El rompecabezas del Madrid para el puesto de base

Lo publican dos medios distintos el mismo día (Marca y Encestando), no necesariamente en base a las mismas fuentes, así que doy credibilidad a la información, al margen de las vueltas que pueda dar aún la temporada. Y lo que publican es que el Real Madrid ya se está moviendo muy activamente en el mercado buscando bases para el curso que viene. Con la idea de incorporar no uno sino dos, así que ni Goss ni Heurtel seguirán, una forma poco sutil de reconocer que la apuesta del pasado verano ha salido rana, sea por el propio nivel de los dos jugadores y/o por la incapacidad de Laso de adaptarlos.

También se busca un escolta anotador y un ala-pívot reserva de corte defensivo, pero la prioridad deportiva absoluta es reforzar el puesto de base, la creación desde bote, y donde por tanto se puede romper el cerdito. Y a priori no debería ser pequeño ese cerdito, que el Madrid es de partida uno de los presupuestos más altos del continente. Además, este verano se libera de la carga de algunos contratos de veteranos a sobreprecio y recibirá nuevos pagos de la hipoteca de salida de Campazzo y Garuba. Precisamente reforzar la dirección es la prioridad porque desde la marcha de Facu viene siendo el principal (que no único) talón de Aquiles del equipo, en vista de que el sistema Laso depende de creadores diferenciales para carburar.

‘Coach Tiquismiquis’

Dicho lo cual, podemos proceder al salseo, es decir, a los nombres de futuribles, que en todo caso son habas contadas, y sobre los que en realidad llevamos dando vueltas en círculo desde hace meses. Tanto Marca como Encestando apuntan el nombre de Raulzinho Neto, que termina contrato en Wizards, cumple 30 años en mayo y tiene pasaporte comunitario (italiano). Cuando el río suena… Es rápido, tiene puntos en las manos (8.7 promedia en NBA este curso) y ha ganado mucho músculo desde que saliese de Murcia en 2015 rumbo a Utah, aunque a tenor de sus números no destaca precisamente por generar para el resto. Con sus 184cms de altura promedia más rebotes que asistencias, y tampoco es que comparta quinteto con Jokic… Sus expectativas económicas al parecer encajan con el presu del Madrid, matrimonio de conveniencia a primera vista. No le veo para titular en un candidato al título a la Euroliga, pero como base reserva puede estar bien tirada, siempre que tenga el beneplácito de ‘Coach Tiquismiquis’.

En realidad, de entre los bases que acaban contrato, los dos únicos que supondrían un verdadero salto de calidad inmediato para el Madrid son Campazzo y Larkin. El argentino, a pesar de su discretísima temporada, parece tener mercado en la NBA, entre los clubes que le pretendieron en 2020 y a los que dio calabazas para recalar en una franquicia con aspiraciones como Nuggets. Está convencido y tampoco le tengo por un loco: ya ha comunicado al Madrid que no cuenten con él salvo giro mayúsculo de acontecimientos.

Show me the money

De Larkin dijo Laso el año pasado que es «el jugador más explosivo de la Euroliga», suponemos que este sí le gusta. Huguet publicó en febrero en Mundo Deportivo sobre el interés blanco, pero algunos parroquianos corrieron a desestimar el rumor por la sindicación de la fuente. Resulta que no iba desencaminado puesto que, según Marca, el jugador ha rechazado ya una oferta del Madrid de dos millones de dólares anuales, entendemos que netos, que sería el exacto mismo rango salarial que Tavares y que Facu en su día (3.6M de euros brutos). Recordemos la importancia de los equilibrios salariales para la paz del vestuario…

Tampoco tomaría la negativa de Larkin como una puerta definitivamente cerrada, sobre todo si es «una primera oferta«, como especifica Nacho Duque en su texto. Al fin y al cabo, poneros en el pellejo del jugador ¿por qué iba a aceptar un preacuerdo tan pronto, en marzo, por un 40% menos de salario que el actual? Ya tendrá tiempo de bajarse de la burra más adelante si hace falta, y el Madrid de subir su oferta.

Si Larkin sigue siendo una opción, el contexto de mercado y el tiempo pueden jugar a favor del club blanco. Primero, porque los salarios top se han contraído por la pandemia, nadie en Europa en 2022 va a pagar a Larkin los 3.4M$ netos que cobra ahora. Imagino que su agente no es gilipollas y ya lo sabe. Segundo, por la falta de competencia: con los equipos rusos fuera de la ecuación, con el Barca hipotecado y la lira turca bajita se reduce el número de destinos potenciales. Pocos clubes, si es que alguno, pueden llegar a las cifras del Madrid por un base este verano. Solo se me ocurre el propio Efes, en caso de que Micic salga a la NBA, el Armani Milán, donde termina contrato Delaney, o Partizán, si el gobierno serbio sigue inyectando pasta a lo loco en los clubes deportivos.

