¿Qué nota le ponemos al 2021 del Madrid de basket?

Nochevieja es buen momento para echar la vista atrás y hacer balance: el año del RM ha sido harto irregular, dividido en dos actos casi opuestos. Uno de suspenso y otro de notable, tirando a alto. Pero bajemos al detalle…

Primer acto: nadaplete

Casi todo lo que pudo salir mal de enero a junio salió mal. Hay factores atenuantes, pero el resultado fue un nadaplete, la cesión al Barca del cetro del basket nacional. Una calamidad: se encadenaron las lesiones y para colmo Deck dejó tirado al equipo en el desenlace de la temporada. Una espantada que se sumaba a la de Campazzo el 20 de noviembre, aunque en ese caso el jugador avisó con mucha antelación. Aviso, por cierto, que el club desoyó por motivos que aún hoy no alcanzo a entender y cuyo resultado, su marcha, marcó/lastró en buena medida las opciones deportivas de la temporada. En esas condiciones hubo poco que rascar: se cumplió el mínimo homologable llegando a las dos finales domésticas (Copa y ACB), pero se cayó en ambas con estrépito ante el Barca. Milagros, a Lourdes.

Dignos de mención son el récord de victorias en fase regular ACB (34-2) y la eliminación con honores frente a Efes, a la postre campeón Euroliga. Se perdió, claro, pero fue una derrota dulce comparada con las humillaciones ante el Barca. Se dejó el pabellón alto, con Garuba en fase superguerrero y el equipo en cuadro, estirando hasta el límite el concepto de resiliencia colectiva. El mismo espíritu, por cierto, que guió el triunfo ante CSKA la semana pasada.

El partido de récord de Garuba | Real Madrid CF

Las fugas a la NBA del primer acto dejaron al equipo vendido pero tuvieron una consecuencia indirecta positiva: la pasta. El dinero no gana partidos ni levanta títulos, pero permite invertir en plantilla para rearmarse y recuperar la ilusión, que es el leitmotiv de la segunda mitad del año. Los nueve millones de euros (a plazos) de las cláusulas de Facu, Garuba y Deck son una fortuna en el basket europeo en tiempos de contracción por pandemia. Una fortuna para enjuagar pérdidas y aprovechar oportunidades de mercado, como Poirier, incorporación estratégica en abril.

Con el francés más Edy el Madrid junta la mejor pareja de pívots que haya visto la Euroliga en unos cuantos años, y el juego del equipo necesariamente vira hacia la pintura. El otrora protagonismo casi hegemónico del backcourt en el sistema Laso, de los Sergios, Luka o Facu, ha dado paso a un sistema con los interiores como referencia. No necesariamente en número de tiros, que también, sino en influencia en el juego en ambos aros: definición en la pintura, rebote, intimidación… Podemos debatir sobre su estética pero difícilmente sobre su eficacia. Es la receta más lógica para competir por títulos con las cartas disponibles, sin estrellas de backcourt en el mercado.

Por cierto, que la primera mitad de año nos dejó también la retirada de Felipe Reyes, al que honestamente le sobraron las dos últimas temporadas, y también la de Jaycee Carroll, al menos de facto, en uno de los episodios más chuscos e innecesarios que recuerdo entre las leyendas de la sección. No es que no descarte, es que doy casi por hecho que aparecerá por Madrid en algún momento de 2022, bien para un acto de homenaje en el Bernabéu, bien para una mini gira de despedida pagada, jugando alguna pachanga dominical de ACB, aprovechando esa oferta de renovación sine die que le plantó Florentino. De lo contrario, no tendría sentido esta ambivalencia. Ahora bien, sería una coda anecdótica, la de un exjugador a todos los efectos. El equipo se ha acostumbrado a vivir sin él, y nada mal, por cierto.

Segundo acto: recuperar la ilusión

La segunda mitad de año es cuarto creciente. Lo primero fue recomponer filas, ya sin argentinos, para lo que se fichó en verano con sentido común y cierta ambición: Yabusele, Heurtel, Hanga y NWG (en verdad el fichaje de Poirier lo contaría también como de temporada 2021-22). Y las piezas no han tardado en encajar. Ganar la Supercopa remontando 19 al Barca fue un chute de confianza para empezar, un título que podemos poner en buena medida en el haber de Llull, que firmó una final superlativa. Un nivel que, como era de prever, no ha conseguido mantener durante el curso, ni cerca, especialmente al tener que jugar de base por las lesiones en el puesto. Eso sí, la salud le está respetando este año, tanto a él como a Rudy y Causeur, los veteranos, piezas de cierto peso en el primer tercio de curso en este Madrid tan atomizado.

