El Madrid vuelve a cabalgar

La Supercopa se suele interpretar según te venga el viento: se la hace de menos cuando se pierde y se la ensalza cuando se gana. Mi reflexión hoy no va tanto por el valor en sí del título (por cierto, cuarto consecutivo), sino por el valor moral para el Madrid. El de volver a ganarle una final al Barca, después de las humillaciones del año pasado en la Copa del Rey y los playoffs ACB. El nuevo proyecto Laso (11.0) se sacude complejos con esta Supercopa y vuelve a mirar a los ojos al rival directo. Roma no se construyó en un día, pero las tornas empiezan a cambiar, porque la sensación es de que aún hay margen de mejora, según regresen lesionados y Tavares tome el pulso a la temporada. Sí, el Madrid vuelve a cabalgar.

Vista en perspectiva, fue una victoria de mucho mérito, que no vinieron de cara precisamente: por las cuatro bajas sensibles en la rotación (por solo una del Barca, Sanli), por el arbitraje, antipático por momentos, y por los 19 puntos de desventaja que se llegaron a registrar en la segunda mitad.

La recuperación la lideró Llull, que sorprendentemente se quedase en solo siete minutos en la semifinal, sin problemas físicos aparentes. Los lujos de una plantilla tan larga. Cuando todo pintaba negrísimo en la final, el balear insistió en una remontada imposible, empachándose a anotar (24 puntos), confirmando lo que suponíamos, el primero Laso: que en este momento de su carrera a Llull le sienta mejor el rol de escolta ejecutor que el de base director. El balear rompió a llorar después del partido, viene de cuatro años de mucha frustración acumulada.

Un Barca sin músculo

Bajando al detalle, Llull supo leer y exprimir la debilidad defensiva exterior del Barca este curso en comparación con el pasado. Porque no es lo mismo que te defiendan Bolmaro o Hanga a que lo hagan Laprovittola o Jokubaitis. A los números me remito: el Barca dejó a los blancos en 73 puntos en la Copa del Rey hace siete meses y en una media de 74 en la final ACB hace solo tres. Hoy un Madrid mermado le ha endosado 88.

Laprovittola brilló al nivel al que nos acostumbró en Goya, es decir, valoración negativa, perdiendo balones y vaporoso atrás. Nuestro caballo de Troya en Barna. Tampoco Rokas, el favorito de los insiders wannabe, estuvo mucho mejor: clase tendrá a espuertas pero le falta todavía mili hasta la élite. Alocén, que emergió tras el banquillazo de semis, le enseñó claramente chapa en el duelo de bases jóvenes (20 años ambos). La defensa y dirección del maño resultaron claves en la remontada, sobre todo en comparación con Heurtel, nefasto en ambos aros en el arranque de segunda parte, que coincidió con la escapada del Barca. No volvió a jugar…

Nigel Williams-Goss, por su parte, sin necesidad de mucho protagonismo, despeja en la Supercopa muchas de las dudas y comentarios (bastante apresurados, la verdad) que despertase su pretemporada. 12 puntos en la segunda mitad ante Tenerife y dos triples clave hoy en los últimos cinco minutos (registró el mejor +/- de los 24 jugadores de la final: +16). Poco que reprochar para sus dos primeros partidos oficiales de blanco. Insisto, paciencia con él, si no queréis ser carne de memes en unos meses: según se vaya soltando hay base anotador de quilates.

