Doncic, la resiliencia de los elegidos

luka-doncic-real-madrid-eb16.jpgRecuperando cadáveres retoma el Madrid la ventaja en los cuartos de Euroliga, 2-1. Doncic, Carroll y en menor medida Randolph retomaron el pulso a la serie tras desaparecer en combate en los dos duelos en Goya. Firmó el Madrid un gran encuentro a domicilio, con ventajas de doble dígito casi toda la velada, y aún así llegó a sufrir en la recta final, y es que Darussafaka se está demostrando un grupo con gran resiliencia. Aunque para resiliencia la del muchacho Doncic, que de talento sabemos que va sobrado, pero se enfrenta en esta serie quizá al mayor reto hasta la fecha en su corta carrera, como ya explicamos, forzado a un rol protagonista por la desaparición de Rudy. Aunque previsible para los que le seguimos hace tiempo, no deja de ser digna de elogio la entereza del muchacho, cómo se ha recompuesto en 4 días, como los elegidos, tras esas lágrimas de frustración del segundo partido. Terminó el tercero con valoración 23, gracias a una selección de tiro exquisita, a su sabida facilidad reboteadora y a su seguridad en la dirección, 0 pérdidas en 27 minutos. Lideró el arreón blanco en el primer cuarto, clave a la postre, pues el Madrid ya nunca cedió la iniciativa del duelo.

Clave resultó también Carroll, otro de los desaparecidos en Goya, al que puedes maniatar dos partidos pero no un tercero, sobre todo cuando los catalizadores en estático están inspirados y se generan posiciones de tiro más allá del previsible carretón. Jaycee metió los cinco primeros triples que lanzó, llevando la ventaja a picos de 19. Y cuando el Darussafaka amenazó remontada entonces apareció Ayón, el mejor del equipo, no solo en el partido sino en la serie, haciendo de su movilidad en estático un martillo (21/27 de campo). De muchísimos quilates el emparejamiento con Zizic, ambos soberbios, cada uno con sus armas. El mexicano renovó en verano tras una negociación fea y su temporada tampoco es de campanillas como la pasada (cierto que está mejor secundado, con Othello y Randolph), pero al final en todos los partidos clave está dado la cara y aumentado prestaciones. Bonos suizos del Estado.

Randolph jugó su mejor encuentro de la serie, lo que tampoco es mucho decir. Igual que Doncic, fue clave en la escapada inicial, pero después se fue apagando, desfondado por la minutada (35) a la que le abocó la baja de Thompkins por lumbalgia. Y por último quien brilló fue Laso, entendió que había que introducir alguna variable en la ecuación, agitar el cocotero, porque con las mismas coordinadas de los dos primeros partidos, con sus rotaciones estándar, le estaba comiendo la tostada Blatt y la serie corría peligro. Apostó por Luka de inicio, pese a la empanada del muchacho la semana pasada, una muestra de confianza al chaval con magnífico resultado. Suponemos que Maciuslis arrastraba problemas físicos, el caso es que no pasó por pista, sí lo hicieron Draper y Taylor, cumpliendo con su rol defensivo. Y en defensa fue precisamente el cambio clave que introdujo Laso, ordenando flotar con descaro a uno de los referentes anotadores de los turcos, Will Clyburn, dolor de cabeza en Goya (15 y 13 puntos). Se decidió invitarle a tirar de fuera, dándole un metro, enseñando muleta. Coló el primero, en el minuto 1, pero después falló 8 de los siguientes 9, mostrando toditas sus costuras, ese lanzamiento exterior indigno de un 3-4 top del siglo XXI. Acabó desquiciado, con valoración 0 en 20 minutos, y no tiene tantos recursos Darussafaka como para pasar sin una de sus estrellas.

Apagón en Goya

luka-doncic-real-madrid-eb16Sea por simple relajación, por economía de esfuerzo o por los quintetos cemento de Laso, el Madrid lleva todo el curso regalando primeras partes como local en Euroliga. Llegó por debajo al descanso en el primer partido de cuartos de final (-1) y en el segundo repitió la operación (-6), y de tanto ir el cántaro a la fuente al final se rompió, Darussafaka roba la ventaja campo. Lo hace de justicia, tras pasar ciertamente más minutos que el Madrid por delante en el marcador en estos dos primeros partidos. Clave fue el arranque de la segunda mitad, con esa tremenda ráfaga de triples de Llull (15 puntos y 2 asistencias en el tercer cuarto), que por experiencia sabemos que deja en la lona a la mayoría de rivales… pero no a este Dogus, que respondió a la pelota de break.

