NBA – Baloncesto de Estado

Puede que un día no tan lejano la selección china de baloncesto esté entre las mejores del planeta, compitiendo por metales en olimpiadas y mundiales. De hecho, sería la evolución lógica de un deporte que ha echado raíces en un país de más de 1.000 millones de habitantes (con las posibilidades de captación de talento que eso supone). Mucha de la culpa de ese arraigamiento la tiene Yao Ming, pero él no llegará a ver como jugador en activo a su combinado nacional entre los mejores.
El baloncesto partió allí de cero hace apenas un lustro y aún queda mucho trabajo de base por hacer. Tendrán que pasar generaciones para que esa dedicación, en buena parte, empeño del Gobierno chino, comience a dar frutos. Por eso, si Yao Ming es el Mesías del baloncesto en su país, no es por los logros con la selección, sino por su papel en la NBA. Por ser el primer deportista chino que ha “triunfado” en una de las cuatro Grandes Ligas estadounidenses (connotaciones políticas incluidas), porque ha sido cinco veces All-Star… Esto, que parece obvio, no lo es tanto, ahora que el pívot se ha lesionado (“fractura por estrés”) para el resto de la temporada NBA y es seria duda para los JJOO. Una pena para los Rockets, que por fin enseñaban los colmillos con 13 victorias consecutivas. Sin su concurso, difícilmente romperán esta campaña su maleficio en primera ronda de Playoffs.

En China, la preocupación es otra: ¿llegará a los JJOO?, pregunta que se ha convertido en prioridad nacional, dado que la cita es en casa. Algunos medios de comunicación chinos reclaman una segunda opinión médica, piensan que los Rockets le han forzado y, en cambio, ahora no quieren que compita en los JJOO por precaución. Es más, los hay que sugieren la idea de que, ante tal afrenta, Yao debería abandonar los Rockets, pues lo primero es la selección. La circunstancia es familiar en estas latitudes, nos retrotrae nueve meses en el tiempo, cuando Garbajosa forzaba los plazos de la recuperación de su grave lesión de tobillo, contra el consejo de su club, pero alentado por toda la camarilla de periodistas de bandera. También entonces había en el horizonte cercano un campeonato de selecciones con sede en el país del jugador lesionado, el Eurobasket.
El resultado de aquello es conocido: Garbajosa se “recuperó” a tiempo, los médicos de Toronto (a los que se presentó como a “los malos de la película”) no lo veían claro, pero él arriesgó. Su sacrificio por vestir la roja lo compensó el cariño de la afición, aunque en la cancha su aportación fuera mediocre. Después llegó la recaída. Otra operación y volver a empezar, con 29 años. La carrera NBA de Garbajosa es ahora incierta. Apostó fuerte por estar en el campeonato, un riesgo loable, pero salió cruz. Sin embargo, su historia tiene más lógica que la de Yao. Jorge era ya un “veterano” con poco por demostrar, pero, sobre todo, España era clara candidata al Eurobasket. Quizá ni aún así merecía la pena.

China no tiene ninguna opción real, ni de medalla, en los JJOO. La única motivación de Yao Ming es su propia ilusión, el patriotismo, el orgullo de representar a su país en una cita que sobrepasa lo deportivo. Pero no cabe el romanticismo cuando aún tiene casi todo por demostrar en la NBA (no ha ganado ni una sola ronda de playoff en cinco temporadas), la competición que le ha convertido en lo que es en su país. ¿Dejar Houston? Claro, por echar unas “pachangas” con solemnidad, que es lo que serán los encuentros de China contra las potencias europeas, EEUU o Argentina. ¿Y quien le paga los 14 millones de $ anuales? ¿La selección china? ¿Los periodistas de bandera? Eso, sin contar con lo que supone acortar plazos de recuperación e ir contra consejo médico cuando se trata de la salud de un jugador de cristal, la propia de un deportista de 2,26 m. A Garbajosa, el riesgo le puede haber costado su carrera en la NBA.

