De Randolph, Williams-Goss y el efecto dominó

El regreso de Trey y Randolph, que debía haber traído puntos y un salto de calidad, no está teniendo ni mucho menos el impacto que esperábamos. Recordemos que suman unos cuatro millones brutos de masa salarial.

Thompkins, que volvió más tarde, está bajito de forma, no atrapa un rebote ni por error y en defensa todo le cuesta un mundo. La explicación no parece esta vez el peso, ojalá fuese eso, que tiene solución más o menos rápida; sencillamente Trey nunca ha destacado por su físico y una baja de siete meses a su edad pasa especial factura. Sin embargo, juega, a veces hasta brilla (semifinales de Copa) y sigue contando con la confianza de Laso, es uno de sus pretorianos (junto a Taylor y Causeur), además de figura apreciada en vestuario y grada. No, lo grave no es lo de Thompkins sino lo de Randolph, que además tiene un salario más alto y (hasta donde sabemos) contrato garantizado el año que viene. Volvió hace dos meses y medio, físicamente parece en buen estado, pero está fuerísima de dinámica, y cada vez más. Un total de tres minutos de juego en los últimos seis partidos (¡!).

Su actitud es pésima, os lo dice un abonado que le ve de cerca en Goya: tiene detalles feísimos que no captan las cámaras, como saltar la valla publicitaria de camino al banquillo, para evitar cruzarse a Laso cuando le sienta. Vedettismo que no veréis a ningún otro jugador del equipo. En Euroliga, que sabe que no juega, se pasa los partidos completos pedaleando en la bicicleta estática para no tener que integrarse con los compañeros en la banda, animar y hacer piña. La bici se supone que es para calentar, no para exiliarse. Llega a los tiempos muertos cuando ya están acabando y ni se asoma a escuchar. Es vergonzoso. Si alguna vez fue tan bueno como para que le riésemos estos desplantes, ya no lo es. Debería estar agradecido por la paciencia y sensibilidad del club con su lesión, ser campeón en actitud, pero lo contrario. Con razón Laso le ha puesto una cruz como la del Valle de los Caídos de grande, ya veremos si definitiva.

El veto a Randolph deja un damnificado: Nigel Williams-Goss, fuera de la convocatoria de semifinales y final en la Copa por el overbooking de extracomunitarios. Algunos lo han interpretado como que Laso tira la toalla con él, yo veo otro motivo. De entrada, me cuesta creer que el técnico se baje del carro de NWG tras apenas cinco meses, de los que se ha pasado uno y medio de baja.

Yo veo otro motivo: el efecto dominó. Me explico: asumiendo que Deck es clave, el descarte debe salir de entre Trey y Goss. Y en condiciones normales, estando Alocén lesionado, el sacrificado debería ser Thompkins. Pero no estamos en condiciones normales, porque el veto a Randolph deja a Trey como único ala-pívot reserva. Puedes utilizar a Deck de cuatro, sí, pero es desperdiciar un recurso valioso, siendo de alero como más diferencias marca. De base reserva tienes dos opciones testadas, Llull y Abalde. Imagino que no fue una decisión fácil, pero así es como yo la interpreto.

Sensei Laso

Lo cual no es óbice para detenernos en la adaptación de Goss, que no está respondiendo por ahora a las expectativas (también algunos las tenían quizá demasiado altas). Creo que todos coincidimos en que arrastra un problema de confianza y autoridad galopante, juega evitando el fallo más que buscando el acierto: no mira el aro, se limita a subir el balón, ordenar sistema o sencillamente dársela a Llull, con quien casi siempre coincide en pista y sabemos cómo acaba la historia. El puesto de base en el Madrid requiere mucha más iniciativa ofensiva, salirse de sistema a veces. La disciplina como hándicap más que como valor: en este formato ameba Goss es un activo desaprovechado.

Vale, no es un superclase tipo Chacho, Facu o Doncic, quizá estábamos mal acostumbrados. Tampoco ayuda el prejuicio estético rancio: leo a aficionados decir que no puede ser base del Madrid por su «manejo del balón», como si fuese un requisito imprescindible y Calathes un Globbetrotter. También creo que no hemos terminado de entender la sequía de talento en el puesto de base del pasado verano en Europa. Los que hemos visto a Nigel jugar en otros equipos sabemos que es un jugador de nivel y con recursos, en Madrid lo ha mostrado a cuentagotas, a los partidos contra CSKA y Murcia me remito. Por cierto, cuando dirigió al equipo Chus Mateo, que Laso estaba de baja por covid. ¿Coincidencia?

