Arranque de orgullo: sí, el Madrid también gana a rivales directos

Al Madrid le estaba empezando a pesar como una losa este curso el balance contra rivales directos, y la paliza en Grecia de la semana pasada, por previsible que fuese dadas las bajas de última hora, no era sino gasolina para el pesimismo, para las viudas de Laso & Facu. Por eso hacía tanta falta una victoria de adrenalina como esta, contra el Barca y en Goya, de trascendencia relativa en la clasificación pero valiosa para la moral así del equipo como de la parroquia. Que algunos amenazaban con bajarse ya del barco, en enero y colíderes. Hubo un momento en la primera parte, tras el pésimo arranque (6-18), que Rudy se dirigió a la grada, la lógica diría que para arengar pero me pareció casi más una bronca. Un gesto de frustración acumulada y orgullo herido, que los jugadores tienen también Twitter y leen. Aunque Rodolfo a mí en concreto no, que me tiene bloqueado, ejem.

Se ganó El Clásico por los pelos, y falta que hacía, un triunfo para seguir construyendo y sacudirse complejos. Lo cual no quita para reconocer que se jugó objetivamente mal, por momentos muy mal, siempre por debajo en el marcador. Las estadísticas no engañan: se cedió la batalla del rebote (-3) y se perdieron más balones que asistencias se repartieron (20 a 12), que viene a ser la receta ya habitual de las derrotas esta temporada.

Mascar tornillos

Ver al Madrid atacar contra rivales de entidad es una cita en el dentista, sensación de escaso trabajo táctico, de recursos desaprovechados y dependencia absoluta de Tavares, alimentado a base de melones colgados, porque llamarlo pases se me hace generoso. Una estrategia de patio de colegio, de balones al Tkachenko de clase. Y así te vuelves previsible, porque el rival te está esperando: Saras ha logrado automatizar que una maraña de brazos se cierna sobre Edy cada vez que recibe. Valoración 7 ayer y 8 en la ida, lejos de sus números habituales. Así que hubo que buscar alternativas, y ahí fue donde se puso la cosa divertida, cuando el equipo se desmelenó, rompió la partitura de Chus y jugó con más corazón que cabeza. El calor de la grada jugó un papel importante, no tengo claro que el mismo partido se hubiese ganado a domicilio.

En esas apareció Llull, el tema de debate por excelencia, de tintes casi guerracivilistas. Quizá deberíamos dejar de enterrarle y resucitarle cada semana, más que nada por nuestra propia salud mental. Con Hanga fuera de ritmo, Goss inactivo desde hacía 10 días y Chacho más discreto que en veladas previas, el balear aprovechó la ocasión. Volvió a ser el que más lanzó, igual que en El Pireo la semana pasada, que a mí me parece un anacronismo, lo digo también hoy. Pero esta vez la moneda salió cara y fue clave con 15 puntos en el último cuarto, ahí es nada. Se aprovechó de la marca muchos minutos del peor defensor exterior rival, Lapro, estuvo hábil sacando faltas y no se obcecó tanto con el triple, que todo ayuda. «No me voy a esconder, soy así, va con mi carácter y a quien no le guste que apague la tele», dijo tras el partido. Me alegro de veras de su actuación, como de la de cualquier jugador del equipo, y puedo entender su frustración por algunas críticas exageradas, pero tampoco viene a cuento ajustar cuentas y perdonar vidas con un 29% en tiros de campo en Euroliga.

Duelo en los banquillos

Chus Mateo volvió a ir rebufo en el planteamiento y tampoco atinó en la gestión de partido, calamitoso su bagaje en situaciones ATO (tras tiempo muerto): pérdidas en el saque de fondo, ataques de comernos la posesión y la confusión en la última jugada del tiempo reglamentario, pintada para Deck y que acabó en pasos de Llull… Pero en algo sí acertó, resultó clave y es de ley reconocérselo: en dejar fuera de la convocatoria a Cornelie, una decisión a priori sorprendente, para apostar por Deck muchos minutos al cuatro. El argentino sufre emparejado con Kalinic, al que no supera a poste, pero se comió a Mirotic cuando coincidieron en pista, mucho más rápido y agresivo. Tortuga se convirtió en el sostén del equipo, 23 puntos y 33 de valoración, manteniendo la esperanza, es decir, la distancia en un solo dígito. Un animal competitivo aunque no se de golpes en el pecho.

