¿Qué pasa con Trey Thompkins?

Lleva siete meses y medio de baja y, a decir verdad, desconocemos el problema físico que le aqueja. Solo sabemos, porque lo publicó el club en uno de sus escuetísimos comunicados, que el 13 de mayo se sometió a una artroscopia. Pero eso tampoco es saber demasiado, porque la artroscopia en sí misma no es una lesión, sino un procedimiento quirúrgico para diagnosticar (mediante mini cámara) posibles lesiones en una articulación y, si las hubiese, intentar repararlas. Es muy difícil, por tanto, establecer un periodo estimado de baja después de una artroscopia, porque depende de lo que se encuentren los cirujanos al abrir.

Sí sabemos que la artroscopia de Thompkins fue en la rodilla izquierda, la misma en la que sufrió una importante lesión ósea en su etapa en los Clippers (2011-13), que le dejó esos dos años casi al completo en el dique seco y cerca estuvo de retirarle antes de tiempo.

¿Cuándo podrá volver? «Trey puede entrenar, pero esto no es la liga provincial«. Son palabras de Laso, la otra única fuente de información sobre el tema de que disponemos. «Podría estar de vuelta en una, dos o tres semanas», dijo el coach hace hoy exactamente dos meses, 4 de noviembre, así que podemos deducir que la cosa va más lenta de lo esperado.

Difícil continuidad

Cualquier asiduo a este blog sabrá que tengo debilidad estética por Thompkins, por su finura al poste y sus movimientos de vieja escuela. Pero lo que no soy es ingenuo: según se acumula el tiempo de baja, a Trey se le pone en arameo seguir la temporada que viene en Madrid, pese a la conocida querencia de la dirección por el continuismo. Para empezar, porque acaba contrato en verano y ocupa plaza de extracomunitario, una plaza que podría hacer falta para el juego exterior. Segundo, por el overbooking en el puesto de ala-pívot. Randolph, que sufrió una lesión teóricamente más grave, ya ha regresado y a un nivel aparentemente homologable. Además, tiene pasaporte comunitario y contrato garantizado la próxima temporada. Y por supuesto Yabusele que, salvo que se marche a la NBA, será el ala-pívot titular del equipo los próximos años.

En favor de Thompkins juega su ascendencia en el vestuario y que el Madrid necesitar cinco interiores para afrontar temporadas de 80 partidos. Y no hay actualmente en la cantera hombres altos con nivel para quinto interior de la rotación de un contender a la Euroliga (tampoco Vukcevic, que además se presentará seguramente al draft), y no es realista contar a medio plazo con el comodín de Rudy Fdez jugando de ala-pívot, con 37 años. Además, Thompkins es el único de los cinco interiores del roster actual capaz de alternar con una mínima solvencia los puestos de cuatro y cinco, como demostró el curso pasado.

En todo caso, sigo pensando que lo tiene crudo para continuar y hasta podría ver lógica su salida, en función de su nivel cuando regrese. Ahora bien, lo que me parece injusto, y mucho, son los comentarios cuasi jocosos que leo señalándole como El Pupas. «Siempre le pasa algo». Sí, claro, pero no siempre es lo mismo. No es igual llegar con sobrepeso a la pretemporada (2019), que su tirón de orejas le valió, que esta lesión tras jugarse la salud en la serie contra Efes. Otro americano se hubiese borrado, pero él arriesgó para ayudar al equipo en los partidos más importantes de la temporada, y creo que debería tenerse en cuenta. Se le veía ya ostensiblemente lesionado, a pesar de lo cual, firmó unos dignísimos promedios de 11 puntos en 16 minutos en la eliminatoria. Un poquito de respeto y empatía.

¿Qué nota le ponemos al 2021 del Madrid de basket?

Nochevieja es buen momento para echar la vista atrás y hacer balance: el año del RM ha sido harto irregular, dividido en dos actos casi opuestos. Uno de suspenso y otro de notable, tirando a alto. Pero bajemos al detalle…

Primer acto: nadaplete

Casi todo lo que pudo salir mal de enero a junio salió mal. Hay factores atenuantes, pero el resultado fue un nadaplete, la cesión al Barca del cetro del basket nacional. Una calamidad: se encadenaron las lesiones y para colmo Deck dejó tirado al equipo en el desenlace de la temporada. Una espantada que se sumaba a la de Campazzo el 20 de noviembre, aunque en ese caso el jugador avisó con mucha antelación. Aviso, por cierto, que el club desoyó por motivos que aún hoy no alcanzo a entender y cuyo resultado, su marcha, marcó/lastró en buena medida las opciones deportivas de la temporada. En esas condiciones hubo poco que rascar: se cumplió el mínimo homologable llegando a las dos finales domésticas (Copa y ACB), pero se cayó en ambas con estrépito ante el Barca. Milagros, a Lourdes.