Si Larkin se enroca en una cifra y ningún club europeo la alcanza, siempre podría intentar como alternativa reengancharse (de nuevo) a la NBA, que no deja de ser la liga de su país. No es que estén los general managers allende el mar desvelados por él, pero tampoco es descartable que pueda colocarse. En ese escenario cabe plantearse dos cuestiones: ¿cuánto puede esperar el Madrid para cerrar el fichaje pivotal del verano? El mercado NBA de agentes libre no empieza hasta el 2 de agosto. ¿Es sensato fiar la suerte del proyecto a un jugador cuya prioridad absoluta parece ser la pasta?

Planes C

Marca menciona otros cinco nombres, aunque algunos me parecen de relleno. Chacho y De Colo, por ejemplo, que terminarán este curso con 36 y 35 años, respectivamente. Por no hablar de otros deal breakers, como el derecho de tanteo de Valencia y la enemistad JCS-Chacho. Scottie Wilbekin da el nivel, pasaporte comunitario y 29 años, pero también parece una opción lejana, dado que le queda otro año de contrato en Tel Aviv: ¿por qué dejaría Maccabi ir a su estrella? Ha sido quizá el club más golpeado económicamente por la pandemia, pero ¿tanto como para tener que poner en venta vía transfer a su go-to-guy?

Tomas Satoransky sería otra alternativa improbable: el Barca se guardó sus derechos para Europa, y tampoco parece claro que cruce el charco este verano, viendo el repunte de sus minutos desde que regresó a Washington en febrero.

La opción más creíble de las cinco, que tampoco probable, parece Kevin Pangos (29 años, pasaporte comunitario), cuya situación contractual con CSKA pende de un hilo. Firmó un contrato por tres temporadas solo un día antes del inicio de la invasión de Ucrania. Oficialmente no se ha desvinculado del club, como Shengelia, Lundberg o Hackett, pero tampoco se ha incorporado. Recordemos que la competición en la liga rusa sigue con ‘normalidad’, y Clyburn y Milutinov están jugando. A falta de conocer el desenlace de la historia Pangos-CSKA, parece incierto que el canadiense juegue en Moscú la próxima campaña si los equipos rusos son excluidos de nuevo de la Euroliga, un supuesto probable, dado que el conflicto en Ucrania y la guerra de sanciones parece que van para largo.

¿Y si lo de Larkin fuera cierto?

Ayer saltó una bomba, el nombre de Shane Larkin, en cuyo fichaje estaría trabajando el Madrid de cara al curso que viene. Visto en perspectiva, la operación tendría mucha lógica: no hay día que no remarquemos la carencia de un anotador exterior de primer nivel en la plantilla blanca, y no hay ninguno mejor que Larkin en Europa. Su compañero Micic es más completo y generador, pero como anotador Larkin es insuperable, con esa combinación de primer paso eléctrico y tiro exterior. Desde un punto de vista deportivo sería un pelotazo.

Son varios los factores por los que no se me hace extraño el rumor. Su pasaporte comunitario (por Turquía) encaja en la configuración de plantilla y 29 años es una edad óptima de madurez. Además, y esto es clave, termina contrato el 30 de junio, así que el 1 de julio será libre para renovar en Turquía o firmar por el equipo que le plazca. Y con la lira por los suelos y el proyecto Efes haciendo aguas, que apesta a mal rollo de vestuario, encaja un cambio de aires.

Por otro lado, su nombre ya me había llegado por mentideros, nada serio ni formal, pero me había llegado. Creo que uno o varios periodistas que cubren la actualidad del Madrid conocían las negociaciones, pero a petición de la fuente, es decir, el propio club, estaban guardando la información para no poner en riesgo la operación. La noticia ayer la publicó Huguet en Mundo Deportivo, que además de un acuerdo verbal con el jugador (su agente se reunió con el club esta semana a propósito de un júnior), el Madrid estaría en «negociaciones avanzadas» para que Baskonia renuncie al derecho de tanteo a cambio de una compensación económica.

Larkin publicó anoche un story en su cuenta de Instagram desmintiendo la información, vamos, lo esperable. ¿Qué va a decir el jugador, con cinco meses aún de contratazo en vigor, confirmar que se va a un rival en verano? Su desmentido ayer tiene escaso valor a medio plazo, cualquier declaración pública que haga hasta el 1 de julio hay que leerla exclusivamente en clave Efes, del respeto a su afición. Que la operación acabe cristalizando es otra historia, la vida y el mercado pueden dar muchas vueltas en cinco meses, que le pregunten a Ante Zizic. Pero no te tiras a a semejante piscina sin constancia de que hay algo de agua al menos.

Posdata: si el Madrid activa una operación de tanto calado (deportivo y económico) como la de Larkin es porque debe ver en arameo la posibilidad del regreso a Europa de Campazzo en verano.

¿Qué nota le ponemos al 2021 del Madrid de basket?