La variante con Deck de cuatro, a la que Chus parecía negarse hasta ayer, aferrado al recuerdo de la última final ACB, abrió de paso la puerta a más minutos de Hezonja. Y el croata resultó importante, desde un rol discreto en ataque (y eso que mete una canasta clave al poste en el último minuto) pero muy valioso en defensa. Quién ha visto a Mario y quién le ve, aquel talento caprichoso y endiosado es un hoy un profesional maduro, resignado a un papel ofensivo gregario y ganándose los minutos por su entrega y compromiso atrás.

Bravo por él y por su brat, Musa, que reventó la prórroga con 9 puntos y una asistencia, disipando dudas sobre su nivel contra rivales de altura. Que en todo caso manda huevos con 23 años que tiene. Tomó el mandó, agarró el balón e improvisó, se lo creyó y como es tan bueno empezaron a pasar cosas. Acabó con 18 tantos y cuando hizo falta hasta defendió, su principal lunar, demostrando que es más una cuestión de concentración e intensidad que de aptitudes. Insisto en la defensa porque tendemos a hacerla un poco de menos al apenas constar en la estadística pero marca la diferencia entre competir o no.

¿Que el Madrid no disipa dudas, o no todas, por la escasa fluidez durante los tres primeros cuartos y lo apurado de la victoria? Tal vez, pero ¿y qué equipo no tiene dudas? Ni que enfrente estuviesen los Bulls del 72-10. Si se juega fluido y bonito mejor, aún no estamos ahí, pero el equipo tiene corazón y compite, lo demostró ayer, de nuevo, y con eso y el talento disponible alcanza para pelear todos los títulos, que es de lo que se trata.

Cuestión de actitud: el Madrid desarbola de nuevo al Barca y acaricia el título

El Real Madrid tiene al Barca grogüi en la final ACB, cerquita del KO técnico. Cualquier duda que pudiese haber despertado la derrota en el segundo, apretado y polémico, quedó despejada este viernes, otro baño en las mismas coordenadas del partido uno, despliegue de físico y determinación, como si toda la plantilla se hubiese caído en una marmita de Red Bull. La afición respondió al toque de corneta y Goya vio el mayor lleno desde que empezase la pandemia, 11.800 espectadores, y eso que las entradas costaban un ojo de la cara. Nada tiene el poder de convocatoria de una buena final polémica con el Barca de por medio.

El Madrid, pese a las bajas y a lo heterodoxo de la rotación, está a día de hoy en una dinámica competitiva dos marchas por encima del FCB. Rotación corta, intensidad y concentración en los detalles. Dando un paso atrás, pareciera que el primer partido de esta serie se jugó en la F4, que algo hizo click en aquella semifinal y se le salió la cadena a los azulgrana. El RM perdió la final pero se llevó de Belgrado un chute de confianza que asentó la recuperación y que aún le dura.

Este era el año del FCB para ganar la Euroliga, se le había quedado a huevo, por méritos propios y circunstancias ajenas, la culminación de un proyecto ambicioso y de corto plazo, el que armó Bertomeu. Debían verse muy favoritos (lo eran) y la derrota les hizo saltar las costuras, y tampoco parece Jasikevicius el técnico con más mano izquierda para reconducir vestuarios. Mirotic está muy solo, sus teóricos mariscales, Brandon y Higgins, juegan como si el club les debiese dinero, si es que no se lo debe de verdad.

Y claro, si te cruzas con dudas a este Madrid cual tren de mercancías lo probable es que salgas arrollado, como está siendo el caso. La serie marcha 2-1 pero las sensaciones hablan de una distancia mayor, que los blancos llevan por delante en el marcador como 110 de los 120 minutos jugados. Tampoco hicieron falta milagros en el tercer partido, el acierto de hecho fue discreto, 6/25 triples y más pérdidas que asistencias (11 a 12), pero es que dispusieron de 18 posesiones más, fruto de cargar el rebote y lanzarse como energúmenos a cada balón dividido. Actitud y energía, imposible no sentir orgullo del carácter de este grupo.

Y si un jugador lo está representando por antonomasia es Gabi Deck, soldado universal de la rotación de Chus y diría que uno de los candidatos a MVP como la final termine el domingo. Es increíble la fé con que ataca el aro o cómo caza cualquier melón de pase que le lanzan desde el poste alto cuando gana la posición. Terminó con 14 puntos, 5 rebotes y 3 robos. Hanga, el otro hermano de los Cemento Brothers, son bonos suizos del Estado. Mirad lo que os digo, puede que por regularidad y rendimiento en ambos aros sea el mejor base que hemos visto este año de blanco en Goya. Y ya manda narices, porque no jugó ni un minuto en ese puesto hasta la serie contra Manresa ni el año pasado en el Barca, que Saras prefería a Bolmaro de base de circunstancias.

