De Randolph, Williams-Goss y el efecto dominó

El regreso de Trey y Randolph, que debía haber traído puntos y un salto de calidad, no está teniendo ni mucho menos el impacto que esperábamos. Recordemos que suman unos cuatro millones brutos de masa salarial.

Thompkins, que volvió más tarde, está bajito de forma, no atrapa un rebote ni por error y en defensa todo le cuesta un mundo. La explicación no parece esta vez el peso, ojalá fuese eso, que tiene solución más o menos rápida; sencillamente Trey nunca ha destacado por su físico y una baja de siete meses a su edad pasa especial factura. Sin embargo, juega, a veces hasta brilla (semifinales de Copa) y sigue contando con la confianza de Laso, es uno de sus pretorianos (junto a Taylor y Causeur), además de figura apreciada en vestuario y grada. No, lo grave no es lo de Thompkins sino lo de Randolph, que además tiene un salario más alto y (hasta donde sabemos) contrato garantizado el año que viene. Volvió hace dos meses y medio, físicamente parece en buen estado, pero está fuerísima de dinámica, y cada vez más. Un total de tres minutos de juego en los últimos seis partidos (¡!).

Su actitud es pésima, os lo dice un abonado que le ve de cerca en Goya: tiene detalles feísimos que no captan las cámaras, como saltar la valla publicitaria de camino al banquillo, para evitar cruzarse a Laso cuando le sienta. Vedettismo que no veréis a ningún otro jugador del equipo. En Euroliga, que sabe que no juega, se pasa los partidos completos pedaleando en la bicicleta estática para no tener que integrarse con los compañeros en la banda, animar y hacer piña. La bici se supone que es para calentar, no para exiliarse. Llega a los tiempos muertos cuando ya están acabando y ni se asoma a escuchar. Es vergonzoso. Si alguna vez fue tan bueno como para que le riésemos estos desplantes, ya no lo es. Debería estar agradecido por la paciencia y sensibilidad del club con su lesión, ser campeón en actitud, pero lo contrario. Con razón Laso le ha puesto una cruz como la del Valle de los Caídos de grande, ya veremos si definitiva.

El veto a Randolph deja un damnificado: Nigel Williams-Goss, fuera de la convocatoria de semifinales y final en la Copa por el overbooking de extracomunitarios. Algunos lo han interpretado como que Laso tira la toalla con él, yo veo otro motivo. De entrada, me cuesta creer que el técnico se baje del carro de NWG tras apenas cinco meses, de los que se ha pasado uno y medio de baja.

Yo veo otro motivo: el efecto dominó. Me explico: asumiendo que Deck es clave, el descarte debe salir de entre Trey y Goss. Y en condiciones normales, estando Alocén lesionado, el sacrificado debería ser Thompkins. Pero no estamos en condiciones normales, porque el veto a Randolph deja a Trey como único ala-pívot reserva. Puedes utilizar a Deck de cuatro, sí, pero es desperdiciar un recurso valioso, siendo de alero como más diferencias marca. De base reserva tienes dos opciones testadas, Llull y Abalde. Imagino que no fue una decisión fácil, pero así es como yo la interpreto.

Sensei Laso

Lo cual no es óbice para detenernos en la adaptación de Goss, que no está respondiendo por ahora a las expectativas (también algunos las tenían quizá demasiado altas). Creo que todos coincidimos en que arrastra un problema de confianza y autoridad galopante, juega evitando el fallo más que buscando el acierto: no mira el aro, se limita a subir el balón, ordenar sistema o sencillamente dársela a Llull, con quien casi siempre coincide en pista y sabemos cómo acaba la historia. El puesto de base en el Madrid requiere mucha más iniciativa ofensiva, salirse de sistema a veces. La disciplina como hándicap más que como valor: en este formato ameba Goss es un activo desaprovechado.

Vale, no es un superclase tipo Chacho, Facu o Doncic, quizá estábamos mal acostumbrados. Tampoco ayuda el prejuicio estético rancio: leo a aficionados decir que no puede ser base del Madrid por su «manejo del balón», como si fuese un requisito imprescindible y Calathes un Globbetrotter. También creo que no hemos terminado de entender la sequía de talento en el puesto de base del pasado verano en Europa. Los que hemos visto a Nigel jugar en otros equipos sabemos que es un jugador de nivel y con recursos, en Madrid lo ha mostrado a cuentagotas, a los partidos contra CSKA y Murcia me remito. Por cierto, cuando dirigió al equipo Chus Mateo, que Laso estaba de baja por covid. ¿Coincidencia?