Nochevieja es buen momento para echar la vista atrás y hacer balance: el año del RM ha sido harto irregular, dividido en dos actos casi opuestos. Uno de suspenso y otro de notable, tirando a alto. Pero bajemos al detalle…

Primer acto: nadaplete

Casi todo lo que pudo salir mal de enero a junio salió mal. Hay factores atenuantes, pero el resultado fue un nadaplete, la cesión al Barca del cetro del basket nacional. Una calamidad: se encadenaron las lesiones y para colmo Deck dejó tirado al equipo en el desenlace de la temporada. Una espantada que se sumaba a la de Campazzo el 20 de noviembre, aunque en ese caso el jugador avisó con mucha antelación. Aviso, por cierto, que el club desoyó por motivos que aún hoy no alcanzo a entender y cuyo resultado, su marcha, marcó/lastró en buena medida las opciones deportivas de la temporada. En esas condiciones hubo poco que rascar: se cumplió el mínimo homologable llegando a las dos finales domésticas (Copa y ACB), pero se cayó en ambas con estrépito ante el Barca. Milagros, a Lourdes.

Dignos de mención son el récord de victorias en fase regular ACB (34-2) y la eliminación con honores frente a Efes, a la postre campeón Euroliga. Se perdió, claro, pero fue una derrota dulce comparada con las humillaciones ante el Barca. Se dejó el pabellón alto, con Garuba en fase superguerrero y el equipo en cuadro, estirando hasta el límite el concepto de resiliencia colectiva. El mismo espíritu, por cierto, que guió el triunfo ante CSKA la semana pasada.

El partido de récord de Garuba | Real Madrid CF

Las fugas a la NBA del primer acto dejaron al equipo vendido pero tuvieron una consecuencia indirecta positiva: la pasta. El dinero no gana partidos ni levanta títulos, pero permite invertir en plantilla para rearmarse y recuperar la ilusión, que es el leitmotiv de la segunda mitad del año. Los nueve millones de euros (a plazos) de las cláusulas de Facu, Garuba y Deck son una fortuna en el basket europeo en tiempos de contracción por pandemia. Una fortuna para enjuagar pérdidas y aprovechar oportunidades de mercado, como Poirier, incorporación estratégica en abril.

Con el francés más Edy el Madrid junta la mejor pareja de pívots que haya visto la Euroliga en unos cuantos años, y el juego del equipo necesariamente vira hacia la pintura. El otrora protagonismo casi hegemónico del backcourt en el sistema Laso, de los Sergios, Luka o Facu, ha dado paso a un sistema con los interiores como referencia. No necesariamente en número de tiros, que también, sino en influencia en el juego en ambos aros: definición en la pintura, rebote, intimidación… Podemos debatir sobre su estética pero difícilmente sobre su eficacia. Es la receta más lógica para competir por títulos con las cartas disponibles, sin estrellas de backcourt en el mercado.

Por cierto, que la primera mitad de año nos dejó también la retirada de Felipe Reyes, al que honestamente le sobraron las dos últimas temporadas, y también la de Jaycee Carroll, al menos de facto, en uno de los episodios más chuscos e innecesarios que recuerdo entre las leyendas de la sección. No es que no descarte, es que doy casi por hecho que aparecerá por Madrid en algún momento de 2022, bien para un acto de homenaje en el Bernabéu, bien para una mini gira de despedida pagada, jugando alguna pachanga dominical de ACB, aprovechando esa oferta de renovación sine die que le plantó Florentino. De lo contrario, no tendría sentido esta ambivalencia. Ahora bien, sería una coda anecdótica, la de un exjugador a todos los efectos. El equipo se ha acostumbrado a vivir sin él, y nada mal, por cierto.

Segundo acto: recuperar la ilusión

La segunda mitad de año es cuarto creciente. Lo primero fue recomponer filas, ya sin argentinos, para lo que se fichó en verano con sentido común y cierta ambición: Yabusele, Heurtel, Hanga y NWG (en verdad el fichaje de Poirier lo contaría también como de temporada 2021-22). Y las piezas no han tardado en encajar. Ganar la Supercopa remontando 19 al Barca fue un chute de confianza para empezar, un título que podemos poner en buena medida en el haber de Llull, que firmó una final superlativa. Un nivel que, como era de prever, no ha conseguido mantener durante el curso, ni cerca, especialmente al tener que jugar de base por las lesiones en el puesto. Eso sí, la salud le está respetando este año, tanto a él como a Rudy y Causeur, los veteranos, piezas de cierto peso en el primer tercio de curso en este Madrid tan atomizado.

El equipo cierra el año líder en solitario de la ACB y segundo clasificado de la Euroliga, con un sólido balance acumulado de 29-4, pese a no haber jugado ningún partido con menos de dos bajas. Ventajas de una plantilla muy larga, sin estrellas exteriores de relumbrón pero equipada para el barro, potentísima en rebote y defensa. Ingredientes para volver a la F4 y competir de tú a tú con el Barca en las finales nacionales.

Los títulos definirán la nota de 2022, pero el objetivo primero, recuperar la ilusión, es de 2021 y lo doy por conseguido.

Las cuentas del Madrid de basket: aumenta casi 4M la masa salarial

2Playbook ha publicado las cuentas del Madrid de baloncesto, las de la temporada pasada y las previstas para la presente, y una primera conclusión es que ha capeado dignamente el temporal de la pandemia, del año sin público en el pabellón. Al menos en lo que a equilibrio de finanzas se refiere, que no es un concepto muy sexy para el aficionado, que no mete triples ni gana partidos, pero da estabilidad al proyecto, que no es un tema baladí, pregunten en Barcelona.

