media con los azulgrana. Recordemos que el presupuesto del Barcelona esta temporada aún es ligeramente superior, 28 a 26 millones de euros. Pero la diferencia no es sólo en presupuesto, sino en físico (más altos y atléticos), continuidad de proyecto (repiten 7 jugadores de la temporada pasada) y salud (ausencia de lesiones). Puedes influir en los dos primeros factores, no en el tercero.

El Madrid de baloncesto corre el riesgo de futbolizarse. De que Florentino decida los fichajes. Y como no tiene ni idea de baloncesto, entraría en el mercado como un elefante en una cacharrería. Fichando a los tres famosillos mediáticos de moda que ha visto en las contadas ocasiones en que hablan de baloncesto en el telediario: Rudy, Splitter… Operaciones de una dificultad extrema, sólo posibles mediante un desembolso propio del fútbol. Un modelo cuyos resultados en fútbol han arrojado tantas luces como sombras.

A nadie amarga un dulce, pero no hacen falta desembolsos galácticos en la sección de baloncesto, especialmente en un equipo que ya tiene una base razonable. Más sentido tendría la continuidad de Messina y de 7-8 jugadores unida a la llegada de piezas menos mediáticas pero ajustadas a las necesidades de la plantilla (Carlos Suárez, Aleks Maric o Terrel McIntyre, por poner tres ejemplos).

La empanada de Villacampa
Tengo en muy alta estima a Villacampa como gestor, por eso me sorprende sobremanera lo mucho que está tardando en destituir a Sito Alonso. Quizá está demasiado abstraído en su candidatura para presidir la FEB…

El DKV Joventut es una nave a la deriva que acumula 6 derrotas seguidas en ACB (más la de Copa), y ya está fuera de puestos playoffs. No juega a nada, cada encuentro es un concurso de triples, sin un mal balón al poste. Y que no se engañen los aficionados, este año no hay excusas victimistas de equipo pequeño. La Penya ha reinvertido en jugadores de garantías el dineral obtenido de la venta de Ricky (Tucker, Bueno, Valters, Mario Fdez. o Tripkovic). Y eso, en los tiempos de crisis que viven la mayoría de equipos, es un verdadero lujo.

Diario de la Copa, 3. La bufanda

Fue el viernes por la noche, a la salida del pabellón tras la segunda jornada, cuando el viaje comenzó a torcerse. No había sido la mejor tarde de baloncesto, con victorias previsibles del Madrid y el Baskonia sobre el Joventut y el Bilbao Basket. Eran como las 12 de la noche cuando salimos del BEC. Nos pusimos las sudaderas y los abrigos, cubriendo hasta la tarde siguiente nuestras preferencias madridistas. Como cada día, había una fila de gente de más de un kilómetro y media hora para tomar el metro. El hambre apremiaba y decidimos cenar algo en los alrededores del pabellón, haciendo tiempo hasta que se despejase la marabunta.

Entramos al primer bar que vimos, estaba a medio llenar. Había unos 50 aficionados de diferentes equipos. Sólo quedaba tortilla. Así que, bocadillos de tortilla para todos y cerveza con limón. Nos sentamos en una mesa vacía en una esquina y pasamos el rato comentando las estadísticas de los partidos.

Un ‘error’

Quizá fue por la experiencia de Vitoria, donde fuimos muy bienvenidos sin importar procedencia o afición. El caso es que nos confiamos y cometimos un error, uno fue suficiente. Alfonso olvidó esconder el único vestigio que nos delataba aficionados del Madrid, una bufanda que llevaba atada en la muñeca. Un ‘aficionado’ del Bilbao Basket comenzó a increparle, a exigirle que se la quitase y se la diese, que le estaba «ofendiendo».

Alfonso, casi disculpándose, respondió que no podía, que tenía gran aprecio a esa bufanda por ser un regalo de hacía muchos años. La respuesta del lugareño fue sacarle del bar agarrado de la pechera para partirle la cara afuera, pertinentemente acompañado por tres gorilas del TAU. No fue lo peor el energúmeno que buscaba bronca, ni los tres gorilas que le siguieron a la guerra sin rechistar. Sino la complacencia silenciosa del resto del bar ante semejante esperpento.

Hay un requisito básico para que suceda una pelea: que las dos partes se quieran pelear. Para su desgracia, no era el caso. Por nuestra parte no era una cuestión de estrategia, sino de principios. Todo pasó en unos segundos. Ya en la calle, y en vista del cariz que tomaban los acontecimientos, entregamos la bufanda y salimos por patas. En esos pocos segundos, hubo empujones e insultos por su parte, y miedo por la nuestra.

El miedo es libre

Cierto que no pasó nada, pero el miedo es libre. Puede llegar de repente y quedarse enquistado. Quiso la (mala) fortuna que volviésemos a cruzárnoslos en el metro, primero, y en una discoteca, después. Tuvimos que cambiarnos de vagón y de discoteca, claro… Ganaron ellos. Todo nuestro delito fue ser aficionados del Madrid.

Hubiese preferido dedicar este post a hablar de baloncesto o del fantástico menú que comimos a mediodía en el restaurante Gorbea (del Casco Viejo). Pero sería engañarme, y engañar a los que lean estas líneas. Ese incidente no sólo condicionó lo que quedaba de día, sino nuestro ánimo para el resto del viaje. Cuando pasen las semanas, será lo único que recuerde del viernes de Copa en Bilbao.