La pintura blanca habla francés

A falta de Tavares, muy desubicado por ahora a su regreso del Afrobasket, emergió en la pintura Poirier como un coloso, castigando en pick and roll y omnipresente en el rebote. La estadística le da 11 capturas pero tocó o desvió otra docena, muchos de los cuales acabaron en rebote blanco. El center galo, discreto en los JJOO con Francia y superado por Gasol en la final ACB (estaba recién aterrizado), justifica de golpe todas las esperanzas depositadas en él a su llegada, que fueron muchas. Llull es justo MVP, pero igual de justo lo hubiera sido Vicente. Pensad que el año pasado teníamos a Felipe y a Tyus desde el banquillo y este año sale Poirier, ya asentado, que sería titular en 15 equipos de Euroliga…

Y qué lugarteniente tiene en su compatriota Yabusele, limitado en la final por personales, pero el más destacado en el durísimo encuentro de semis. Era el mejor cuatro en mercado este verano y reclutarlo es una operación de campanillas, se mire por donde se mire. Yabu no tendrá la finura técnica de Thompins o incluso de Randolph (le quedan años para desarrollarla), pero lo compensa con ese físico portentoso, moviendo como una gacela 123 kilos en cuerpo de 203 cms. Un milagro de la evolución.

Los que están, con cuatro jugadores nuevos y 10 entrenamientos mal contados, han alcanzado para mojarle la oreja al Barca en la Supercopa. Si le sumamos los que están por llegar, este Madrid da para ilusionar: no se me ocurre conclusión más importante esta noche.

Ilusión sin alharacas: así queda el Madrid 21/22

Con 14 nóminas de primer equipo, más la ficha de Vukcevic como canterano, que no saldrá cedido (tampoco Alocén), podemos dar la plantilla del Madrid por cerrada para el curso que viene, independientemente de lo que suceda con Jaycee Carroll. Tanto si se retira como si renueva para jugar el curso completo o media temporada, la plantilla para 2021/22 es la que se ve. Difícilmente el club va a fichar a estas alturas, a menos que se ponga a huevo una oportunidad irrenunciable, y seguramente ni aún así.

  • NWG / Heurtel / Alocén
  • Llull / Causeur / Rudy
  • Abalde / Hanga / Taylor
  • Thompkins / Yabusele / Randolph
  • Tavares / Poirier / Vukcevic

A botepronto, la plantilla mejora respecto al final de la pasada temporada, seguramente el peor plantel que ha visto el Madrid en la era Laso. Desde luego en el último lustro. El listón, por tanto, no estaba muy alto. Si comparamos el roster con el de hace 12 meses, el que arrancó la temporada 2020/21, se empeora ligeramente. Entonces aún estaban Facu y Deck, referentes del equipo junto a Tavares, y todavía no se habían roto Randolph y Thompkins. Recordemos que acabamos la temporada con Tyus y Garuba como ala-pívots, ese es el listón…

En todo caso, la memoria es frágil, así que la comparación lógica es con lo más reciente. Además, me he levantado hoy con el pie derecho y veo el vaso medio lleno: la plantilla da para cierta ilusión, sin alharacas, pero ilusión. ¿Por qué?

Porque el abismo que nos separó del Barca la temporada pasada, rival directo en todas las competiciones y por tanto referencia si queremos volver a levantar trofeos, se estrecha con los movimientos de plantilla de ambos clubes en verano. Los azulgrana siguen teniendo el mejor quinteto del continente, lo que les mantiene como rival a batir. Pero, a falta cerrar a Lapro (que les aproveche), pierden profundidad de plantilla, especialmente músculo y defensa en puestos exteriores. Hanga, Claver y Bolmaro no venderían camisetas pero son el tipo de cemento que nunca sobra en un contender, menos jugando a lo que juega Saras. La estrategia del Barca parece obvia: la reducción de presupuesto, somera en todo caso, la acometen por la vía del ahorro en banquillo exterior.

El Madrid se ha movido con sentido común pero sin grandes aspiraciones, aumentando un poco la inversión tras el severo tijeretazo covid del curso pasado. En la sección de basket no se ha mareado la perdiz con ningún Mbappé o Haaland de la vida, en este caso Micic. Ha imperado el pragmatismo: se han fichado jugadores fichables, valga la redundancia, de la burguesía Euroliga en perfiles donde cojeaba la plantilla, que no es poco decir, pero por las estrellas ni se ha preguntado. Si no hay pasta, mejor ahorrarnos el sofoco.

