Desalojo de talento

Según Nacho Duque, de Marca, los jugadores “se van a ligas como la rusa, menos competitivas, pero donde no tienen problemas de dinero”… ¿Qué es la competitividad? ¿Acaso el ejército de mediocridades y americanos en su primera experiencia profesional que están fichando los clubes ACB este verano porque andan sin blanca? Enrocarse a estas alturas en el “somos la mejor liga de Europa” sin una mínima reflexión suena a tópico patrio, a simple desconocimiento. ¿Cuántos partidos de, por ejemplo, Liga Báltica pensáis que vio el tal Duque el año pasado para juzgar su competitividad? A día de hoy, creo que un Lietuvos Rytas-Lokomotiv Kuban tiene más nivel que un Lagun Aro-Cajasol.

La ACB solía ser la más competitiva porque durante años de bonanza los clubes de clase media y baja disponían de pasta fresca inyectada directa o indirectamente por administraciones locales y autonómicas: consejerías de turismo, cajas de ahorro, ayuntamientos, televisiones regionales, etc. Dinero -> mejores jugadores -> competitividad. La crisis ha destapado esa gran mentira que es una liga inflada de subvenciones, pagada por el bolsillo del contribuyente.  Desprovista del patrocinio público, a la ACB le sobran equipos y le falta liquidez. ¿Derechos de TV gratuitos? ¿Equipos que no descienden? ¿Mercadeo de plazas? ¿Pero qué cachondeo es este?

Entre los jugadores se corre la voz de que en España pagan poco y tarde, si pagan. Unos que se van y otros que ya no quieren venir. Intentando contabilizar la pérdida de talento me pregunto, ¿cuántos jugadores titulares de los equipos de playoffs han cambiado de aires este verano? Más de la mitad, 23 de 40*, de los que sólo 6 siguen en la ACB, y no precisamente los apellidos más lustrosos: Barnes, Urtasun, Llompart, Calloway, Vidal y Tomic. Los equipos de clase acomodada ven marcharse a otras ligas a sus jugadores franquicia y los sustituyen por las estrellas de los clubes modestos ACB que están de saldo. Una monogamia que podría definirse como ‘efecto ascensor’. Cabezas sustituye a Prigioni en Baskonia y Llompart a Cabezas en Zaragoza. Doellman suple a Caner-Medley en Valencia. Etc. Caras conocidas para el aficionado, pero que no maquillan el resultado final de la ecuación: la balanza del talento saliente y entrante queda muy desequilibrada, la competición pierde nivel global.

No todo está perdido


El primer ingrediente son unos gestores de la competición valientes, de miras amplias, que admitan el problema y no busquen palabras amables en su cortijo. Si se redujese el número de equipos (¿qué tal 14 o 15?) y se gestionase con destreza el asunto televisivo, creo que la ACB podría repuntar, porque cuenta todavía con dos poderosos intangibles: 1) Compartir cartel con dos transatlánticos mediáticos como Real Madrid y Barcelona, que mantienen el interés del aficionado irregular 2) una masa social pequeña pero fiel, un valor añadido del que carecen los clubes rusos, cuyos pabellones están estructuralmente vacíos (no así en Turquía, Lituania o Balcanes).

No tengo nada contra los equipos pequeños ACB, elogio su contribución al baloncesto en España, pero su lucha es el descenso y este curso se ha demostrado que es una farsa. Yo sería el primero que no querría competir en estas condiciones. La reducción del número de equipos me parece impepinable. No debe entenderse como una ofensa jugar en la segunda categoría, sino como una forma de revalorizar la primera, una competición seria y creíble.

*Estas son mis cuentas de la lechera: el Barcelona pierde a 2 titulares: N’dong y Eidson (este último fue titular en 31 de los 41 partidos del año). El Madrid pierde otros 2: Tomic y Singler. Baskonia otros 2: Prigioni y Teletovic. Valencia 3: Claver, De Colo y Caner-Medley. Cajasol 3: Davis, Urtasun y Calloway. Bilbao 3: D’Or Fischer, Aaron Jackson, Marko Banic. Lagun Aro 3: Panko, Vidal, Jimmy Baron. Y naturalmente Alicante a los 5… Total: 23 de 40. Sin olvidar las bajas de tres jugadores franquicia de equipos que no alcanzaron playoffs: Joel Freeland, James Augustine y Bracey Wright.