Cumple en defensa y no se le pira la pinza, pero acaba los partidos con 10-15 minutos en pista y ni un solo tiro, mientras Llull apedrea el aro sin reparo: 1/11 triples en la Copa, 28% de campo en Euroliga, y no precisamente lanzando poco. A Goss le falta iniciativa, sí, pero aquí señalo también a Laso: no se trata de que el jugador tome el cielo por asalto sino de que el jefe asigne roles. Viendo el nivel de Lapro en Barcelona y la gestión por ahora de NWG os confieso que se me está empezando a caer aquel mito de Laso como sensei de la gestión de bases.

El Madrid se bloquea en el Clásico

21 de los últimos 22 partidos había ganado el Madrid, una burrada que le había puesto líder en solitario de ambas competiciones. Eso, unido al regreso de los lesionados y el fichaje de Tortuga, había desatado cierta euforia en la parroquia. En parte justificada, en parte precipitada. Nos estábamos chupando las pollas antes de tiempo (Mr. Wolf dixit) y tuvo que venir el Barca para bajar los humos en Goya, que tampoco está mal como toque de atención en puertas de la Copa.

Esa única derrota en los últimos 22 partidos fue también contra el Barca, la visita al Palau en Euroliga. Y clara: -13. Y la final de Supercopa se ganó milagro mediante, remontando 19 en un partido que habían dominado claramente los azulgrana… El Madrid bien va camino de ganar ambas fases regulares, ACB y Euroliga, haciendo valer la disparatada profundidad de su plantilla, pero levantar títulos pasa impepinablemente por ganar a los de Saras. Y en los duelos directos, a día de hoy, el Barca sigue pareciendo medio cuerpo por delante. Nada que ver con lo del curso pasado, claro, que la desventaja era obscena, pero en los esfuerzos cortos se diluye el valor de la profundidad de plantilla blanca.

Jugador a jugador

Esas son sensaciones generales, luego está el detalle del partido. Este Madrid se construyó desde la defensa y lo tiene complicado si recibe 85 puntos en casa, como hoy, mención especial a los triples liberados que se concedieron. Normal que acabase el Barca con 10/18. Jasikevicius, además, trajo los deberes hechos y supo mostrar las costuras del rival, bloqueando las vías de creación más evidentes: no dejó recibir a Yabusele de espaldas al poste y negó a Nigel Williams-Goss el centro de la zona.

Heurtel ya se borró él solito: jugó su partido al margen del equipo y restó más que sumó, como ya sucediese por momentos en diciembre en el Palau. Vaya por delante que su temporada me parece correcta, diría que hasta buena, el agente del caos que esperábamos, pero me preocupan sus claros gatillazos en los dos duelos directos ante el rival contra el que nos jugaremos los títulos. Quizá le puede el ansia de revancha, quizá se pierde en la tela de araña azulgrana. El caso es que 1/8 tiros, -1 de valoración y -11 el equipo en sus minutos en pista hoy. Un lastre. Y no dispone la plantilla blanca de tantos recursos ofensivos fiables en el backcourt como para enjuagar gatillazos del base galo en partidos de máxima exigencia.

Fue el que peor estuvo, pero tampoco es que brillase nadie. Prueba de la espesura general fue que el Madrid perdió tantos balones como asistencias dio (13). Llull sufre atrás y suma en ataque a costa de acaparar muchísimo juego: se cascó 10 tiros de campo en 10 minutos. Nigel Williams-Goss, sin llegar a lo de Heurtel, estuvo francamente discreto, mientras que a Abalde, notable por momentos, le faltó oficio en la recta final. Y eso es lo que hay en el backcourt, más Alocén, descarte lógico hoy, y Causeur, baja por secuelas covid, que lo mismo se hubiese quedado fuera de la convocatoria igualmente, porque no entran todos. Las cosas de la profundidad de plantilla.

¿Y la pintura? Bueno, pues asá: Yabusele por ahora se hace pequeño frente al Barca, no transmite la misma sensación de dominio que con contra casi todo el resto de rivales. 7 puntos en 30 minutos, se la dejamos como asignatura pendiente. Y su reserva, Randolph, que apuntaba cuarto creciente en los últimos partidos, tuvo un pobre y fugaz paso por pista (5 minutos). Total, que Laso se acabó jugando la recta final con Deck, con sus cinco kilos de más y solo dos entrenamientos. Tavares y Poirier sí estuvieron en sus números, sufriendo si acaso más de lo previsto ante Sanli, pero al final es que un solo puesto, y más uno tan alejado de la creación de juego, es difícil que te gane por sí solo un encuentro de este nivel.