Cumple en defensa y no se le pira la pinza, pero acaba los partidos con 10-15 minutos en pista y ni un solo tiro, mientras Llull apedrea el aro sin reparo: 1/11 triples en la Copa, 28% de campo en Euroliga, y no precisamente lanzando poco. A Goss le falta iniciativa, sí, pero aquí señalo también a Laso: no se trata de que el jugador tome el cielo por asalto sino de que el jefe asigne roles. Viendo el nivel de Lapro en Barcelona y la gestión por ahora de NWG os confieso que se me está empezando a caer aquel mito de Laso como sensei de la gestión de bases.

Solo con la defensa no alcanza

Podemos bajar al detalle, ahora lo haremos, pero no deja de ser una nueva derrota contra el Barca, y nos estamos acostumbrando, como si de un hábito se tratase. Cuarta consecutiva, nada menos, y esta vez con título en juego. Se compitió al menos, que ya es un avance tras la reciente humillación en Goya. Con eso nos conformamos ya…

Laso hizo los ajustes defensivos que reclamábamos para que hubiese partido, lo llevó a su territorio, el de baja anotación, donde este Madrid de barro y músculo tiene más chances frente al Barca. Tanto así que los blancos mandaron en el marcador 35 minutos y se llegó empate al último minuto: lo hubiésemos firmado con los ojos cerrados hace una semana, que andaba el equipo hecho unos zorros, pero dado el desarrollo del torneo y del partido la derrota pica, un remar para morir en la orilla.

En el cara o cruz la Copa se escapó en dos fallos de Tortuga Deck, una falta innecesaria a Mirotic en defensa primero y una bandeja fallada en ataque después. Cuando te juegas una final en los últimos cinco minutos, como hoy, no importa la profundidad de plantilla, el punto fuerte de este Madrid, sino la categoría de los primeros espadas. Porque tres buenos reservas no te hacen un buen titular.

Duelo de banquillos

Igual que destacamos el repaso de Saras a Laso en los últimos Clásicos, es de ley reconocer que pese a la derrota la batalla esta vez fue del vitoriano, dejando en 64 puntos a un equipo que promedió 105 entre semis y cuartos. Sí, se puede ganar el duelo de banquillos perdiendo el partido, seamos adultos: la defensa es el segmento de juego en el que más capacidad de influir tiene el técnico. Y hablando de retaguardia, ojo a Jeff Taylor, que que todas las porras asumen su salida en verano pero lleva un 2022 estupendo y hoy fue el mejor del equipo, descomunal su trabajo atrás secando a Lapro.

El problema para el Madrid en la final fue que el baloncesto se sigue jugando a dos aros, hace falta anotar y la plantilla, con todo lo larga que es, va justa de recursos ofensivos, sobre todo en el backcourt. ¿Qué os voy a contar a estas alturas que no sepáis? La baja de Causeur no ayudó, claro que al Barca le faltaba Higgins. Puedes defender como perros, pero con 59 puntos anotados y 7 asistencias por 17 pérdidas resulta difícil batir a un equipo de élite. Los 14/26 triples del sábado a Tenerife se demostraron un espejismo, en la final 4/23.

Dos peros le pongo a Laso, eso sí. Me sobró algún minuto de Yausele, que sigue negadito contra el Barca: una canasta en 26 minutos y cero mordiente. Su temporada es muy buena, burguesía continental, pero no le consideraré una estrella hasta que no brille también contra el mejor rival.

Y me sobraron los minutos de Llull de base en el último cuarto, que penalizaron mucho al equipo, a los números me remito: -5 de valoración, 0/5 triples y -10 el equipo en sus minutos. Tengo la sensación de haber escrito esto mismo ya demasiadas veces. No llego a entender que en 2022 sigamos insistiendo con el balear al volante en tramos clave de partidos decisivos. Sin ir más lejos, la fórmula de Abalde como base había dado buenos frutos en el primer cuarto, pero es llegar los minutos de la verdad y Laso aferrarse a los clásicos. Y luego está la ausencia de Nigel Williams-Goss por el overbooking de extracomunitarios, un hándicap en competición nacional. Escribiré más detenidamente sobre el tema esta semana, porque tiene miga, pero creo que su descarte habla aún peor de Randolph, al que Laso ha puesto una cruz que obliga a convocar a Trey, que del propio NWG.