Músculo

Por un lado, se suma músculo en los puestos de 3, 4 y 5 con las incorporaciones de Hanga, Yabusele y Poirier, a este último le cuento como fichaje de esta temporada aunque llegase en primavera. Con los dos franceses, el Madrid junta en teoría el mejor juego interior de la Euroliga, en función de que Randolph se parezca un poco al que fue. En los tiempos que corren, que los bajitos dominan el juego, la pintura no suele dar títulos… pero sí puede quitarlos, sobre todo atrás. Pregunten al Barca con Tomic. Así que, muy bienvenida esta pintura de quilates.

Por otro lado, el club ha tratado (con 8 meses de retraso) de paliar el agujero que dejó la marcha de Campazzo en la creación desde bote, dentro de las limitaciones del mercado este verano. El margen de mejora y por tanto el techo del equipo lo van a marcar en buena medida el estado físico de Heurtel y la adaptación y evolución de Nigel Williams Goss, al que tengo bastante fe. Con 26 años todavía le queda teóricamente una marcha más.

Versatilidad

De Barcelona al Real Madrid: Laso apuesta por Hanga

Sospecho que los dos bases coincidirán bastantes minutos en pista, sobre todo según se acerquen los finales de partido. Igual que veremos a Hanga y Abalde juntos en pista, con el gallego como teórico escolta, ambos grandes defensores. Una de las mejoras de la plantilla, quizá una menos evidente, viene por la mayor versatilidad, más jugadores intercambiables, con el húngaro como joker de las alas. Y falta hará, porque toca paliar el principal déficit en la configuración de plantilla, el puesto de escolta, con el que se ha hecho la vista gorda este verano por motivos que ya hemos tratado sobradamente en textos previos.

Los teóricos escoltas puros del roster, pendientes de Carroll, son Llull, Rudy y Causeur, que suman 104 años, a una media de 34.7, y muchos problemas físicos los dos primeros, que se perdieron 60 partidos entre ambos el curso pasado. Cualquiera de los tres tiene nivel para ser un digno escolta reserva y brillar ocasionalmente, el problema es que la aritmética es tozuda: tres reservas no te hacen un titular. Y el Madrid, con 15 jugadores en nómina, la plantilla más larga de la Euroliga y seguramente la cuarta más cara, va a empezar el curso sin un escolta titular digno de un aspirante al título. El gran pero a una plantilla mejorada, construida desde la sensatez. Herreros y Juancar pueden irse de vacaciones en agosto con los deberes hechos.

El Madrid ficha a Hanga… cuatro años tarde

Podemos entrar en matices, que los hay, pero al final el hecho es irrefutable: dos de los cuatro fichajes del Real Madrid este verano son descartes del Barca en la treintena. Visto desde fuera, grosso modo, parece un retroceso a los tiempos de Alston y Digbeu. No es para tanto, ya os digo que hay matices: Jasikevicius goza de poderes plenipotenciarios en Barna y como tal se permite el lujo de ponerse tiquismiquis, descartar a jugadores útiles por sutilezas tácticas. Hanga y Heurtel entran en esa categoría.

Pero igual resulta complicado ilusionar a la parroquia blanca y revertir la tendencia en el basket español, con el FCB como nuevo rival a batir, si te limitas a fichar de entre sus descartes. Sopita recalentá mientras el vecino come a la carta.

Porque comer a la carta, si hablamos de intentar cubrir el socavón que dejó Tortuga, era fichar a Kalinic o Papapetrou, los mejores aleros altos en mercado este verano, ambos por debajo de la treintena. Pero el Madrid ni ha pujado por ellos, porque eso requería remangarse, o sea, dinero y ambición, y ambos escasean en Concha Espina cuando a las alas se refiere. Y escasea el dinero porque se arrastra una pesada hipoteca de veteranos por ahora intocables, que ya no marcan diferencias pero cuya suma engulle la mayoría de la masa salarial disponible para el juego exterior.