Yabusele es otro de pura energía y candidato a MVP (promedios de 12 puntos y 10 rebotes), definitivamente le ha perdido el miedo a Mirotic, que no el respeto. Causeur, por su parte, recuperó sensaciones tras el apagón en el segundo partido, que le secó Calathes. 13 puntos en el tercero, incluidas dos canastas valiosas en el único amago de remontada azulgrana creíble, cuando se acercó a cinco puntos en el tercer cuarto. La serie no está terminada y convendría cerrarla el domingo, aprovechar el viento a favor. Mi humilde sensación es que a velocidad crucero, como subía Induráin los puertos, es decir, si no sucede nada fuera de guión (más lesiones, escándalo arbitral, etc) o Jasikevicius logra una catarsis en 48 horas, la final no verá la semana que viene.

¿Y si no es simplemente un bache?

Es una pena, porque este Madrid despertó ilusión en el primer tercio de curso, tras una aciaga temporada pasada e invertir mucho dinero en la plantilla. No enamoraba por su fluidez pero parecía una roca, líder de todo, ganaba los partidos por aplastamiento, haciendo parecer malos a los rivales. ¿Qué ha pasado con ese equipo? El colapso de un mes a esta parte es preocupante, el Madrid no levanta cabeza y los motivos no resultan evidentes.

Al principio señalábamos a algún jugador, esta carencia de plantilla y aquella necesidad del enésimo fichaje, en función de las fobias y filias de cada tertuliano. Esos análisis explican un pinchazo puntual o una derrota contra el Barca en un final apretado, decidido por detalles, pero no el papelón contra Andorra, Zalgiris, Fenerbahce o Baskonia.

El problema del Madrid ya no parece individual sino colectivo, el equipo se ha desinflado y entrado en barrena, nombres al margen. Falta energía, se percibe en el lenguaje no verbal y se refleja en los números. De apabullar en el rebote cada noche, una de las fortalezas evidentes de la plantilla, directamente vinculada al físico, la intensidad y la concentración, se ha pasado a perder la batalla regularmente: -5 en Kaunas, -3 en Estambul, -4 contra Baskonia… Además, no conseguimos conectar con los interiores y se acaba abusando del triple, con porcentajes bajísimos porque se lanza sin ventaja, con escasa elaboración. Es una bola de nieve.

Ha tenido el equipo 10 días para reagrupar filas y preparar el partido contra Baskonia, escuché a Laso en la previa recalcar lo bien que habían entrenado… Pues no se ha notado, seguimos en encefalograma plano, como si las tres derrotas casi consecutivas contra el Barça hubiesen torpedeado la confianza del equipo.

¿Es acaso un bajón físico? No debería, al menos a simple vista. Laso dispone de la plantilla más larga de Europa y las únicas bajas de Alocén y Causeur. A diferencia del año pasado, se puede permitir rotar y dosificar minutos.

¿El típico bache de diciembre ha llegado este año en febrero? Ojalá, pero esos baches tenían un contexto, como plagas de lesiones o un tramo exigente de calendario. Ninguno de esos atenuantes aplica este curso. Además los baches no duraban tanto, que llevamos ya cinco semanas a la deriva.

Un jugador que refleja el estado del equipo es Yabusele, excelso durante meses, MVP de la Euroliga en enero, y reducido ahora en la intrascendencia. Errático tanto en el tiro como en la toma de decisiones. ¿Relajación tras renovar y asegurarse pastizal hasta 2025? ¿Incómodo por la competencia en el puesto, con el regreso de Randolph y Trey? ¿Apocopado tras sus gatillazos en cadena en los duelos contra Mirotic?

