The Last Dance es lo mejor que nos ha pasado desde que empezó la pandemia, en las antípodas de los publirreportajes buenistas sobre deportistas de élite que surgen últimamente como setas en plataformas online. En ese sentido, más que la de Netflix se nota la mano de ESPN, responsable de ‘Once Brothers’ (Petrovic-Divac) y de ‘Para lo bueno y para lo malo’ (Rodman), que os vuelvo a recomendar.
Tras unos primeros capítulos de aterrizaje, de dar contexto y presentar los personajes para los menos freaks, The Last Dance despega y engancha porque cuenta sin edulcorar. Los flashbacks son canela y el despliegue de entrevistados una portento. Para los que por edad nos aficionamos al basket en los noventa, la serie funciona también como máquina del tiempo. Por lo que dice y por lo que evoca: las pachangas hasta anochecer, los ahorros para las últimas Jordan y el VHS programado de madrugada. En fin, gracias ESPN.
Ahora que ha terminado, se me ocurre repasar los momentazos que nos deja. Estos son los míos, seguro que vosotros tenéis otros:
1) “Justo lo que necesitaba para motivarme”
Si algo deja meridianamente claro la serie es que Jordan es un chulo malhablado y un picado con la mecha corta. No son rasgos que uno enseñaría a su hijo, pero al 23 le sirvieron de motivación cuando ya lo había ganado todo. Su temporada consistía en una sucesión de cruzadas personales que, por supuesto, siempre ganaba, por eso es Michael Jordan. Por cierto, buenísima la parodia de Ibai.
Labraford Smith, Bryon Russell, George Karl… Por destacar una, me quedo con la de su excompañero BJ Armstrong. Playoffs del 98, los Hornets ganan el primero de la serie en Chicago con una canasta decisiva suya, que celebra con dedicatoria al banquillo local. “No pasa nada, veremos si nos vacilan mañana”, comenta Jordan en el vestuario, con un puro en la boca y un bate de béisbol en la mano. Más macarra imposible… Los Hornets no volvieron a ganar un partido en aquella serie: 4-1.
2) “Los republicanos también compran zapatillas”
1990, elecciones al Senado, la madre le pide a Jordan que aproveche su influencia y apoye públicamente al candidato afroamericano, Harvey Gantt. Fue que no. Quien esperase de Michael un nuevo Cassius Clay, activista comprometido o embajador de UNICEF, podía esperar sentado.

Sus prioridades se limitaban a ganar en la pista y a la pela fuera de ella, como casi todos si nos miramos al espejo, y posicionarse era malo para lo segundo. Jordan será muchas cosas, unas cuantas negativas, pero no es un hipócrita. The Last Dance es una hostia a mano abierta para aquellos empeñados en buscar referentes políticos y morales en las estrellas de la cultura y el deporte, como si su éxito profesional les revistiese de autoridad para repartir sermones. Lo de Jordan son los puros, el golf y las apuestas, ni lo disimula ni se avergüenza a de ello. Sencillamente no busca dar ejemplo, y a quien moleste que no mire.
3) Rito iniciático
¿Era Jordan un bully? Uno de manual. Amedrentaba a sus compañeros, se cebaba con los débiles, los intimidaba, retaba y humillaba sistemáticamente. En parte porque era un abusón, pero en parte también como prueba de acceso, una suerte de rito iniciático para testar y forjar el carácter de los nuevos. «Si iba a ir a la batalla contigo, necesitaba saber que no ibas a achantarte», explica Paxon en el capítulo 9.