¿Y si lo de Larkin fuera cierto?

Ayer saltó una bomba, el nombre de Shane Larkin, en cuyo fichaje estaría trabajando el Madrid de cara al curso que viene. Visto en perspectiva, la operación tendría mucha lógica: no hay día que no remarquemos la carencia de un anotador exterior de primer nivel en la plantilla blanca, y no hay ninguno mejor que Larkin en Europa. Su compañero Micic es más completo y generador, pero como anotador Larkin es insuperable, con esa combinación de primer paso eléctrico y tiro exterior. Desde un punto de vista deportivo sería un pelotazo.

Son varios los factores por los que no se me hace extraño el rumor. Su pasaporte comunitario (por Turquía) encaja en la configuración de plantilla y 29 años es una edad óptima de madurez. Además, y esto es clave, termina contrato el 30 de junio, así que el 1 de julio será libre para renovar en Turquía o firmar por el equipo que le plazca. Y con la lira por los suelos y el proyecto Efes haciendo aguas, que apesta a mal rollo de vestuario, encaja un cambio de aires.

Por otro lado, su nombre ya me había llegado por mentideros, nada serio ni formal, pero me había llegado. Creo que uno o varios periodistas que cubren la actualidad del Madrid conocían las negociaciones, pero a petición de la fuente, es decir, el propio club, estaban guardando la información para no poner en riesgo la operación. La noticia ayer la publicó Huguet en Mundo Deportivo, que además de un acuerdo verbal con el jugador (su agente se reunió con el club esta semana a propósito de un júnior), el Madrid estaría en «negociaciones avanzadas» para que Baskonia renuncie al derecho de tanteo a cambio de una compensación económica.

Larkin publicó anoche un story en su cuenta de Instagram desmintiendo la información, vamos, lo esperable. ¿Qué va a decir el jugador, con cinco meses aún de contratazo en vigor, confirmar que se va a un rival en verano? Su desmentido ayer tiene escaso valor a medio plazo, cualquier declaración pública que haga hasta el 1 de julio hay que leerla exclusivamente en clave Efes, del respeto a su afición. Que la operación acabe cristalizando es otra historia, la vida y el mercado pueden dar muchas vueltas en cinco meses, que le pregunten a Ante Zizic. Pero no te tiras a a semejante piscina sin constancia de que hay algo de agua al menos.

Posdata: si el Madrid activa una operación de tanto calado (deportivo y económico) como la de Larkin es porque debe ver en arameo la posibilidad del regreso a Europa de Campazzo en verano.

Nuevo repaso en el Clásico: el Madrid entra en barrena

No se me ocurre otra palabra más sutil que descalabro. Pocas humillaciones recuerdo al Real Madrid como local en la era Laso como el Clásico de ayer, mención especial al primer cuarto. Porque, además, no se puede recurrir a los atenuantes habituales, ni el arbitraje (10 tiros libres más el Madrid), ni las las lesiones (faltaban Rudy, Deck y Taylor, pero también Higgins y Abrines).

Si la visita previa del Barca, no hace ni tres semanas, ya la interpretamos como un toque de atención, para bajar un poco los humos, lo de anoche fue un pasar a Defcon 2: ganar otro título este año requiere casi impepinablemente batir a los azulgrana, y la sensación en los duelos directos va de mal en peor.

El duelo de banquillos

No hubo ni rastro de los ajustes tácticos de Laso que esperábamos respecto al Clásico anterior, sobre todo defensivos, porque a 85 puntos el Madrid tiene poco que rascar. En todo caso sucedió lo contrario: quien ajustó fue Jasikevicius, que dio un sonadísimo repaso (¿otro?) al técnico vitoriano.