El equipo cierra el año líder en solitario de la ACB y segundo clasificado de la Euroliga, con un sólido balance acumulado de 29-4, pese a no haber jugado ningún partido con menos de dos bajas. Ventajas de una plantilla muy larga, sin estrellas exteriores de relumbrón pero equipada para el barro, potentísima en rebote y defensa. Ingredientes para volver a la F4 y competir de tú a tú con el Barca en las finales nacionales.

Los títulos definirán la nota de 2022, pero el objetivo primero, recuperar la ilusión, es de 2021 y lo doy por conseguido.

Sin defensa no hay paraíso

El Madrid viajó a Barcelona pero se olvidó la defensa en Atocha, su seña de identidad este curso. Y sin ella no alcanza para rascar en el Palau. 51 tantos encajados al descanso y 93 finales, que son 22 más de los que recibe de media en la competición. Ya me diréis.

Cualquier otro análisis me parece secundario, incluido el arbitraje, que leo a demasiado madridista agarrarse al tópico autocomplaciente de los «atracos del Palau». Si esperabais una crónica amable, centrando la derrota en el arbitraje ya os advierto que estáis en la tribuna equivocada. El arbitraje de hoy fue tan casero como cabía esperar, el de casi todos los partidos de Euroliga este año, independientemente del equipo y el pabellón, a lo que influye el regreso de público a las canchas. ¿O no recordáis ya Múnich o Kazán? Que sí, ante la duda, sobre todo si está Mirotic de por medio, han pitado azulgrana. Pero ya sabes a lo que te expones cuando juegas a domicilio. Y los números tampoco hablan de una diferencia escandalosa: 26 faltas cometidas el Madrid por 25 el Barca.

Mirotic (31pts y 10 rebs), manque pese, ha enseñado matrícula a Yabusele en el duelo estrella del partido, y le ha bajado el hype. El francés ya es burguesía Euroliga, su temporada es estupenda, pero no es una estrella continental, no domina, al menos todavía. Tres airballs se ha cascado hoy, por cierto. Tiene 25 años y margen de mejora, puede llegar a convertirse en un crack, pero aún no está entre los 12 mejores de la Euroliga. No condiciona el juego, no le das el balón y resuelve ni se echa el equipo a la espalda. No lo digo por hacerle de menos sino para dimensionar su nivel de cara a la cuantía de la oferta de renovación que habrá que ir pensando en ponerle sobre la mesa. Me vais a disculpar, pero es que soy muy de Joaquín Prat y de pagar el Precio Justo, que el presupuesto es finito.

Poirier tampoco tuvo el día, más bien estuvo nefasto atrás, superadísimo por Brandon Davies en el duelo de centers reservas: ¡¡-18 el equipo en sus 16 minutos en pista!! Fue el máximo exponente del apagón defensivo blanco. Tavares sí cumplió (+5 en sus minutos), pero no marcó diferencias, condicionado por las faltas, algunas rigurosas y otras innecesarias, como de costumbre. Este es un Madrid construido para que el juego interior domine y hoy no lo ha hecho.

Si el equipo no le perdió la cara al partido fue porque atacó mejor que de costumbre, gracias a una actuación aseada en los puestos en que suele cojear, los del backcourt. Entre Llull, Nigel, Causeur y Heurtel sumaron 42 de los 80 puntos y solo 5 pérdidas, poco que reprochar por ahí, más allá de la ida de pinza de Thomas en el último par de minutos, que costó varios puntos de average de los que nos podemos acordar al final de la fase regular si aspiramos al primer puesto (que tampoco me parece clave en Euroliga).

No haría mayor drama de la derrota ni sacaría conclusiones demasiado categóricas, no deja de ser un pinchazo a domicilio en la jornada 14 de la fase regular, totalmente en guión, y sigue habiendo un colchón de dos victorias sobre el tercer clasificado. Diría más, caer en el Palau con partidazo de Mirotic es un clásico de diciembre, una parada obligatoria prenavideña. Me quedo con que, defendiendo como el culo, se ha dado la cara, lejos de la sensación de inferioridad que reinó el año pasado. El Barca ha necesitado porcentajes de acierto muy altos, el factor cancha del arbitraje, 10 tiros libres fallados por el Madrid y un pésimo encuentro de los interiores blancos para llevarse el duelo, ingredientes que no se repetirán a menudo.

Sufriendo sabe mejor

Este Madrid se maneja bien en el barro, como nunca en la era Laso. Lo veníamos barruntando y la sufridísima victoria ante Maccabi lo viene a refrendar. Muy parecido al duelo frente a Fenerbahce, también en Goya y a marcador exiguo. Si fuese un combate de boxeo diríamos que a los puntos lo merecieron los visitantes.

Pero el equipo sigue teniendo alma y estrella, y también una marcha extra cuando calienta el sol, sobre todo atrás: en 11 puntos dejó a Maccabi en el último cuarto, ni un solo tiro cómodo concedió en ese parcial, que empezó con -9. Y en el desenlace apareció Yabusele, que culminó otra noche notable con ese game winner en penetración (bien la pizarra de Laso), pero sobre todo Heurtel, con los 8 puntos anteriores, providenciales y de canastas sin ventaja, de puro talento.