La sección blanca cerró la pasada campaña, 2020/21, con pérdidas de 18.8 millones, que así dicho suena una burrada, y ciertamente lo es, desde toda ortodoxia contable. Pero tampoco podemos sorprendernos a estas alturas de la película de la ruina que representa el basket europeo de élite, son lentejas. Sin embargo, puesta en perspectiva histórica, esa cifra de pérdidas es la más baja en el Madrid de basket en un lustro. Y lo es, mérito añadido, en un año de caída muy brusca de los ingresos, debido al cierre del pabellón por la pandemia y a la consecuente ausencia de ingresos por ticketing (entradas y abonos), que suele rondar los 4 millones anuales.

Una reducción de ingresos que compensó con creces el capítulo contable de compra/venta de jugadores, es decir, la resulta entre las cláusulas pagadas y recibidas, con un saldo positivo de 7.8 millones, a pesar de los 1.5 millones invertidos en el tránsfer de Abalde. Pero es que la sección registró ingresos récord por cláusulas con las salidas de Garuba, Deck y Campazzo. Y eso que el base adelantó parte de la suya jugando ‘gratis’ varios meses, lo que contabiliza como ahorro en otro epígrafe, el de masa salarial.

Por comparar, el Barcelona de basket, cuyas cuentas también publicó recientemente 2Playbook, registró la pasada temporada pérdidas 10 millones de euros superiores a las del Madrid (28.8M). En otras palabras: palmó un 53% más dinero que el RM.

Un pero y un halago

Puestos a sacarle un pero a las cuentas blancas, y más viendo que están razonablemente saneadas, llama la atención la racanería con el tema base el curso pasado. Que no se hiciese un esfuerzo de, no sé, digamos 500k de masa salarial para firmar 6 meses a un director que supliese parte del agujero que dejó Campazzo. No había grandes nombres en mercado, lo sé, hubiese sido un melón por abrir, pero hubiese dado al menos una oportunidad, en vez de quedarnos vendidos, como nos quedamos, siete meses en manos de Lapro y de Alocén en prácticas, que así nos lució el pelo. Un suicidio deportivo a sabiendas por ahorrarse cuatro duros: la cabezonería de FP.

Otra conclusión, esta en positivo y que contrasta con la anterior, es la decidida apuesta por la sección que se ha hecho este verano, de cara a la presente temporada, una vez superada la peor parte de la pandemia. La masa salarial aumenta un 12%, en 3.8 millones, de 31.1M a 34.9M . Puede que ese aumento del gasto no luzca demasiado mediáticamente, para el aficionado intermitente, al no haberse fichado ningún estrellón, pero a cambio han llegado varios jugadores de burguesía Euroliga, me consta que en general pagados generosamente. Eso sí, todos como agentes libres, sin abono de cláusula.

El tipo de jugadores que no venden camisetas pero son bonos suizos en la pista y el vestuario, y que apuntalan una plantilla de por sí larguísima: 14 fichas de primer equipo. Podemos debatir sobre si es la estructura de plantilla idónea, o sobre si todos los movimientos que se han hecho (y los que se han dejado de hacer) son los más apropiados, es decir, si tenemos la mejor plantilla posible con esos casi 35M de masa salarial (que incluyen cuerpo técnico). Pero lo que no puedo poner en duda es que este año se ha apostado por el basket, y eso es siempre bienvenido.

Colorín colorado, este annus horribilis se ha acabado

Hasta aquí la temporada del Madrid de basket y, ¿sabéis qué os digo? Que en cierto modo supone casi una alivio, porque ha sido un dolor de muelas. Con algún arrebato de orgullo puntual, como la serie de cuartos frente a Efes, pero un dolor de muelas al fin y al cabo. Quizá la temporada menos ilusionante de la era Laso, y no precisamente por su gestión, que ha sido impecable, obligado a sacar conejos de la chistera casi cada semana.

La final ACB se acabó en el tercer cuarto el domingo y la decidió Cory Higgins. El segundo partido solo fue un epílogo innecesario, un «chou», como dijo Laso en un tiempo muerto. Una coda para mayor gloria de Mirotic, que hizo lo que mejor sabe, inflar estadística con el rival ya en la lona. Habrá quien se consuele con la excusa de las lesiones y la mala suerte, pero el Madrid post Campazzo está a un abismo del Barcelona, a las dos finales desde que se fue me remito.

86 partidos, que ya está bien, 86 partidos de engordar para morir desde que se pirase el argentino, que era medio equipo. Su marcha alteró el equilibrio de poder en la ACB y el club, por ahorro, por autosuficiencia, decidió sencillamente no fichar, no buscar un sustituto, ni intentarlo siquiera. Contra otro Barca, el de hace 4-5 años, hubiese servido, pero no contra este, ni cerca. Fue un tirar la toalla antes de arrancar la temporada, resignarse a que pasase lo que ha pasado, que es lo normal. Y mira que Facu avisó con tiempo, en mayo, que no pilló por sorpresa al club como lo de Tortuga Deck.