Al regreso de Jordan del bésibol, los Bulls tenían muchas caras nuevas: Kerr, Buechler, Kukoc, Longley… «Éramos un equipo de mierda, había que alcanzar ciertos estándares para aspirar al título y no puedes andarte con chiquitas. Si no eres capaz de aguantar mi presión, menos lo serás de aguantar la de unos playoffs».
En un entreno cualquiera la pagó con Steve Kerr, le insultó, le vaciló y le ‘agredió’ hasta que éste respondió. Se armó una trifulca, volaron puñetazos y Phil Jackson expulsó a Jordan, que después del entrenamiento llamó a Kerr para disculparse (a su manera). Lo importante no fue la disculpa sino la aceptación que implicaba. Aquel día Steve pasó la prueba, devolver el golpe fue la muestra de carácter que Jordan buscaba par empezar a respetarle y aceptarle como uno de los suyos. No es un cuento de hadas, pero el deporte de élite no lo es.
4) «La hora del kamikaze»
Cuenta Jordan: “En los meses que Pippen fue baja, Dennis se comportó como un ciudadano modélico, pero cuando Scottie regresó dijo que necesitaba unas vacaciones en Las Vegas (¡en mitad de la temporada!). Le advertí a Phil: Si se lo permites no le volvemos a ver el pelo, se acabó“. Pese a lo duro que era Jordan con sus compañeros, cuando se refiere a los desmanes de Rodman su expresión es más bien de sorna (ver imagen). «Sabíamos cómo era». Es evidente que prefería a un loco que a un blando.

Rodman, por supuesto, no cumplió su palabra y no apareció pasadas 48 horas, así que Jordan fue a LV a sacarle literalmente de la cama. “Llamaron a la puerta y… ¡era Michael Jordan! Me escondí tras el sofá y me tapé con el edredón, no quería que me viese así. Ser novia de Dennis era un trabajo de riesgo”, recuerda Carmen Electra, en un vestido de rejilla.
“Rodman finalmente se reincorporó al equipo, pero así fue como funcionamos durante todo aquel año”, dice Phil Jackson con una sonrisa. La siguiente imagen es de Rodman entrando al pabellón a entrenar en chupa de cuero sobre pijama de cuadros y chanclas. El Gusano, genio y figura.
5) En el nombre del padre
Octavo capítulo, la final contra Seattle, Jordan en puertas del cuarto anillo coincidiendo con el Día del Padre. En la escena previa distintas voces explican lo que significaría para él volver a ganar en un día así. De fondo la música de José González, su versión acústica del Teardrop de Massive Attack. Mucha clase. Termina el partido, termina la canción, se hace el silencio y aparece el 23 tirado en el suelo del vestuario, abrazado al balón, solo se escucha su llanto. Pelos como escarpias.

Es normal que suenen rumores de NBA sobre los mejores jugadores de la Euroliga, los aficionados del Madrid deberíamos estar vacunados a estas alturas. En los últimos años hemos visto partir a Willy Hernangomez, que apenas contaba en la rotación de Laso, y a Luka Doncic que, bueno, no se pueden poner diques al mar… Por edad y peso en el equipo, los casos más parecidos a los de
Un agorero dirá que la carne es débil y la tentación no desaparece, y no le faltará razón. Los jugadores a veces cambian de idea, azuzados por los agentes, que cobran a porcentaje del salario de sus representados. Así que cuanto más ganen los jugadores, mejor para ellos, que de su bolsillo no saldría el pago de la cláusula.
Los activos ‘tóxicos’
Pues teóricamente no, dado que los tres bases de la plantilla tienen contrato garantizado para la próxima temporada y su continuidad no corre peligro: Campazzo, Llull y Laprovittola. De Facu suenan rumores de 

Todos perdemos algo con esta situación, pero jugar sin público en directo permitiría adelantar enormemente la fecha de regreso de la competición (sea para terminar esta temporada o al menos para iniciar la próxima), puesto que no implicaría aglomeraciones de gente, que serán por lógica las últimas a las que se levante la restricción. Conciertos, fiestas religiosas/populares, recintos deportivos… Difícil imaginar su regreso antes de que haya vacuna.
Ya lo veis, parroquia, el maldito Covid nos lo ha alterado todo, hasta el basket. Entiendo que las competiciones (ACB y Euroliga) apuren todavía plazos para intentar terminar la temporada de alguna manera, aunque sea en formato exprés, de fase final tipo Copa del Rey, a puerta cerrada y en sede única. Un mal menor para reducir las pérdidas y evitar que el palmarés quede desierto. Al fin y al cabo, no hay certezas más allá de 15 días vista, ni a nivel deportivo ni tampoco sanitario. Pero, muy a mi pesar, creo que tenemos que irnos haciendo a la idea de que la temporada 2019-20 ha terminado, que las prórrogas del estado de alarma se irán sucediendo hasta dejar sin opciones de calendario para terminar ligas. Muy especialmente las supranacionales, que necesitan del levantamiento de fronteras de múltiples países.
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