Más que a la imbatibilidad, adiós a la inercia

La imbatibilidad en sí es poco más que una anécdota, un titular recurrente en una liga regular soporífera y desequilibrada. En todo caso, ahí queda el récord, 28. Importa en tanto que demuestra regularidad, nivel de juego y asegura la ventaja campo en los playoffs (clave como se demostró el curso pasado). Lo que me preocupa de la derrota ante el Valencia es que suma la tercera en sólo una semana. A la postre, y gracias a Dios, ninguna es irreversible, pero en un equipo que pasó casi 4 meses invicto y regalando palizas, como que invita a reflexión. Ya no se gana fácil. Más que la imbatibilidad lo que hemos perdido es la inercia. Llevamos 62 partidos en la mochila, las piernas pesan y la rotación se encoje. Carroll no está para nadie y Draper sigue out. De entre los jugadores clave, Rudy, Llull y Felipe son los que parece que mejor llegan al sprint final. 

Chacho, siendo top europeo, dejó atrás la cresta de la ola. Está perdiendo muchos balones (16 contra Olympiakos) y sus porcentajes de tiro han bajado sensiblemente. Además, en un proceso lógico, los rivales 
han afinado el scouting, ya no les coge por sorpresa. Los segundos cuartos ya no son lo que fueron. Y qué os voy a contar de Mirotic. Maquilla con su facilidad estadística, pero sufre un serio bajón de forma en los dos últimos meses (con el dilema NBA de telón de fondo). Ataca el aro con menos deseo y protesta más de la cuenta a los árbitros. Superado por un Doellman, que bien podría heredar su MVP y hasta convertirse este verano en su sustituto. Lo mejor de la semana, además de un Llull portentoso, es comprobar que Darden lee este blog. Ha sido darle caña, cuestionar su continuidad y volver aparecer. 15, 13 y 14 su valoración en los tres últimos encuentros, además de una sacrificada pero valiosa labor defensiva sobre Spanoulis que no aparece en la estadística. Tremell vuelve a sumar.

El Valencia ganó en el Palacio de la única manera posible, cuajando un partidazo de estruendo. Además, puestos a perder, prefiero caer ante el Valencia metiendo 105 puntos que darle al Barca en el Palau el gustazo de romper nuestra imbatibilidad. Un Barca que,
por cierto, se las va a ver putas para meterse en la final de la ACB, contra esta gente y sin factor campo. El Madrid, por su parte, defendió de aquella manera (permitió 77% en tiros de dos), aunque tenía la excusa de que sólo había pasado 36 horas del partido más importante del año hasta el momento. Resulta entendible cierta relajación.

Cura de humildad en Moscú

Nos dieron un baño, no de baloncesto, que un poco también, pero principalmente de ganas, intensidad, concentración y de preparación táctica, que en esto último señalo a Laso. El Madrid fue a Moscú con el piloto automático, y con eso aquí no llega. Remontamos al final del segundo cuarto y comienzo del tercero, la mayoría de equipos de Europa se hubiese deshecho como un azucarillo con nuestro aliento en el cogote. Los periodistas rusos en la tribuna me miraban con cara de susto según se encendía el Chacho. Pasa que el CSKA no es la mayoría, si no juegas 40 minutos serios aquí no ganas, punto. Sin apelativos entonces, nos hemos dejado en Moscú la honrilla esa de la imbatibilidad. Viendo el vaso medio lleno, seguimos siendo el mejor equipo de Europa. Puestos a verlo medio vacío, hemos caído de ley en el primer partido a domicilio ante un candidato a la Euroliga. Y pensando en la clasificación, en el duelo por el primer puesto del grupo, ojo al average, que 14 puntos no son moco de pavo como se nos ocurra volver pinchar y lleguemos igualados a la jornada 11º.

Denunciable la actitud de Rudy, ya desde antes del partido, calentando a medio gas, rollo sobrado. Se barruntaba que el Madrid podía salir desvirgado de Rusia, pero tampoco es plan de ir de turismo, Rodolfo. Y mira que se lo pusieron facilito, con la baja de última hora de Weems, con el que se hubiese emparejado muchos minutos. Ya en juego, se me viene a la cabeza un contraataque en que, bien defendido por Jriapa, Rudy falla una bandeja a aro pasado. Se cae al suelo y, en vez de incorporarse y bajar a defender, se queda espatarrado sobre el parquet, mirando a un chaval a su lado con cara de «¿te puedes creer que no hayan pitado falta?». Para cuando finalmente se digna a ponerse en pie, el CSKA ya ha circulado el balón en la otra pista y encontrado al hombre libre para colarnos un triple, Teodosic, el único que metió. El 2 de 13 tiros de campo de Rudy es casi lo de menos. Quien me lee de seguido sabe que le he defendido en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, pero hoy le he visto en directo y os aseguro que al menos por una noche bien se merece aquel apelativo de vedette. Se lleva de Moscú una cura de humildad.

El otro primer espada blanco que regresa con un revolcón es Mirlo, pese a números finales homologables. En su caso no fue por actitud, sino el reflejo del repaso que nos dio su juego interior, pese a la baja de Hines. Valoración 66 a 14. Es que un Jriapa renqueante nos repartió 9 asistencias… Por cierto, ya os lo decía el tío karuso desde antes del Eurobasket: «ojo a la progresión de Vorontsevich». 14 puntos como puñales nos clavó. Lo de Krstic no hay que tomárselo en plan personal, es el mejor cinco de la Euroliga, como tal cobra, y ha despertado tras una primera fase flojilla. El amic promedia 17 puntos y valoración 22 en el top 16, que es lo normal. Aí, se cenó a Bourousis, básicamente porque puede.

Y para cerrar el capítulo de la pintura, el que decidió el encuentro, quiero romper hoy una lanza en favor de Felipe, precisamente en su peor actuación que le recuerdo, con alguna acción tirando a vergonzante. Más de uno cargará contra él las tintas, y está en su derecho. Lógicamente en un escenario como éste le cuesta más, contra el mejor juego interior de Europa y a domicilio, con lo que significa eso de contacto arbitral permitido a los locales. Pero que los árboles no os impidan ver el bosque, este -7 es sólo un borrón en una magnífica temporada como cuatro reserva. Lo mejor del Madrid fue Darden (del que eché en falta más minutos) y, sobre todo, los dos Sergio’s (34 puntazos), que dejaron en evidencia a Teodosic, sumido en una esquizofrenia irreversible. Llull confirmó en plaza de primera su repunte de forma.

Ya en otro orden de cosas, os cuento que la visita de los chicos de Laso consiguió colgar el cartel de ‘no hay entradas’, una rara avis en Moscú, ciudad con un problema galopante de asistencia a eventos deportivos. Projorov en primera fila, como de costumbre, y mucha vieja gloria en los pasillos. Por acudir, acudió hasta un fogoso grupo de aficionados locales del Real Madrid (fondo ruso), que se sabían al dedillo los vítores oficiales: el «¿cómo no te voy a querer?», el «adelante força mágico real» y el «hasta el final, vamos real», que por cierto suenan la mar de monos cantados por unos rusos sin idea de castellano. Antes de salir del pabellón, más de una hora después del partido, me he acercado a despedirme de las azafatas porque, oiga, lo primero es lo primero. Me han puesto ojitos, que es lo que hacen las rusas, y por un momento se me han pasado todos los males. He andado cinco metros y abierto la puerta. Los 16 bajo cero me han dado una hostia con la mano abierta y me han devuelto a la realidad de la derrota.