Es capaz de lo mejor y de lo peor, sabíamos lo que fichábamos. Jasikevicius, que es un poco talibán con lo de la defensa, le dio boleto porque no toleraba una brecha en la falange. Pero en este Madrid su perfil de verso suelto hace de contrapunto a una plantilla tan potente física y defensivamente como cortita de talento ofensivo y creador en el backcourt. Es el joker que se permite Laso en la baraja, irregular y un poco anárquico, pero también clarividente y decisivo. Hay que quererle por lo que es, que no es poco.

Un faro en la oscuridad

Anoche dejó algunos errores defensivos y un par tiros de «porque me apetece», lo normal, vaya, pero a cambio representó un faro en la oscuridad del ataque, el único del juego exterior blanco. Porque el segundo y tercer cuarto del Madrid fueron droga durísima, nulo de ritmo y fluidez, que cada canasta costaba un riñón y los macabeos horadando poco a poco la mencionada victoria a los puntos. Los minutos al timón de Nigel, al que ya le toca ponerse en forma, y especialmente de Llull fueron una tortura china. El balear acabó en valoración -6, por segunda ve en los últimos tres partidos… Se jugó bastante mal, la verdad, como demuestra la estadística: más pérdidas de balón (14) que asistencias (12). A lo cual otorgo bastante mérito a Maccabi, que este año tiene tal vez menos potencial de plantilla pero como equipo está mucho mejor armado. Y en esta edición un poco flojita bien le puede alcanzar para top8.

¿Los demás? Bueno, Tavares y Poirier cumplieron, en sus números pero sin dominar tan claramente como de costumbre, que el rival también juega y el puesto puesto de pívot es de lejos el mejor de los israelíes. Zizic es tan bueno como suponíamos cuando (casi) le fichamos y Reynolds un lujo desde el banquillo. Del resto, Causeur estuvo muy apagado en ataque (4 puntos en 26 minutazos), pero a cambio realizó un sólido trabajo sobre Wilbekin atrás, obligándole a tiros forzados. Abalde se lesionó (posible rotura de fibras) y se une a Alocén en la enfermería, que no terminamos de vaciar nunca. Es nuestra cruz: señor, dame paciencia… Thompkins y Randolph no entraron ayer en convocatoria pero están ya para debutar, suponemos que Laso no quiso exponerles en un duelo de alto voltaje. Mejor para el regreso un plácido partidito ACB de domingo.

Y tras todo esto, entre el barro y los sofocos, sexta victoria consecutiva en Euroliga y el Madrid que sigue líder, en solitario si el Barca pincha esta tarde-noche en pista del vigente campeón. Como expliqué la semana pasada, habrá quien añore los marcadores abultados, y no seré yo quien le juzgue, pero a mí la ilusión de amanecer de viernes y verme en lo más alto de Europa no me la quita nadie.

El Madrid vuelve a cabalgar

La Supercopa se suele interpretar según te venga el viento: se la hace de menos cuando se pierde y se la ensalza cuando se gana. Mi reflexión hoy no va tanto por el valor en sí del título (por cierto, cuarto consecutivo), sino por el valor moral para el Madrid. El de volver a ganarle una final al Barca, después de las humillaciones del año pasado en la Copa del Rey y los playoffs ACB. El nuevo proyecto Laso (11.0) se sacude complejos con esta Supercopa y vuelve a mirar a los ojos al rival directo. Roma no se construyó en un día, pero las tornas empiezan a cambiar, porque la sensación es de que aún hay margen de mejora, según regresen lesionados y Tavares tome el pulso a la temporada. Sí, el Madrid vuelve a cabalgar.

Vista en perspectiva, fue una victoria de mucho mérito, que no vinieron de cara precisamente: por las cuatro bajas sensibles en la rotación (por solo una del Barca, Sanli), por el arbitraje, antipático por momentos, y por los 19 puntos de desventaja que se llegaron a registrar en la segunda mitad.

La recuperación la lideró Llull, que sorprendentemente se quedase en solo siete minutos en la semifinal, sin problemas físicos aparentes. Los lujos de una plantilla tan larga. Cuando todo pintaba negrísimo en la final, el balear insistió en una remontada imposible, empachándose a anotar (24 puntos), confirmando lo que suponíamos, el primero Laso: que en este momento de su carrera a Llull le sienta mejor el rol de escolta ejecutor que el de base director. El balear rompió a llorar después del partido, viene de cuatro años de mucha frustración acumulada.