Una decisión de un cortoplazismo financiero que pasados los meses todavía no me explico, como si la sección no palmase 20-30 millones todos los años sin que eso suponga un problema. Ha sido un tirar al retrete la temporada de una sección de unos 40 millones de euros de presupuesto anual por no gastarte 1-2 millones en el sustituto de un jugador cuya marcha deja 6 kilos a plazos…

Capacidad de regeneración

El Madrid ha hecho gala durante años de una épica capacidad de resiliencia, de enjuagar las marchas a la NBA y las lesiones con los recursos propios de la plantilla. Los que han quedado este curso, entre fugas y lesiones, han dado la cara en la medida de sus posibilidades, quizá incluso por encima. Se han salvado los muebles, pero la épica tiene un límite, y la regeneración requiere de unos mínimos mimbres previos que ahora no hay.

Me ha dado por revisar lo que publiqué aquel 20 de noviembre, a la marcha de Facu: entonces temí estar siendo demasiado duro o agorero, pero no…

Esta fuga es un torpedo en la línea de flotación del equipo, cuyas opciones de títulos este curso se reducen dramáticamente sin una de sus dos estrellas

¿Y qué va a hacer el club ahora? Nada. La intención es no fichar, y mejor que nos hagamos a la idea cuanto antes, para no seguir perdiendo el tiempo pajeándonos con los descartes del mercado NBA. Una decisión decepcionante para el aficionado pero no por ello sorprendente, en línea con la muy conservadora política de despachos de la sección en la era Laso, fiándolo todo al continuismo

Lapro y Alocén, la nueva ralidad: el Madrid se va a pasear por Europa con una dupla de directores digna de media tabla en la ACB. Laso es un contrastado gestor de bases, pero milagros a Lourdes

Lesiones y lesiones

Si la marcha de Campazzo cambió el equilibrio de fuerzas ACB, las lesiones fueron la puntilla. La de Randolph un enorme infortunio, claro está, pero la mayoría del resto han sido musculares en jugadores bien entrados en la treintena, así que previsibles en cierto modo.

Llull, por ejemplo, se ha perdido 31 partidos de la temporada (el 36%), y de los que ha podido jugar unos cuantos lo hizo forzando, como esta semana, y por tanto mermado. Lleva tres temporadas igual, así que no nos puede coger por sorpresa, y camino de los 34 no va a ir a mejor. Tres cuartos de lo mismo pasa con Carroll y Rudy, que se han perdido 17 y 29 partidos, respectivamente, entre lesiones varias y descansos. Los tres, por cierto, han firmado calamitosas actuaciones en la final ACB, sin paños calientes.

Con este panorama, lo que le ha quedado al Madrid en la temporada, siendo realistas y dejando la testiculina y el escudo al margen, es luchar por meterse en finales nacionales e intentar la sorpresa. Pero ya no como favorito sino como aspirante, por primera vez en más de un lustro. A las finales se ha llegado, así que la temporada no es de suspenso, pero tampoco ha habido sorpresa, ni cerca: se han perdido sin paliativos, por el sencillo motivo de que el Barca es ahora mejor, manque pese.

Señales de desgaste

Las señales están ahí desde hace tiempo, para quien las quisiera ver. Dejar de ser el equipo a batir no sucede de la noche a la mañana por un puñado de lesiones, es una transición cocida a fuego más lento de lo que parece.

La temporada pasada el equipo era ya muy dependiente de Tavares y Campazzo, que tapaban muchas miserias, mientras a su alrededor se hacía un vacío cada vez mayor, principalmente por la complacencia y el desatino de la directiva en mercado desde que se ganase la Euroliga de Doncic en Belgrado (2018). Se confundió continuismo con dejadez: los jugadores envejecen y las estrellas se apagan. Reconocer la trayectoria de leyendas del club no está reñido con admitir su decadencia según les caen años encima. La lealtad no gana títulos y hay maneras muy dignas de rendir tributo sin ficha en el primer equipo.

Una dejadez directiva en Goya que contrasta con el empuje del Barça, más ambicioso en mercado, como corresponde al perseguidor, y tanto fue el cántaro a la fuente que al final se rompió. En verano de 2019 FCB dio un golpe encima de la mesa, fichando a dos titulares del quinteto ideal Euroliga (Higgins y Davies) y a dos jugadores de clase media NBA (Mirotic y Abrines). Todos en su edad prime. El curso pasado no cuenta, que se cerró en falso por el covid: este ha sido el primero con ese plantillón ensamblado, y el resultado salta a la vista: nos han pasado por la derecha.

¿Diferencia de presupuesto? El Barca gasta un poco más en plantilla, sí, pero la diferencia dista de ser abismal. De hecho, a comienzo de curso los presupuestos eran casi idénticos, hasta la marcha sin cubrir de Facu, que supuso desinvertir como 3 millones de masa salarial. Por favor, no nos agarremos a ese viejo complejo colchonero de la inferioridad presupuestaria para evitar hacer un poco de autocrítica. No comparemos solo presupuestos, sino la forma de gastarlos, que nadie obligó a JCS a firmar más de 4 millones por dos años a Laprovittola o a renovar a Felipe para vestirse de calle. El éxito del Barca no viene de una diferencia presupuestaria abismal sino de la apuesta por un núcleo de jugadores en su edad prime y sin riesgo de fuga NBA. Mientras, el Madrid se agarraba al continuismo, al realismo mágico de la resiliencia y las vacas sagradas.

