Es normal que suenen rumores de NBA sobre los mejores jugadores de la Euroliga, los aficionados del Madrid deberíamos estar vacunados a estas alturas. En los últimos años hemos visto partir a Willy Hernangomez, que apenas contaba en la rotación de Laso, y a Luka Doncic que, bueno, no se pueden poner diques al mar… Por edad y peso en el equipo, los casos más parecidos a los de Campazzo y Tavares, que ahora nos atañen, son seguramente los de LLull y Chacho.
Ante ofertas NBA similares, el primero eligió quedarse y el segundo irse, respetable en ambos casos, si bien el canario se marchó sin avisar con una mínima antelación, en pleno verano (mediados de julio), dinamitando la planificación deportiva del siguiente curso. Herreros tuvo que sustituir un pilar de la plantilla con las sobras del mercado: en aquel caso Draper.
La incertidumbre de ser 2ª división
Jugar en la segunda división del basket mundial es lo que tiene: mucho menos poder adquisitivo que la NBA y cierto grado de incertidumbre. Un problema común en la élite europea: Micic bien podría marcharse a los Sixers este verano, alterando el equilibrio de poder en la Euroliga. Efes es el principal candidato al título y el serbio sencillamente no tiene recambio posible.
Su caso, sin embargo, es distinto al de Tavares y Facu, y la diferencia es la ampliación de contrato que los dos madridistas firmaron el verano pasado, hasta 2024, con generosas subidas de salario (alrededor de 3.5M brutos anuales) a cambio de un incremento acorde en su cláusula de salida, hasta el barrio de los 7 millones. Fue un movimiento maestro en los despachos, menos vistoso que un fichaje pero mucho más efectivo: el reto con el talento en Europa no es tanto encontrarlo como retenerlo.
Si la NBA fuese el objetivo primario de carrera en la mente de Tavares y Facu, seguramente no hubiesen firmado aquella extensión, con la que se aseguraron mucho dinero a cambio de atar su destino al Real Madrid. «Antes me obsesionaba la NBA, pero nunca hubo una oferta concreta. Ya no pienso en eso: el Madrid me respeta y me valora, no dudé en renovar», explicó Facu el año pasado.
El papel de los representantes
Un agorero dirá que la carne es débil y la tentación no desaparece, y no le faltará razón. Los jugadores a veces cambian de idea, azuzados por los agentes, que cobran a porcentaje del salario de sus representados. Así que cuanto más ganen los jugadores, mejor para ellos, que de su bolsillo no saldría el pago de la cláusula.
Sin embargo, y dado el rango salarial en el que se mueven los extranjeros que recalan en la NBA procedentes de Europa, la cuantía de la cláusula ejerce en este caso de poderoso dique de contención. Para hacernos una idea, Chacho Rodríguez y Teodosic, ambos MVP de la Euroliga, firmaron 6.8M$ por un año y 12M$ por dos, respectivamente. Contratos cortos y en un solo dígito de millones anuales con los que no alcanza para pagar 7M€ de la cláusula y que te merezca la pena el riesgo, renunciando a un contrato garantizado de 3.5M€ anuales en el mejor club de Europa.
Para que sí mereciese la pena necesitarían una propuesta multianual garantizada con un salario anual en doble dígito de millones, cifras para un jugador no NBA de las que solo consta un precedente: los Kings de Divac por su compatriota Bogdan Bogdanovic, que entonces tenía 25 años. ¿Se atrevería una franquicia a semejante apuesta por un base canijo de 29 años sin experiencia USA o por una grúa que ya pasó en su día por la liga con más pena que gloria? No hay nada seguro, pero cuesta verlo, así que relajémonos: «Facu es madridista y se va a quedar muchos años. Con decir esto creo que es suficiente».
Los activos ‘tóxicos’
Pues teóricamente no, dado que los tres bases de la plantilla tienen contrato garantizado para la próxima temporada y su continuidad no corre peligro: Campazzo, Llull y Laprovittola. De Facu suenan rumores de 
Ya lo veis, parroquia, el maldito Covid nos lo ha alterado todo, hasta el basket. Entiendo que las competiciones (ACB y Euroliga) apuren todavía plazos para intentar terminar la temporada de alguna manera, aunque sea en formato exprés, de fase final tipo Copa del Rey, a puerta cerrada y en sede única. Un mal menor para reducir las pérdidas y evitar que el palmarés quede desierto. Al fin y al cabo, no hay certezas más allá de 15 días vista, ni a nivel deportivo ni tampoco sanitario. Pero, muy a mi pesar, creo que tenemos que irnos haciendo a la idea de que la temporada 2019-20 ha terminado, que las prórrogas del estado de alarma se irán sucediendo hasta dejar sin opciones de calendario para terminar ligas. Muy especialmente las supranacionales, que necesitan del levantamiento de fronteras de múltiples países.


Tavares continuó explorando la línea argumental de mayor protagonismo ofensivo que ya dejó entrever en la Copa: esas 8 canastas de ayer son su tope en Euroliga este curso. Y los 13 tiros de campo lanzados, también. Se atreve con floaters en las continuaciones y está firmando porcentajes interesantes en semiganchos de espaldas a 2-3 metros que antes apenas frecuentaba. Dada su tremenda superioridad física, cualquier incorporación a su repertorio ofensivo cerca del aro resulta tremendamente productiva. Es curioso cómo el caboverdiano le ha pasado por la derecha a Vesely (MVP el curso pasado) en la aristocracia de la Euroliga. Mientras Edy emerge como center dominador de la competición, al checo pareciera que le hubiesen caído cinco años de golpe, reconvertido de castigador de los aros en estilista de la media distancia wannabe. Con los dominadores como ellos, puedes intuir la decadencia en el momento en que empiezan a alejarse del aro.
Todo funcionó como un reloj suizo en Estambul, ¡30 asistencias! Rudy fue clave en el segundo cuarto para cortar el conato de remontada y el dúo interior reserva, Thompkins-Mickey, vio el aro como una piscina olímpica (12 de 13 tiros de campo). Pero la mejor noticia para el Madrid fue el regreso a la rotación, a buen nivel y en plaza grande, de Garuba y Laprovitola.
Debe estar conectado para enviar un comentario.