
Las victorias feas, a remolque y jugando mal cuentan igual, de hecho según uno se hace viejo aprende a valorarlas más, puesto que hablan de la solvencia y el oficio de un equipo, el tipo de atributos que valen títulos. El partido de Milán fue difícilito de ver para el aficionado y sobre todo raro de escuchar, con el único sonido ambiente del ruido de las zapatillas en el parquet y las arengas de los entrenadores, al jugarse a puerta cerrada por aquello del coronavirus. Espero me disculpéis por no castigaros con otro titular ‘ingenioso’ que incluya las palabras virus o vacuna…
Se agarró el Madrid al duelo pese al pobre arranque, hasta 17 abajo se llegó a ver, pese al día horribilis de Jaycee (1 de 10 tiros para valoración -8) y pese a viajar en cuadro, con cinco bajas sensibles, a saber: Deck, Randolph, Llull, Causeur y Mickey. Pero ahí estaba Tavares, modo Gigante Verde máximo, lo que se ha convertido en business as usual, y que tapa por sí solo no pocas goteras en días así. Sobre todo si es capaz de sumar con cierta consistencia en ataque, como viene haciendo de algunas semanas a esta parte. Es ya el mejor center de la competición, a años luz, de hecho, dado el bajón de Vesely, y me atrevería a decir que el segundo jugador más dominador y desequilibrante, solo tras Larkin. Lógicamente Micic, Mirotic y Campazzo son magníficos, pero no transmiten la misma sensación de superioridad y suficiencia de los otros dos.
Fue sentarse Tavares 3 minutos al final del segundo cuarto, entrar Mejri y parecer de repente Gudaitis la reencarnación de Hakeem Olajuwon, liderando una nueva escapada del Milán. El tunecino está patinando estrepitosamente en estas semanas de ventana de oportunidad que le han caído del cielo por las lesiones. No se entera de nada en ninguno de los dos aros, recuerda al Kuzmic al regreso de la rotura del cruzado, es decir, modo exjugador, en su caso con menos excusa.
Mejri, modo Kuzmic
Algún motivado en Twitter aún confía en que Mejri recupere la forma y ayude en playoffs ACB, pero dudo mucho que vaya a tener ni la oportunidad. Esa la está teniendo ahora y la está desaprovechando. Un fichaje fallido, vayámonos haciendo a la idea. Se le incorporó, bueno, pues porque surgió la oportunidad de mercado, coincidiendo con el ‘expediente Trey’, cuya continuidad en ese momento tampoco estaba garantizada, y en todo caso con la perspectiva de tener que descartar a un extracomunitario en ACB. Mejri, además, madridista confesó. con 33 años, las rodillas tocadas y sin equipo ya empezada la temporada, pues suponemos que aceptaría firmar por poquito.
Su evolución es la contraria a la de Garuba, que ha dado un paso al frente con la lesión de Randolph y se está ganando a pulso un puesto en la rotación en playoffs ACB. Parece también claro que el alcarreño va por delante de Felipe en la rotación: 19 minutos del chaval hoy por solo 7 de Reyes, pese a que éste cunplió.
Si Tavares fue el chef de la victoria en el silencio de Mediolanum, Thompkins y Laprovittola fueron sus pinches de cocina, ayudando a mantener al equipo a flote en ataque en los minutos más comprometidos (13 puntos cada uno). El argentino, igual que Garuba, está confirmando su step ahead con la baja de Llull, de hecho, se podría decir que salvó el culo al equipo en Milán, dado el apagón total de Campazzo. La remontada buena llegó con él en pista, aunque el instigador fue sin duda Rudy Fernández, por eso le dejo para el final. Llevaba varias semanas gris, lastrado por los aductores, es más, su primera parte fue discretita… Ya, hasta que enchufó la Fender, y vaya clinic. 18-0 fue el efervescente parcial que lideró al comienzo del último cuarto y que decidió a la postre el encuentro. Y no solo lideró con puntos, que se fue a 16, tope del equipo, sino sobre todo con eso que le hace tan diferencial y que cada vez vemos más a cuentagotas (que por él también pasan los años), la versión ensalada completa: defensa contagiosa, robos de balón, faltas de ataque provocadas, asistencias, ayudas desde el lado débil y canastas rivales rebañadas sobre el aro propio. Vamos, el tipo de cosas que haces cuando ves el baloncesto medio segundo antes que el resto, que al final será el atributo diferencial por el que recordaremos a esta leyendaza que es Rudy.