Estamos ante un verano clave en los despachos. Toca un cambio de rumbo en la toma de decisiones, apostar por el rendimiento esperado a futuro y no por el pasado, el cariño y la lealtad. No voy a bajar hoy al detalle de los nombres de salidas y fichajes deseables, ya habrá tiempo, sino a recordar que de la autocrítica de que sea capaz el club, y del acierto y la ambición que muestre este verano depende evitar que se consolide un cambio de ciclo en el basket español, con el Barca como dominador y el Madrid a rebufo.

Las notas de la Euroliga 20/21 del Madrid

La temporada Euroliga del Madrid ha sido un dolor de muelas para el aficionado, con una plantilla mal confeccionada de partida, además mermada por lesiones y fugas a la NBA. El arrebato de dignidad de la serie de cuartos, forzando quinto partido al Efes, no cambia el hecho de que la campaña blanca ha sido muy discreta. Dos milagros en Goya no deben servir de excusa a la directiva para posponer cambios necesarios en la plantilla, y acometerlos con mayor ambición que en veranos previos.

El Madrid, recordemos, es uno de los cuatro mayores presupuestos de Europa y venía de terminar como segundo destacado de lo que se pudo jugar de Euroliga 2019-20, que fue la mayoría de la fase regular. Balance 22-6. Por eso, meterse al año siguiente de milagro en top8 y ver la Final Four por la tele por primera vez desde 2016 es necesariamente una decepción, un paso atrás. Y la Euroliga, recordemos, es la competición en la que el Madrid juega contra sus iguales y por tanto por la que principalmente juzgamos su rendimiento. Así que, terminada la competición, toca hacer balance, en el que no incluyo ni a los que se fueron ni a Randolph, ausente casi todo el curso.

Los bases

Laprovittola. Tampoco es que le tuviésemos mucha fe después de su primer año en el club, de hecho tuvo pie y medio fuera en verano, pero igual esperaba más de esta segunda temporada, ya hecho a los sistemas y con la puerta de par en par que se le abrió con la marcha de Campazzo y los problemas físicos de Llull. No deja de ser un exMVP de la ACB, clase no le falta, pero no ha dado el step-ahead que esperábamos, por mucho que sonase algún día la flauta (Fenerbahce) o maquille los fines de semana en ACB. Cumple a rajatabla el refrán de «poderoso con los débiles y débil con los poderosos». En su caso, se juntan sus problemas defensivos con las pérdidas de balón y ese tempo de dirección exasperantemente lento que no pega ni con cola en el Madrid. De semejante manera se borró que Laso tuvo que tirar en no pocos partidos del chaval Alocén y experimentar con Abalde de base como alternativa en la dirección. Lapro es el tercer salario más alto de la plantilla, termina contrato y ya sabemos que no seguirá. Le deseamos suerte, ha sido un profesional, pero el Madrid necesita como el comer un cambio de aires en la dirección para el año que viene.

LLull. Echo cuentas y solo me salen solo cinco partidos buenos suyos en toda la temporada Euroliga: la pachanga contra Jimki en casa, sus minutos contra Bayern en la jornada 6, los dos encuentros inmediatamente posteriores a la marcha de Facu (CSKA y Asvel) y el tercero de la serie contra Efes. Punto. Nótese que digo buenos, de nivel titular de equipo top8, luego ha habido otros de simplemente mejorar a Lapro en esos días en que al argentino se le caían los balones de las manos, pero no me parece algo que poner en el currículum. Al final, hablamos de cinco buenas actuaciones sobre una temporada de 39, la nota es necesariamente un suspenso, y lo es por tercera temporada consecutiva, lo que invita a reflexión.

No paso por alto sus problemas físicos y, sobre todo, el hecho de que tuviese que volver a jugar de base por la espantada de Facu, cuando Laso había decidido este curso mudarle a tiempo completo a la posición de escolta, para limitar su tiempo con el balón en las manos. Son atenuantes, faltaría más, pero si hablamos de rendimiento, la realidad es que está muy lejos de la élite, cada vez más. Los problemas musculares no son nuevos, le acompañan desde que regresase de la gran lesión, y camino de 34 años su físico no va a ir a mejor. Termina contrato, aún no ha renovado y el Madrid se enfrenta a un dilema incómodo. Es joven para retirarse y el club ya ha demostrado guiarse por el sentimentalismo en la gestión del ocaso de las leyendas: prefiere que se retiren de blanco y cuando ellas elijan. Asumiendo por tanto que Llull renovará, la cuestión es en qué condiciones, es decir, por cuántos años, en qué rol y, por consiguiente, por cuánto dinero. Analizando su rendimiento, mi apuesta sería un 1+1 en la escala salarial de Causeur (alrededor del millón bruto) y para ser no más que segundo o tercer escolta de la rotación.

