La NBA está feliz. Las audiencias han subido, y asi la rentabilidad de la competición, (casi) todas las series de playoffs fueron largas e igualadas y, como guinda, la final Lakers Celtics. Así visto, la Liga estuvo más interesante que nunca… Pues no. Para un servidor, todo lo contrario. 5 detalles de la final representativos de unos playoffs desvirtuados.
– El ambiente. En los cacareados 80, un entusiasmado respetable llenaba el Forum de Inglewood bastante antes del comienzo de cada partido de la final en Los Ángeles. El espectador prototipo, de mediana edad, lucía estridente camisa de colores salpicada por chorretones de sudor. ¿Por qué? Porque lo vivía, porque iba a ver baloncesto, no a lucir ‘palmito’ y dejarse ver. Aquella ordinariez sentida forma también parte de la mística de los Lakers-Celtics. En las finales de 2008 la fauna del Staples Center consistió en pijos de estética surfera, actores importantes y otros, en paro, dándose importancia. ¿Resultado? Un público que celebra pero no anima. La rivalidad de hace dos décadas era auténtica porque los equipos representaban valores (deportivos o no) en conflicto. La rivalidad hoy no existe, es imbuida por decenas de anuncios promocionales que evocan hermosas historias pasadas.
– La lesión. La estrella local que se lesiona cuando peor marcha su equipo, pero se recupera heroicamente y propicia la victoria tras remontada. ¿Un manido argumento de película? El guión de Paul Pierce para el primer partido de la final. Sucede que uno ha visto mucho cine y no pasa por alto los defectos de la trama. Cuando Pierce se retiró a los vestuarios lesionado al comienzo del tercer acto aquello parecía una rotura de ligamentos, 6 meses de baja. A los cuatro minutos, el ‘prota’ regresa dando saltos, olvidándose hasta de cojear. Como cuando tras 15 minutos de mamporros Steven Seagal sale airoso, peinado y sin rasguños. Pierce se cascó 22 puntazos, estuvo enorme, sí, pero ya. De épica, nada. De cuento, no poco.
Pero hubo también momentos para el recuerdo en los pasados playoffs, flashbacks que justifican muchas noches en vela. Los tres mejores.– 3) La rivalidad forjada entre Boston-Atlanta y Washington-Cleveland. Fueron series de primera ronda con poco baloncesto, pero con sal y pimienta
– 2) Los tres encuentros disputados en Salt Lake City de la eliminatoria de segunda ronda Jazz-Lakers. Por nivel, ambiente e igualdad.
– 1) El primer partido de la serie San Antonio-Phoenix, con las dos prórrogas y aquel triple de Duncan. Lo mejor, sin duda. Un motivo para creer.











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