No se trata de hacer drama de una derrota en la jornada 16 de la ACB, que ya os veo a algunos clamar contra los árbitros y pedir otros cinco fichajes, los clásicos, pero sí quizá verlo como un toque de atención, que nos estábamos viniendo un poco arriba. Por muy líderes que vayamos, aún hay margen de mejora para optar a títulos con garantías. Que venimos del año que venimos y Roma no se construyó en un día.

¿Qué nota le ponemos al 2021 del Madrid de basket?

Nochevieja es buen momento para echar la vista atrás y hacer balance: el año del RM ha sido harto irregular, dividido en dos actos casi opuestos. Uno de suspenso y otro de notable, tirando a alto. Pero bajemos al detalle…

Primer acto: nadaplete

Casi todo lo que pudo salir mal de enero a junio salió mal. Hay factores atenuantes, pero el resultado fue un nadaplete, la cesión al Barca del cetro del basket nacional. Una calamidad: se encadenaron las lesiones y para colmo Deck dejó tirado al equipo en el desenlace de la temporada. Una espantada que se sumaba a la de Campazzo el 20 de noviembre, aunque en ese caso el jugador avisó con mucha antelación. Aviso, por cierto, que el club desoyó por motivos que aún hoy no alcanzo a entender y cuyo resultado, su marcha, marcó/lastró en buena medida las opciones deportivas de la temporada. En esas condiciones hubo poco que rascar: se cumplió el mínimo homologable llegando a las dos finales domésticas (Copa y ACB), pero se cayó en ambas con estrépito ante el Barca. Milagros, a Lourdes.

Dignos de mención son el récord de victorias en fase regular ACB (34-2) y la eliminación con honores frente a Efes, a la postre campeón Euroliga. Se perdió, claro, pero fue una derrota dulce comparada con las humillaciones ante el Barca. Se dejó el pabellón alto, con Garuba en fase superguerrero y el equipo en cuadro, estirando hasta el límite el concepto de resiliencia colectiva. El mismo espíritu, por cierto, que guió el triunfo ante CSKA la semana pasada.

El partido de récord de Garuba | Real Madrid CF

Las fugas a la NBA del primer acto dejaron al equipo vendido pero tuvieron una consecuencia indirecta positiva: la pasta. El dinero no gana partidos ni levanta títulos, pero permite invertir en plantilla para rearmarse y recuperar la ilusión, que es el leitmotiv de la segunda mitad del año. Los nueve millones de euros (a plazos) de las cláusulas de Facu, Garuba y Deck son una fortuna en el basket europeo en tiempos de contracción por pandemia. Una fortuna para enjuagar pérdidas y aprovechar oportunidades de mercado, como Poirier, incorporación estratégica en abril.

Con el francés más Edy el Madrid junta la mejor pareja de pívots que haya visto la Euroliga en unos cuantos años, y el juego del equipo necesariamente vira hacia la pintura. El otrora protagonismo casi hegemónico del backcourt en el sistema Laso, de los Sergios, Luka o Facu, ha dado paso a un sistema con los interiores como referencia. No necesariamente en número de tiros, que también, sino en influencia en el juego en ambos aros: definición en la pintura, rebote, intimidación… Podemos debatir sobre su estética pero difícilmente sobre su eficacia. Es la receta más lógica para competir por títulos con las cartas disponibles, sin estrellas de backcourt en el mercado.

Por cierto, que la primera mitad de año nos dejó también la retirada de Felipe Reyes, al que honestamente le sobraron las dos últimas temporadas, y también la de Jaycee Carroll, al menos de facto, en uno de los episodios más chuscos e innecesarios que recuerdo entre las leyendas de la sección. No es que no descarte, es que doy casi por hecho que aparecerá por Madrid en algún momento de 2022, bien para un acto de homenaje en el Bernabéu, bien para una mini gira de despedida pagada, jugando alguna pachanga dominical de ACB, aprovechando esa oferta de renovación sine die que le plantó Florentino. De lo contrario, no tendría sentido esta ambivalencia. Ahora bien, sería una coda anecdótica, la de un exjugador a todos los efectos. El equipo se ha acostumbrado a vivir sin él, y nada mal, por cierto.