Un Barca sin músculo

Bajando al detalle, Llull supo leer y exprimir la debilidad defensiva exterior del Barca este curso en comparación con el pasado. Porque no es lo mismo que te defiendan Bolmaro o Hanga a que lo hagan Laprovittola o Jokubaitis. A los números me remito: el Barca dejó a los blancos en 73 puntos en la Copa del Rey hace siete meses y en una media de 74 en la final ACB hace solo tres. Hoy un Madrid mermado le ha endosado 88.

Laprovittola brilló al nivel al que nos acostumbró en Goya, es decir, valoración negativa, perdiendo balones y vaporoso atrás. Nuestro caballo de Troya en Barna. Tampoco Rokas, el favorito de los insiders wannabe, estuvo mucho mejor: clase tendrá a espuertas pero le falta todavía mili hasta la élite. Alocén, que emergió tras el banquillazo de semis, le enseñó claramente chapa en el duelo de bases jóvenes (20 años ambos). La defensa y dirección del maño resultaron claves en la remontada, sobre todo en comparación con Heurtel, nefasto en ambos aros en el arranque de segunda parte, que coincidió con la escapada del Barca. No volvió a jugar…

Nigel Williams-Goss, por su parte, sin necesidad de mucho protagonismo, despeja en la Supercopa muchas de las dudas y comentarios (bastante apresurados, la verdad) que despertase su pretemporada. 12 puntos en la segunda mitad ante Tenerife y dos triples clave hoy en los últimos cinco minutos (registró el mejor +/- de los 24 jugadores de la final: +16). Poco que reprochar para sus dos primeros partidos oficiales de blanco. Insisto, paciencia con él, si no queréis ser carne de memes en unos meses: según se vaya soltando hay base anotador de quilates.

La pintura blanca habla francés

A falta de Tavares, muy desubicado por ahora a su regreso del Afrobasket, emergió en la pintura Poirier como un coloso, castigando en pick and roll y omnipresente en el rebote. La estadística le da 11 capturas pero tocó o desvió otra docena, muchos de los cuales acabaron en rebote blanco. El center galo, discreto en los JJOO con Francia y superado por Gasol en la final ACB (estaba recién aterrizado), justifica de golpe todas las esperanzas depositadas en él a su llegada, que fueron muchas. Llull es justo MVP, pero igual de justo lo hubiera sido Vicente. Pensad que el año pasado teníamos a Felipe y a Tyus desde el banquillo y este año sale Poirier, ya asentado, que sería titular en 15 equipos de Euroliga…

Y qué lugarteniente tiene en su compatriota Yabusele, limitado en la final por personales, pero el más destacado en el durísimo encuentro de semis. Era el mejor cuatro en mercado este verano y reclutarlo es una operación de campanillas, se mire por donde se mire. Yabu no tendrá la finura técnica de Thompins o incluso de Randolph (le quedan años para desarrollarla), pero lo compensa con ese físico portentoso, moviendo como una gacela 123 kilos en cuerpo de 203 cms. Un milagro de la evolución.

Los que están, con cuatro jugadores nuevos y 10 entrenamientos mal contados, han alcanzado para mojarle la oreja al Barca en la Supercopa. Si le sumamos los que están por llegar, este Madrid da para ilusionar: no se me ocurre conclusión más importante esta noche.

Balance del verano Euroliga: ¿dónde queda el Madrid?

Queda todavía un mes para que arranque la Euroliga pero las cartas están sobre la mesa. La mayoría de las plantillas están ya cerradas o prácticamente, así que podemos empezar a hacer balance del verano.

No hemos visto a ningún equipo tirar la casa por la ventana como otros años, el típico animador del mercado, que recibe una inyección de pasta y tira la casa por la ventana, cerrando fichajes a sobreprecio. El año pasado fue Milán y el anterior el Barca. Ese equipo este verano ha sido el Partizán de Zeljko, dopado de dinero estatal, pero no le cuento porque juega Eurocup y este análisis se ciñe a Euroliga. Tampoco hemos visto, como otros veranos, trasvase de jugadores de la NBA a la Euroliga, el timing no ayuda. Shabazz Napier (Zenit) y Nicolo Melli (Milán) quizá los más destacados, de nuevo, si nos ceñimos a Euroliga.

Divido el análisis en cuatro grupos: los que considero candidatos al título (Efes, CSKA y Barca), los candidatos a estar en la F4 (Madrid, Fener y Milán), los candidatos a top8 (Zenit, Baskonia y Bayern) y el resto, con Olympiakos como único aspirante a algo más.