Alocén. Se le hicieron muy cuesta arriba los primeros meses, tanto en Euroliga como en ACB, lógico para un jugador de su corta edad y escasa experiencia, encima en un puesto tan exigente como el de base en el Madrid de Laso. Por si fuera poco, la fuga de Facu, las lesiones de Llull y el pobre rendimiento de Lapro le cargaron con una responsabilidad para la que todavía no está preparado. Lo ha pasado mal, pero mejoró a lo largo de la temporada, cumpliendo al menos, de hecho, fue el mas solvente atrás de la tripleta de bases. Le queda bastante recorrido aún hasta la élite Euroliga, pero ha salvado dignamente un año debut muy jodido y se ha ganado el puesto como tercer base para el que viene. Con menos presión y más experiencia tengo confianza en que la temporada que viene acelere su evolución.

Los escoltas

Causeur. Su campaña se parece un poco a la de Lapro: sólida en ACB, diría que hasta notable, pero suspenso en Europa, que es de lo que tratamos hoy, donde sus promedios bajan literalmente a la mitad. 10.8 de valoración en ACB por 5.4 en Euroliga… Las lesiones y fugas en el juego exterior le han concedido más minutos que otros años, que tampoco ha aprovechado para brillar, salvo ocasiones contadas. Cumple 35 el mes que viene y eso se nota en el físico y la defensa, donde más ha cojeado. De ahí su ostracismo en la eliminatoria contra Efes: solo 21 minutos entre el segundo y el quinto partido. Si no eres un crack en ataque, tipo Carroll, y encima sufres atrás, incapaz de contener a Beaubois, lo tienes negro en el sistema Laso cuando la carretera se empine. Le queda otro año de contrato garantizado por un salario razonable y es uno de los más queridos del vestuario, así que imagino que continuará, eso sí, en rol de fondo de armario y asumiendo que 2022 es el final de la escapada.

Carroll. Seguirá enchufando hasta en la tumba: 10 puntos de media en 15 minutos este curso en Euroliga. Pero esto se juega a dos aros y esos números esconden una contrapartida, a veces imperceptible para el aficionado ocasional, que es el hándicap defensivo en el que se ha convertido. Nunca ha sido su fuerte, pero la cosa va a peor con los años y el declive físico, convertido ya en un coladero atrás, una brecha en la falange que obliga a Laso a dosificar sus minutos y a auténticos equilibrismos en los quintetos para tapar el agujero. Carroll termina contrato, tiene 38 años y hace algunas semanas se publicó que seguiría otro año. Todavía no ha firmado la renovación y, personalmente, preferiría que no lo hiciese. Le considero una leyenda absoluta del Madrid, el mejor americano que ha vestido la camiseta desde que tengo uso de razón, y es así como prefiero recordarle, antes que verle arrastrarse y estirando el chicle, convertido en un busto andante. Precisamente porque le quiero, prefiero que se retire este verano, con dignidad.

De lo contrario, temo que el club se enroque y junte para el año que viene un puesto de escolta disparatado y nada operativo, de 142 años, con cuatro jugadores a una media de 35.5 (Llull, Rudy, Causeur y Carroll). Sé que los cuatro son muy queridos por la afición pero ninguno marca ya diferencias en Europa, como hemos comprobado este curso. La retirada voluntaria de Carroll forzaría a la directiva a salir de la zona de confort y buscar en mercado piernas frescas, por debajo de la treintena (¿Dorsey?, ¿Matt Thomas?). No tendría sentido acometer una renovación profunda de la plantilla, con fichajes ambiciosos en otras posiciones, y hacer la vista gorda al puesto de escolta por sentimentalismo.

Rudy Fernández. Su temporada se ha movido en las mismas coordenadas que las anteriores, mermado por los sempiternos problemas de espalda, reservándose para los partidos importantes. Apariciones con cuentagotas, cada vez más esporádicas, eso sí, cuando se pone de faena es el más determinante de los cuatro exteriores veteranos, por su defensa contagiosa, su inteligencia en pista y anticipación, aliñada con algún triple. Su versatilidad, al poder jugar tanto de escolta como de alero, es una baza valiosa. Pero si se trata de poner notas al conjunto de la temporada Euroliga, la de Rudy es un suspenso. Apenas ha aparecido y cada vez se puede echar menos cuentas con su concurso. En principio seguirá: le queda otro año de contrato garantizado, aunque no parece de los que estiran el chicle, a tenor de sus declaraciones públicas

Los aleros.

Alberto Abalde. Apuntó cosas interesantes en la pretemporada y primeros meses de competición, acorde a las expectativas levantadas por su fichaje, pero se fue diluyendo a lo largo del curso. El paso por el puesto de base le desubicó, cada vez más inseguro y tomando peores decisiones con el balón en las manos. No le han faltado minutos porque atrás siempre ha cumplido; su ventaja física respecto a los compañeros de puesto es insultante: el único exterior por debajo de la treintena. En la eliminatoria contra Efes remontó el vuelo y, sin ser estelar, le ganó el duelo a todo un Kruno Simón. Esperábamos más, pero llega al aprobado. Igual que con Alocén, contamos con que el año que viene acelere su progresión: está llamado a ser uno de los pilares del juego exterior blanco y eso pasa por un stepahead.

