Levantar al espectador del asiento es muy sexy pero gana poquitos títulos. Llull es un pasador sobrio, en sus asistencias no hay floritura, nunca salen en las mejores jugadas, como las de Campazzo, Teodosic o Chacho. El aficionado irregular le conoce más por los tiros salvapatria, que sí aparecen en los highlights, pero que en la ecuación dan tanto como quitan al equipo, como las asistencias de sobaquillo. Que nadie se engañe, al final es el pase y no otra faceta de su juego la que ha elevado a Llull en los 2-3 últimos años a la categoría de estrella Euroliga.
Sirvan como ejemplo las últimas semanas, que no anda especialmente católico de tiro, de hecho bien podría cortarse un poco a veces, pero lo compensa repartiendo: 13 asistencias ante Valencia, 30 en los tres últimos partidos ACB. En días así no sobra recordar que con Messina hacía de escolta anotador, bastante destartalado por cierto (‘el aeroplano de Mahón’), y cuando empezó a jugar de base con Laso le costaba sumar asistencias, ver baloncesto en estático. Una mejora especialmente remarcable por inusual, porque pocos evolucionan en este segmento a lo largo de su carrera, no sirven las horas gimnasio ni las espartanas sesiones de repetición+técnica (como el tiro). En 16 partidos ACB suma Llull 97 asistencias por solo 17 balones perdidos, por comparar, el base estelar del rival directo, Tyrese Rice, acumula 43 pérdidas para 52 asistencias.
Ante Valencia disfrutó además el Madrid del Rudy más redondo de la temporada, en uno de los días que más falta hacía, con el liderato en juego, 7 abajo al descanso y el puesto de alero cojo, dadas la baja de Maciulis y la lesión de Doncic, que no pudo jugar la segunda parte por problemas físicos. A su habitual contribución en intangibles (5 asistencias y 4 rebotes), Rodolfo sumó un mayor acierto cara al aro, principalmente porque seleccionó sus tiros con tiento, sin más escorzos de los necesarios. Entiendo que Rudy despierta opiniones encontradas en la parroquia, por su sobresueldo y las maneras chulescas que enseñó a su regresó de América. El sobresueldo tiene mal arreglo hasta que no toque renovar, pero el comportamiento infantil ha desaparecido por completo en esta versión 2.0, limitado físicamente pero más maduro, concentrado y comprometido. No sé a vosotros, pero a mí me está ganando poquito a poco.
La reacción blanca tras el descanso fue furibunda. Subió el Madrid una marcha de intensidad y desnudó a Valencia, equipo nivel Euroliga, con un 26-8 en el tercer cuarto. Claves en esa labor defensiva resultaron tanto Randolph, que cuando está enchufado es un valladar atrás, desviando tiros, como Draper, que acreditó a primera vista sus habituales números chucheros (val -2), pero que algo debió hacer bien (o sea, defender) cuando presentó la mejor estadística +/- de los 23 que pasaron por pista: +17 el Madrid en sus minutos. Con el partido ya decidido saltó el Chapu y firmó, para mayor gloria tribunera, sus primeros minutos homologables en mucho tiempo ante un rival de nivel.
En una Euroliga tan apretada toda victoria a domicilio es un tesoro, aunque no sea la más épica o bonita, como la del Madrid en Kaunas. Dejó en 59 puntos a Zalguiris, quizá la plantilla con menos recursos de la competición, que no el peor equipo. Destacó por los lituanos Lima (13+6), cedido por el Madrid, que progresa adecuadamente, aunque más despacio de lo que esperaba el club. Partido igualado tres cuartos, hasta la ráfaga de triples de Thompkins al comienzo del último, parcial 14-0 y duelo roto. Trey, que lleva 13/24 triples en Euroliga, justificaba así la apuesta de Laso, que volvió a dejar a Randolph toda la segunda parte en el banquillo (igual que ante Maccabi), después de unos minutos muy pobres en la primera mitad, mala selección de tiro y defensa reguleras. El Madrid no es el Lokomotiv, con semejante competencia en la pintura nadie tiene garantizados los minutos jugando mal.
Tenía todo el sentido del mundo la destitución de Pascual en verano, es un gran técnico pero su ciclo estaba agotado, la afición desencantada por el estilo rácano pese a unos resultados homologables. La sequía de títulos era asumible con el Madrid en el pico de un ciclo dorado (durante años fue al revés), pero igual el Barca no se bajaba de las finales en España y seguía siendo competitivo en Europa, se quedó a un partido de la F4. El objetivo del cambio era generar ilusión en el aficionado, llenar el Palau, igual que el Madrid cuando llegó Laso y el equipo empezó a jugar a 90 puntos. Desde un punto de partida lógico, el Barcelona comete tres errores costosos tanto en lo deportivo como en lo económico.
A esos tres errores de gestión se unen circunstancias coyunturales. El Barcelona salió tarde al mercado en verano (mediado julio) por el cambio de técnico y para cuando lo hizo el Madrid ya había cerrado a Randolph, agente libre, ojito derecho de Barztokas en Rusia. La situación en el puesto de pívot no es error de la directiva, la lesión de largo plazo de Lawal es mala suerte y la salida de pista de Dorsey no era previsible.
Le he regalado a mi hermano por Reyes la camiseta de Doncic, con la convicción de que dentro de 20 años será una pieza de colección, rollo vintage. Conscientes o no, inmersos en la vorágine de la temporada, estamos contemplando la historia pasar ante nuestros ojos, nadie había dominado así el baloncesto europeo a la edad de 17, repito, 17. Petrovic no fichó por la Cibona hasta los 20 años y Kukoc, por el que siento una especial predilección, tenía ya 21 cuando fue MVP de la Final Four, que ganó con la Yugoplástica 3 años seguidos (¿el mejor equipo que ha conocido Europa?). Puede que al final de su carrera Luka no llegue al nivel de estas leyendas, pero a los 17 años es más jugador de lo que eran ellos.
Nada mejor para aparcar las miserias a domicilio que un triunfo de prestigio en Goya, el día de Reyes y ante el campeón de Europa vigente. Sigue pendiente la asignatura como visitante, pero amarrando en casa (6 seguidas) evita el Madrid urgencias clasificatorias dada la igualdad reinante. Fue, por la forma, un baño de confianza, un triunfo de ley cimentado, esta vez sí, en 40 minutos de concentración, intensidad y compromiso, todo espoleado por el llenazo hasta la bandera en el Palacio. Es la única fórmula ante CSKA, relojería suiza en ataque, la mejor circulación de balón de Europa, que tanto penaliza los momentos de desconexión rival. Aún escuece aquel parcial 22-0 de noviembre en Moscú. Los números de ayer, 25 asistencias y 12 triples, hablan de un partido a campo abierto, de los que prefiere el Madrid de Laso, lo contrario que las trincheras del Fenerbahce de Zeljko, el otro gran aspirante al título.
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