Llega el Madrid con la gasolina justa al final de temporada, todo lo contrario que la pasada, que fue siempre a remolque pero recuperó cadáveres a tiempo para salvar el curso con doblete. Pese al festín del primer partido ante Andorra, la clara derrota en el segundo (tremendo repaso en el 3º cuarto) aviva algunas de las dudas que despertó la F4, la más llamativa el boquete en la defensa interior.
La ventresca de Udoh en Estambul no fue ninguna casualidad, sino el recordatorio en plaza grande de un problema recurrente de la era Laso: hacer all-star al pívot rival. Tiene en parte que ver con el propio sistema, en que el cinco está obligado a acudir a tumba abierta a todas las ayudas, descuidando a veces a su par. Tiene también que ver con desventaja física, Shermadini saca 10 y 13 centímetros a Ayón y Othello, respectivamente. Sobra probablemente algún alapívot en la plantilla (hay cinco en nómina) y falta un tercer pívot nato de mayor altura, que aunque no viese aro, que sería mucho pedir en Europa, sí aguantase los embistes al poste de la torre rival.
Y por último echo de menos una mayor intensidad y agresividad. Extraño principalmente la ‘actitud Machete’ de Ayón del año pasado (previa al pelotazo), cuando jugaba como un energúmeno en ambos aros, con tremenda fé y confianza. Ayón no va sobrado ni de físico ni de recursos como para ser una estrella continental (como tal cobra) si se reserva lo más mínimo. Mejoró la cara en el segundo partido, siendo quizá el mejor del Madrid (+8 en sus minutos en pista), pero estuvo limitado por problemas de personales.
Shermadini… y no solo
Nadie pone en duda la categoría de Shermadini, pero siendo el Madrid la séptima mejor defensa de la competición resulta ser el rival de toda la ACB contra el que más valora, casi 30 de media, y van ya cinco duelos directos. En los dos últimos, estos de playoff, el georgiano se ha ido a 40 puntos y 17 rebotes, y la sangría no termina ahí, sino que su reserva, Stevic, lleva 29 puntos y 15 rebotes (11/16 de campo). Puede que Gus y Othello sean los protagonistas del boquete interior, pero no eximiría de responsabilidad al puesto de ala-pívot, pues Stevic hace de vez en cuando de cuatro, por la lesión de Burja, y el resto de minutos son de Antetokumpo, que en esta serie parece más Giannis que Thanasis.
No está Thompkins esta vez para echarle las culpas en defensa, así que señalo a Felipe, Chapu y Randolph. Sobre todo a este último, decepcionante en Estambul y lo mismo en Andorra, en el segundo partido, irreconocible tras haber brillado en casi todas las fechas clave del calendario hasta entonces.
No me detengo demasiado en Draper, con los días contados, muy fuera de ritmo y sin ninguna confianza: 0/9 tiros y valoración -5 en lo que va de serie. Y como Doncic tampoco está precisamente de dulce en este final de temporada (qué larga se le está haciendo), se queda Llull más solo que Gary Cooper. Tremenda su exhibición en el primer partido, esas 15 asistencias, pero en el segundo enseñó esa versión salvapatrias que a veces le afea, 4/17 de campo. Se quedó todo el Madrid en solo 8 asistencias, las mismas que Albicy él solo…
La eliminatoria seguramente no corra peligro, pues Andorra es una banda fuera de casa, con 8 derrotas seguidas a domicilio por una media de 21 puntos. Pero estaréis conmigo en que el camino al título ACB, del que median aún siete victorias, se ve hoy algo más empinado.
No estamos acostumbrados a ver a Laso cebarse en la bronca a un jugador en la banda como ayer con Luka, pero si en algo ha destacado coach L en estos años en la Casa Blanca es en la gestión del vestuario, así que tiene nuestra confianza plena, pese a que sinceramente desde fuera se viese algo fea. Hoy en el entrenamiento no habrá cámaras ni prensa de titulares virales cuando se lleve 5 minutos al chaval a una esquina para recoger sedal. Como Doncic es un prodigio de madurez para su edad, no ha habido ni que esperar a un tuit el lunes tras la práctica, él mismo se encargó de pinchar el globo de una posible polémica en la zona mixta después del partido: “Laso es el jefe, tiene la razón y me merecía esa bronca”. Los Hezonjas de la vida, en una situación similar, se atusan el flequillo y terminan la temporada de morros, evadidos del presente recordándose a sí mismos que pronto estarán en a la NBA y serán millonarios. “¿Pero el entrenadorcillo este qué se ha creído?”.
