Entiendo que el estilo de juego rápido del Madrid presente tiene ciertas contrapartidas. La principal, un ritmo alto que significa encajar más puntos por una simple cuestión estadística: las posesiones son más cortas y el rival dispone de más cantidad de tiros. Se trata de un precio asumible, a cambio de un poco de ‘espectáculo’ (no envidio a los abonados del Palau). Sin embargo, llevado a cierto extremo se convierte en un hándicap, vergonzante si además desangra en tu propio domicilio, donde nunca debería haber déficit de intensidad.
El Madrid defendió poco ante Montepaschi (91 pts encajados) y se llevó la pedrea: sentenciado a unos cuartos suicidas en Euroliga. Por supuesto, hay un cierto componente de acierto rival, pero con ese debes contar siempre si compites al máximo nivel europeo. Ante el Bilbao se volvió a defender con la mirada y el resultado es media liga regular regalada al Barca. Y ojo que no estamos para despreciar la ACB, tras haber tirado prácticamente la Euroliga. Luego lloraremos con los arbitrajes del Palau en una hipotética final ACB, entonces me acordaré de las rascadas de huevos estilo Bilbao y Asefa.
El BBB, conviene recordar, nos es ningún vitorino del baloncesto patrio, se ha quedado fuera de la Copa tras firmar un primera vuelta 3/7 a domicilio, incluidas derrotas en ‘fortines’ del tipo Fuenlabrada, Canarias o Manresa. Bajando al detalle: los de Katsikaris promediaban 76 puntos por partido hasta la fecha, y resulta que cuelan 93 en casa del líder… de los que, ojo, sólo 12 llegaron de tiro libre. En fin, como para hacérselo ver.
¿Soluciones creativas? No, gracias
Puestos a personalizar, dos nombres me vienen a la cabeza, dos de mis predilectos, con los que no puedo hacer la vista gorda en esta ocasión. Rodríguez y Tomic, que se emparejaban con Jackson y Fischer, respectivamente, a los que concedieron 40 puntos y valoración 60 conjunta, con buena parte de esa producción en un último cuarto valleinclanesco. Aaron Jackson centrifugó a Chachorro en cada envite y Tomic perdía constantemente la referencia visual de su par, Fischer, algo que creo se enseña en primero de carrera.
Puestos a mirar al banquillo, la ventresca podía quizá haberse matizado con Llull de base (de lejos el mejor del Madrid el domingo) y Begic como 5 para frenar a Fischer, con Tomic de 4, pues estaba siendo el más resolutivo en ataque en ese último cuarto. En fin, mencionar siquiera la posibilidad de hacer coincidir a los dos pívots en cancha, ahora que atraviesan picos de forma, es pedir peras al olmo, cortocircuitar la amplitud de miras de nuestro Pablete.
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