El Madrid vuelve a cabalgar

La Supercopa se suele interpretar según te venga el viento: se la hace de menos cuando se pierde y se la ensalza cuando se gana. Mi reflexión hoy no va tanto por el valor en sí del título (por cierto, cuarto consecutivo), sino por el valor moral para el Madrid. El de volver a ganarle una final al Barca, después de las humillaciones del año pasado en la Copa del Rey y los playoffs ACB. El nuevo proyecto Laso (11.0) se sacude complejos con esta Supercopa y vuelve a mirar a los ojos al rival directo. Roma no se construyó en un día, pero las tornas empiezan a cambiar, porque la sensación es de que aún hay margen de mejora, según regresen lesionados y Tavares tome el pulso a la temporada. Sí, el Madrid vuelve a cabalgar.

Vista en perspectiva, fue una victoria de mucho mérito, que no vinieron de cara precisamente: por las cuatro bajas sensibles en la rotación (por solo una del Barca, Sanli), por el arbitraje, antipático por momentos, y por los 19 puntos de desventaja que se llegaron a registrar en la segunda mitad.

La recuperación la lideró Llull, que sorprendentemente se quedase en solo siete minutos en la semifinal, sin problemas físicos aparentes. Los lujos de una plantilla tan larga. Cuando todo pintaba negrísimo en la final, el balear insistió en una remontada imposible, empachándose a anotar (24 puntos), confirmando lo que suponíamos, el primero Laso: que en este momento de su carrera a Llull le sienta mejor el rol de escolta ejecutor que el de base director. El balear rompió a llorar después del partido, viene de cuatro años de mucha frustración acumulada.

Un Barca sin músculo

Bajando al detalle, Llull supo leer y exprimir la debilidad defensiva exterior del Barca este curso en comparación con el pasado. Porque no es lo mismo que te defiendan Bolmaro o Hanga a que lo hagan Laprovittola o Jokubaitis. A los números me remito: el Barca dejó a los blancos en 73 puntos en la Copa del Rey hace siete meses y en una media de 74 en la final ACB hace solo tres. Hoy un Madrid mermado le ha endosado 88.

Laprovittola brilló al nivel al que nos acostumbró en Goya, es decir, valoración negativa, perdiendo balones y vaporoso atrás. Nuestro caballo de Troya en Barna. Tampoco Rokas, el favorito de los insiders wannabe, estuvo mucho mejor: clase tendrá a espuertas pero le falta todavía mili hasta la élite. Alocén, que emergió tras el banquillazo de semis, le enseñó claramente chapa en el duelo de bases jóvenes (20 años ambos). La defensa y dirección del maño resultaron claves en la remontada, sobre todo en comparación con Heurtel, nefasto en ambos aros en el arranque de segunda parte, que coincidió con la escapada del Barca. No volvió a jugar…

Nigel Williams-Goss, por su parte, sin necesidad de mucho protagonismo, despeja en la Supercopa muchas de las dudas y comentarios (bastante apresurados, la verdad) que despertase su pretemporada. 12 puntos en la segunda mitad ante Tenerife y dos triples clave hoy en los últimos cinco minutos (registró el mejor +/- de los 24 jugadores de la final: +16). Poco que reprochar para sus dos primeros partidos oficiales de blanco. Insisto, paciencia con él, si no queréis ser carne de memes en unos meses: según se vaya soltando hay base anotador de quilates.

La pintura blanca habla francés

A falta de Tavares, muy desubicado por ahora a su regreso del Afrobasket, emergió en la pintura Poirier como un coloso, castigando en pick and roll y omnipresente en el rebote. La estadística le da 11 capturas pero tocó o desvió otra docena, muchos de los cuales acabaron en rebote blanco. El center galo, discreto en los JJOO con Francia y superado por Gasol en la final ACB (estaba recién aterrizado), justifica de golpe todas las esperanzas depositadas en él a su llegada, que fueron muchas. Llull es justo MVP, pero igual de justo lo hubiera sido Vicente. Pensad que el año pasado teníamos a Felipe y a Tyus desde el banquillo y este año sale Poirier, ya asentado, que sería titular en 15 equipos de Euroliga…

Y qué lugarteniente tiene en su compatriota Yabusele, limitado en la final por personales, pero el más destacado en el durísimo encuentro de semis. Era el mejor cuatro en mercado este verano y reclutarlo es una operación de campanillas, se mire por donde se mire. Yabu no tendrá la finura técnica de Thompins o incluso de Randolph (le quedan años para desarrollarla), pero lo compensa con ese físico portentoso, moviendo como una gacela 123 kilos en cuerpo de 203 cms. Un milagro de la evolución.

