
La rueda de prensa de Messina el pasado sábado fue cuanto menos críptica. Todo parecía enlatado, pactado desde la comida del viernes en la que Florentino no consiguió convencerle para continuar. Messina sembró más preguntas que respuestas contestó. Mucho más explícito se mostró al día siguiente (domingo) en una entrevista concedida al segundo periódico de su país, ‘La Reppublica’,
publicada este lunes. Aquí van algunas perlas…
– «Tras la dimisión he recibido mensajes de los jóvenes, de los americanos y de Prigioni» (Felipe y Garbajosa no son ni jóvenes ni americanos…).
– «El enemigo no son los periódicos de Barcelona, sino los falsos amigos periodistas de Madrid. El club está rodeado de una prensa sin dignidad que busca enturbiar. Protegen al jugador español sobre el extranjero, ponen a unos en contra de los otros» (para muchos en general, para
Jesús Sánchez, de Marca, en concreto). En este punto quiero desmarcarme de Messina y romper una lanza en favor de la prensa de Madrid. Su trabajo, como el de los periodistas de cualquier ámbito, es buscar y contar la noticia. A poder ser, desde un punto de vista crítico e imparcial, ¿O acaso preferiríamos una prensa acrítica, embrutecedora y onanista tipo Sport-MundoDeportivo? Soportar estoico las críticas de la prensa estaba incluido en el sueldazo de Messina, pero él nunca lo entendió.
Resumiendo, tres motivos:
– Desencantado con la estructura deportiva y el respaldo institucional.
– Superado por la presión/ruido mediático.
– Indignado por la división en el vestuario.
La reacción de la Caja Mágica
El periplo Messina queda cerrado y la vida sigue, la competición no para. Molin (‘Lele’) dirigirá al equipo hasta final de curso salvo que se salga la cadena. Experiencias como las de Xavi Pascual y Joan Plaza avalan la apuesta por un segundo entrenador. A botepronto, el estilo de juego y la distribución de minutos mantienen una línea continuista. Del primer partido, ante el Joventut, únicamente llaman la atención esos minutos de Vidal, en detrimento de un Velickovic inédito. Lo que sí parece cambiar es el estilo/talante del entrenador con los jugadores: menos látigo y más arenga.
¿Cómo respiró la Caja Mágica horas después de la salida de Messina? Básicamente con indiferencia. Se escucharon cánticos aislados de los Berserkers pidiendo respeto a la afición y al equipo, así como algún ‘Pepu no te queremos’, silbado desde otros sectores del pabellón. La vida sigue igual.
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