Llega Adam Hanga, no nos engañemos, porque es más barato que Kalinic o Papapetrou y porque ha quedado libre como un taxi después de que el Barca le de puerta. Y le da puerta para (intentar) fichar algo mejor: Encestando apunta a que el club azulgrana presentará oferta por Kalinic y el miércoles termina el plazo para que Valencia iguale la oferta.

¿Qué puede aportar Hanga?

La política de descartes es un espejo de la ambición de ambos clubes. Al Barca, pese al doblete, no le tiembla el pulso para cortar a Hanga y Claver, indemnización mediante, jugadores importantes del club el último lustro, capitales en la era Pesic. El Madrid, tras nadaplete y con un juego exterior viejísimo, no se plantea prescindir de nadie. Los seis exteriores continúan, business as usual, salvo que Carroll avise desde el rancho, cambie de opinión y se retire.

Siguen todos, no por su rendimiento, irregular y bastante discreto el curso pasado, sino por la complacencia de la directiva y la presidencia. Lo que empezó hace varios años como una apuesta por el continuismo, lógica cuando se ganaba y la columna vertebral no peinaba canas todavía, ha derivado en gestión sentimental y falta de ambición, el retiro a la carta y la lealtad mal entendida.

Y como no tenemos suficientes aleros en la treintena, pues a por Hanga, 32 años, que además firma por tres temporadazas, según Chema de Lucas. Lógico, no nos vayan a robar a las jóvenes promesas… ¿Pero es que no hemos aprendido nada? Repetimos los mismos errores que nos han traído hasta aquí, los contratos multianuales garantizados a jugadores secundarios en la treintena (Causeur, Taylor…).

¿Qué mensaje de renovación se lanza tras un curso aciago cuando no eres capaz de quitarte a ningún veterano y encima haces de coche escoba al Barca, trayéndote a dos descartes en la treintena? El húngaro ha sido un gran jugador, uno que me hubiese encantado ver en Goya… hace cuatro años, hoy está al inicio del ocaso. Todavía puede echar una mano, claro está, sigue siendo un jugador versátil y competitivo que no sobra en ninguna rotación, pero necesitábamos algo más que alguien que eche una mano.

Un juego exterior de 232 años

La ambición que atisbamos con el fichaje de Yabusele se esfuma en 10 días. Leyendo la letra pequeña entendimos que el francés impuso al Madrid un contrato cual alfombra roja, por si le llama la NBA. No es plato de gusto, pero no deja de ser el peaje a pagar en los tiempos que corren si quieres reclutar a piezas cotizadas de mercado en su veintena. Hanga es otro tipo de fichaje, uno asequible y apañado, que no estorba pero redundante. Nada que no tengamos ya, otro jugador en cuarto menguante. Porque no, antes de que me preguntéis ya os respondo que no, que la eventual llegada del húngaro, hasta donde sé, es independiente de la continuidad o no de Taylor, con un perfil similar. Ese sería el único supuesto bajo el que cobraría sentido este fichaje de Hanga y no se va a dar.

El juego exterior del Madrid está servido de veteranos con nivel de reserva, necesita algo más que ampliar fondo de armario, necesita alguna primera espada con nivel titular top8 Euroliga, piernas algo más jóvenes entorno a las que reconstruir. Y esas, asumámoslo, no suelen tener buena relación calidad-precio ni terminar contrato cuando a tí te cuadra, son operaciones que requieren ambición y pasta.

Con la llegada de Hanga y salvo que Carroll se retire, asumo que el Madrid daría por cerrada la plantilla, que mejora respecto al año pasado, que no era muy difícil. Siete exteriores y ninguno diferencial, que suman 232 años, a una media de 33.2, y eso contando a Abalde que baja la ratio. El elefante en la habitación. Un quedarse a medias, cerrar en falso un verano que por momentos tuvo buena pinta.