Solemos fijar el análisis en los bases porque es el flanco más evidente para el espectador, el puesto que más tiempo acapara el balón. Y acabamos dando vueltas sobre lo mismo: que si la decepción de Williams-Goss, que si las mandarinas de Llull, que si mi abuela defiende más que Heurtel. Ya, pero si todo el problema fuesen los bases no se habría salido la cadena de forma tan estrepitosa. Hay más, mucho más: Hanga y Poirier no son ni la sombra de comienzo de curso, Deck todavía no carbura y los ala-pívots suplentes (Randolph-Trey) están resultando una pesada hipoteca al regreso de sus lesiones. Casi nos iba mejor con Rudy de cuatro…

La moral está baja, el bache empieza a durar demasiado y surgen dudas razonables. ¿Y si no es solo un bache? Durante la era Laso habíamos dado por supuesto el «gen competitivo» y el ambiente de vestuario, pero este curso se intuyen detalles que chirrían. A saber: el ostracismo y extraña salida de Vukcevic, la gestión de NWG, cuyas mejores actuaciones coincidieron con Chus Mateo en el banquillo, o el veto a Randolph, que hoy jugó unos minutos por pura necesidad, al tener que descartar a Trey.

No diría tanto como que el proyecto está agotado, que a alguno se lo he leído, desgaste tal vez. Laso goza todavía de mucho crédito institucional, lo que no quita para que la temporada se le está haciendo muy larga y, según la carretera se ha empinado, se le marquen las manías, que también las tiene. Abusa de las soluciones del pasado, tanto en la distribución de minutos como en las opciones tácticas. Claramente se desenvolvió mejor el curso pasado en la carestía, lastrada la plantilla por lesiones y fugas, que este en el overbooking. «El paciente sigue ingresado, pendiente de evolución».

Solo con la defensa no alcanza

Podemos bajar al detalle, ahora lo haremos, pero no deja de ser una nueva derrota contra el Barca, y nos estamos acostumbrando, como si de un hábito se tratase. Cuarta consecutiva, nada menos, y esta vez con título en juego. Se compitió al menos, que ya es un avance tras la reciente humillación en Goya. Con eso nos conformamos ya…

Laso hizo los ajustes defensivos que reclamábamos para que hubiese partido, lo llevó a su territorio, el de baja anotación, donde este Madrid de barro y músculo tiene más chances frente al Barca. Tanto así que los blancos mandaron en el marcador 35 minutos y se llegó empate al último minuto: lo hubiésemos firmado con los ojos cerrados hace una semana, que andaba el equipo hecho unos zorros, pero dado el desarrollo del torneo y del partido la derrota pica, un remar para morir en la orilla.

En el cara o cruz la Copa se escapó en dos fallos de Tortuga Deck, una falta innecesaria a Mirotic en defensa primero y una bandeja fallada en ataque después. Cuando te juegas una final en los últimos cinco minutos, como hoy, no importa la profundidad de plantilla, el punto fuerte de este Madrid, sino la categoría de los primeros espadas. Porque tres buenos reservas no te hacen un buen titular.

Duelo de banquillos

Igual que destacamos el repaso de Saras a Laso en los últimos Clásicos, es de ley reconocer que pese a la derrota la batalla esta vez fue del vitoriano, dejando en 64 puntos a un equipo que promedió 105 entre semis y cuartos. Sí, se puede ganar el duelo de banquillos perdiendo el partido, seamos adultos: la defensa es el segmento de juego en el que más capacidad de influir tiene el técnico. Y hablando de retaguardia, ojo a Jeff Taylor, que que todas las porras asumen su salida en verano pero lleva un 2022 estupendo y hoy fue el mejor del equipo, descomunal su trabajo atrás secando a Lapro.

El problema para el Madrid en la final fue que el baloncesto se sigue jugando a dos aros, hace falta anotar y la plantilla, con todo lo larga que es, va justa de recursos ofensivos, sobre todo en el backcourt. ¿Qué os voy a contar a estas alturas que no sepáis? La baja de Causeur no ayudó, claro que al Barca le faltaba Higgins. Puedes defender como perros, pero con 59 puntos anotados y 7 asistencias por 17 pérdidas resulta difícil batir a un equipo de élite. Los 14/26 triples del sábado a Tenerife se demostraron un espejismo, en la final 4/23.

Dos peros le pongo a Laso, eso sí. Me sobró algún minuto de Yausele, que sigue negadito contra el Barca: una canasta en 26 minutos y cero mordiente. Su temporada es muy buena, burguesía continental, pero no le consideraré una estrella hasta que no brille también contra el mejor rival.