Segundo acto: recuperar la ilusión

La segunda mitad de año es cuarto creciente. Lo primero fue recomponer filas, ya sin argentinos, para lo que se fichó en verano con sentido común y cierta ambición: Yabusele, Heurtel, Hanga y NWG (en verdad el fichaje de Poirier lo contaría también como de temporada 2021-22). Y las piezas no han tardado en encajar. Ganar la Supercopa remontando 19 al Barca fue un chute de confianza para empezar, un título que podemos poner en buena medida en el haber de Llull, que firmó una final superlativa. Un nivel que, como era de prever, no ha conseguido mantener durante el curso, ni cerca, especialmente al tener que jugar de base por las lesiones en el puesto. Eso sí, la salud le está respetando este año, tanto a él como a Rudy y Causeur, los veteranos, piezas de cierto peso en el primer tercio de curso en este Madrid tan atomizado.

El equipo cierra el año líder en solitario de la ACB y segundo clasificado de la Euroliga, con un sólido balance acumulado de 29-4, pese a no haber jugado ningún partido con menos de dos bajas. Ventajas de una plantilla muy larga, sin estrellas exteriores de relumbrón pero equipada para el barro, potentísima en rebote y defensa. Ingredientes para volver a la F4 y competir de tú a tú con el Barca en las finales nacionales.

Los títulos definirán la nota de 2022, pero el objetivo primero, recuperar la ilusión, es de 2021 y lo doy por conseguido.

Sobre Tavares y el arbitraje

¿Le pitan «mal»? Es un concepto bastante relativo, pero seguramente sí, comparado con los jugadores franquicia de otros clubes punteros de Euroliga. Ahora bien, no diría que es algo personal ni buscaría manos negras en la calle Iradier. Lo siento, si esperáis ese tipo de discurso guerracivilista os habéis equivocado de tribuna. Tavares sufre las desventajas de ser tan grande, no es el primero ni será el último: sus jugadas son aparatosas y se ven a leguas. Gajes del oficio de grúa en pista, a los que debería estar acostumbrado a estas alturas.

Llama un poco la atención, claro, que una vez consolidado como estrella del Real Madrid no goce de un poco más de favor arbitral. Recordemos lo bien que pitaban a Navarro o Felipe, por decir uno de cada equipo y evitar polémicas con ejemplos presentes. Pero no es excusa: Edy juega demasiado pendiente de los árbitros.

En ataque le hacen más faltas de las que se pitan, muchos manotazos cuando tiene el balón cerca del aro pasan por debajo del radar. Pero las faltas que le pitan en defensa sí que suelen ser, lógico cuando vas fuerte a la chapa, no siempre das balón. Tavares las protesta todas, las unas y las otras. Se vuelve antipático para el árbitro, el brasas, y le están esperando. El más mínimo aspaviento es técnica. Y en ocasiones cuestan caras. En Múnich hace 10 días dejó al equipo en pelotas a tres minutos del final y hoy en Fuenlabrada lo mismo, ambos partidos reñidos.

La gestión de la frustración

Su progresión tanto técnica como táctica ha sido espectacular desde que llegó a Madrid, referente indiscutible del equipo, ahora su próximo step ahead debería venir por el control de las emociones. Recuerdo, salvando las distancias, cómo Shaq O’neal permanecía estoico cuando se le subían tres rivales a la chepa y le breaban a palos en la zona para llevarle al martirio del tiro libre. Edy podría tomar su ejemplo.

El entorno del caboverdiano creo que no ayuda a calmarle: leo a demasiado tuitero hiperventilado, incluido alguno disfrazado de periodista, alentando el discurso victimista facilón, que si «persecución» y demás sandeces. Y no, mirad, no es normal lo de hoy en Fuenlabrada, que recién expulsado, con el partido aún en juego, en el alambre, estuviese tuiteando desde el vestuario para echar mierda sobre el arbitraje, independientemente de si los colegiados se han equivocado o no. Porque esa no es la cuestión. El fallo arbitral no da licencia para ponerse hecho como un basilisco o hacer el macarra en redes sociales mientras tus compañeros intentan sacar adelante el partido.