Los que están, con cuatro jugadores nuevos y 10 entrenamientos mal contados, han alcanzado para mojarle la oreja al Barca en la Supercopa. Si le sumamos los que están por llegar, este Madrid da para ilusionar: no se me ocurre conclusión más importante esta noche.

Demasiado Higgins para este Madrid

Cuesta arriba, pero y mucho, se le queda la final ACB al Madrid. En el formato recortado de este año, palmar el primero y en casa es casi mortal de necesidad. Y lo peor ya no es tanto el resultado sino la sensación de inferioridad: la buena versión de los blancos se va 3 arriba al descanso, la buena del Barca +17 en la segunda parte, pese a perdonar hasta 11 tiros libres.

Podemos señalar a Peruga e invocar a la testiculina pero, en honor a la verdad, que cada vez que el Madrid se ha cruzado este curso al Barca con algo en juego ha salido escaldado. La final de Copa fue un chorreo y la serie final ACB empieza en las mismas coordenadas. Hasta con el mismo protagonista, Cory Higgins. 26 puntazos hoy, 20 en la final de Copa y, aunque no fuese contra el Madrid, 23 en la final de Euroliga. Los mejores son los que marcan diferencias cuando de verdad importa, y Higgins lo hace, por eso es a día de hoy el mejor escolta del continente. Además, no necesita justificarse inflando estadística en partidos de relleno, como algún compañero suyo que cobra bastante más…

No hace tanto el Madrid tenía el mejor backcourt de Europa, a los Higgins del momento, en su edad prime, pero entre fugas a la NBA y cierta complacencia en los despachos, aplazando la inevitable renovación, lo que queda es un grupo de veteranos entrañables, con los cojones cuadrados y el cariño de la grada, pero con una salud de cristal y que ya no marca diferencias en la élite. Como le sucederá a Higgins cuando tenga treintaymuchos como ellos, porque es ley de vida, el tiempo pasa para todos.

No es un buen día, no es una crónica agradable de escribir, pero tampoco quiero que suene apocalíptica: el baño de realidad ya nos lo hemos llevado a lo largo de curso como para rasgarnos ahora las vestiduras. La afición blanca llega curada de espanto, sabíamos que esto podía pasar en la final, que de hecho era lo probable desde el mismo día de noviembre en que se fue Campazzo. Aquello cambió el equilibrio de fuerzas en la elite ACB, el Madrid dejó de ser el favorito a los títulos y el objetivo realista pasó a ser llegar a la final. Y se llegó, pese a nuevas fugas y lesiones por el camino, así que dramatismo el justo.

Jaycee y Garuba, desactivados

Tavares y Poirier dominaron la zona como se espera de ellos, 19 rebotes y 37 de los 58 de valoración del equipo. Pero no hubo mucho más. Alocén mostró detalles interesantes por momentos, pero le lastraron las faltas. Tampoco se puede exigir mucho más a un tercer base de 20 años. Taylor, que venía firmando unos playoffs muy serios, pinchó en su cometido principal: contener a la estrella exterior rival (Higgins). Puede que se está jugando la continuidad… Llull y Abalde, recién salidos de periodos de baja, jugaron sin apenas haber entrenado así que poco se les puede reprochar.

Hay especialmente dos jugadores por los que me sabe mal el partido, y son Garuba y Jaycee, para los que puede haber sido su último encuentro en Goya. ¿El mejor canterano español en una década y el mejor extranjero del club en el siglo XXI se van a despedir de su público con actuaciones en negativo? Ya me jodería.