Y me sobraron los minutos de Llull de base en el último cuarto, que penalizaron mucho al equipo, a los números me remito: -5 de valoración, 0/5 triples y -10 el equipo en sus minutos. Tengo la sensación de haber escrito esto mismo ya demasiadas veces. No llego a entender que en 2022 sigamos insistiendo con el balear al volante en tramos clave de partidos decisivos. Sin ir más lejos, la fórmula de Abalde como base había dado buenos frutos en el primer cuarto, pero es llegar los minutos de la verdad y Laso aferrarse a los clásicos. Y luego está la ausencia de Nigel Williams-Goss por el overbooking de extracomunitarios, un hándicap en competición nacional. Escribiré más detenidamente sobre el tema esta semana, porque tiene miga, pero creo que su descarte habla aún peor de Randolph, al que Laso ha puesto una cruz que obliga a convocar a Trey, que del propio NWG.

El Madrid se bloquea en el Clásico

21 de los últimos 22 partidos había ganado el Madrid, una burrada que le había puesto líder en solitario de ambas competiciones. Eso, unido al regreso de los lesionados y el fichaje de Tortuga, había desatado cierta euforia en la parroquia. En parte justificada, en parte precipitada. Nos estábamos chupando las pollas antes de tiempo (Mr. Wolf dixit) y tuvo que venir el Barca para bajar los humos en Goya, que tampoco está mal como toque de atención en puertas de la Copa.

Esa única derrota en los últimos 22 partidos fue también contra el Barca, la visita al Palau en Euroliga. Y clara: -13. Y la final de Supercopa se ganó milagro mediante, remontando 19 en un partido que habían dominado claramente los azulgrana… El Madrid bien va camino de ganar ambas fases regulares, ACB y Euroliga, haciendo valer la disparatada profundidad de su plantilla, pero levantar títulos pasa impepinablemente por ganar a los de Saras. Y en los duelos directos, a día de hoy, el Barca sigue pareciendo medio cuerpo por delante. Nada que ver con lo del curso pasado, claro, que la desventaja era obscena, pero en los esfuerzos cortos se diluye el valor de la profundidad de plantilla blanca.

Jugador a jugador

Esas son sensaciones generales, luego está el detalle del partido. Este Madrid se construyó desde la defensa y lo tiene complicado si recibe 85 puntos en casa, como hoy, mención especial a los triples liberados que se concedieron. Normal que acabase el Barca con 10/18. Jasikevicius, además, trajo los deberes hechos y supo mostrar las costuras del rival, bloqueando las vías de creación más evidentes: no dejó recibir a Yabusele de espaldas al poste y negó a Nigel Williams-Goss el centro de la zona.

Heurtel ya se borró él solito: jugó su partido al margen del equipo y restó más que sumó, como ya sucediese por momentos en diciembre en el Palau. Vaya por delante que su temporada me parece correcta, diría que hasta buena, el agente del caos que esperábamos, pero me preocupan sus claros gatillazos en los dos duelos directos ante el rival contra el que nos jugaremos los títulos. Quizá le puede el ansia de revancha, quizá se pierde en la tela de araña azulgrana. El caso es que 1/8 tiros, -1 de valoración y -11 el equipo en sus minutos en pista hoy. Un lastre. Y no dispone la plantilla blanca de tantos recursos ofensivos fiables en el backcourt como para enjuagar gatillazos del base galo en partidos de máxima exigencia.

Fue el que peor estuvo, pero tampoco es que brillase nadie. Prueba de la espesura general fue que el Madrid perdió tantos balones como asistencias dio (13). Llull sufre atrás y suma en ataque a costa de acaparar muchísimo juego: se cascó 10 tiros de campo en 10 minutos. Nigel Williams-Goss, sin llegar a lo de Heurtel, estuvo francamente discreto, mientras que a Abalde, notable por momentos, le faltó oficio en la recta final. Y eso es lo que hay en el backcourt, más Alocén, descarte lógico hoy, y Causeur, baja por secuelas covid, que lo mismo se hubiese quedado fuera de la convocatoria igualmente, porque no entran todos. Las cosas de la profundidad de plantilla.

¿Y la pintura? Bueno, pues asá: Yabusele por ahora se hace pequeño frente al Barca, no transmite la misma sensación de dominio que con contra casi todo el resto de rivales. 7 puntos en 30 minutos, se la dejamos como asignatura pendiente. Y su reserva, Randolph, que apuntaba cuarto creciente en los últimos partidos, tuvo un pobre y fugaz paso por pista (5 minutos). Total, que Laso se acabó jugando la recta final con Deck, con sus cinco kilos de más y solo dos entrenamientos. Tavares y Poirier sí estuvieron en sus números, sufriendo si acaso más de lo previsto ante Sanli, pero al final es que un solo puesto, y más uno tan alejado de la creación de juego, es difícil que te gane por sí solo un encuentro de este nivel.