Micic sigue, Efes favorito

Lo primero, lo más importante en la Euroliga este verano, ha sido la renovación de Micic en Estambul, el movimiento que más condiciona el equilibrio de poder en la competición. No dábamos un duro por su continuidad en Europa, si hasta su agente (Raznatovic) declaró en abril a los cuatro vientos que el serbio «estará en la NBA el año que viene». Pero el plan se torció: sus derechos allende el mar pertenecen a Oklahoma, una situación tipo perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Ellos se lo pierden. Es el mejor jugador de la Euroliga en la actualidad y, como aficionado, será un placer seguir disfrutándole aquí. De paso, su renovación contra pronóstico convierte automáticamente a Efes en favorito de nuevo al título, la pareja que forma con Larkin es devastadora. El campeón mantiene la columna vertebral, con el único cambio relevante de Sertac Sanli por Petrusev en la pintura, más verde el serbio pero con más techo.

Micic, Larkin
Beaubois, Balbay
Simon, Anderson
Singleton, Moerman
Petrusev, Duntston, Pleiss

Un Barca con menos músculo

Por detrás de Efes veo candidatos a Barca y CSKA. Puesto en perspectiva, los azulgrana desaprovecharon una oportunidad franca para ganar la Euroliga el año pasado, no siempre van a venir las circunstancias tan de cara. Con Gasol gratis caído del cielo y sin apenas bajas en todo el curso, mientras rivales directos como Madrid y CSKA se caían de la puja entre lesiones y fugas a la NBA. El Barca mantiene bloque, quizá el mejor quinteto de la competición, y por eso le sigo considerando serio contender. Pero los problemas financieros del club han obligado a un somero ajuste de gasto, sacrificando profundidad de plantilla. Salen seis jugadores y solo entran cuatro: Lapro, Jokubaitis, Hayes y Sanli IN, Hanga, Bolmaro, Claver, Gasol, Westermann y Pustovy OUT. El puesto de alero es el más perjudicado: después de haber pujado por Kalinic, haberse interesado por Deck y dejar ir a Hanga y Hezonja, acabar fichando a Nigel Hayes es como pedirse un sandwich mixto en Zalacaín.

Calathes, Laprovittola, Jokubaitis
Higgins, Kuric
Abrines, Hayes, Sergi Martínez
Mirotic, Roland, Oriola
Brandon, Sanli

Las salidas no son estelares pero merman el músculo y el poderío defensivo de la plantilla, sobre todo exterior. Hanga, por ejemplo, tenía un rol gris para el aficionado medio pero Jasikevicius se fiaba de él como del Caserío: más de 1.400 minutos en pista el año pasado, a una media de 17 en los 85 partidos que disputó. Ahí es nada. Claver, por otro lado, jugó mucho menos, mermado por lesiones, pero fue el único que pudo contener a Micic en la final de la Euroliga, en el primer cuarto. No juegas contra Micic todos los días, pero vas a tener que ganarle para levantar el título, que entiendo que es el objetivo.

CSKA, pendiente de Pangos

También veo candidato serio al título a CSKA que, según el presi Vatutin, aún está pendiente de cerrar la plantilla con algún descarte del mercado NBA. Apostaría por un base, de hecho, uno con nombre y apellidos, Kevin Pangos, al que se le empieza a agotar el tiempo para pescar contrato en EEUU. Incluso a falta de la guinda, los rusos presentan ya una rotación muy equilibrada, mezcla de juventud y experiencia, defensa y ataque.

Hackett, Shved
Grigonis, Lundberg
Clyburn, Kurbanov
Shengelia, Voigtmann
Milutinov, Bolomboy

Milutinov se perdió la mitad del curso pasado por lesión y su regreso ofrece al equipo otra dimensión en la zona. El juego exterior tampoco tiene mala pinta: Clyburn es el mejor de la Euroliga en su puesto, sin discusión, y Grigonis más fiable que Hilliard, al que sustituye. Además, Lundberg tiene todavía margen de mejora, potencial como para convertirse en un jugador importante en Europa, bien podría ser este su año de explosión.

Me genera dudas el regreso de Shved, mucho talento pero potencialmente tóxico y anárquico. ¿No tuvieron suficiente con Mike James? Imagino, conociendo cómo funcionan los resortes del CSKA, que su fichaje tiene más de compromiso político que de verdadera apuesta deportiva, sobre todo si llega Pangos. Los jugadores rusos raramente se plantean salir de su país y a Shved, sin hueco en San Petersburgo, que no pega ni con cola en el sistema Pascual, solo le quedaban Kazán o Moscú. CSKA no deja de ser el equipo del establishment y Vatutin no iba a dejar tirada a una estrella nacional tras la desintegración del vecino Jimki. Llamadita de Kirilenko y todo arreglado.

El Madrid, objetivo F4

Detrás de Efes, el favorito, y de Barca y CSKA, las alternativas al título, veo a tres equipos con opciones de entrar a la F4, grupo en el que meto al Madrid, junto a Fenerbahce y Milán, en ese orden. Lo siento, Roma no se construyó en un día. El Madrid bajó un escalón en Euroliga el año pasado, acabó con la peor plantilla en una década y se cayó del exclusivo club de los fijos en la Final Four. El objetivo realista esta temporada es regresar a esa F4 y hay mimbres para ello, tras unos movimientos bastante sensatos en verano, como ya hemos comentado. Laso cuenta seguramente con el mejor banquillo de la competición, una plantilla larga, versátil y con muchas variantes, sobre todo en defensa.