No se trata de llevar la razón, sino de gestionar la frustración. Edy es demasiado importante para el Madrid como para perderse tan a menudo en estas batallas paralelas menores. Imaginaos que en vez de Múnich o Fuenlabrada ocurriese en la final de la Euroliga. ¿Ya no tendría tanta gracia, verdad? Los árbitros se equivocan a veces en tu contra (y otras a tu favor), pero la técnica posterior por protestar es siempre error del jugador, y el perjudicado el equipo.

Laso, tras el partido de hoy: «Lo fácil para mí sería quejarme del arbitraje y proteger a mi jugador, pero debe entender que esto puede pasar, tiene que seguir jugando y aceptar estas situaciones. Me parece absurdo irte de un partido, siendo tan importante para nosotros, porque no te hayan pitado una falta». Amén.

Laso y la virtud de adaptarse

Una de las cualidades que más aprecio de Laso, quizá la que más, es su capacidad para adaptarse a las plantillas que le confeccionan. Porque sí, en buena medida se las confeccionan sus jefes. Y no siempre son completamente de su gusto, tampoco siempre plantillones de bandera, al curso pasado me remito, pero nunca se queja públicamente. Compite con lo que tiene y no le oiréis una palabra más alta que la otra. Talante y pragmatismo.

Digo talante porque, históricamente, el mundillo de los entrenadores de élite en Europa lo habitan técnicos pagados de sí mismos, con ideas de juego muy rígidas, preconcebidas. Es muy humano asumir que la misma receta que te sirvió en el pasado te servirá en el presente. Y no es tan fácil la ecuación, porque los ingredientes cambian: la plantilla que tuviste entonces fue una, con sus debilidades y fortalezas, y la presente puede que se le parezca como un huevo a una castaña. No mejor ni peor, distinta.

Goodbye run&gun

Hemos asociado tradicionalmente a Laso a un juego alegre, a puntuaciones altas y a un gran protagonismo del backcourt, porque así fue en sus primeros años en el banquillo… cuando disponía de Chacho, Carroll y las mejores versiones de Llull y Rudy. Los tiempos han cambiado, el Madrid ya no tiene el mejor backcourt de Europa, esos pistoleros se han hecho viejos, sino directamente retirados o emigrados, y el mercado no ha ofrecido oportunidades para suplirlos con garantías. Bueno sí, Doncic y Facu, que hicieron las Américas. Enrocarse en el librillo y jugar a lo mismo hubiese sido un tiro al pie. Imaginad el año pasado intentando jugar a 100 puntos con Lapro andando…

Laso lleva ya varias temporadas virando progresivamente hacia un juego más lento y un estilo más defensivo, el que marca el perfil de la plantilla disponible y el declive del backcourt. Un proceso agudizado este inicio de curso, con unas incorporaciones en verano que remarcan el carácter físico, rocoso y defensivo del plantel.

Debate estético

Podemos abrir (o no) el melón del debate estético, pero los resultados por ahora refrendan la apuesta, y no es poco decir viniendo del año que venimos. En los tres partidos que van de ACB el Madrid ha dejado a sus rivales en 35% en tiros y 63 puntos de media, y así es difícil perder un partido, por mucho que el juego exterior esté más oxidado que los columpios de Chernobyl.

También solíamos asociar a Laso con pívots bajitos y muy móviles, recuerden el cambio de Tomic por Slaughter, que a la postre saliese tan bueno, o el naufragio de Bourousis en su paso por el club. Pero, paradojas del destino, las dos mejores oportunidades de mercado que se ha encontrado el Madrid en los últimos años, fichados a mitad de curso de la NBA, son dos pívots formato grúa, Tavares y Poirier, de esos que teóricamente Laso aborrecía.

El coach ha sido humilde, ha sabido adaptar su librillo priorizando el talento, y el principal de esta plantilla son esas torres gemelas, a priori la pareja de centers de mayor potencial que ha visto Europa en unos cuantos años. Y sacarla provecho no es utilizarla solo para poner bloqueos y ayudar en defensa, como otrora, sino también generar situaciones para que produzcan también en ataque. Bien, pues en los dos últimos partidos Tavares y Poirier han acaparado entre ambos 33 tiros de campo, convirtiendo una posición tradicionalmente pasiva del sistema en la de mayor producción. Entre ellos y la defensa este es un Madrid muy difícil de ganar, aunque las palomitas tengamos que reservarlas por ahora para el cine.

El Madrid 21/22, nacido para bajar al barro

Sin brillo pero con victoria echa a andar el Madrid en la ACB 21-22, a lomos del dominio interior de Poirier y Tavares: 38 de valoración entre ambos, de los 81 del equipo.