Dignos de mención son el récord de victorias en fase regular ACB (34-2) y la eliminación con honores frente a Efes, a la postre campeón Euroliga. Se perdió, claro, pero fue una derrota dulce comparada con las humillaciones ante el Barca. Se dejó el pabellón alto, con Garuba en fase superguerrero y el equipo en cuadro, estirando hasta el límite el concepto de resiliencia colectiva. El mismo espíritu, por cierto, que guió el triunfo ante CSKA la semana pasada.

El partido de récord de Garuba | Real Madrid CF

Las fugas a la NBA del primer acto dejaron al equipo vendido pero tuvieron una consecuencia indirecta positiva: la pasta. El dinero no gana partidos ni levanta títulos, pero permite invertir en plantilla para rearmarse y recuperar la ilusión, que es el leitmotiv de la segunda mitad del año. Los nueve millones de euros (a plazos) de las cláusulas de Facu, Garuba y Deck son una fortuna en el basket europeo en tiempos de contracción por pandemia. Una fortuna para enjuagar pérdidas y aprovechar oportunidades de mercado, como Poirier, incorporación estratégica en abril.

Con el francés más Edy el Madrid junta la mejor pareja de pívots que haya visto la Euroliga en unos cuantos años, y el juego del equipo necesariamente vira hacia la pintura. El otrora protagonismo casi hegemónico del backcourt en el sistema Laso, de los Sergios, Luka o Facu, ha dado paso a un sistema con los interiores como referencia. No necesariamente en número de tiros, que también, sino en influencia en el juego en ambos aros: definición en la pintura, rebote, intimidación… Podemos debatir sobre su estética pero difícilmente sobre su eficacia. Es la receta más lógica para competir por títulos con las cartas disponibles, sin estrellas de backcourt en el mercado.

Por cierto, que la primera mitad de año nos dejó también la retirada de Felipe Reyes, al que honestamente le sobraron las dos últimas temporadas, y también la de Jaycee Carroll, al menos de facto, en uno de los episodios más chuscos e innecesarios que recuerdo entre las leyendas de la sección. No es que no descarte, es que doy casi por hecho que aparecerá por Madrid en algún momento de 2022, bien para un acto de homenaje en el Bernabéu, bien para una mini gira de despedida pagada, jugando alguna pachanga dominical de ACB, aprovechando esa oferta de renovación sine die que le plantó Florentino. De lo contrario, no tendría sentido esta ambivalencia. Ahora bien, sería una coda anecdótica, la de un exjugador a todos los efectos. El equipo se ha acostumbrado a vivir sin él, y nada mal, por cierto.

Segundo acto: recuperar la ilusión

La segunda mitad de año es cuarto creciente. Lo primero fue recomponer filas, ya sin argentinos, para lo que se fichó en verano con sentido común y cierta ambición: Yabusele, Heurtel, Hanga y NWG (en verdad el fichaje de Poirier lo contaría también como de temporada 2021-22). Y las piezas no han tardado en encajar. Ganar la Supercopa remontando 19 al Barca fue un chute de confianza para empezar, un título que podemos poner en buena medida en el haber de Llull, que firmó una final superlativa. Un nivel que, como era de prever, no ha conseguido mantener durante el curso, ni cerca, especialmente al tener que jugar de base por las lesiones en el puesto. Eso sí, la salud le está respetando este año, tanto a él como a Rudy y Causeur, los veteranos, piezas de cierto peso en el primer tercio de curso en este Madrid tan atomizado.

El equipo cierra el año líder en solitario de la ACB y segundo clasificado de la Euroliga, con un sólido balance acumulado de 29-4, pese a no haber jugado ningún partido con menos de dos bajas. Ventajas de una plantilla muy larga, sin estrellas exteriores de relumbrón pero equipada para el barro, potentísima en rebote y defensa. Ingredientes para volver a la F4 y competir de tú a tú con el Barca en las finales nacionales.