No nos engañemos, las opciones del Madrid contra una plantilla de más recursos ofensivos pasan por imponer un nivel físico y defensivo asfixiante, por salir a pista apretando líneas de pase como energúmenos y encajar menos de 75 puntos. Y sí, Laprovittola enchufó tiros que no acostumbra, que ayudaron a la escapada inicial, pero es que se concedieron no pocas canastas cómodas en la zona, y Kuric y Mirotic fallaron un saco de lanzamientos liberados (o sea, mal defendidos) que no perdonarán la próxima vez.

No se apretó atrás en condiciones hasta el tercer cuarto, ya sin bases, con Heurtel castigado por un nuevo gatillazo contra su ex equipo, y van cuatro de cuatro. Con Abalde y Hanga en pista, más Tavares de referencia, vimos al menos baloncesto, el tipo de partido que esperábamos desde el comienzo, pero el marcador era demasiado amplio y el duelo llevaba un rato perdido.

La gestión de tiempos muertos

En realidad se palmó en los primeros minutos, literalmente el Madrid no aguantó ni un asalto. Y aquí señalo directamente a Laso: lleva diez años en el banquillo, conocemos de sobra su estrategia de posponer tiempos muertos para ofrecer espacio a la autogestión de los jugadores, darles confianza como inversión a medio plazo. Y en general lo veo bien, ahí están los resultados. Pero ayer se enrocó y lo llevó al extremo, con un coste altísimo.

Estaba el pabellón lleno (todo lo lleno que legalmente puede estar) por primera vez desde que empezase la pandemia, conozco a madridistas que vinieron de otras provincias para verlo. ¿De verdad tuvo que esperar a estar 15 abajo (2-17) para detener la sangría? Puedes experimentar contra el Betis o el Burgos, sabes que hay margen de remontada, pero 15 abajo contra un rival del nivel del Barca es ya prácticamente partido perdido, por muy primer cuarto que fuese. Me pareció una falta de respeto y de sensibilidad hacia la gente que peregrinó a Goya.

Las soluciones, colectivas

No voy a bajar esta vez al detalle de jugadores, que os conozco y en días así queréis pasar por la picota a media docena y fichar a otros tantos. Esta es la ‘crónica’ del partido de ayer y el problema no fue de desacierto puntual o de atasco ofensivo, así que no ha lugar a centrar el análisis en un solo flanco. Ojalá fuese tan sencillo como «esto con Facu no pasaba» o «falta un tirador», fue aún peor: una derrota por aplastamiento colectivo. La plantilla es larguísima y con alguna carencia, de la que debatimos aquí generosamente cada semana, pero igualmente hay equipo más que de sobra para dar partido al Barca y ganarle de vez en cuando, que vamos líderes de la Euroliga, joder.

Por eso miro al banquillo: sabéis que no puedo ser más lasista, que tiene toda mi confianza y agradecimiento, pero ahora tiene también una montaña de trabajo y un reto fenomenal por delante para estrechar la diferencia en los Clásicos, porque lo de los tres últimos no es acorde con el potencial de las dos plantillas. El año pasado alabamos al técnico desde esta tribuna, incluso en la derrota, porque se sacó conejos de la chistera y logró competir dignísimamemte con el peor plantel en años. Pero este curso es distinto, hay mimbres, así que se puede y debe exigir bastante más que la vergüenza de esta doble jornada Euroliga.

El Madrid 21/22, en su más pura esencia

Con sus pronunciados picos de sierra, no apto seguramente para todos los paladares (ni corazones), ayer asistimos a la esencia de este Real Madrid 21/22. A una primera parte de absoluta espesura ofensiva, que hasta sonaban tambores de crisis tras el pinchazo contra Andorra, le siguió una segunda de altísimo nivel físico y defensivo, apabullando una vez más en rebote (+17). Un equipo de 6 en ataque pero 9 en defensa, y esa nota media de 7.5 alcanza este año para liderar la Euroliga en solitario. Manque, al parecer, le pese a algunos.

Fue una de esas noches que merece la pena vivir en Goya, no todos los días se remontan 14 puntos a un equipo de burguesía continental. Además se armó ambientillo, que nada enciende a las masas como un arbitraje esquivo al equipo local. Y el de ayer lo fue, vaya que si lo fue. Sabéis que no acostumbro a referirme a los árbitros, darles protagonismo ni usarlos de excusa, y si esta vez lo hago es precisamente porque se ganó. Pero dio por momentos la sensación de que al trío se le iba el partido de las manos, con situaciones ridículas e injustas, como Poirier expulsado por pedir antideportiva en una falta en la que le arrancaron un diente. No es por equivocarse, sino por enrocarse en el error sobre-castigando cualquier protesta.