Se viene Yabusele: el Madrid apuesta a grande para suplir a Garuba

Sabíamos del interés desde hacía semanas y, a falta de confirmación oficial, parece que hay acuerdo del Real Madrid por Guerschon Yabusele, 25 años, seguramente el ala-pívot en mercado (termina contrato, llegaría como agente libre) más cotizado de la Euroliga este verano. Según Chema de Lucas, que adelanta la información, firmaría por una sola temporada, en lo que supone el gran asterisco de la operación. ¿Por qué firmar solo un año a un jugador joven y de tanta proyección? Probablemente el francés no ha querido comprometerse de inicio por más tiempo para no cerrarse la puerta a un eventual retorno a la NBA, que de hecho quería sondear este mismo verano. Y digo retorno porque ya jugó en EEUU dos campañas, 2017-19, en Boston Celtics, que le eligieron con el nº16 del draft.

Este contrato corto, de un año, supone un pequeño giro de timón en los movimientos del Madrid en mercado en los últimos años. Priorizar la calidad frente a la certidumbre a medio-largo plazo. Es la lección aprendida de la hostia que han supuesto las fugas de Facu y Deck a mitad de curso. Adaptase a la nueva realidad de mercado: no se puede controlar el futuro ni poner diques al mar. Los contratos largos y las cláusulas altas dan una falsa sensación de certidumbre: si el jugador se quiere ir y en la NBA le quieren no hay forma desde Europa de impedirlo.

Así que, si la única forma de fichar a la mejor opción de mercado es aceptar firmarle solo un año, como a Yabusele, pues así sea, porque igualmente de aquí a un año la vida puede dar muchas vueltas. La única diferencia de este contrato corto es que, si se quiere ir el próximo verano, lo hará sin dejar dinero en caja. Punto. Más allá de eso, os recuerdo que Anthony Randolph llegó en 2016 con aspiraciones de regresar a la NBA y contrato por solo un año…

Chupi-pandi francesa en Goya

Sonaron otros nombres para el puesto, como Kurucs o Claver, en algún caso con escaso fundamento, Yabusele siempre fue el plan A, la prioridad del Madrid para reforzar el puesto de ala-pívot ante la inminente marcha de Garuba. Una incorporación, como la de Poirier, que destila una ambición en mercado que habíamos echado en falta del club en veranos previos. Así las cosas, si la salud respeta, y en función del estado de Randolph a su regreso, el Madrid cerraría un potente juego interior para el próximo curso, con Thompkins, Yabusele, Randolph, Tavares, Poirier y Vukcevic.

El fichaje, además, viene a consolidar un cambio de rumbo en la sección: pasar de la apuesta por Argentina (no queda ninguno de los tres que empezaron la 2020/21) a bancarlo todo a la chupipandi francesa. Habrá cuatro galos en el roster el próximo curso, los mismos que españoles. Llegado cierto punto se produce un efecto llamada: los jugadores hablan entre ellos y la expectativa del aterrizaje en el extranjero se hace más llevadera rodeado de compatriotas. Quizá no sea el caso de Poirier, Heurtel y Causeur, que ya conocían España, pero sí el de Yabusele.

¿Qué puede aportar?

Tiene uno de los físicos más especiales de Europa, con ese prominente culo pollo, cual Kardashian, y una relación de peso (118kgs) y altura (203cms) que para casi cualquier mortal supondría gordura. Pero en su caso son mayormente kilos de músculo que mueve con enorme agilidad. Un físico que le permite correr contraataque, machacar el aro y aguantar el envite al poste de cualquier ala-pívot a este lado del charco. El Barkley de Dreux.

¿Se gana o se pierde con el cambio? El francés carece de la intensidad y la anticipación defensiva de Garuba, pero a cambio tiene más talento ofensivo natural, especialmente para el tiro, ya sabemos, requisito importante para el puesto de cuatro en los sistemas de Laso. De entrada deberíamos asumir que el Garuba de los dos últimos meses tiene mal reemplazo en Europa, por no decir imposible, pero puestos a perderle, Yabusele era lo mejor que ofrecía el mercado en ese puesto y perfil. Buena operación.