Usman, el mejor en semifinales, partió desde el banquillo y acumuló errores por exceso de ímpetu, como el júnior que todavía es y a veces nos olvidamos. No encontró en ningún momento el ritmo del partido, su lenguaje no verbal fu un poema: valoración -6. Y a Carroll, como ya es costumbre, Laso le reservó para el tercer cuarto, que no tiene gasolina para más a sus 38, si no quieres que te acabe restando en defensa más de lo que te suma en ataque. Pero Abrines le ató en corto esta vez y se quedó en 1/5 tiros.

Por ellos dos principalmente, por la Pantera y por Jaycee, me encantaría que hubiese tercer partido y se puedan despedir de Goya, se gane o se pierda, pero con una actuación acorde.

Baño de realidad copero

Lo primero de todo: máximo respeto para este equipo, empezando por el entrenador, Laso, faro del proyecto y cuya renovación debería ser la prioridad nº1 en Concha Espina, y siguiendo por los jugadores, cada vez más viejos y con más achaques, pero siempre dignos. Ni un reproche a su rendimiento y entrega. Un grupo que lo ha ganado todo en el último lustro y ha vuelto a dar la cara en esta Copa del Rey. Primero batiendo con holgura a Valencia, el rival más duro posible en cuartos, baño de Laso a Ponsarnau mediante, y luego remontando 18 puntos en semis a Tenerife, con menos cartel pero todo un hueso, a lomos de la vieja guardia del juego exterior. Teniendo en cuenta cómo llegaba el equipo a esta Copa del Rey, tras la humillación de Baskonia en Goya hacía una semana, estar en la final es ya un buen resultado se mire por donde se mire.

Y el soberano repaso del Barca en la final puede que sea duro pero no imprevisible. Ni con todos sanos tenía el Madrid, en honor a la verdad, más de un 30% de probabilidades de victoria, así que con las bajas de Taylor y Rudy, y con Garuba, Lapro y Tavares mermados, pues echadle un 10%. No hubo color, no hubo final, así que tampoco me detendré demasiado. Hubiese hecho falta un día inspiradísimo de los yayos exteriores para dar la campanada y lo que resultó fue justo lo contrario: -11 de valoración Carroll, -2 Causeur y -3 Llull. Ellos, que 24 horas cimentaron la remontada en semis, se quedaron en un imposible 5 de 28 tiros de campo, no sin mérito de la defensa culé. Game over. A falta esta vez de los veteranos tirando del carro, fueron los jóvenes quienes dieron la cara y evitaron un marcador sonrojante: Abalde, desdibujado en las últimas semanas y al que necesitamos como el comer, subió 15 puntos, y Alocén confirmó esa sutil pero sostenida línea ascendente.

Año de transición

Más allá de eso, el Madrid está a día de hoy lejos del Barca, su rival directo en todos los títulos, y lo que es peor aún, carece a priori de los recursos de plantilla para ponerse a su nivel. Mucho tendría que cambiar la temporada para batirle en junio en una serie a cinco en la final ACB. Es el resultado del envejecimiento de la columna vertebral del equipo blanco, traducida en frecuentes lesiones musculares (hoy Rudy), y de la complacencia del palco. De dos cursos de discreta pero progresiva desinversión en plantilla, el año pasado disfrazada de continuismo y este con la excusa del covid, desembocando en el “apañaos con lo que hay” a la marcha de Facu, anunciada seis meses antes.

Es también el resultado de dos años de desaciertos en el mercado: de la renovación de Felipe a los fichajes de Lapro y Prepelic contra criterio de Laso, de las renovaciones por tres años garantizados a jugadores secundarios, a la incorporación de Mickey teniendo ya dos extracomunitarios en plantilla. Si le unimos la faraónica apuesta del Barca, con toda su columna vertebral en los años prime de sus carreras, es decir, 5 de media más jóvenes, pues era cuestión de tiempo que llegase este momento, en que nos rebasasen como rival a batir del basket patrio.

Y en este punto ya no caben los golpes en el pecho ni los balones fuera, el realismo mágico de “por mis cojones” y “nunca dudaré de este grupo”, apelando a un pasado glorioso. Ya puede bajar a vernos la Virgen de Fátima, que sin Facu ni Randolph hay demasiada desventaja de plantilla como para competir de tú a tú y con unas mínimas garantías. El club ha dejado meridianamente claro (por omisión) que esta temporada es “de transición”, que los resultados de ambas secciones son anecdóticos y la única prioridad de gasto es el Bernabéu. Puedo estar o no de acuerdo, pero no puedo cambiarlo, así que tampoco sirve hacerse mala sangre.

