Engancha el Madrid en Estambul su segunda derrota consecutiva, en puertas de una de las salidas más exigentes del calendario ACB, este domingo a pista del colíder Tenerife. Dos pinchazos en duelos a priori de dificultad media, pero al comienzo de un tramo valle del calendario, con los deberes hechos después del primer título del curso, con cierto colchón clasificatorio y a la espera del siguiente pico de competición, los cuartos de final de la Euroliga. Ambas derrotas tuvieron un denominador común, la (ausencia de) defensa, con 93 y 87 puntos encajados, respectivamente, aunque más sangrante fue ante Galatasaray por la forma y porque en Europa los partidos cuentan más.
Aguantó dignamente el Madrid el chaparrón de triples (8) en la primera mitad, solo tres abajo al descanso. Entonces llegó el esperpento de Laso, uno de los mayores desastres de dirección en meses. Por aquello de la inconsistencia defensiva alineó la hormigonera enterita, un quinteto demencial, para jugar en un solo aro, con Llull como único capaz de crearse una canasta o generarla para el resto. El resultado es que el equipo, ya no es que no anotase, es que no encontró ni una sola situación de tiro potable en siete minutos, y Laso sin verlo, sin reaccionar. La diferencia se disparó hasta los 18, dejando el partido casi visto para sentencia.
De Taylor y Draper sabemos lo que esperar, su rol está bien delimitado, son especialistas defensivos. Menos claro se antoja el papel de Felipe, titular por decreto, pese a su pobre rendimiento el último mes de competición. No estamos cuestionando su entrega ni su trayectoria, sino la forma de utilizarle más provechosa para el grupo. Son ya demasiadas semanas con parciales negativos del equipo en sus minutos en pista, en los últimos cuatro partidos Euroliga acumula 1/11 tiros de dos. Al final los años no pasan en balde, por muy dignamente que haya envejecido Felipe, a diferencia de Navarro. Quizá Laso debería plantearse para el capitán un papel tipo Chapu, sobre todo en Euroliga, donde su desventaja física es más pronunciada y además sí puede jugar Thompkins.
Arreglaron el desaguisado entre Carroll y Randolph, pero sobre todo Doncic (iluminado de nuevo) y un Rudy soberbio, esta vez sí. El balear firmó muy valiosos minutos, aprovechando en ambos lados de la pista esa cualidad tan escasa suya, la anticipación, el medio segundo antes que ve el baloncesto, que igual le sirve para robar balones, atrapar rebotes largos o dar pases al hueco. De su mano se evaporó la ventaja local, hasta 4 arriba se llegó a poner el Madrid a dos minutos, pero jugó mal sus cartas y en el final apretado esta vez salió cruz.


El Madrid sabe ganar a domicilio en Euroliga también sin Rudy y con Llull de permiso. Se quedó el menorquín en solo 15 minutos en Kazán, en los que restó más que sumó: 0/5 de campo para valoración -1, con él en pista el balance del equipo fue -12. El tipo de encuentros que le alejan de la puja por el MVP. Sigue siendo el go-to-guy y el Madrid es mejor con él, pero no hay excesiva dependencia, como pudo parecer a comienzo de curso. Lo digo pensando en otra intentona de Houston en verano.
Pensé que estos ojos nunca llegarían a ver a un jugador del Madrid (no exbaskonista) ovacionado en Vitoria. No fue solo la jugada en sí, de un asombroso manejo de balón para un 2.03m, sino la sucesión de ellas, que destrozó el partido a 7 minutos del final. Sito pide entonces tiempo muerto y unos cuantos en el Buesa Arena, un público tan antimadridista como entendido, aplauden al muchacho de camino al corrillo. Es Kukoc, Petrovic o Sabonis, es historia del baloncesto europeo pasando ante sus ojos.
Tiene 17 años pero le van quedando ya pocas cimas pendientes de escalar en Europa. Esta noche puede tachar otra, la de dominar y decidir un partido a domicilio en la máxima competición continental, de esos con ambiente hostil y arbitraje casero, como los que se le atragantaron esta misma temporada en Estambul, ante Dogus y sobre todo Fenerbahce. Pero a la tercera fue la vencida en el Bósforo. Hizo olvidar la baja de última hora de Llull (molestias en la rodilla), mantuvo al equipo a flote y decidió en final igualado: valoración 31 en 23 minutos, a saber, 17 puntos (7/10 de campo), 5 rebotes y 9 asistencias, incluida la de la última canasta, de Ayón, que decidía el duelo (78-80). Corta el Madrid así una preocupante sangría de resultados a domicilio, previa a la visita de CSKA el día de reyes, uno de esos encuentros que definen tendencias en la temporada.
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