Los títulos definirán la nota de 2022, pero el objetivo primero, recuperar la ilusión, es de 2021 y lo doy por conseguido.

El partido de la vergüenza

Independientemente del resultado, este RM-CSKA quedará como el partido de la vergüenza, que el Madrid tuvo que jugar pese a once bajas, una forma de adulterar la competición por omisión de los que la dirigen. El principal deseo: que nadie (más) se lesione.

La mera disputa del encuentro me parece un insulto y falta de respeto a la afición blanca y al Madrid como institución. Me dan pena los adolescentes que mandan al matadero para cumplir el trámite: Klavzar, Seiq Garuba y Baba Miller, no es precisamente el debut soñado. También me dan pena los aficionados que se han gastado una pasta en la entrada de uno de los partidos más caros y atractivos del año para acabar fumándose este sainete.

Obligar a un equipo a jugar con las once bajas que tiene el Madrid, repito, once bajas, la misma jornada en que pospones un partido por covid (Zalgiris-Milán) es una indecencia que nadie entiende, independientemente de los protocolos vigentes. Quizá esos protocolos son mejorables, ¿no? Situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias, pero la Euroliga se ha dado mus en este caso, agarrada a la letra pequeñísima de un protocolo redactado hace meses, cuando ómicron solo era una letra del alfabeto griego.

Si algo deberíamos haber aprendido todos del covid a estas alturas, camino ya de los dos años, es que los protocolos son solo orientativos porque la realidad acaba sobrepasada por las circunstancias. En la calle Iradier no se dan por enterados y la suspensión del Joventut-Madrid de ACB del domingo les deja aún en peor lugar.

Sin defensa no hay paraíso

El Madrid viajó a Barcelona pero se olvidó la defensa en Atocha, su seña de identidad este curso. Y sin ella no alcanza para rascar en el Palau. 51 tantos encajados al descanso y 93 finales, que son 22 más de los que recibe de media en la competición. Ya me diréis.

Cualquier otro análisis me parece secundario, incluido el arbitraje, que leo a demasiado madridista agarrarse al tópico autocomplaciente de los «atracos del Palau». Si esperabais una crónica amable, centrando la derrota en el arbitraje ya os advierto que estáis en la tribuna equivocada. El arbitraje de hoy fue tan casero como cabía esperar, el de casi todos los partidos de Euroliga este año, independientemente del equipo y el pabellón, a lo que influye el regreso de público a las canchas. ¿O no recordáis ya Múnich o Kazán? Que sí, ante la duda, sobre todo si está Mirotic de por medio, han pitado azulgrana. Pero ya sabes a lo que te expones cuando juegas a domicilio. Y los números tampoco hablan de una diferencia escandalosa: 26 faltas cometidas el Madrid por 25 el Barca.

Mirotic (31pts y 10 rebs), manque pese, ha enseñado matrícula a Yabusele en el duelo estrella del partido, y le ha bajado el hype. El francés ya es burguesía Euroliga, su temporada es estupenda, pero no es una estrella continental, no domina, al menos todavía. Tres airballs se ha cascado hoy, por cierto. Tiene 25 años y margen de mejora, puede llegar a convertirse en un crack, pero aún no está entre los 12 mejores de la Euroliga. No condiciona el juego, no le das el balón y resuelve ni se echa el equipo a la espalda. No lo digo por hacerle de menos sino para dimensionar su nivel de cara a la cuantía de la oferta de renovación que habrá que ir pensando en ponerle sobre la mesa. Me vais a disculpar, pero es que soy muy de Joaquín Prat y de pagar el Precio Justo, que el presupuesto es finito.

Poirier tampoco tuvo el día, más bien estuvo nefasto atrás, superadísimo por Brandon Davies en el duelo de centers reservas: ¡¡-18 el equipo en sus 16 minutos en pista!! Fue el máximo exponente del apagón defensivo blanco. Tavares sí cumplió (+5 en sus minutos), pero no marcó diferencias, condicionado por las faltas, algunas rigurosas y otras innecesarias, como de costumbre. Este es un Madrid construido para que el juego interior domine y hoy no lo ha hecho.