Ha llegado el momento, ahora que se acerca su ocaso, de rendir honores y disfrutar de los últimos coletazos de este grupo que tanto nos ha dado, de sacar el paraguas hasta final de curso, compitiendo con dignidad como hasta ahora, y de recomponer filas en verano, a poder ser con mayor ambición de la presidencia y acierto de la directiva. De esa ambición y acierto dependerá que el año de transición no se convierta en un cambio ciclo en el basket español.

Al Madrid post Facu le llega la cuesta de enero

No os voy a engañar, me deja con la mosca detrás de la oreja. El balance del Madrid desde la marcha de Facu era un sólido 12-3, con los únicos pinchazos asumibles de Milán, CSKA y Barca, compitiendo en los tres. Pero esta derrota en Goya contra Estrella Roja se sale totalmente de guión, rompe la buena dinámica y genera dudas. Bastó que Tavares bajase el listón de excelencia para que al equipo se le viese el cartón. Una derrota de ley frente a un rival limitadísimo, tras ir casi toda la velada por detrás en el marcador: fatal en defensa en la primera parte y negados en los momentos bisagra de la segunda.

La resiliencia del grupo parece haber llegado a su límite: se metabolizó la baja sin cubrir de Mickey, la fuga de Campazzo y la lesión de Randolph, pero ha sido romperse Llull unas semanas y el equipo hacer click. Él estaba siendo (junto al mencionado Tavares) el último dique de contención: su paso al frente en el regreso al puesto de base ha tapado durante semanas las vergüenzas de la planificación de plantilla y la racanería del presi. Pero faltando él, recordemos, escolta hasta diciembre, lo que queda es la peor pareja de bases de los 18 equipos de la Euroliga, que se dice pronto, con casi 40 millones de presupuesto.

Y lo más sangrante es que esta situación no pilla a nadie por sorpresa, que hasta en la Polinesia sabían desde el verano de la marcha de Facu, para la que el club se preparó haciendo exactamente nada. Culpando al virus, a la crisis y al mal timing, pasando de largo de oportunidades de mercado como Sloukas, libre como un taxi, con Lapro ya colocado en el Pao.

A vueltas con el puesto de base

Con el argentino lo que se ve es lo que hay, sencillamente ha tocado techo en el sistema Laso, en el que en realidad nunca ha terminado de encajar (fichaje de directiva). Y Alocén, por su parte, está pidiendo a gritos una cesión (del estancamiento de Garuba hablaré otro día). Lo de Abalde como director es un recurso de emergencia, un parche, y como tal funciona. El gallego, que tan bien arrancase la temporada, firmó contra los serbios su peor partido de blanco, valoración -6, enganchando una mala decisión tras otra, cortocircuitado en un puesto que no le viene natural, por mucho que de cadete jugase minutos.

Lo preocupante es que la situación tampoco tiene demasiada buena pinta a medio plazo, porque las lesiones de Llull no son noticia. Al contrario, desde su regreso de la rotura de ligamentos es cristal de bohemia: dos años lleva encadenando frecuentes bajas de varias semanas por problemas musculares, y eso este curso es un hándicap aún mayor viendo la dependencia del equipo. Por eso creo que es momento de que la sección se replantee la estrategia, aún está a tiempo, a casi un mes para la Copa del Rey. De que se sacuda la racanería y la autocomplacencia, y otee el mercado de bases (Mudiay sigue libre…) para tratar de afrontar con algo más de garantías estos seis meses. Seguramente sea predicar en el desierto, pero igual lo dejo por escrito, que al menos conste en acta. Todo lo demás nos condena a poner velas a la salud de Llull, a los milagros de último cuarto de Carroll y a la capacidad de resistencia de Tavares.