Colorín colorado, este annus horribilis se ha acabado

Hasta aquí la temporada del Madrid de basket y, ¿sabéis qué os digo? Que en cierto modo supone casi una alivio, porque ha sido un dolor de muelas. Con algún arrebato de orgullo puntual, como la serie de cuartos frente a Efes, pero un dolor de muelas al fin y al cabo. Quizá la temporada menos ilusionante de la era Laso, y no precisamente por su gestión, que ha sido impecable, obligado a sacar conejos de la chistera casi cada semana.

La final ACB se acabó en el tercer cuarto el domingo y la decidió Cory Higgins. El segundo partido solo fue un epílogo innecesario, un «chou», como dijo Laso en un tiempo muerto. Una coda para mayor gloria de Mirotic, que hizo lo que mejor sabe, inflar estadística con el rival ya en la lona. Habrá quien se consuele con la excusa de las lesiones y la mala suerte, pero el Madrid post Campazzo está a un abismo del Barcelona, a las dos finales desde que se fue me remito.

86 partidos, que ya está bien, 86 partidos de engordar para morir desde que se pirase el argentino, que era medio equipo. Su marcha alteró el equilibrio de poder en la ACB y el club, por ahorro, por autosuficiencia, decidió sencillamente no fichar, no buscar un sustituto, ni intentarlo siquiera. Contra otro Barca, el de hace 4-5 años, hubiese servido, pero no contra este, ni cerca. Fue un tirar la toalla antes de arrancar la temporada, resignarse a que pasase lo que ha pasado, que es lo normal. Y mira que Facu avisó con tiempo, en mayo, que no pilló por sorpresa al club como lo de Tortuga Deck.

Una decisión de un cortoplazismo financiero que pasados los meses todavía no me explico, como si la sección no palmase 20-30 millones todos los años sin que eso suponga un problema. Ha sido un tirar al retrete la temporada de una sección de unos 40 millones de euros de presupuesto anual por no gastarte 1-2 millones en el sustituto de un jugador cuya marcha deja 6 kilos a plazos…

Capacidad de regeneración

El Madrid ha hecho gala durante años de una épica capacidad de resiliencia, de enjuagar las marchas a la NBA y las lesiones con los recursos propios de la plantilla. Los que han quedado este curso, entre fugas y lesiones, han dado la cara en la medida de sus posibilidades, quizá incluso por encima. Se han salvado los muebles, pero la épica tiene un límite, y la regeneración requiere de unos mínimos mimbres previos que ahora no hay.

Me ha dado por revisar lo que publiqué aquel 20 de noviembre, a la marcha de Facu: entonces temí estar siendo demasiado duro o agorero, pero no…

Esta fuga es un torpedo en la línea de flotación del equipo, cuyas opciones de títulos este curso se reducen dramáticamente sin una de sus dos estrellas

¿Y qué va a hacer el club ahora? Nada. La intención es no fichar, y mejor que nos hagamos a la idea cuanto antes, para no seguir perdiendo el tiempo pajeándonos con los descartes del mercado NBA. Una decisión decepcionante para el aficionado pero no por ello sorprendente, en línea con la muy conservadora política de despachos de la sección en la era Laso, fiándolo todo al continuismo

Lapro y Alocén, la nueva ralidad: el Madrid se va a pasear por Europa con una dupla de directores digna de media tabla en la ACB. Laso es un contrastado gestor de bases, pero milagros a Lourdes

Lesiones y lesiones

Si la marcha de Campazzo cambió el equilibrio de fuerzas ACB, las lesiones fueron la puntilla. La de Randolph un enorme infortunio, claro está, pero la mayoría del resto han sido musculares en jugadores bien entrados en la treintena, así que previsibles en cierto modo.