Si el equipo no le perdió la cara al partido fue porque atacó mejor que de costumbre, gracias a una actuación aseada en los puestos en que suele cojear, los del backcourt. Entre Llull, Nigel, Causeur y Heurtel sumaron 42 de los 80 puntos y solo 5 pérdidas, poco que reprochar por ahí, más allá de la ida de pinza de Thomas en el último par de minutos, que costó varios puntos de average de los que nos podemos acordar al final de la fase regular si aspiramos al primer puesto (que tampoco me parece clave en Euroliga).

No haría mayor drama de la derrota ni sacaría conclusiones demasiado categóricas, no deja de ser un pinchazo a domicilio en la jornada 14 de la fase regular, totalmente en guión, y sigue habiendo un colchón de dos victorias sobre el tercer clasificado. Diría más, caer en el Palau con partidazo de Mirotic es un clásico de diciembre, una parada obligatoria prenavideña. Me quedo con que, defendiendo como el culo, se ha dado la cara, lejos de la sensación de inferioridad que reinó el año pasado. El Barca ha necesitado porcentajes de acierto muy altos, el factor cancha del arbitraje, 10 tiros libres fallados por el Madrid y un pésimo encuentro de los interiores blancos para llevarse el duelo, ingredientes que no se repetirán a menudo.

Sufriendo sabe mejor

Este Madrid se maneja bien en el barro, como nunca en la era Laso. Lo veníamos barruntando y la sufridísima victoria ante Maccabi lo viene a refrendar. Muy parecido al duelo frente a Fenerbahce, también en Goya y a marcador exiguo. Si fuese un combate de boxeo diríamos que a los puntos lo merecieron los visitantes.

Pero el equipo sigue teniendo alma y estrella, y también una marcha extra cuando calienta el sol, sobre todo atrás: en 11 puntos dejó a Maccabi en el último cuarto, ni un solo tiro cómodo concedió en ese parcial, que empezó con -9. Y en el desenlace apareció Yabusele, que culminó otra noche notable con ese game winner en penetración (bien la pizarra de Laso), pero sobre todo Heurtel, con los 8 puntos anteriores, providenciales y de canastas sin ventaja, de puro talento.

Es capaz de lo mejor y de lo peor, sabíamos lo que fichábamos. Jasikevicius, que es un poco talibán con lo de la defensa, le dio boleto porque no toleraba una brecha en la falange. Pero en este Madrid su perfil de verso suelto hace de contrapunto a una plantilla tan potente física y defensivamente como cortita de talento ofensivo y creador en el backcourt. Es el joker que se permite Laso en la baraja, irregular y un poco anárquico, pero también clarividente y decisivo. Hay que quererle por lo que es, que no es poco.

Un faro en la oscuridad

Anoche dejó algunos errores defensivos y un par tiros de «porque me apetece», lo normal, vaya, pero a cambio representó un faro en la oscuridad del ataque, el único del juego exterior blanco. Porque el segundo y tercer cuarto del Madrid fueron droga durísima, nulo de ritmo y fluidez, que cada canasta costaba un riñón y los macabeos horadando poco a poco la mencionada victoria a los puntos. Los minutos al timón de Nigel, al que ya le toca ponerse en forma, y especialmente de Llull fueron una tortura china. El balear acabó en valoración -6, por segunda ve en los últimos tres partidos… Se jugó bastante mal, la verdad, como demuestra la estadística: más pérdidas de balón (14) que asistencias (12). A lo cual otorgo bastante mérito a Maccabi, que este año tiene tal vez menos potencial de plantilla pero como equipo está mucho mejor armado. Y en esta edición un poco flojita bien le puede alcanzar para top8.

¿Los demás? Bueno, Tavares y Poirier cumplieron, en sus números pero sin dominar tan claramente como de costumbre, que el rival también juega y el puesto puesto de pívot es de lejos el mejor de los israelíes. Zizic es tan bueno como suponíamos cuando (casi) le fichamos y Reynolds un lujo desde el banquillo. Del resto, Causeur estuvo muy apagado en ataque (4 puntos en 26 minutazos), pero a cambio realizó un sólido trabajo sobre Wilbekin atrás, obligándole a tiros forzados. Abalde se lesionó (posible rotura de fibras) y se une a Alocén en la enfermería, que no terminamos de vaciar nunca. Es nuestra cruz: señor, dame paciencia… Thompkins y Randolph no entraron ayer en convocatoria pero están ya para debutar, suponemos que Laso no quiso exponerles en un duelo de alto voltaje. Mejor para el regreso un plácido partidito ACB de domingo.