Ahora bien, opciones de campeonar veo poquitas, remotas, porque faltan estrellas. Muchos buenos reservas no te hacen una estrella, y esas son las que deciden las finales. NWG y Heurtel mejoran sensiblemente el puesto de base que quedó tras la marcha de Facu, pero no les considero a priori estrellas de la Euroliga, salvo step ahead del americano (no descartable dada su edad y talento). Tampoco cuento con Carroll ni con que se le fiche un sustituto, así que el roster quedaría de esta manera.

NWG, Heurtel, Alocén
Llull, Causeur, Rudy
Abalde, Hanga, Taylor
Thompkins, Yabusele, Randolph
Tavares, Poirier, Vukcevic

Fener, la reválida de Sasha

Se vieron a mitad de verano sin entrenador, tras la espantada de Kokoskov, reclutado para los Mavs, y apostaron por Sasha Djordjevic, cuyas primeras experiencias Euroliga fueron discretitas. Viene de una buena temporada en Bolonia: campeón de la liga italiana e invicto en Eurocup hasta semis.

En cuanto a plantilla, Fenerbahce pareció a comienzo de verano que tiraría la casa por la ventana. Al final no ha sido para tanto, pero ha recuperado el ritmo de inversión previo a los dos últimos años, de crisis económica por la devaluación de la lira y la pérdida de algún patrocinador. En todo caso, la plantilla sale reforzada, sobre todo en músculo, con la llegada de tres agentes libres cotizados, como Polonara, Pierria Henry y Devin Booker, a sumar las valiosas renovaciones de De Colo y Dyshawn Pierre, uno de los aleros de moda en el continente. Van un poco justos de banquillo, así que volverán a depender del físico de Vesely y De Colo. No deberían tener problemas para entrar en top8 y jugarse a cara o cruz un billete para Berlín.

Pierria, De Colo
Guduric, Shayok, Mahmutoglu
Dyshawn, Biberovic
Polonara, Barthel
Vesely, Booker

Milán, al final de la escapada

Sensación parecida a la del Barca, de oportunidad perdida el año pasado, por el WO de rivales directos y al ser un proyecto a corto plazo, con una columna vertebral veterana. Hines, Datome, Chacho, Delaney… La plantilla este curso gana por dentro, con los fichajes de Melli y Mitoglu, pero pierde a priori en el puesto de escolta, con la marcha de Kevin Punter, máximo anotador del equipo el año pasado, aún con margen de mejora. La temporada de Milán dependerá en buena medida de la adaptación y rendimiento de los tres nuevos americanos exteriores, sin experiencia previa Euroliga, así que un poco huevo Kinder: Devon Hall, Troy Daniels y Jerian Grant.

Delaney, Chacho
Devon Hall, Troy Daniels
Shields, Jerian Grant
Melli, Datome, Mitoglu
Hines, Tarczewski

Zenit, llamando a la puerta

Fue junto al Bayern la revelación del pasado curso, y parece que ha venido para quedarse. Un club pujante, de una gran ciudad europea y con un patrocinador potente detrás (Gazprom), más fiable que el simple capricho de un oligarca. Vamos, que no es un Darousafaka o Jimki de la vida, que un año rompen el cerdito y al siguiente están con impagos. La inversión de Zenit ha crecido progresivamente desde su fundación, sin fichajes despampanantes, sin saltarse pasos en su camino a la élite. Un proyecto construido alrededor de un entrenador(azo), Xavi Pascual, uno de los mejores de Europa.

El año pasado ya se los pusieron de corbata al Barca y quedaron a un solo partido de la F4. Su plantilla para este curso es a priori más completa, menos dependiente de un solo jugador, Kevin Pangos, por el que pasaba todo. Han renovado a Billy Baron y fichado bastante dinamita con Jordan Loyd, Shabazz Napier, Dimitri Kulagin, Frankamp, Kuzminskas y Jordan Mickey. Alguna apuesta es de riesgo y saldrá mal, pero en general la plantilla crece en talento y tiene más alternativas, que el bloque del año pasado tocó techo. Opciones claras de repetir en top8 en función de la adaptación de Napier.