Llull, por ejemplo, se ha perdido 31 partidos de la temporada (el 36%), y de los que ha podido jugar unos cuantos lo hizo forzando, como esta semana, y por tanto mermado. Lleva tres temporadas igual, así que no nos puede coger por sorpresa, y camino de los 34 no va a ir a mejor. Tres cuartos de lo mismo pasa con Carroll y Rudy, que se han perdido 17 y 29 partidos, respectivamente, entre lesiones varias y descansos. Los tres, por cierto, han firmado calamitosas actuaciones en la final ACB, sin paños calientes.

Con este panorama, lo que le ha quedado al Madrid en la temporada, siendo realistas y dejando la testiculina y el escudo al margen, es luchar por meterse en finales nacionales e intentar la sorpresa. Pero ya no como favorito sino como aspirante, por primera vez en más de un lustro. A las finales se ha llegado, así que la temporada no es de suspenso, pero tampoco ha habido sorpresa, ni cerca: se han perdido sin paliativos, por el sencillo motivo de que el Barca es ahora mejor, manque pese.

Señales de desgaste

Las señales están ahí desde hace tiempo, para quien las quisiera ver. Dejar de ser el equipo a batir no sucede de la noche a la mañana por un puñado de lesiones, es una transición cocida a fuego más lento de lo que parece.

La temporada pasada el equipo era ya muy dependiente de Tavares y Campazzo, que tapaban muchas miserias, mientras a su alrededor se hacía un vacío cada vez mayor, principalmente por la complacencia y el desatino de la directiva en mercado desde que se ganase la Euroliga de Doncic en Belgrado (2018). Se confundió continuismo con dejadez: los jugadores envejecen y las estrellas se apagan. Reconocer la trayectoria de leyendas del club no está reñido con admitir su decadencia según les caen años encima. La lealtad no gana títulos y hay maneras muy dignas de rendir tributo sin ficha en el primer equipo.

Una dejadez directiva en Goya que contrasta con el empuje del Barça, más ambicioso en mercado, como corresponde al perseguidor, y tanto fue el cántaro a la fuente que al final se rompió. En verano de 2019 FCB dio un golpe encima de la mesa, fichando a dos titulares del quinteto ideal Euroliga (Higgins y Davies) y a dos jugadores de clase media NBA (Mirotic y Abrines). Todos en su edad prime. El curso pasado no cuenta, que se cerró en falso por el covid: este ha sido el primero con ese plantillón ensamblado, y el resultado salta a la vista: nos han pasado por la derecha.

¿Diferencia de presupuesto? El Barca gasta un poco más en plantilla, sí, pero la diferencia dista de ser abismal. De hecho, a comienzo de curso los presupuestos eran casi idénticos, hasta la marcha sin cubrir de Facu, que supuso desinvertir como 3 millones de masa salarial. Por favor, no nos agarremos a ese viejo complejo colchonero de la inferioridad presupuestaria para evitar hacer un poco de autocrítica. No comparemos solo presupuestos, sino la forma de gastarlos, que nadie obligó a JCS a firmar más de 4 millones por dos años a Laprovittola o a renovar a Felipe para vestirse de calle. El éxito del Barca no viene de una diferencia presupuestaria abismal sino de la apuesta por un núcleo de jugadores en su edad prime y sin riesgo de fuga NBA. Mientras, el Madrid se agarraba al continuismo, al realismo mágico de la resiliencia y las vacas sagradas.

Estamos ante un verano clave en los despachos. Toca un cambio de rumbo en la toma de decisiones, apostar por el rendimiento esperado a futuro y no por el pasado, el cariño y la lealtad. No voy a bajar hoy al detalle de los nombres de salidas y fichajes deseables, ya habrá tiempo, sino a recordar que de la autocrítica de que sea capaz el club, y del acierto y la ambición que muestre este verano depende evitar que se consolide un cambio de ciclo en el basket español, con el Barca como dominador y el Madrid a rebufo.