Diario de la Copa, 1. La previa

Miércoles 6. El plan para mañana: Madrid-Vitoria en coche. Salida, “a las 9:00”. Llegada, “para antes de comer”. Una vez allí: paseo por la ciudad, entrada al pabellón, sesión doble de baloncesto (TAU-Unicaja y Barça-Bilbao), cena y salida nocturna. El alojamiento es un convento de monjas en Miranda de Ebro (a 20 kms. de Vitoria), único lugar donde quedaban habitaciones. Una peculiar fonda para cuatro jóvenes con intención de desparrame. Uno de ellos, Hernán, es un tipo divertido, con más ganas de fiesta que afición al baloncesto. Alfonso es un merengue de vieja escuela, un alcohólico social, cabeza de puente en asuntos de mujeres. Los hermanos Colmenarejo, catadores de baloncesto, creen en la victoria blanca a pesar de que un amigo común, el Anfi, les advirtió hace semanas: “no os hagáis ilusiones, el Madrid nunca gana la Copa”. La historia es clara: la última victoria se remonta 15 años atrás (A Coruña), el Cretácico para aficionados por debajo de la treintena.
El equipaje para el viaje es escaso: baraja de naipes, tres o cuatro mudas y algo de acohol. Además, el “kit Copa Real Madrid”: bufanda y camiseta cortesía del club al par de centenares de aficionados que viajan a Gasteiz. De todos modos, la idea no es mezclarse con los Berserkers (“barra brava” blanca en cuestiones de baloncesto) sino pasar por civiles. Tópico en mano, Vitoria es territorio hostil para cuatro madrileños madridistas, dentro y fuera. Fuera, por obvios y ridículos motivos políticos que no vienen al caso. Dentro, será como jugar a domicilio, pues todas las aficiones animarán siempre al rival blanco. ¿Por qué? Dos vascos (Bilbao y TAU), tres catalanes (Barça, Joventut y Girona) y los otros dos, Pamesa y Unicaja, son neutrales… pero apoyarán al rival más débil. En ningún caso el Madrid.

NBA – Sin gracia ni guindilla

La cobertura televisiva de la NBA en España data de los años 80. El material entonces era escaso, apenas un partido en diferido los sábados por la mañana (después movido a horarios clandestinos) y algún programa resumen. Pero los medios humanos eran notables, en calidad, que no en cantidad. Cómo olvidar aquel “Cerca de las estrellas” con Ramón Trecet y Vicente Salaner, o las retrasmisiones de Esteban Gómez o del propio Trecet (“¡Ding, dong!”). El nivel no decayó cuando los derechos pasaron de TVE a Canal Satélite en 1995 (con un año de apagón entre medias), donde el inimitable Andrés Montes hizo pareja con el prestigioso Santiago Segurola. Lucían unos aparatosos cascos-micrófono estilo hormiga atómica en un plató tamaño cuchitril. Cuando Segurola se marchó, para centrarse en su labor de redactor jefe en El País, le sustituyó Antoni Daimiel.
Aunque eclipsado en sus comienzos por la efervescencia de Andrés Montes, Daimiel maduró, perdió timidez y se convirtió en un magnífico comentarista (discreto, inteligente y oportuno), además de formar una entrañable pareja humana con su compañero de retransmisiones. Desde el inicio del desembarco de españoles en la NBA comenzó una época dorada de los medios destinados a la cobertura televisiva de la Liga (número de emisiones semanales y de personal empleado), pero una crisis en la calidad de los periodistas. Hace dos veranos, plus.es organizó un casting de narradores para la NBA. En una entrevista informal, tomando un té y con la grabadora apagada, Daimiel confesó que aquello fue un fracaso, y que acabaron saliendo del paso con un par de narradores de otros deportes de la plantilla de Sogecable. Periodistas de escaso bagaje y con nula vinculación al baloncesto. Esa solución de urgencia se alarga ya un año y medio. Hoy, la voz y cara de la NBA en España son:

– Ramón Fernández, (para los despistados: el cuarentón del flequillo a lo brit-pop) es la continuación de eruditos de la música comentando NBA que iniciasen Ramón Trecet, Santiago Segurola o Andrés Montes. Su campo es el pop-rock (60’s-70’s y 80’s), lo que no excluye para que sepa bastante de baloncesto (suficiente para ponerse tras un micro). Su problema es que no sabe transmitirlo. Se nota que es periodista forjado en prensa escrita y muy a menudo se pierde construyendo frases retóricas, impropias del directo televisivo. Tampoco ayuda el hecho de compartir retransmisión con los narradores más flojos de la cuadrilla. Perfil similar al del gran Segurola, pero con menos clase y peor comunicador. Además, se le ve mucho el plumero, que es de los Suns. Lo que está bien (a todos nos gusta el run & gun), pero si Phoenix va ganando de 25 en casa al último de la Liga durante los minutos de la basura, está fuera de lugar cacarear con sarna cada mate o cada triple.
– Nikola Loncar. ¿Cuál es la relación de Loncar con la NBA? ¿Jugó allí, por lo que tendría un interesante conocimiento de la Liga desde dentro? No. Entonces, ¿por qué un ex-jugador extranjero (que necesariamente habla peor el castellano que un español) sin título de periodista comenta NBA? Es yerno de Radomir Antic, analista futbolístico de la Cadena SER y ex-entrenador, un poder fáctico en los medios deportivos españoles en general, y en el Grupo Prisa en particular. La cadencia de voz de Loncar es monótona, de ritmo plano, ideal para sobarse de madrugada. Compartir retransmisiones con David Carnicero oculta sus carencias, aunque se le nota cierta progresión. Nos gustan sus camisetas de gigoló de sábado noche.
– Antonio Rodríguez. “¡Fucka, por Dios, juégatela al poste, es que no te das cuenta!”. Son los gritos que el comentarista repitió durante varios minutos al por entonces pívot del Barcelona durante la narración de un encuentro de Euroliga frente al Olimpia Ljubljiana de hace unos años. Antonio Rodríguez es una de las personas que más saben de baloncesto en este país, una auténtica biblioteca, y no sólo de NBA, sino también de NCAA y FIBA. Transmite en antena su pasión y entusiasmo, que imaginamos que en su vida personal debe alcanzar cotas enfermizas. El problema es precisamente ese exceso de pasión, fronterizo con el forofismo, impropio de un periodista. Transmite la sensación de frustrado entrenador de categorías inferiores. Como ejemplo, aquellos gritos exaltados a Fucka en antena, fuera de lugar.
– David Carnicero. Con Daimiel alejado de los directos, Carnicero es el más fiable del equipo. Narra con intensidad, disimula las carencias de sus compañeros y maneja el tempo de la retransmisión sin perderse en batallas paralelas. Sabe vender el producto, fundamental en un programa en horario de madrugada. Será el narrador titular de Digital+ durante bastantes años. Dos pero’s: pierde la objetividad cuando hay un español en pista («periodismo de bandera») y abusa de motes importados en inglés (falta de originalidad, a diferencia de su antecesor Andrés Montes).
– Guillermo Giménez. Para los menos familizarizados, es un narrador de mediana edad, moreno, medio calvo y algo regordete (del que no circula foto en internet). Sus habilidades de comunicación televisiva son cuestionables. Trata de imitar las conversaciones sobre lo cotidiano de Montes y Daimiel, pero le falta gracia propia y complicidad con el compañero de turno. Esas cosas, cuando no salen naturales quedan ridículas. Igual que sus apelaciones en segunda persona a los jugadores, como si le escuchasen. En los descansos y tiempos muertos se recuesta sobre la silla en actitud indolente. Vamos, un primor.
– Completan el equipo: Antonio Lamolda (joven narrador fanático de Kobe y los Lakers), Pablo Moreno (con gafas y una nariz que parece postiza: narrador solvente, aunque con poco vuelo en baloncesto) y José Ajero (realiza reportajes, más tópicos que reveladores, para aliñar descansos y tiempos muertos, siempre con música R&B de fondo).

Vicente Salaner: “La NBA no es golf ni tenis, es un producto enlatado a miles de kilómetros que no se contenta con el frío y pausado comentario técnico, sino que precisa de un poco de gracia y guindilla”.