El Madrid post Facu da la cara en Moscú

Hay derrotas y derrotas, la de ayer en Moscú apenas escuece, al ser de esas con las que cuentas en el calendario. Es más, tras 12 años seguidos perdiendo allí y siendo el primer partido tras la marcha de Campazzo, lo que se barruntaba era revolcón. Y no sucedió, al contrario, el equipo dio la cara, no se desmoronó. Mantuvo la buena dinámica competitiva de las semanas previas, mandó en el marcador durante largos tramos de encuentro y tuvo opciones reales de victoria hasta el último minuto. Un buen CSKA, en casa y sin bajas, necesitó del clásico empujoncito de Lamónica y de la mejor versión de su estrella para ganar.

Vimos un Madrid de aprobado alto, con Laprovittola, Alocén y Llull alternando el timón, tratando de llenar el vacío dejado por Campazzo. Lapro aprobó en el primer cuarto, que jugó completo, sin protagonismo pero ordenando el juego: 0 pérdidas, +3 el equipo. Sucede que los sistemas de Laso exigen del base también cierta anotación y él ve el aro muy pequeño ahora mismo. No ha metido ni un punto en los tres últimos partidos de Euroliga, 0/10 tiros de campo, y si no eres una amenaza ni sacas faltas se hace muy difícil romper y generar ventajas para el resto, especialmente si careces de explosividad física.

Sabemos que tiene puntos, así que resulta urgente que le quite la tapa al aro y recupere cierta confianza anotadora. Tendrá una oportunidad propicia las próximas semanas, que el equipo afronta un tramo un poco más cómodo de calendario, con Asvel, Zenit y Alba en casa, y visitas a Pao y Olympiakos, que no están este año para tirar cohetes.

Alocén no desentonó dada la magnitud del escenario, hizo como Lapro, no extralimitarse, se dedicó a ejecutar sistemas y a buscar a los compañeros que tienen los puntos, ayer Thompkins, Randolph, Deck o Llull, que sumaron 55 de los 73 del equipo. El único de los convocados que no jugó fue Causeur, pese a la ausencia de Rudy, al esguince de Carroll en el tercer cuarto y a que Llull jugó minutos de base. Laso prefiere alinear a Abalde de escolta antes que poner al francés. No puede ayudar al base ni desempeñarse de alero, tampoco ser perro de presa de la estrella exterior local. Acumula 2 puntos y -4 de valoración en lo que va de Euroliga. Sé que se perdió un par de semanas por covid, pero es que van 11 jornadas… Vaya hipoteca Belgrado.

Llull dio la cara, por si había dudas. Es puro corazón, el más valiente: brilló cuando jugó de escolta y cumplió cuando lo hizo de base, mucho mérito siendo sus primeros minutos de la temporada en ese puesto, al que vuelve obligado por las circunstancias. La hoja de ruta de Laso, reconvertirle a escolta a tiempo completo, aparcada por la cojera de la plantilla. Acertó el balear con algún triple de valor, dio varios buenos pases a Tavares en continuaciones y forzó más de la cuenta en penetraciones (1/7 de dos), pero no dejó de intentarlo. Está a años luz de su versión de 2017 pero es lo mejor que nos queda sin Facu y alguien tiene que dar un paso al frente.

Posdata: la información de Marca sobre la posible salida inminente de Gabi Deck me parece el típico encargo del agente para tensar las negociaciones de renovación con el club. Una estrategia más vista que el tebeo: esta noticia es un calco, también en Marca y data de abril. Me parece que el agente del argentino va a dar en hueso, porque la directiva blanca está en modo tacañón-covid. Las negociaciones se encuentran estancadas desde hace tiempo porque el argentino pide mucho sueldo y poca cláusula, y el Madrid ofrece que ambos conceptos vayan en paralelo. ¿”Interés de varias franquicias NBA”? No, las franquicias no están a estas alturas como para andar mariposeando y cortejando jugadores: “mostrando interés”. Ese tiempo pasó: ahora te llaman, te ofrecen pasta y firmas, sino que pase el siguiente, que en cuatro días empiezan allí los entrenamientos. No puedo poner la mano en el fuego de que Deck no salga finalmente, pero si de verás se pirase en tres días a la NBA chirría una noticia en Marca reprochando al club su actitud en las negociaciones.

