Echa el cierre otro lastimoso curso de baloncesto en Barcelona, lejos del top8 Euroliga y eliminado en semifinales de la ACB, con alrededor de 30 millones de presupuesto, cuarto del continente. No hay Copa del Rey que maquille esto. Es difícil establecer el punto exacto del comienzo de esta crisis, que dura ya varios años, aunque sí sabemos que coincide en el tiempo con el auge del Madrid y que se aceleró con el despido de Xavi Pascual. Tras todos los síntomas, en los que ahora me detendré, está una enfermedad evidente, la ausencia de proyecto, una sección sin rumbo, tan pobre que lo único que tiene es dinero.
En los dos últimos años naturales ha visto a tres directores deportivos diferentes y a cuatro entrenadores, pagando indemnizaciones por despido de 7 dígitos a tres de ellos, Pascual, Barztokas y Sito. Uno pensaría que el problema está por encima… Los errores se amontonan, empezando por el despido de Pascual, alegando que su estilo no enganchaba con la grada, para fichar en su lugar a Barztokas, que toda Europa sabe que juega a lo mismo. Se apostó por una mediocridad como Sito Alonso cuando Pedro Martínez estaba libre como un taxi, y se hizo de menos a Jasikevicius, con una oferta pírrica, cuando vino a negociar su fichaje el verano de 2017.
Un problema, la ausencia de proyecto, que contrasta con los rivales directos en la élite nacional. El Madrid, por ejemplo, decidió hace tiempo apostar por Laso y una columna vertebral de plantilla estable, jugador nacional, aliño de cantera y especialistas extranjeros que vienen para quedarse. Valencia, por su parte, rodea con jugadores españoles a su estrella indiscutible, Dubljevic. No hace fichajes faraónicos, pero tampoco escatima en retener el talento que ya tiene, no negocia cláusulas. A Baskonia le funciona la fórmula de fichar barato y vender caro (preferentemente al Barca…). Apuesta por talentos en penúltima etapa de formación, véase Voigtmann, Poirier, Vildoza, Timma, etc. Algunos salen mejor que otros, pero el equipo sigue arriba, así que funciona.
El perro del hortelano
El Barca, en cambio, ficha caro y despide aún más caro. Contrata jugadores de paso, los elige antes de tener entrenador y en modo supermanager, fijándose en la estadística, para regocijo de cierto sector de la prensa especializada, que cada verano anuncia la resurrección. Como consecuencia, lleva años con plantillas sin personalidad y además desequilibradas, el pasado sin atletas y este con un solo base para cuatro escoltas.
En los dos últimos veranos se ha gastado el club más de 4 millones de euros sólo en transfers de jugadores, ninguno de los cuales ha marcado diferencias, a saber, Rice, Claver, Hanga y Oriola. Y mientras se pagan fortunas en cláusulas, se desperdicia la cantera, cuyos proyectos se marchitan en una suerte de sistema perro del hortelano, que ni come (no chance en el primer equipo) ni deja comer (no los cede).
Dos que no son canteranos al uso, como Kurucs y Vezenkov, pero sí son los dos jóvenes de más proyección en la sección, han perdido uno y dos años de formación, respectivamente, y suponemos estén deseando poner pies en polvorosa. Hay una excepción, eso sí, un canterano que juega, tiene 38 años y dice que sigue, alargará el chicle otra temporada en modo gira de despedida de los Stones, y en su derecho estará, gracias a ese incomprensible contrato vitalicio que le ampara, cual derecho de pernada.
Por experiencia propia, y no tan lejana en el tiempo, en la capital sabemos el peligro de esta espiral, que cuanto más profundo te metes en el barro, más cuesta salir. Una primera consecuencia es que el Barcelona ha dejado de ser un destino atractivo de primer orden para los jugadores top de la Euroliga. Antes los impuestos altos los compensaba la mejor calidad de vida respecto a Turquía y Rusia, el renombre del club, pero la balanza la desequilibran los malos resultados, dos años fuera de top8. Eso obliga a pagar sobresueldos para atraer talento, y no siempre pata negra. Los 2.5M anuales firmados a Hanga son un atraco, lo mismo que Claver, Seraphin y tantos otros. Son los mismos sobresueldos que el Madrid firmaba en su día a los Tarlac, Papadopoulos y compañía.
Otra consecuencia, y quizá más grave en el largo plazo, es la pérdida de masa social. Ahí están las cifras, antepenúltimo equipo en asistencia al pabellón, números similares a los del Madrid en los años negros del Saporta. Efectos todos que se enmarcan en la mencionada espiral, de la que no se sale únicamente acertando con el fichaje de un jugador, sino con cambios profundos en la sección, apostando a medio plazo por un proyecto y cortando cabezas en el palco, ingredientes que para empezar requieren bastante más autocrítica desde el club.
La incorporación de Gabriel ‘Tortuga’ Deck, 
Trabajadito fue el segundo triunfo blanco en semifinales, que cuando el doctor Tavares no pasa consulta todo cuesta un poco más. Granca ajustó líneas para contener su impacto, tras la ventresca del domingo, y el caboverdiano ayudó con alguna que otra falta innecesaria. En su lugar brilló Ayón (7 rebotes, 5 asistencias y 4 robos), al que casi habíamos olvidado en papel protagonista. El partido se llegó a poner tontorrón mediada la segunda parte, 7 arriba los canarios minuto 28, pero despertó entonces el Madrid tras un tiempo muerto, parcial 13-0 con picos de gran basket, cuando Llull coincidió en pista con Luka y pudo delegar las labores de dirección.
Hace unos días Laso definió como 

No hay figura en el aficionado español que aborrezca tanto como la del ‘yo-ya-lo-dije’. Es el tertuliano que tiene una opinión absoluta e inamovible, por la que augura que este jugador o aquel entrenador es buenísimo o va a fracasar, a pelo, sin matices, le encanta porque “le echa huevos” o le lapida porque “es un chulo”. No me refiero a apuestas, quinielas o porras, que son harina de otro costal.
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