NBA – God save the Knicks

Que manera de sufrir: el padre de Marbury (hijo pródigo, rebelde sin causa), muerto de un infarto mientras asistía a un partido en el Garden (2/12/07). Que manera de vencer: dos de los cinco triunfos en lo que va de temporada llegaron tras remontar desventajas de 10 y 12 puntos en el último cuarto. Que manera de palmar: 11 derrotas en 16 encuentros, que incluyen una racha de 8 seguidas y el apoteósico 104-59 en Boston. Hay algo de flagelación y victimismo en cada aficionado knickerbocker, los atléticos de la NBA. Es un cruz cada mañana ojear los resultados y ver una nueva derrota, de paliza o in-extremis, con drama, con ruido, pero nunca vulgar. Entonces se recurre a la memoria como terapia. Así los colchoneros veneran el busto de Milinko Pantic, héroe del doblete, o narran aquella Intercontinetal que llegó de rebote, los de Nueva York idealizan las hazañas de Reed y Frazier, allá por el Cretácico, para autoconvencerse de que el éxito no es una quimera en la Gran Manzana. “…Y como, a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Ese masoquismo, convertido en estigma y comercializado en merchandising, es el que subvenciona el esperpento. El peor equipo que el dinero puede pagar. Desde que Paul Allen cerró el grifo de los excesos, con el consiguiente apagón de la galaxia Trail Blazer (algo así como un lustró atrás), ninguna franquicia ha cuestionado a los Knicks el dudoso honor de plantilla más cara de la Liga. Nueva York ha pasado de llegar casi (Pat Riley’94 y Van Gundy’99) a verlo alejarse (95, 96, 97, 98, 01, 04), de quedarse fuera (2003), a perderlo de vista (29 victorias de media por curso en las 3 últimas campañas). Acudiendo al presente, los Knicks son el equipo tácticamente menos trabajado de la competición.
La defensa es blasfema, irrisoria: recibe 102,3 puntos por partido (el 5ª que más de la Liga) y ostenta la 2ª peor relación puntos anotados-encajados (-8,56). ¿Por qué? Porque sólo defienden dos: Lee y Balckman. El ataque es “el coño de la Bernarda”, un motín perpetuo, una aglomeración de talento individual sin orden ni concierto, donde 6 jugadores (Randolph, Marbury, Crawford, Richardson, Curry y Robinson) se tiran lo que llega sin remordimientos de conciencia colectiva: 24º en puntos anotados (93,7 p/p) y 26º en % de tiros (43,1%), pero, sobre todo, penúltimos en asistencias (17 a/p). Bajo la sonrisa show bussiness y el aire gentleman se esconde Isiah Thomas, arquitecto de “Esta casa es una ruina”, un impostor de los banquillos cuya reputación se forjó al calor de un micrófono y no como aprendiz de oficio (la penitencia del técnico asistente es a fuego lento). ¿Y el futuro? A corto plazo, negro. No cabe esperar nada para la presente temporada, ni lucharán playoffs. A largo plazo, negro también. La franquicia está hipotecada hasta los calzoncillos por contratos a jugadores muy por encima de su valor de mercado, es la herencia del paso de Isiah Thomas por los despachos. Marbury cobrará 42 millones por los dos años que le restan de contrato, Randolph 62 por cuatro años, Quentin Richardson 26 por tres, Malik Rose 15 por dos, Jerome James 13 por tres y a Jared Jeffries 25 por cuatro. Sólo Curry, Crawford y Lee, los mejores del equipo, cobran en relación lógica a su rendimiento, por lo que serán moneda de cambio exigida en cualquier negociación. Las opciones son pocas. En el mejor de los casos, una reconstrucción exigiría un par de años (más) de penitencia. Sí, como cuando el Atleti bajó a Segunda. Quizá eso sea lo mejor, tocar fondo, es entonces cuando suceden las mejores cosas en una franquicia como esta. “Papa, ¿por qué somos del Atlético?”. Ramón Trecet: “El primer partido de NBA que vi en directo fue en el Madison en el 76. Tardé cinco minutos en hacerme de los Knicks».

NBA – De recesión y ciclos migratorios

La supremacía de la NBA como la mejor competición de baloncesto del planeta se asienta en 1) el nivel de los jugadores nacionales, 2) la superioridad económica, por la que los sueldos de los deportistas a partir de clase media son inaccesibles para cualquier otra liga. A pesar de los últimos resultados de su selección en torneos FIBA, aceptamos como válida la primera prerrogativa. Ningún país se acerca a reunir tanta cantidad de jugadores de nivel como EEUU. Sin embargo, acontecimientos ajenos a la NBA han matizado la segunda. Corren tiempos de recesión en lo que a salarios se refiere, salvo excepciones, ya no se atan a los perros con longaniza en el mercado de agentes libres (pagar el impuesto de lujo no casa con la idea de hacer negocio con una franquicia). La devaluación del dólar respecto del euro (1 E = 1,40 $) convierte en “asumibles” algunos sueldos de clase burguesa de la Liga para clubes punteros europeos. Estos se dividen en 3 clases: amparados en un dueño forrado con tintes de mafioso (rusos en general), equipos de larga tradición y potente masa social (griegos, TAU y Unicaja) y clubes alimentados de los remanentes de millonarias secciones de fútbol (Real Madrid y Barcelona).