Campeón de Copa del Rey, primer puesto de la fase regular Euroliga y ahora clasificación para la F4. Tras el trastabillado curso pasado, a remolque con lesiones, el Madrid sí está cubriendo en este con nota las metas volantes de la temporada. Cerró ayer su billete para la F4 tras ganar los dos partidos en Estambul a Darussafaka, con cierta suficiencia en ambos, confirmando lo que había enseñado en la liga regular, que es el mejor visitante de la Euroliga (balance 11-6, por 9-7 de CSKA). Una virtud que da ciertas esperanzas de cara a esa envenenada semifinal ante Fenerbahce, el más difícil todavía de la era Laso.
Además de Thompkins, al que destaco por novedad, el Madrid en general ralló a gran nivel, 21 de las 29 canastas llegaron tras asistencia, por solo 7 del rival, que si evitó un marcador más abultado fue por lo casero del arbitraje en la segunda mitad, con bastantes faltas discutibles, que ahora ya son solo anécdota. Los cuatro pilares del equipo cumplieron con notable. Llull sigue forzando algún tiro de más, pero es un factor diferencial, Luka enterró definitivamente sus lágrimas (44 de valoración en los dos partidos de Estambul) y Ayón nos ha recordado en la serie que es uno de los mejores interiores de la competición, con ese heterogéneo repertorio que gasta. Randolph jugó un señor primer cuarto y volvió a entenderse bien con Thompkins en los minutos que coincidieron en pista.
Sea por simple relajación, por economía de esfuerzo o por los quintetos cemento de Laso, el Madrid lleva todo el curso regalando primeras partes como local en Euroliga. Llegó por debajo al descanso en el primer partido de cuartos de final (-1) y en el segundo repitió la operación (-6), y de tanto ir el cántaro a la fuente al final se rompió, Darussafaka roba la ventaja campo. Lo hace de justicia, tras pasar ciertamente más minutos que el Madrid por delante en el marcador en estos dos primeros partidos. Clave fue el arranque de la segunda mitad, con esa tremenda ráfaga de triples de Llull (15 puntos y 2 asistencias en el tercer cuarto), que por experiencia sabemos que deja en la lona a la mayoría de rivales… pero no a este Dogus, que respondió a la pelota de break.
¿Recordáis la temporada 2013-14, ese balance 32-2 del Madrid en la fase regular ACB, con una media de 16 puntos anotados por partido más que el rival? Se nota que este curso, con el desgaste de un calendario Euroliga aún más exigente y marcado a fuego el lema de que en diciembre no se ganan títulos, va el Madrid (y todos los que compiten Euroliga) con el ralentí en la liga nacional. Con seis jornadas aún por jugar suma ya siete derrotas, además de muchas victorias raquíticas. Tanta economía de esfuerzo, que llega al tramo final de la fase regular con los deberes por hacer, si no quiere un cuadro de playoffs envenenado, lo que convierte en trascendentes encuentros como el de ayer. La victoria fue por tanto clave, ante Baskonia, rival directísimo, que deja al Madrid segundo, a solo medio partido de Valencia.
Si el bajón de resultados tras la Copa pudo levantar dudas sobre la candidatura del Madrid a la Euroliga, todas quedaron borradas de un plumazo con el sonado triunfo en El Pireo, donde no ganaba desde hacía 12 temporadas. Una victoria que garantiza como mínimo el segundo puesto, primero seguro si se ganan los dos últimos partidos, ambos en el Palacio. En la edición de la Euroliga más igualada que recuerdo (al final ha resultado un éxito el cambio de formato), el Madrid cierra periplo a domicilio con balance 9-6, siendo dos de esas derrotas por un solo punto. De nota.
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