Demasiado Higgins para este Madrid

Cuesta arriba, pero y mucho, se le queda la final ACB al Madrid. En el formato recortado de este año, palmar el primero y en casa es casi mortal de necesidad. Y lo peor ya no es tanto el resultado sino la sensación de inferioridad: la buena versión de los blancos se va 3 arriba al descanso, la buena del Barca +17 en la segunda parte, pese a perdonar hasta 11 tiros libres.

Podemos señalar a Peruga e invocar a la testiculina pero, en honor a la verdad, que cada vez que el Madrid se ha cruzado este curso al Barca con algo en juego ha salido escaldado. La final de Copa fue un chorreo y la serie final ACB empieza en las mismas coordenadas. Hasta con el mismo protagonista, Cory Higgins. 26 puntazos hoy, 20 en la final de Copa y, aunque no fuese contra el Madrid, 23 en la final de Euroliga. Los mejores son los que marcan diferencias cuando de verdad importa, y Higgins lo hace, por eso es a día de hoy el mejor escolta del continente. Además, no necesita justificarse inflando estadística en partidos de relleno, como algún compañero suyo que cobra bastante más…

No hace tanto el Madrid tenía el mejor backcourt de Europa, a los Higgins del momento, en su edad prime, pero entre fugas a la NBA y cierta complacencia en los despachos, aplazando la inevitable renovación, lo que queda es un grupo de veteranos entrañables, con los cojones cuadrados y el cariño de la grada, pero con una salud de cristal y que ya no marca diferencias en la élite. Como le sucederá a Higgins cuando tenga treintaymuchos como ellos, porque es ley de vida, el tiempo pasa para todos.

No es un buen día, no es una crónica agradable de escribir, pero tampoco quiero que suene apocalíptica: el baño de realidad ya nos lo hemos llevado a lo largo de curso como para rasgarnos ahora las vestiduras. La afición blanca llega curada de espanto, sabíamos que esto podía pasar en la final, que de hecho era lo probable desde el mismo día de noviembre en que se fue Campazzo. Aquello cambió el equilibrio de fuerzas en la elite ACB, el Madrid dejó de ser el favorito a los títulos y el objetivo realista pasó a ser llegar a la final. Y se llegó, pese a nuevas fugas y lesiones por el camino, así que dramatismo el justo.

Jaycee y Garuba, desactivados

Tavares y Poirier dominaron la zona como se espera de ellos, 19 rebotes y 37 de los 58 de valoración del equipo. Pero no hubo mucho más. Alocén mostró detalles interesantes por momentos, pero le lastraron las faltas. Tampoco se puede exigir mucho más a un tercer base de 20 años. Taylor, que venía firmando unos playoffs muy serios, pinchó en su cometido principal: contener a la estrella exterior rival (Higgins). Puede que se está jugando la continuidad… Llull y Abalde, recién salidos de periodos de baja, jugaron sin apenas haber entrenado así que poco se les puede reprochar.

Hay especialmente dos jugadores por los que me sabe mal el partido, y son Garuba y Jaycee, para los que puede haber sido su último encuentro en Goya. ¿El mejor canterano español en una década y el mejor extranjero del club en el siglo XXI se van a despedir de su público con actuaciones en negativo? Ya me jodería.

Usman, el mejor en semifinales, partió desde el banquillo y acumuló errores por exceso de ímpetu, como el júnior que todavía es y a veces nos olvidamos. No encontró en ningún momento el ritmo del partido, su lenguaje no verbal fu un poema: valoración -6. Y a Carroll, como ya es costumbre, Laso le reservó para el tercer cuarto, que no tiene gasolina para más a sus 38, si no quieres que te acabe restando en defensa más de lo que te suma en ataque. Pero Abrines le ató en corto esta vez y se quedó en 1/5 tiros.

Por ellos dos principalmente, por la Pantera y por Jaycee, me encantaría que hubiese tercer partido y se puedan despedir de Goya, se gane o se pierda, pero con una actuación acorde.