Tavares y Heurtel

Y suerte que Tavares, sorprendentemente, se mantuvo esta vez al margen de la bulla arbitral. Suerte porque resultó capital en la remontada, dominando insultantemente ambos aros en la segunda parte, sobre todo el propio. Y tenía enfrente a Moustapha Fall, que no es moco de pavo.

Aunque el verdadero protagonista de la remontada fue Thomás Heurtel, un faro en la tormenta cuando la cosa peor pintaba. Su capacidad de anotar en estático resulta un tesoro en este Madrid limitadillo de recursos ofensivos en el backcourt. Es irregular y no defiende un pimiento, a Laso le pone de los nervios a menudo, a mí también, pero con una plantilla de 16 y la escasez de talento que hay en Europa en el puesto de base, bien merece la pena disponer de un joker así en la baraja. Por cierto, y con todos los respetos, la comparación con Laprovittola es un insulto a la inteligencia, salvo que solo te asomes al basket en día de Clásico. Y si lo digo es porque a algún incauto se lo leí, y no precisamente de la parroquia ajena. Ya me diréis cuántas veces habéis visto al argentino en Euroliga, en partido de primer nivel y cuesta arriba el marcador, echarse el equipo a la espalda como Heurtel ayer.

Se notó la baja de Tortuga Deck, el mejor contra Andorra, ausente por problemas físicos, según explicó Laso. Quedan dos semanas para la Copa y sería una baja sensible, porque Hanga también lo es y Abalde sigue cazando gamusinos. Ayer estuvo negadito, ni una decisión buena en ataque con el balón en las manos, y Causeur esta vez tampoco aportó soluciones. Así las cosas, Llull y Nigel fueron el único apoyo exterior que encontró Heurtel. Erráticos en el tiro (3/13), salvo el francés todos lo estuvieron, pero jugaron con aplomo y sus tres canastas llegaron en momentos clave, además de una sólida aportación defensiva, pese a ser los más perjudicados por el criterio arbitral. Un poco como Yabusele, que ha conocido días más brillantes, pero que se dejó el corazón sobre el parqué.

Alocén no jugó ni un minuto, ha regresado fatal de su periodo de baja, diluyendo todas las buenas vibraciones de comienzo de curso, que parecía por fin dar el step-ahead que esperamos. El Madrid no es lugar para hacer la mili, exigencia máxima, no espera a nadie. Tampoco jugó Thompkins, que la mano la conserva pero no está (todavía) al nivel físico que requieren partidos de esta exigencia. El que sí jugó fue Randolph y vaya papelón, ya no por desacierto y malas decisiones en pista, que también, sino por actitud.

Cuando le sustituyó Laso se fue corriendo al fondo del banquillo, para evitar al coach, saltando la valla y sin saludar a nadie. Era el segundo cuarto pero sabía que, tras semejante esperpento, no volvería a jugar. Y así fue, en la segunda parte Laso recurrió a Rudy durante el descanso de Yabusele antes que repetir con Randolph (o dar la alternativa a Trey). Aviso a navegantes, para quien quiera verlo. Se cumplen dos meses del regreso de Toñejo, hay tiempo para reconducir la situación, pero las señales son preocupantes: tercera ficha más alta de la plantilla, cumple 33 en junio y, al parecer, le queda otro año de contrato. Hipoteca.

Mañana Zenit, que también es un hueso. Febrero es así, un no parar de calendario por los partidos aplazados y con la Copa del Rey en el horizonte. Las conclusiones categóricas caducan en cuestión de días, pero mientras tanto el Madrid sigue líder.

Una lanza en favor de la dirección deportiva

«Necesitamos un base, un jugador que pueda anotar y crear para sus compañeros». ¿Os suena esa frase? Podría firmarla cualquier madridista frustradito tras la última derrota contra el Barca, pero es Andrey Vatutin, presidente del CSKA de Moscú esta semana. Su equipo, ya lo sabéis, está cuajando una temporada discretísima.