Napier, Frankamp
Loyd, Baron
Ponitka, Kulagin, Karasev
Poytress, Kuzminsas
Gudaitis, Mickey

Baskonia, apuesta por dinamita

Un objetivo claro, regresar a top8 después de dos años fuera (cuento la clasificación de 2020 a fecha de cierre). Para ello se ha acometido una profunda y diría que ambiciosa renovación de plantilla, obligada por la marcha de actores principales, y con bastante más alegría económica que el verano pasado. La base del proyecto y principal inversión es Wade Baldwin, uno de los jóvenes más cotizados del continente, que explotase el año pasado y para cuyo fichaje Baskonia ha roto el cerdito, superando las ofertas de Bayern y Unics. Un modus operandi diferente al habitual de Querejeta, el de apostar por prospects en penúltima etapa de formación. No estaba el mercado de bases como para inventos este verano.

La continuidad contra pronóstico de Giedraitis, al no encontrar acomodo en la NBA, desequilibra un poco el juego exterior, dado que ya se le había buscado sustituto de un status y perfil similar, Fontecchio, en el que también se ha invertido bastante dinero y se han depositado muchas esperanzas. Queda un puesto de alero con mucha dinamita (Simone, Rokas y Tadas) pero Marinkovic como único escolta nato de la plantilla, una incógnita tras su decepcionante paso por Valencia. Giedraitis tendrá que jugar bastantes minutos de dos, donde puede sufrir atrás contra generadores desde bote tipo Larkin, Higgins, Loyd, etc.

La pintura me genera algunas dudas, hay también talento, pero va un poco corta (4 jugadores) y escasa de experiencia en la élite. En resumen, un equipo interesante, joven, con más puntos y variantes que el año pasado pero menos defensa y dirección.

Baldwin, Granger
Giedraitis, Marinkovic
Fontecchio, Tadas
Costello, Peters
Nnoko, Enoch

Bayern, el reto de mantenerse

Igual que Baskonia y Zenit, se beneficia de la ausencia en Euroliga este año de rivales directos potenciales (Valencia, Bolonia o Partizán) que encarecerían los últimos billetes del top8. El Bayern fue uno de los equipos que mejor baloncesto realizó el pasado curso, terminó quinto la fase regular y se quedó a un solo partido de la F4, palabras mayores para un club históricamente de zona media-baja de la tabla. Pero tienen un proyecto, alrededor de coach Trincheri, y saben que la estabilidad es un valor en este negocio.

Por eso les doy chances en la lucha por top8, pese a perder a dos de los tres referentes del equipo el año pasado, Baldwin y Reynolds. Mantienen el resto del bloque (Lucic, Zipser, Weiler-Bab, etc), al que incorporan tres americanos con amplia experiencia Euroliga, DeShaun Thomas, Othello Hunter y Darrun Hilliard, más el base Corey Walden, que apuntó muy buenas maneras en Estrella Roja en su debut Euroliga. Si mantienen la química, hay mimbres para aguantar en la zona noble.

Walden, Sisko
Hilliard, Weiler-Babb, Obst
Lucic, Dedovic
DeShaun, Zipser
Othello, Radosevic

El resto

Estamos, creo, ante una de las ediciones de Euroliga más desigualadas que recuerdo, es decir, con mayor brecha de nivel entre el top8 y la zona baja. La organización ha quedado cautiva de su propio sistema de clasificación y cuotas. Hay tres equipos en la segunda división (Valencia, Partizán y Virtus) mejores a priori que bastantes de la primera. Sin ir más lejos, los dos equipos franceses (Asvel y Mónaco) apestan al fondo de la clasificación y tampoco Unics tiene mucha mejor pinta. Hezonja se hinchará a puntos pero volverá a ver los playoffs por la tele.

Maccabi, que ya viene de una muy pobre campaña, sufre la retirada anticipada de Casspi y pierde a sus dos jóvenes más prometedores: Tyler Dorsey y Elijah Bryant. Por su parte, Estrella Roja, pese a los fichajes de última hora de Kalinic y Hollins, va muy justo en el resto de puestos como para optar a playoffs. Panathinaikos, en su línea: cinco nuevos americanos random. Evitará los últimos puestos gracias a la permanencia del trío Papapetrou, Nedovic y Papagiannis, pero tampoco hay cimientos para más.

Solo hay dos equipos a los que doy algunas opciones de luchar por top8. Uno Zalgiris, siempre justo de plantilla pero que nunca le pierde la cara a la competición. Y el otro, al que más chances doy, es Olympiakos, que mantiene la base (Sloukas, Vezenkov, Printezis, McKissic) y se refuerza con Tyler Dorsey, Thomas Walkup y Moustapha Fall. Según encajen las piezas, puede entrar en la guerra de Zenit, Bayern y Baskonia.

El Madrid ficha a Hanga… cuatro años tarde

Podemos entrar en matices, que los hay, pero al final el hecho es irrefutable: dos de los cuatro fichajes del Real Madrid este verano son descartes del Barca en la treintena. Visto desde fuera, grosso modo, parece un retroceso a los tiempos de Alston y Digbeu. No es para tanto, ya os digo que hay matices: Jasikevicius goza de poderes plenipotenciarios en Barna y como tal se permite el lujo de ponerse tiquismiquis, descartar a jugadores útiles por sutilezas tácticas. Hanga y Heurtel entran en esa categoría.