Fue el CSKA de Moscú, niño rico del baloncesto continental, quien rompió la baraja este verano con los 3,5 millones de euros netos anuales por los que renovó a Theo Papaloukas, a quien pretendían varias franquicias de la NBA. Desenfundemos la calculadora para valorar la magnitud del contrato. Desconociendo el tipo impositivo ruso, pongamos que 3,5 millones netos equivalen a unos 6 en bruto, que al cambio son 8,4 millones de dólares (cifra inalcanzable por una franquicia estadounidense por un jugador sin experiencia en su liga). Con esos ingresos se situaría, de entre los 124 agentes libres de este verano en la NBA, como el cuarto que mejor negocio ha hecho, sólo por debajo de tres estrellas consolidadas como Rashard Lewis (17 millones de $), Vince Carter (13) y Chauncey Billups (11). Como mapa de situación, estos son los números en los que se han manejado notables de la competición en el mercado: Maurice Williams (7,7 millones de $), Gerald Wallace (7,5), Nocioni (7,6), Milicic (7), Stackhouse (6), Desmond Mason (5,3) o Mickael Pietrus (3,4).

Mientras, en Europa, al margen del pelotazo Papaloukas, se movían en estas magnitudes: Siskauskas al CSKA Moscú (4,9 millones de $ anuales), Papadopoulos al Real Madrid (3,5 $), Ilyasova al Barcelona (2,5 $). ¿No muy lejos, verdad? No son casos aislados, por ejemplo: Macijauskas volvió de la NBA (con el rabo entre las piernas, eso sí) por 2,3 millones de euros netos anuales (5,6 $) y Fran Vázquez renunció a ella por 2 millones de euros por campaña. Viktor Khryapa, que ingresará este curso 1,9 millones de $ por ser reserva en Chicago, salió hace tres años del CSKA de Moscú, donde ahora sabemos que los panes se convierten en peces. Seguro que Sergio Rodríguez ganaría en Europa más de los 980.000 dólares que le pagan los Blazers por año, además jugaría minutos y progresaría (importante con 20 años, ¿no?). Es más, Rudy Fernández, estrella emergente del baloncesto a este lado del Atlántico, ha renunciado este verano a su ilusión de dar el salto debido a que con el contrato que le garantizaban “ni cubría gastos”.

Para ser justos, hay que matizar que, aunque los salarios y el nivel deportivo tienden a igualarse, los ingresos por marketing-publicidad etc (que suponen en muchos casos un % importante de los emonumentos totales de los jugadores de la NBA) siguen sin tener comparación. Cuesta imaginarse a esforzados albañiles de las estepas rusas comprando cereales por la sonrisa de Papaloukas en el cartón. Así que, sus 8,2 millones de dólares no irán mucho más allá por ingresos paralelos. Mientras, sí visualizo a, digamos, Calderón o Nocioni como imagen de marca de unas zapatillas o de un refresco isotónico.La balanza está todavía muy del lado de la NBA, pero los pesos tienden a equilibrarse. Análisis al margen, la actualidad manda: Navarro y Scola se han ido, pero Spanoulis y Jasikevicius han puesto rumbo de vuelta, y Varejao y Kirilenko se lo están pensando (y estos dos no son actores de reparto…).