Facu: si fue una despedida, fue una a la altura

Nos hace un roto yéndose, pero tiene nuestra bendición. Puede haber sido perfectamente la última final de Campazzo en el Madrid, la siguiente no tocaría hasta mediados de febrero, la Copa del Rey, y existe una probabilidad media/alta de que reciba una oferta suficiente de la NBA y para entonces ya no esté. Ahora bien, si esta ha sido su última final de blanco, ha sido una a la altura de su figura, un broche atípico pero estelar. Campeón, 21 puntos, 12 en el último cuarto, cuando calentaba el sol, y merecido galardón de MVP, el cuarto en los últimos cinco torneos nacionales. Repito: ¡cuatro MVPs en finales nacionales! Mientras unos coleccionan galardones de ligas regulares, otros los coleccionan de finales… Una marca de leyenda, por mucho que nos duela su probable espantada.

Que da vértigo porque, si una cosa nos ha recordado la Supercopa, es que el agujero que dejaría es sideral: esta final con Laprovittola a los mandos difícilmente hubiese caído del lado blanco. Se tuvo que ir Facu a 34 minutos porque su compatriota volvió a patinar; salió en el segundo cuarto y al poco ya echábamos de menos a Alocén (en la grada), destacado en semifinales, todo sea dicho, en un partido más propicio. Ni el mejor descarte del mercado NBA llenaría el vacío que dejaría Facu, pero bueno, hoy hemos ganado y disfrutemos mientras podemos. Carpe Diem.

El bautizo de Abalde

No todo es Campazzo y sabor a despedida, hay también motivos para el optimismo, y el principal se llama Alberto Abalde, que hasta la explosión de Facu en la recta final era serio candidato a MVP. 13 puntos y 15 de valoración, tirando del carro en el tercer acto, en plena empanada blanca. Lo mejor no es en sí lo que ha enseñado, que no es poco, sino la sensación que sigue dejando, también contra el Barcelona, frente a algunos de los mejores defensores de Europa en su puesto, de superioridad ante sus pares y de que puede aportar aún bastante más según vaya asumiendo protagonismo en los sistemas de Laso. Especialmente a la marcha de Facu. 1.5 millones bien invertidos.

Buenas sensaciones también de Llull, principalmente en la segunda parte, en labores estrictamente de escolta, muy sólido atrás y sensato en ataque, sin buscar más protagonismo del que le corresponde. Es decir, atacando el aro desde bote cuando se quedaba emparejado con un interior y ni un triple desde bote, solo a pies juntos según recibe. Hay que encontrar la forma de integrarle y que sume, y este formato puede ser uno interesante. Creedme que es una alegría poder escribir que hoy sí fue útil al equipo.

En verdad, la contienda fue fea e igualada, decidida desde el oficio y la defensa, con Rodolfo y Deck estelares atrás en la recta final. “El último minuto y medio de Rudy en defensa ha sido un espectáculo, puede que sea el mejor jugador en intangibles de la historia”, Laso dixit.

Si el aficionado culé pensaba que con Saras jugarían como los Warriors, bienvenido a la realidad: yoyó de Calathes, posesiones a 24, duelos a pocos puntos, broncas a los jugadores y cambios castigo. A estas horas aún le pitan los oídos a Roland. Sí, Jasikevicius es más joven, guapo y carismático que Pesic, pero su estilo de baloncesto se parece, y bastante.

El Madrid ganó pese a perder el rebote (-8) y al apagón del juego interior: 0 canastas de Tavares en 28 minutos, súbitamente patoso, su peor versión en meses. Garuba no estuvo a la altura: muy superado por Brandon Davies en el segundo cuarto, tanto como que no volvió a salir en todo el partido. Le falta todavía bastante mili en partidos así… Randolph y Trey tampoco sumaron casi nada, así que el mejor interior blanco en la velada fue el falso ala-pívot, Gabi Deck, que además de 11 puntos secó a Mirotic en la recta final. No tiene seguramente Niko mejor defensor en Europa que el Tortuga, un torete de 1.98m, listo y rápido. Pena esa muñeca de madera: 0 de 4 triples, ni cerca de entrar pasaron.

En fin, que la temporada va a ser de mucha incertidumbre, pero se empieza ganando de nuevo, quitándose el mal sabor de boca de aquella especie de playoff de junio en Valencia y con la certeza de que, vengan dadas como vengan, este grupo sigue teniendo oficio y carácter.