Edy, aunque lejos aún de su mejor forma, mejoró sus prestaciones de la Supercopa, sobre todo en el tercer cuarto. Este curso no necesitamos que vaya en sexta velocidad todo el año ni ponerle una vela a la virgen por su salud o para que no cometa la segunda falta en el primer cuarto. No, porque está Vicente que, de hecho, es el titular a día de hoy. Bendita disyuntiva, encima parece que se llevan bien, con la coña de Godzilla y Kong.

El galo estuvo tremendo ante el Burgos, igual que ante el Barca, dominador, rocoso a la enésima potencia. Además de su producción ofensiva y reboteadora, cual ventilador, se ha puesto las pilas atrás, pasando página de la caraja post NBA, donde solo jugó minutos de la basura, en los que se defiende menos que en un partido de GlobeTrotters. Al final, la labor en zona propia de los pívots en el sistema Laso es igual o más importante que la ofensiva, defendiendo el aro, intimidando, cerrando el camino a los pequeños rivales. Creo no equivocarme si afirmo que Poirier jugó ayer su mejor partido defensivo con la camiseta blanca hasta la fecha (¡5 tapones!).

La adaptación de Hanga

Llull, feliz en su rol de ejecutor, ejerció de abrelatas, importante en un encuentro a pocos puntos. Y brilló Hanga, que se crece en estos partidos de barro: 14 puntos y 8 rebotes. Es el fichaje que más rápido se ha adaptado, la quintaesencia del proyecto 21/22, que apuesta claramente por el físico y la versatilidad. En verdad, parece que el húngaro llevase años jugando de blanco, como si hubiese nacido para jugar para Laso. Y un poco de eso hay, me chivan que el húngaro era una debilidad personal del técnico desde hacía años, que le tenía apuntada la matrícula desde sus tiempos en Manresa, simplemente que por circunstancias no se le pudo fichar antes. Vamos, que se va a hinchar a minutos esta temporada, especialmente mientras siga de baja Abalde. Gracias desde aquí al Barca por dejarlo libre y ponerlo en bandeja.

El amor, además, parece plenamente correspondido, a tenor de las declaraciones de Hanga, entrevistado en DAZN: “Laso da más libertad, puedes usar tu talento. Saras era más estricto. A veces siento que he olvidado parte de mi talento». Una manera (más o menos) sutil de acusar a Jasikevicius de arrinconarle en un rol limitado, de especialista defensivo, cuando tampoco es manco en ataque. Los 10 tiros de campo de que dispuso ayer son más que en ninguno de los 85 partidos que jugó con el Barca el año pasado. Pues eso…

El trío de bases

El trío de directores tuvo una velada espesa frente a Burgos, uno de los equipos más defensivos de la liga, con Tabak en el banquillo, a la estadística de puntos recibidos en pretemporada me remito. Y mientras los bases no carburen a mayor rendimiento y hagan fluir al resto del grupo en ataque, el barro y la defensa son la receta más fiable. Nigel cumplió atrás pero vio el aro pequeño (2 de 8) y Alocén no pudo repetir los minutos de calidad de la Supercopa. Aunque el más discreto volvió a ser Heurtel, 0/5 tiros para valoración -2. Creo que el propio jugador es el primero consciente de que no atraviesa un buen momento en estos primeros partidos en la capital y procura hacer piña en la banda, lo contrario a la actitud de prima donna de la que le acusaron en Barna.

De nuevo, como con Hanga, encontramos muchas pistas en sus declaraciones: «El FCB no me respetó, fueron meses muy duros para mí y para mi familia, jamás esperábamos tener que vivir una situación así. Desde que he llegado a Madrid, tanto el club como el entrenador me han hecho sentir que sí me quieren».

Digo con Heurtel lo mismo que con NWG hace 15 días: paciencia. Por sentido común, que acaba de llegar y sufrió un esguince hace 15 días, y porque sabemos de lo que es capaz, que lo sufrimos en carnes propias. Parece, además, que viene con la actitud correcta. Seguramente nunca le veamos de blanco al nivel de aquella Copa del Rey 2019, que las lesiones y los años no pasan en balde, pero igual puede desempeñar un rol muy útil de joker abrelatas desde el banquillo.

En su descargo, además, recordar que ha sido padre hace solo unos días, igual que este que escribe. Y doy fe de que se duerme poquito 😅