No se trata de hacer drama de una derrota en la jornada 16 de la ACB, que ya os veo a algunos clamar contra los árbitros y pedir otros cinco fichajes, los clásicos, pero sí quizá verlo como un toque de atención, que nos estábamos viniendo un poco arriba. Por muy líderes que vayamos, aún hay margen de mejora para optar a títulos con garantías. Que venimos del año que venimos y Roma no se construyó en un día.

Sin defensa no hay paraíso

El Madrid viajó a Barcelona pero se olvidó la defensa en Atocha, su seña de identidad este curso. Y sin ella no alcanza para rascar en el Palau. 51 tantos encajados al descanso y 93 finales, que son 22 más de los que recibe de media en la competición. Ya me diréis.

Cualquier otro análisis me parece secundario, incluido el arbitraje, que leo a demasiado madridista agarrarse al tópico autocomplaciente de los «atracos del Palau». Si esperabais una crónica amable, centrando la derrota en el arbitraje ya os advierto que estáis en la tribuna equivocada. El arbitraje de hoy fue tan casero como cabía esperar, el de casi todos los partidos de Euroliga este año, independientemente del equipo y el pabellón, a lo que influye el regreso de público a las canchas. ¿O no recordáis ya Múnich o Kazán? Que sí, ante la duda, sobre todo si está Mirotic de por medio, han pitado azulgrana. Pero ya sabes a lo que te expones cuando juegas a domicilio. Y los números tampoco hablan de una diferencia escandalosa: 26 faltas cometidas el Madrid por 25 el Barca.

Mirotic (31pts y 10 rebs), manque pese, ha enseñado matrícula a Yabusele en el duelo estrella del partido, y le ha bajado el hype. El francés ya es burguesía Euroliga, su temporada es estupenda, pero no es una estrella continental, no domina, al menos todavía. Tres airballs se ha cascado hoy, por cierto. Tiene 25 años y margen de mejora, puede llegar a convertirse en un crack, pero aún no está entre los 12 mejores de la Euroliga. No condiciona el juego, no le das el balón y resuelve ni se echa el equipo a la espalda. No lo digo por hacerle de menos sino para dimensionar su nivel de cara a la cuantía de la oferta de renovación que habrá que ir pensando en ponerle sobre la mesa. Me vais a disculpar, pero es que soy muy de Joaquín Prat y de pagar el Precio Justo, que el presupuesto es finito.

Poirier tampoco tuvo el día, más bien estuvo nefasto atrás, superadísimo por Brandon Davies en el duelo de centers reservas: ¡¡-18 el equipo en sus 16 minutos en pista!! Fue el máximo exponente del apagón defensivo blanco. Tavares sí cumplió (+5 en sus minutos), pero no marcó diferencias, condicionado por las faltas, algunas rigurosas y otras innecesarias, como de costumbre. Este es un Madrid construido para que el juego interior domine y hoy no lo ha hecho.

Si el equipo no le perdió la cara al partido fue porque atacó mejor que de costumbre, gracias a una actuación aseada en los puestos en que suele cojear, los del backcourt. Entre Llull, Nigel, Causeur y Heurtel sumaron 42 de los 80 puntos y solo 5 pérdidas, poco que reprochar por ahí, más allá de la ida de pinza de Thomas en el último par de minutos, que costó varios puntos de average de los que nos podemos acordar al final de la fase regular si aspiramos al primer puesto (que tampoco me parece clave en Euroliga).

No haría mayor drama de la derrota ni sacaría conclusiones demasiado categóricas, no deja de ser un pinchazo a domicilio en la jornada 14 de la fase regular, totalmente en guión, y sigue habiendo un colchón de dos victorias sobre el tercer clasificado. Diría más, caer en el Palau con partidazo de Mirotic es un clásico de diciembre, una parada obligatoria prenavideña. Me quedo con que, defendiendo como el culo, se ha dado la cara, lejos de la sensación de inferioridad que reinó el año pasado. El Barca ha necesitado porcentajes de acierto muy altos, el factor cancha del arbitraje, 10 tiros libres fallados por el Madrid y un pésimo encuentro de los interiores blancos para llevarse el duelo, ingredientes que no se repetirán a menudo.