No mimó al chaval, no le regaló minutos ni tampoco los oídos cuando afición y prensa ya babeábamos por él. Es más, fue el blanco de sus broncas más aparatosas durante los partidos. Todo tenía un sentido, aunque en aquel momento no siempre lo viésemos. Me refiero al magnífico trabajo de Laso con Doncic, que obligó al chaval a ganarse el pan, miga a miga, transitando esa delgada línea entre la humildad y la ambición. Hay algo de esa gestión con Garuba, que no dispuso de ninguna oportunidad en ACB el pasado curso, para sorpresa de muchos, tras brillar en pretemporada con el primer equipo y pese a sus números de vértigo en categorías inferiores, que uno mal pensado podría achacar a su insultante superioridad física.
No todo el monte es orégano y Luka solo hay uno. Usman tenía 16 años y la dirección técnica, la que le ve entrenar a diario, estimó entonces que aún no estaba listo. Un año después el semáforo cambia a verde y la sección apuesta por él, con todas las consecuencias: ficha permanente de primer equipo, de las de verdad, para jugar, no para rellenar convocatorias y cuadrar cupos, para que conste y el club se cuelgue la medalla de cantera, como hacen otros. No, Garuba ha sido titular en todas las jornadas de ACB hasta la fecha, seis, por delante de Felipe en la rotación, ya antes de la lesión del capitán. «Si juega es porque se gana los minutos, ha hecho un gran trabajo en sus años de cantera», dijo ayer Laso.
El reto pendiente para su integración como miembro de pleno derecho de la plantilla era debutar en Euroliga, inédito los cuatro primeros encuentros. La oportunidad llegó esta semana y el muchacho ha echado la puerta abajo, acortando plazos, como hacen los llamados a la élite: 34 de valoración en 36 minutos en los dos partidos de la doble jornada. ¿Alguien recuerda en los últimos años semejante debut Euroliga de un adolescente?
Además de sus números, están las sensaciones: tuvo mucho que ver en las postreras opciones de victoria blanca el miércoles, en el naufragio en Múnich, y este viernes en Goya fue uno de los destacados en la victoria ante Alba Berlín, tan necesaria como poco convincente. No es el más fino, pero defiende como un lobo, es un portento físico y entiende el juego como un veterano. Debe trabajar técnica, mejorar el tiro, sobre todo desde el 4.60m, pero con lo que tiene ya es una valiosa pieza en la rotación, como ala-pívot o hasta como center, el jugador más agresivo e intenso de la plantilla, el que sale con más fé y descaro, atributos muy bienvenidos en este arranque dubitativo de curso del Madrid. «Ha jugado de cojones», sentenció coach L. Quizá suene precipitado, pero no debería esperar demasiado el club a sentarse con su agente a negociar una ampliación de contrato, en términos de duración, salario y cláusula de salida, si es que pretendemos retenerle algún año en el club una vez cumpla los 19, edad legal mínima para jugar en la NBA.
Más allá de Garuba, fue un triunfo de los de andar por casa, que no resuelve dudas de juego pero da aire en la clasificación, antes de un tramo delicado de calendario. En lo positivo, Tavares detuvo su implosión y volvió a sumar. Se espera todavía mucho más de él, pero estuvo activo y algo menos torpón que en citas previas: sirvan de ejemplo esos 4 tapones que colocó, más que en las cinco jornadas previas juntas. Campazzo dirigió con más clarividencia que en duelos anteriores, sobre todo en situaciones de transición, y Llull aportó una verticalidad muy necesaria cuando el Madrid se atascó en el tercer cuarto.
El otro base, Laprovittola, fue lo más preocupante: Laso le concedió 5 minutos en el segundo cuarto, con el viento a favor, y ya se le hicieron largos. Le dio tiempo a perder 3 balones en situaciones no forzadas y que despertaron el murmullo de la grada. Tras seis jornadas de Euroliga, su caso pinta azul oscuro: ni el entrenador parece confiar en él (no le pidió, fue un fichaje de la directiva), ni él ofrece argumentos para rebatirle cuando se le concede algún chance. Un peligroso círculo vicioso que convendría ir rompiendo cuanto antes. No os negaré que da un poco de coraje ver a Chacho brillar en Milán, ayer verdugo del Barca, tras el portazo de la directiva blanca a valorar siquiera su regreso cuando éste se ofreció en junio. Cuestión de orgullo. Pero ya no tiene marcha atrás, y más nos vale hacernos a la idea, porque al argentino se le firmaron dos temporadas garantizadas (por alrededor de 1.2M anuales), lo habitual en contratos tras abonar indemnización, como unos 100k en su caso. Y si Lapro es lo que hay, con Lapro a muerte, porque sin ser un jugador de élite Euroliga sí debe poder al menos sumar al equipo también en esta competición, no solo en pachangas ACB.
Sigue el Madrid hundido en el fango en Euroliga, convertido en una malva a domicilio (0-3); no me tiro a ninguna piscina si lo califico como el peor arranque de temporada de la era Laso en competición continental. Muy merecida derrota en Múnich, pese al postrero arrebato de dignidad al toque de corneta de Garuba, la única buena nueva, con 20 de valoración en 15 minutos. Viendo su nivel en ACB, resultaba evidente que también podía sumar en Euroliga, y no ha defraudado, puñetazo en la mesa en su primer partido con tiempo en pista.
No le prestamos demasiada atención en verano porque somos unos yonkis del cortoplazismo y este era un fichaje a medio plazo: 150k por los derechos de Carlos Alocén. Progresa adecuadamente y nos lo ha tenido que recordar con su estupenda actuación en la victoria maña sobre el Barca este domingo. Por cierto, su primer servicio a la causa madridista, alejando a los de Pesic a dos partidos ya de distancia en la clasificación ACB. Buena forma de cerrar una semana complicada en la casa blanca, tras 
Me siento a escribir estas líneas y caigo en la cuenta de que la anterior entrada del blog ya la titulé «
De crucero por el Báltico. En ese plan viajó el Madrid a Kaunas y, claro, así le lució el pelo: naufragio total. Zalgiris, que había comenzado la temporada haciendo amigos, le pintó la cara, quizá no en lo holgado del marcador, pero sí en intensidad, concentración y sensaciones, sobre todo en un último cuarto (+16). Mención especial a Zach Leday, que había sumado 4 de valoración en las dos primeras jornadas y subió 35 emparejado con Tavares y Mickey. Y aquí me detengo, porque el arranque de curso del caboverdiano (pretemporada incluida) empieza a ser de mear y no echar gota, sangrante tras su mega renovación en verano.
Leyenda no, leyendaza. Puede que a veces lo tengamos menos presente porque, como no bate récords de longevidad ni juega con España los veranos, a sus logros se les da menor cobertura y verso que a los de, digamos, Felipe o Navarro. Al fin y al cabo, los periodistas que viajan con la selección y en algunos casos se hacen amigos de los jugadores son los mismos que después cubren durante el curso la ACB o la Euroliga. Todos somos humanos y tenemos nuestras preferencias, y tampoco es que necesitemos a estas alturas intermediarios para poner en valor a Carroll, que escribió ante Maccabi un nuevo capítulo de esa leyendaza. Triple ganador a 2 segundos del final, con dos abajo en el marcador, por cierto, en una magnífica jugada de pizarra de Laso, alineando ex profeso a Tavares, que engañó a la defensa amagando un bloqueo para Llull (que subió el balón) para acabar poniéndoselo al americano, que lanzó bastante ‘liberado’.
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