
Hoy vengo a hablaros de Tavares, aunque intentaré no caer en los tópicos de que si «el center más dominante que hemos fichado desde Arvydas», que lo es, o en odas a su influencia en el juego, devastadora, pero de la que seguro habéis leído ya 20 veces y espero tener que repetir alguna más de aquí a final de curso. Hoy vengo a hablaros de su evolución, coincidiendo con el primer aniversario de su fichaje por el Madrid, que se cumplió el pasado fin de semana, como él mismo recordó con orgullo en redes sociales. Lleva el animalito 18/18 tiros libres y 22/25 tiros de dos en la temporada ACB, se le está poniendo cara de MVP, para disgusto de Toko, pero eso ya es otro asunto. El caso es que hablando con mi hermano (@d_Colme) sobre la idea de este post, se le ha ocurrido dividir en cuatro fases la evolución de Tavares en su año de blanco, a saber…
1) Fase «Mastuerzo». Fue el adjetivo que le salió del alma a Piter, miembro de la cuadrilla, cuando le vio por primera vez en directo en el Palacio, fallando una recepción de balón. Recordemos, llegó con la temporada empezada, para cubrir a Kuzmic, y tras dos años vagabundeando por equipos de la NBA D-League. Se le veía el potencial, pero parecía verde. De pívots con facultades que se quedaron por el camino está la historia repleta. Esta es la fase en la nos flipaba la novedad, esos tapones humillantes sin saltar: «fuck, yeah, nos hemos comprado un troll de las cavernas». Pero también perdía más balones de la cuenta, se cargaba tontamente de personales y fallaba más tiros libres de los aconsejables (10 de 20 en sus primeros 8 partidos). Además, como no estaba aún empastado en los sistemas, sus tiros de campo eran en 1×1 o de media distancia, lo que se traducía en porcentajes discretos: 12/29 de campo en sus primeros 5 compromisos.
2) Fase «poderoso con los débiles». Empezaba a pasearse en ACB, llegando a meter 20 tiros de campo seguidos entre las jornadas 19 y 22, pero desaparecía ante los grandes en Euroliga. Valoración 0 en la visita a Fenerbahce, expulsado por 5 faltas en El Pireo, etc. Las dudas se acentuaron en la durísima eliminatoria de cuartos ante Pao, en la que promedió sólo 9 minutos, con una alarmante estadística +/-, dejando en Felipe toda la responsabilidad del puesto.
3) Belgrado, ‘The turning point’. No presentó en la F4 unos números vistosos, ni falta que hizo, cualquiera que viese la final contra Fenerbahce recordará que el doctor pasó consulta. Su influencia fue clave en el último cuarto, retratando a Thompson y Vesely e impidiendo puntos en penetración de Sloukas, que huía de la zona con el yo-yo, lo que limitó la producción ofensiva turca a los triples de Melli. Aquella velada cambió muchas cosas para él, sentir la confianza de Laso para alinearle en el final de partido y reivindicarse ante el mejor juego interior de Europa. Había dejado de ser sólo «poderoso con los débiles». También cambió la percepción de muchos aficionados, que pasamos de verle sólo como un proyecto todavía verde a verle como realidad, como el pívot titular del equipo por delante de Ayón.
4) Desde entonces, fase ‘Gigante Verde dominador’. No es el que más tiempo tiene el balón en sus manos ni el que más puntos promedia, pero sí el más influyente de este Madrid de campanillas de comienzo de curso, aquel al que lesionarían los entrenadores rivales si pudiesen elegir. Son muchos los puntos que evita en zona propia y otros de alto porcentaje que facilita en la ajena. Su progreso es vertiginoso en muchos aspectos, desde los mencionados tiros libres (y eso es echarle horas en verano) hasta lo más difícil, especialmente en un pívot, el conocimiento del juego. Sólo hay que ver cómo se cuida ahora de faltas innecesarias, ocupa espacios o su timming en el corte al aro tras bloqueo, el tipo de facetas en las que patinaba hace sólo un año. Ya he visto a alguno haceros mala sangre imaginando un regreso a la NBA. Yo en cambio veo el vaso medio lleno: tiene 26 años, una novia española con la que hace una pareja encantadora y contrato por esta y otra temporada más. Let’s simply enjoy.

Puede que llevase varios años deportivamente acabado, pese a algún coletazo y al peloteo de la prensa amiga, puede que fuese un poco protestón y teatrero en pista, pero Navarro ha sido ante todo un jugadorazo del copón, un rival temible, el más grande de la historia del Barca de basket, encima canterano. Y se retira de la peor manera, contra su voluntad, amenazado con quedarse el año entero sin ficha, cual Tyrese Rice, por el club que hace 11 meses le renovó por una década, dejando a su voluntad la fecha de colgar las botas. Señorío.


Trabajadito fue el segundo triunfo blanco en semifinales, que cuando el doctor Tavares no pasa consulta todo cuesta un poco más. Granca ajustó líneas para contener su impacto, tras la ventresca del domingo, y el caboverdiano ayudó con alguna que otra falta innecesaria. En su lugar brilló Ayón (7 rebotes, 5 asistencias y 4 robos), al que casi habíamos olvidado en papel protagonista. El partido se llegó a poner tontorrón mediada la segunda parte, 7 arriba los canarios minuto 28, pero despertó entonces el Madrid tras un tiempo muerto, parcial 13-0 con picos de gran basket, cuando Llull coincidió en pista con Luka y pudo delegar las labores de dirección.
Hace unos días Laso definió como 
Debe estar conectado para enviar un comentario.