NBA – División Sureste, Diagnóstico 07/08

– Miami Heat: Su tiempo ha pasado. Ganaron hace dos años un anillo express con un plantel de estrellas entradas en la treintena, sin necesidad de cultivar un proyecto durante años. Pero la suya era una apuesta a corto plazo. Ahora afrontan la renovación del equipo. O’neal, Mourning o Walker son todavía aprovechables, pero no los dominadores que fueron otrora. Miami tiene al menos una piedra angular alrededor de la que construir, Dwayne Wade, el mejor jugador exterior de la competición tras Kobe Bryant. Jason Williams y Udonis Haslem son los únicos miembros aprovechables no ancianos de la plantilla. Con la marcha de Posey y Kapono, Wade se queda sólo en los puestos de 2 y 3. Penny Hardaway, fichado de su retiro, es manco mejor que cualquiera de los chavales que ocupan esas posiciones, pero no deja de ser un vegestorio, una anécdota, un guiño al pasado. Con Wade sano entrarán en Playoffs, pero no más allá de la 6º o 7º plaza.

– Washington Wizards: Defender, rebotear y anotar en la pintura son sinónimos de triunfo en el baloncesto. Las 3 son cualidades de las que carece insultantemente Washington. Por muchos puntos que metan Arenas-Butler-Jamison (alrededor de 70 por noche), con la actual configuración y mentalidad es imposible llegar lejos. Quizá otras temporadas sería suficiente para alcanzar playoffs en el Este, pero no este curso. No se han movido en el mercado, parecen tan autocomplacientes que se permiten ‘regalar’ a Navarro. Antonio Daniels, DeShawn Stevenson y Songaila son secundarios aprovechables, pero tampoco aportan consistencia. Diagnóstico: Se caen de postemporada.

– Orlando Magic: Han tirado la casa por la ventana para adquirir a Rashard Lewis (16 ‘kilos’ al año), pero en la balanza pesa más lo que se marchó: Grant Hill, talento exterior en uno contra uno, y Milicic, puntos en la pintura. La plantilla es joven y con talento, pero falta un timón. Jameer Nelson mira el aro antes que a sus compañeros y Arroyo, el único base puro, no ha cuajado desde que llegó a Orlando. Dwight Howard debe crecer ofensivamente, dado que es el único que puede ver aro en la zona tras la marcha de Milicic. De su evolución y de la de Trevor Ariza dependerá hasta donde pueda crecer el equipo. Clave táctica: que Stan Van Gundy se atreva a colocar a Rashard Lewis de ala-pívot(por físico podría ocupar ese puesto, especialmente en el Este). Así paliaría la carencia de jugadores en puestos interiores y daría minutos a Ariza, que con Turkoglu y Dooling se puede apañar en las alas. Diagnóstico: Peleará con Nueva York por la octava plaza.

– Charlotte Bobcats: El proyecto Bobcats comienza a ver la luz. Este será el primer curso que luchen por jugar postemporada. Es la consecuencia de años trabajando con sentido común y paciencia en la dirección deportiva. Ahora cuentan con una plantilla respetable, con un destacado plantel exterior. Gerald Wallace, Walter Hermann y Adam Morrison no sólo son buenos, sino que además tienden a crecer. Se les ha unido Jason Richardson, que llega ‘regalado’ de Golden State Warriors. Con Raymond Felton y McInnis hay base. Sean May explotará por fin como el anotador en la pintura que fue en North Carolina (12-13 puntos por partido serían muy valiosos), y armará con Brezec y Okafor una formación interior suficiente. Ningún miembro de la plantilla está acostumbrado a jugar más allá de mayo, así que son jovenes y tienen hambre. Diagnóstico: sin Playoffs, pero los lucharán hasta las últimas semanas. Décimos del Este.

– Atlanta Hawks: Sin noticias de Dios en Georgia. El cuento de que es un plantel joven y con futuro está bien unos pocos años, pero después de 9 da que pensar. Han tomado malas decisiones en el draft: cambiar a Gasol por Abdur Rahim y seleccionar a Marvin Williams, Josh Childress y Salim Stoudemire en puestos altos. Además, son rácanos en el mercado de agentes libres. Las temporadas caen como hojas en otoño, con más pena que gloria. Esperan mucho los Hawks de su rookie Al Horford, el nº3 del generoso draft de este verano. Es un 4 potente pero escaso de centímetros, al estilo de Okafor o Elton Brand. Acreditará buenos números, pero, procediendo de la Universidad de Florida (campeona NCAA los dos últimos años) le costará acostumbrarse a perder. Pronóstico: farolillo rojo de la conferencia y de la liga.