Jeff Taylor. El suspenso más rotundo del perímetro blanco. A falta de talento ofensivo natural, su rendimiento pasa por la defensa y está supeditado a un estado físico óptimo, del que apenas ha gozado en toda la temporada por distintas lesiones y molestias. Se le echó especialmente de menos en la serie de Efes, defensor natural de Micic y Larkin. Visto en perspectiva, el sueco ha resultado el más afectado por el desembarco de Abalde, dado que el gallego rinde atrás a un nivel casi parecido sin obligarte a ‘atacar con cuatro’. Taylor cumple 32 este mes y le queda otro año garantizado, pero no me sorprendería que el club negociase una rescisión de contrato. Ha dado buenas temporadas de basket en Madrid, no siempre reconocido, eso sí, fetiche defensivo del sistema Laso, pero su periplo blanco debería terminar aquí. Hace falta savia nueva.

Juego interior

Thompkins. Su temporada ha sido buena, segundo máximo anotador del equipo en Euroliga, con sólidos porcentajes (61% de dos y 41% de tres), que mantuvo incluso a la marcha de Facu, cuando se tuvo que buscar mucho más sus propios tiros. Además, cumplió con el marrón de jugar de center, que no es lo suyo, para compensar el agujero de la plantilla tras el fichaje frustrado de Zizic. Quizá esperábamos un poquito más a la lesión de Randolph, que le dejó el camino expedito, pero su físico es limitado, y la ecuación de ‘a más minutos mayor rendimiento’ no funciona en su caso, más bien al revés. Ha terminado la temporada fundido, con el depósito en reserva, pero durante muchas semanas fue casi el principal argumento ofensivo del equipo.

Garuba. Notable. Su explosión es la mejor noticia del equipo en la recta final de temporada: ha recogido de Tavares, asfixiado, el testigo como pulmón de la pintura. La evolución de su juego ha sido espectacular, tanto técnica, en su principal hándicap, que era el lanzamiento, como sobre todo en la toma de decisiones en pista. El mejor adolescente que ha visto la Euroliga desde la marcha de Doncic. Se llevaría un sobresaliente como un castillo… si no fuese porque hoy analizamos el global de la temporada y, pese a su final fulgurante, el resto del curso rayó un poquito por debajo de las expectativas. O quizá estas eran desmesuradas tras su temporada debut. Tiene 19 recién cumplidos, que es la edad en que la carroza se convierte en calabaza y los buenos de Europa se piran a la NBA. Una pena, que además deja un boquete en el roster, porque el Garuba del último mes tiene difícil reemplazo en el mercado y no se puede echar cuentas con que Randolph se parezca al que fue. Suena Yabusele

Felipe Reyes. Le ha sobrado esta temporada, seguramente la pasada también, un epílogo innecesario a una brillante carrera. No ha aportado prácticamente nada al equipo porque ya no está para el basket de élite, por eso Laso tuvo que recurrir a Vukcevic, fichar a Tyus o tirar de Thompkins como pívot antes que dar minutos al capitán, claramente nivel exjugador. Solo ha tenido 21 minutos en Euroliga en toda la temporada, en 39 partidos y pese a la plaga de bajas, no hay mucho más que añadir. Son 41 años y se retira el 30 de junio.

Alex Tyus. Fue un fichaje poco ambicioso a la lesión de Randolph, un recambio baratito y comunitario para salir del paso, y como tal ha rendido. A pesar de su amplia experiencia Euroliga y a que teóricamente llegaba en forma, en activo de Galatasaray, le costó bastante empezar a sumar. El último mes ha cumplido, sin alharacas. Tiene 33 años, firmó solo hasta final de curso y no seguirá.

Edy Tavares. Sobresaliente, el mejor del equipo este curso, sin duda. A la marcha de Facu se confirmó como la estrella indiscutible del proyecto, además del center más dominante de la competición, incorporando este año nuevas herramientas a su repertorio ofensivo, que sin Campazzo, igual que Trey, ha tenido que buscarse mucho más las castañas. La recta final de temporada le ha pillado desfondado: por muy en forma que esté y por mucho que se cuide, que parece el hombre de acero, no deja de ser un tipo de 221cms que durante meses se ha metido 90 minutos de juego a la semana entre pecho y espalda. El curso que viene será distinto, con Poirier de escudero podrá dosificarse para llegar bien cuando se decidan los títulos.

Coach L

Pablo Laso. Seguramente su mejor temporada ha coincidido con la peor plantilla. Se ha convertido en un entrenador superlativo, además, tras una década en el banquillo no se ha aburguesado lo más mínimo, que lo fácil hubiese sido echarle este curso la culpa al empedrado (=a la directiva o jugadores). Pero se ha mantenido estoico ante la fuga de talento, dando la cara, capaz de encontrar soluciones de circunstancias hasta debajo de las piedras. Se inventó a Thompkins de center, dio la alternativa a Vukcevic y hasta probó con Rudy de ala-pívot (¡!). Ha renovado por dos temporadas y a Dios gracias, porque es la verdadera clave de bóveda del proyecto.