Pero igual resulta complicado ilusionar a la parroquia blanca y revertir la tendencia en el basket español, con el FCB como nuevo rival a batir, si te limitas a fichar de entre sus descartes. Sopita recalentá mientras el vecino come a la carta.

Porque comer a la carta, si hablamos de intentar cubrir el socavón que dejó Tortuga, era fichar a Kalinic o Papapetrou, los mejores aleros altos en mercado este verano, ambos por debajo de la treintena. Pero el Madrid ni ha pujado por ellos, porque eso requería remangarse, o sea, dinero y ambición, y ambos escasean en Concha Espina cuando a las alas se refiere. Y escasea el dinero porque se arrastra una pesada hipoteca de veteranos por ahora intocables, que ya no marcan diferencias pero cuya suma engulle la mayoría de la masa salarial disponible para el juego exterior.

Llega Adam Hanga, no nos engañemos, porque es más barato que Kalinic o Papapetrou y porque ha quedado libre como un taxi después de que el Barca le de puerta. Y le da puerta para (intentar) fichar algo mejor: Encestando apunta a que el club azulgrana presentará oferta por Kalinic y el miércoles termina el plazo para que Valencia iguale la oferta.

¿Qué puede aportar Hanga?

La política de descartes es un espejo de la ambición de ambos clubes. Al Barca, pese al doblete, no le tiembla el pulso para cortar a Hanga y Claver, indemnización mediante, jugadores importantes del club el último lustro, capitales en la era Pesic. El Madrid, tras nadaplete y con un juego exterior viejísimo, no se plantea prescindir de nadie. Los seis exteriores continúan, business as usual, salvo que Carroll avise desde el rancho, cambie de opinión y se retire.

Siguen todos, no por su rendimiento, irregular y bastante discreto el curso pasado, sino por la complacencia de la directiva y la presidencia. Lo que empezó hace varios años como una apuesta por el continuismo, lógica cuando se ganaba y la columna vertebral no peinaba canas todavía, ha derivado en gestión sentimental y falta de ambición, el retiro a la carta y la lealtad mal entendida.

Y como no tenemos suficientes aleros en la treintena, pues a por Hanga, 32 años, que además firma por tres temporadazas, según Chema de Lucas. Lógico, no nos vayan a robar a las jóvenes promesas… ¿Pero es que no hemos aprendido nada? Repetimos los mismos errores que nos han traído hasta aquí, los contratos multianuales garantizados a jugadores secundarios en la treintena (Causeur, Taylor…).

¿Qué mensaje de renovación se lanza tras un curso aciago cuando no eres capaz de quitarte a ningún veterano y encima haces de coche escoba al Barca, trayéndote a dos descartes en la treintena? El húngaro ha sido un gran jugador, uno que me hubiese encantado ver en Goya… hace cuatro años, hoy está al inicio del ocaso. Todavía puede echar una mano, claro está, sigue siendo un jugador versátil y competitivo que no sobra en ninguna rotación, pero necesitábamos algo más que alguien que eche una mano.

Un juego exterior de 232 años

La ambición que atisbamos con el fichaje de Yabusele se esfuma en 10 días. Leyendo la letra pequeña entendimos que el francés impuso al Madrid un contrato cual alfombra roja, por si le llama la NBA. No es plato de gusto, pero no deja de ser el peaje a pagar en los tiempos que corren si quieres reclutar a piezas cotizadas de mercado en su veintena. Hanga es otro tipo de fichaje, uno asequible y apañado, que no estorba pero redundante. Nada que no tengamos ya, otro jugador en cuarto menguante. Porque no, antes de que me preguntéis ya os respondo que no, que la eventual llegada del húngaro, hasta donde sé, es independiente de la continuidad o no de Taylor, con un perfil similar. Ese sería el único supuesto bajo el que cobraría sentido este fichaje de Hanga y no se va a dar.

El juego exterior del Madrid está servido de veteranos con nivel de reserva, necesita algo más que ampliar fondo de armario, necesita alguna primera espada con nivel titular top8 Euroliga, piernas algo más jóvenes entorno a las que reconstruir. Y esas, asumámoslo, no suelen tener buena relación calidad-precio ni terminar contrato cuando a tí te cuadra, son operaciones que requieren ambición y pasta.

Con la llegada de Hanga y salvo que Carroll se retire, asumo que el Madrid daría por cerrada la plantilla, que mejora respecto al año pasado, que no era muy difícil. Siete exteriores y ninguno diferencial, que suman 232 años, a una media de 33.2, y eso contando a Abalde que baja la ratio. El elefante en la habitación. Un quedarse a medias, cerrar en falso un verano que por momentos tuvo buena pinta.