Tavares continuó explorando la línea argumental de mayor protagonismo ofensivo que ya dejó entrever en la Copa: esas 8 canastas de ayer son su tope en Euroliga este curso. Y los 13 tiros de campo lanzados, también. Se atreve con floaters en las continuaciones y está firmando porcentajes interesantes en semiganchos de espaldas a 2-3 metros que antes apenas frecuentaba. Dada su tremenda superioridad física, cualquier incorporación a su repertorio ofensivo cerca del aro resulta tremendamente productiva. Es curioso cómo el caboverdiano le ha pasado por la derecha a Vesely (MVP el curso pasado) en la aristocracia de la Euroliga. Mientras Edy emerge como center dominador de la competición, al checo pareciera que le hubiesen caído cinco años de golpe, reconvertido de castigador de los aros en estilista de la media distancia wannabe. Con los dominadores como ellos, puedes intuir la decadencia en el momento en que empiezan a alejarse del aro.
Todo funcionó como un reloj suizo en Estambul, ¡30 asistencias! Rudy fue clave en el segundo cuarto para cortar el conato de remontada y el dúo interior reserva, Thompkins-Mickey, vio el aro como una piscina olímpica (12 de 13 tiros de campo). Pero la mejor noticia para el Madrid fue el regreso a la rotación, a buen nivel y en plaza grande, de Garuba y Laprovitola.
Si algo ha venido a enseñarnos esta Copa del Rey de Málaga es que el Madrid continúa teniendo una marcha competitiva más que el resto en ACB, también este curso, pese a la mastodóntica inversión del Barca en verano. Un reprís por oficio, carácter, profundidad de plantilla, conjunción y defensa, ingredientes que además de dinero requieren paciencia y estrategia. Ante el aluvión de fichajes rutilantes del rival directo, la dirección técnica blanca mantuvo la calma y apostó por continuidad. Una continuidad expresada en fichajes discretos, incluso decepcionantes en la comparación con el vecino, pero también y sobre todo en las millonarias renovaciones de largo plazo de Campazzo y Tavares, blindados ante la tentación NBA y señalados como líderes naturales del equipo para los próximos años.
Con Facundo Stockton se le agotan a uno los adjetivos, confirmadísimo mejor jugador de la ACB, manque pese a Mirotic y a los enamorados de la estadística de valoración en ligas regulares. A ver quién puede siquiera toser al argentino, MVP de las tres últimas competiciones nacionales (final ACB, Supercopa y Copa). 31 asistencias por solo 3 pérdidas en el torneo, y 9/15 triples. Es paradójico que las mayores dudas respecto al juego de Campazzo cuando regresó a Madrid tras la cesión en Murcia fueran precisamente la inconsistencia de su tiro exterior y su excesivo ratio de pérdidas. Su caso es un recordatorio de cómo el talento, la confianza del cuerpo técnico y trabajo, mucho trabajo, pueden cincelar una estrella. Remarco lo del trabajo porque, en el caso de Facu, tras esa imagen de prestidigitador canchero se esconde un workaholic casi enfermizo. Milagros a Lourdes.
La Copa viene también a desmentir la idea extendida de que el Madrid sigue siendo muy dependiente de Rudy y Llull. El equipo ha jugado un torneo extraordinario pese a que el primero apenas ha podido aportar por problemas físicos y el segundo solo ha jugado un partido bueno de tres. De todas formas, en el caso del menorquín, el balance es positivo, teniendo en cuenta de lo bajo que partía: tuvo un papel destacado en el único duelo igualado en la Copa, contra Bilbao. El sábado patinó y el domingo para cuando salió a pista ya no había partido. Se reservó en la segunda parte por molestias, isquios, en principio nada grave.

La racha de derrotas (4 seguidas) se cerró oficialmente en Manresa el domingo, pero no la de mal juego, que se ganó con una versión pírrica. Faltaban, todo hay que decirlo, Randolph, Rudy y Mickey, que a veces nos pensamos que la plantilla es infinita y homogénea, y va a ser que no. El roster tiene 15 jugadores, pero los últimos 5 o 6 bajan bastante, en función de cómo esté Carroll, que ahora está mal. La dinámica negativa de juego la rompió el equipo ayer en Tel Aviv, primera jornada desde hacía 9 semanas con la plantilla al completo, desde el 22 de noviembre en Goya ante CSKA, para ser precisos.
En verdad el Madrid cuajó un partido digno. No es que esté para muchos trotes, pero fue la actuación más homologable en las cuatro derrotas consecutivas que acumula ya. Contra la mayoría de rivales hubiese servido, el problema es que ante el líder no alcanza con brotes verdes, pese a que le falten dos titulares, Micic y Duntston. Porque a cambio juegan de memoria, defienden como lobos (tremendos Balbay y Singleton),
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