Ha llegado el Madrid roto a este final de curso, está viendo consumirse ante sus ojos una campaña prometedora, baloncestísticamente superado por un rival de quilates y venido arriba, Valencia. Si la derrota en el segundo se justificaba por lo apretado del marcador y el acierto visitante en la recta final, el repaso en el tercero no tiene explicación que invite al optimismo. Queda el Madrid al borde de cerrar con suspenso alto una temporada que hace apenas tres semanas iba todavía para sobresaliente. Con una de las mejores plantillas de más potencial que recuerdo y ante la incomparecencia del Barcelona, una Copa del Rey por los pelos sería un bagaje discreto.
De alguna forma el equipo sigue de resaca desde Estambul, lo cual no entiendo, pues caer en semifinales con el campeón en su feudo, sin opciones pero dando la cara, no es ya que sea homologable sino que es hasta lógico.
Transcurridos 16 minutos el Madrid controlaba el tercer partido, 21-30, gracias a un paso al frente en defensa y a la reaparición del muchacho Doncic. Pero entonces reaccionó Valencia, su ya comentada resilencia, que no solo igualó el duelo sino que pasó al Madrid por la derecha, un Madrid de repente petrificado, sin fé ni acierto, que deja unas sensaciones catastróficas de cara al cuarto.
Solo tres se salvan de la quema, y con asterisco. El de siempre, Llull, que subió 16 puntos, si bien repartió solo una asistencia en media hora (Sikma dio 5…). Ayón, que jugó con la agresividad que requería la cita, pero asumió quizá más tiros de los que le corresponden (12), quedando por momentos en evidencia su escasez de recursos en 1×1, aún más dolorosa en el contraste con Dubljevic. Y por último se salva el mencionado Doncic, 13 puntos y 8 rebotes, uno de los pocos resquicios para la esperanza en la serie.
«Si no ponemos orgullo, dureza y cojones vamos a ver cómo Valencia nos gana el cuarto», advirtió Felipe en la zona mixta. Efectivamente el Madrid no igualó la intensidad local en la segunda mitad, pero no todo es testiculina, se trata también de tener un plan y algo de acierto. No dudo de la entrega de los dos viejos rockeros, Chapu y Felipe, pero firmaron 0 puntos con 0/7 de campo, ampliamente superados por el dúo Thomas/Sikma, que no son precisamente las estrellas de este Valencia. Especialmente costoso fue el naufragio de Reyes y Nocioni porque se ven cargados con gran responsabilidad en esta serie, ante la baja de facto de Randolph. Parece que la norma ACB no permite convocar a nuevos jugadores durante los playoffs, por eso Thompkins sigue de chándal. Una norma que, dicho sea de paso, me parece una gilipollez.
Los secundarios volvieron a ser una calamidad, Maciulis u Othello, a los que en esta serie se puede sumar a Carroll, 1/8 de campo ayer, secado una vez más por Rafa Martínez. Jaycee es otro de los pocos en los que confío para despertar y devolver la serie a Madrid.
Escucho voces que piden la cabeza de Laso en caso de derrota. No caería esa breva, tiene aún carrete por los logros pasados, pero igual no sobraba una autocrítica severa y más cambios en la plantilla de los previstos inicialmente.
«Cuando el encuentro esté decidido, ya podía Laso conceder unos minutos a Chapu para que le despidamos». Lo escuché en la grada minutos antes del segundo de la serie y me pareció un pensamiento atrevido, tras el nivelazo de Valencia en el primero. Se ve que alguno se dejó llevar por el apellido del rival y pensó que este año la final ACB sería un trámite para el Madrid, ante la incomparecencia del Barca y tras arrollar en semis a Unicaja, que traía hechos los deberes y se jugaba más bien poco. Error.
Claves en el triunfo blanco resultaron también otros dos secundarios. Mechitas Taylor, 12 puntos, continúa su buena línea en playoffs y apuntala sus oposiciones a renovar, dejando en evidencia a un Maciulis hace tiempo desdibujado. El otro outsider fue Felipe, que en ACB sigue siendo un ventilador, 11 puntos sin fallo y 6 rebotes, tapando las vergüenzas a un desacterado Randolph, 3/18 triples en post-temporada. Llull ejerció de jugador franquicia (20pts) y, aunque ha visto mejores tardes al timón, supo leer la debilidad rival, atacando con penetraciones a Vives, tocado del tobillo, y a Diot, cargado de personales en la recta final.
Con una victoria de oficio sella el Madrid por la vía rápida su pase a otra final ACB, camino del tercer doblete consecutivo, lo que nadie ha hecho nunca en el basket español. No se descompuso en el arranque, pese al desacierto propio y al predecible arreón local ante su público (8 abajo, min 16), y en la segunda mitad el encuentro cayó como fruta madura, desde la defensa.
Con una atronadora lección de baloncesto en el segundo de semis (+29) despeja el Madrid parte de las dudas surgidas tras la F4 y se reafirma como gran favorito a la ACB. Es el primera actuación redonda del equipo desde Estambul, porque en cuartos se promediaron muchos puntos pero no necesariamente por méritos propios, que Andorra defiende de aquella manera.
«Puedo parar el partido, colapsar a tres defensores sobre él, pero cuando coge la moto… es puro talento, entre todos hemos creado un monstruo», dijo resignado Joan Plaza, su primer entrenador en el Madrid. No era para menos, lo ganó Llull solito, una expresión algo exagerada a veces, típico recurso periodístico para personalizar el titular y hacerlo más vendible, pero que sí resume este primero de semifinales: 28 puntos, 6 asistencias y 5 rebotes en un duelo a 65/70 puntos. Es la misma competición pero pareciera otro deporte, si contra Andorra todas las jornadas eran de puertas abiertas (el Madrid promedió 93), ante Unicaja espera una serie de cemento, en la que cada canasta es un triunfo, de ahí el valor añadido de esos números del menorquín.
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