Los Knicks son un equipo de psiquiátrico y nunca te puedes fiar, pero lo de Hernangomez ya no parece flor de un día. En los últimos 8 partidos (en los que ha jugado) promedia 22 minutos, 11 puntos y 12 rebotes. Tampoco hacía falta una bola de cristal para imaginar que Willy encajaría, pese a los pronósticos agoreros de más de un madridista resentido, que no le perdona que rechazase renovar, más aún siendo canterano. «¡Ingrato!». Encaja en la NBA porque es un interior puro, se ajusta a la descripción de pívot del libro de texto, sin moderneces, de los que escasean, que no se aleja del aro huyendo del contacto. Lleva 160 minutos jugados desde que intentó el último triple (por comparar, Ibaka se casca 4 por partido). La versatilidad es un término maldito entre los scouters americanos, se considera indefinición de puestos, pregunten a Rudy.
Ya en los pocos minutos de que dispuso el curso pasado Hernangomez demostró que bien alimentado es un ventilador de estadística. Solo en 6 partidos llegó a 20 minutos o más, en los que promedió valoración 18. En todo caso, las dos partes salieron ganando, un divorcio feliz. Laso dispone de su dupla soñada de interiores, Ayón y Hunter, reyes de la defensa y el 2×2. El resto de habilidades están de sobra en su sistema: tiro de media distancia, juego de espaldas, ganchos con la zurda… La trituradora no hace excepción con canteranos, solo con Felipe, por galones, y el perfil de Willy, tan poco atlético él, tenía escaso recorrido en semejante sistema.
Personalmente me hubiese encantado que jugase varios años más de blanco, nivel para ello está demostrando que tenía. No salen tan a menudo canteranos de este nivel. El Madrid le crió y no le llegó a disfrutar. En todo caso, no seré yo quien cuestione a estas alturas el sistema Laso, que ha devuelto la ilusión y los títulos al madridismo.
Willy está mejorando en defensa, igual es algo lento, pero corpulento, lo que aprovecha en ataque circunscribiéndose al juego en la pintura, tiene buenas manos e intuición para el rebote. Resumiendo, cumple el A-B-C de los pívots y, dada su edad (22) y la escasez de talento en ese puesto en el basket mundial, no es difícil suponer que hará carrera en la NBA, es decir, que seguirá unos años en la liga y hará bastante dinero, sin ser necesariamente una estrella.
El Madrid manda en la clasificación de la Euroliga tras 19 partidos, plaza que bien puede mantener otra jornada, pues el viernes recibe a Milán, uno de las pocas citas a priori cómodas del calendario. No dan caramelos por el liderato, lo sabemos, pero como síntoma resulta esperanzador, si lo comparamos con la odisea del curso anterior, que se pasaron ambos grupos como último clasificado, preámbulo de un merecido rapapolvo en cuartos.
Levantar al espectador del asiento es muy sexy pero gana poquitos títulos. Llull es un pasador sobrio, en sus asistencias no hay floritura, nunca salen en las mejores jugadas, como las de Campazzo, Teodosic o Chacho. El aficionado irregular le conoce más por los tiros salvapatria, que sí aparecen en los highlights, pero que en la ecuación dan tanto como quitan al equipo, como las asistencias de sobaquillo. Que nadie se engañe, al final es el pase y no otra faceta de su juego la que ha elevado a Llull en los 2-3 últimos años a la categoría de estrella Euroliga.
Tiene 17 años pero le van quedando ya pocas cimas pendientes de escalar en Europa. Esta noche puede tachar otra, la de dominar y decidir un partido a domicilio en la máxima competición continental, de esos con ambiente hostil y arbitraje casero, como los que se le atragantaron esta misma temporada en Estambul, ante Dogus y sobre todo Fenerbahce. Pero a la tercera fue la vencida en el Bósforo. Hizo olvidar la baja de última hora de Llull (molestias en la rodilla), mantuvo al equipo a flote y decidió en final igualado: valoración 31 en 23 minutos, a saber, 17 puntos (7/10 de campo), 5 rebotes y 9 asistencias, incluida la de la última canasta, de Ayón, que decidía el duelo (78-80). Corta el Madrid así una preocupante sangría de resultados a domicilio, previa a la visita de CSKA el día de reyes, uno de esos encuentros que definen tendencias en la temporada.
La inconsistencia del Madrid como visitante empieza ya a cantar, en Sevilla sumó el tercer pinchazo consecutivo. Derrota en competición doméstica, con menos trascendencia pero más delito. El Betis que, por poner en contexto, venía de perder los tres últimos partidos en su pista por una media de 21 puntos. Y cayó el Madrid pese al regreso de Maciulis, Doncic y Rudy, fuera de la convocatoria se quedó ‘mechitas’ Taylor, el mejor en Belgrado. Remontó Sevilla 10 puntos en el último cuarto para ganar un final de cara o cruz. El guión no fue el habitual, porque un Betis no tiene potencia de fuego como para romperle el partido a un Madrid, pero los síntomas blancos sí fueron los ya conocidos… Mala defensa en la pintura (65% tiros de dos concedidos), dependencia de Llull (18 tiros de campo lanzados) y del triple (25%).
Es ya un clásico, perder entre semana en Euroliga y que un equipo ACB de clase media-baja pague los platos rotos en el Palacio el domingo por la mañana. Le tocó al Obradoiro del canterano blanco Santi Yusta, bastante estancado en su progresión, pero que jugó su mejor partido de la temporada (valoración 18). El guión también nos lo sabemos: relajación defensiva del Madrid hasta permitir mínimas ventajas visitantes (20-22, min10), para después reaccionar con contundencia, según los titulares rivales se cansan y sale fresca la segunda unidad blanca. Hasta 15 triples metieron solo los reservas, a destacar Chapu (4/4) y Carroll (6/7), que se quitaron el mal sabor de boca tras sendas actuaciones horripilantes en Estambul el jueves, donde de hecho fueron los peores.
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