En la misma entrevista, Vatutin reconoce que esperaron a Kevin Pangos. Era su plan A para el puesto pero, al igual que otros jugadores Euroliga, dio prioridad en verano a tantear el mercado NBA. Y uno de los últimos días de agencia libre sonó la flauta y pescó contrato en Cleveland, dejando a CSKA compuesto y sin novia. «Estaba destinado a organizar nuestro ataque: le esperamos y la plantilla quedó incompleta. ¿Fue un error? Quizá», reflexiona Vatutin.

Y esto a cuento de qué viene, diréis. Pues de los bases del Madrid, bueno, en concreto de la apuesta por Thomas Heurtel y Nigel Williams-Goss, cuestionados tras su gris actuación en el Clásico. Escucho en la parroquia la queja recurrente de que no son «bases dignos del Madrid».

«Con Laso siempre hemos tenido grandes bases»… Ya, pero nunca antes habíamos tenido tan buenos pívots. Los tiempos cambian y con ellos las recetas, lo importante es seguir arriba compitiendo por títulos. Lógicamente TH y NWG no son por ahora tan desequilibrantes como lo fueron Doncic, Campazzo, Chacho o LLull en su prime, pero no podemos vivir en el pasado, menos ahora, cuando el presente es razonablemente esperanzador. Hoy he venido a romper una lanza en favor de la dirección deportiva, porque el contexto lo es casi todo en la toma de decisiones y por esas juzgamos su trabajo.

Sabéis que fui muy crítico con el fichaje en su día de Laprovittola, y lo fui porque aquel verano quedaban libres varios de los grandes bases del continente. Entre otros, De Colo, Micic, Wilbekin y, sí, Chacho, que de hecho se puso un cartel luminoso sobre la cabeza rogando al Madrid volver. Pero entonces todavía estábamos en ciclo ganador, la directiva se atragantó de victorias y le pudo la arrogancia. Portazo a Chacho. Aprendieron de aquel error y esta vez con Deck ha imperado el pragmatismo.

Política de pájaro en mano

En contraste con 2019, la lista de agentes libres en la Euroliga este pasado verano era deprimente, a saber: Thomas Walkup, Wade Baldwin, Pierria Henry, a precio de oro por el tanteo, Corey Walden, Lorenzo Brown, tras su gatillazo en Fener, Janis Strelnieks, Nate Wolters y Chris Jones. Por cierto, contra pronóstico, este último es el que mejor está rindiendo… No cuento a Mike James, que no quedó libre hasta mediados de septiembre y que en todo caso me parece un cáncer de vestuario a medio plazo.

Ninguno de esa lista hubiese garantizado mejor rendimiento que TH+NWG. Admitamos que sencillamente el timing fue malo: este verano, que el Madrid salió por fin con pasta al mercado, no había demasiado género. Esta vez no fue cuestión de inversión sino de simple carestía de la oferta. Sirva como ejemplo la historia de Vatutin, que todo un CSKA tenga que bajarse los pantalones y ser segundo plato de Pangos, asumiendo el enorme riesgo de esperarle sin certeza hasta septiembre. ¿Os imagináis que le hubiese pasado al Madrid? Habríamos colgado a JCS y AH del palo mayor. En su lugar, vamos líderes de la Euroliga.

Por eso, me vais a disculpar, pero sigo creyendo que Heurtel y NWG fueron fichajes muy razonables, perfiles tácticos complementarios y nivel burguesía continental. Pájaro en mano. Lógicamente preferiría tener a Micic, pero también Efes preferiría tener a Tavares, Poirier o Yabusele antes que a los jugadores que tiene en esos puestos.

¿Que Thomá y Nigel no son estrellas? De esas no había en el menú y tampoco tiene sentido reclamar imposibles: cambiemos de una vez el chip futbolero, que plantas la cláusula y te llevas a cualquier jugador. En basket el mercado funciona diferente y, salvo muy raras excepciones, solo es fichable el jugador que termina contrato, y mejor que no sea ACB, por aquello del tanteo. Además, si este verano se pone a tiro alguna «estrella» en el puesto (digamos Larkin o retorno de Facu), pues no estamos atados de pies y manos: para eso se le firmaron a Heurtel 1+1 en vez de 2 años garantizados.