Y tras todo esto, entre el barro y los sofocos, sexta victoria consecutiva en Euroliga y el Madrid que sigue líder, en solitario si el Barca pincha esta tarde-noche en pista del vigente campeón. Como expliqué la semana pasada, habrá quien añore los marcadores abultados, y no seré yo quien le juzgue, pero a mí la ilusión de amanecer de viernes y verme en lo más alto de Europa no me la quita nadie.

Las cuentas del Madrid de basket: aumenta casi 4M la masa salarial

2Playbook ha publicado las cuentas del Madrid de baloncesto, las de la temporada pasada y las previstas para la presente, y una primera conclusión es que ha capeado dignamente el temporal de la pandemia, del año sin público en el pabellón. Al menos en lo que a equilibrio de finanzas se refiere, que no es un concepto muy sexy para el aficionado, que no mete triples ni gana partidos, pero da estabilidad al proyecto, que no es un tema baladí, pregunten en Barcelona.

La sección blanca cerró la pasada campaña, 2020/21, con pérdidas de 18.8 millones, que así dicho suena una burrada, y ciertamente lo es, desde toda ortodoxia contable. Pero tampoco podemos sorprendernos a estas alturas de la película de la ruina que representa el basket europeo de élite, son lentejas. Sin embargo, puesta en perspectiva histórica, esa cifra de pérdidas es la más baja en el Madrid de basket en un lustro. Y lo es, mérito añadido, en un año de caída muy brusca de los ingresos, debido al cierre del pabellón por la pandemia y a la consecuente ausencia de ingresos por ticketing (entradas y abonos), que suele rondar los 4 millones anuales.

Una reducción de ingresos que compensó con creces el capítulo contable de compra/venta de jugadores, es decir, la resulta entre las cláusulas pagadas y recibidas, con un saldo positivo de 7.8 millones, a pesar de los 1.5 millones invertidos en el tránsfer de Abalde. Pero es que la sección registró ingresos récord por cláusulas con las salidas de Garuba, Deck y Campazzo. Y eso que el base adelantó parte de la suya jugando ‘gratis’ varios meses, lo que contabiliza como ahorro en otro epígrafe, el de masa salarial.

Por comparar, el Barcelona de basket, cuyas cuentas también publicó recientemente 2Playbook, registró la pasada temporada pérdidas 10 millones de euros superiores a las del Madrid (28.8M). En otras palabras: palmó un 53% más dinero que el RM.

Un pero y un halago

Puestos a sacarle un pero a las cuentas blancas, y más viendo que están razonablemente saneadas, llama la atención la racanería con el tema base el curso pasado. Que no se hiciese un esfuerzo de, no sé, digamos 500k de masa salarial para firmar 6 meses a un director que supliese parte del agujero que dejó Campazzo. No había grandes nombres en mercado, lo sé, hubiese sido un melón por abrir, pero hubiese dado al menos una oportunidad, en vez de quedarnos vendidos, como nos quedamos, siete meses en manos de Lapro y de Alocén en prácticas, que así nos lució el pelo. Un suicidio deportivo a sabiendas por ahorrarse cuatro duros: la cabezonería de FP.

Otra conclusión, esta en positivo y que contrasta con la anterior, es la decidida apuesta por la sección que se ha hecho este verano, de cara a la presente temporada, una vez superada la peor parte de la pandemia. La masa salarial aumenta un 12%, en 3.8 millones, de 31.1M a 34.9M . Puede que ese aumento del gasto no luzca demasiado mediáticamente, para el aficionado intermitente, al no haberse fichado ningún estrellón, pero a cambio han llegado varios jugadores de burguesía Euroliga, me consta que en general pagados generosamente. Eso sí, todos como agentes libres, sin abono de cláusula.

El tipo de jugadores que no venden camisetas pero son bonos suizos en la pista y el vestuario, y que apuntalan una plantilla de por sí larguísima: 14 fichas de primer equipo. Podemos debatir sobre si es la estructura de plantilla idónea, o sobre si todos los movimientos que se han hecho (y los que se han dejado de hacer) son los más apropiados, es decir, si tenemos la mejor plantilla posible con esos casi 35M de masa salarial (que incluyen cuerpo técnico). Pero lo que no puedo poner en duda es que este año se ha apostado por el basket, y eso es siempre bienvenido.