Es ahí donde se demuestra la categoría de un equipo, la que muchos le negaron a los turcos en la previa y ahora ya conocen. Darussafaka contestó a casi cada canasta de Llull con otra en el aro blanco, evitando una sangría en el marcador y forzando un final apretado. Y en ese se le apagaron las luces al Madrid, que firmó un calamitoso 0 de 12 triples en el último cuarto, sencillamente imposible. Más aún si tampoco cumples desde la personal, 11 de 20, y es entonces cuando maldices haberte dejado llevar en el primer tiempo.

Hay días que señalamos a Laso o hablamos de repaso de Blatt, pero no es el caso, es claramente una derrota de los jugadores, de puro desacierto. El equipo nota sobremanera el bajón de juego de Doncic en las últimas semanas, especialmente dado que Rudy ni está ni ya se le espera. Quizá sea el ‘rookie wall’, ese valle en la temporada de todo debutante, quizá sea que los scouters rivales ya le conocen mejor y las defensas le están esperando, pero a Luka se le está haciendo larga la temporada e, igual que dijimos de Zizic el miércoles, se le están notando los 18 añitos en esta eliminatoria. Rompió a llorar en el banquillo una de las veces que le sustituyeron, en la segunda parte, él es el primero consciente de que no está al nivel. Es la autocrítica de los que llegan lejos. Entre él y Rudy no subieron un solo punto en el segundo partido, 0/8 de campo. Me refiero primero a Doncic porque es de quien se puede esperar una resurrección, hablar de Fernández a estas alturas es casi fustigarse, una esquela en la sección de necrológicas: “Aquí yace una antigua estrella del basket FIBA, no hace tanto este tío se sacaba la chorra por Europa, de hecho aún cobra como tal”.

Y sin el concurso de ninguno de los dos a un nivel homologable, el peso creativo en estático queda en manos de Llull, iluminado por momentos, pero que acabó cortocircuitado, extenuado física y mentalmente (33 minutos, 19 tiros de campo). Un guión conocido y peligroso. Se salvó de la quema Ayón, con otra actuación titánica (val 30), y los americanos, que al menos cumplieron (Thompkins, Othello y Taylor), pero el resto fue un erial. Felipe, ya con la renovación bajo el brazo, recordó por que no está para Euroliga, el equipo no anotó un solo punto en los cinco minutos que pasó por pista. ¿Y convocar a Chapu en su lugar? Draper, por su parte, se quedó en cuatro y no pudo repetir las buenas sensaciones del primer encuentro.

Desaparecido en combate tenemos a Carroll, que llegaba como una moto a la eliminatoria, con 21 de media en los tres partidos previos. Sus armas, tan efectivas como previsibles, se han diluido en la maraña Blatt. Si a todos estos ingredientes le sumamos una de las primeras actuaciones flojas de Randolph en partido importante, reñido con el aro y lastrado por personales, entonces las cuentas no salen. La derrota es un jarro de agua fría y una cura de humildad, pero no el fin del mundo, el Madrid es bien capaz de robar un partido de Estambul y cerrar la serie en el Palacio, pero hará falta recoger algún cadáver.

Oficio de campeón

sergio-llull-celebrates-real-madrid-eb16.jpgPor inercia de campeón, oficio y fondo de armario, jugando más bien reguleras, se lleva el Madrid el primer asalto de los cuartos de final de Euroliga. Y se lo lleva pese a regalar de nuevo el inicio de partido, con una intensidad indigna de la cita (16-28, min 11), y pese a que Darussafaka demostró ser más equipo de lo que suponían algunos iletrados, de los que se guían por historial y apellido (‘solo’ tres cuartos de entrada en Goya). Los turcos tienen un gran mariscal en banda y son un digno top-8 de esta edición Euroliga. Wanamaker y Clyburn se reivindicaron como burguesía continental (36 puntos combinados), un caramelo este verano como Dogus migre su inversión, el club no se clasifique para Euroliga y tenga que desmontar la plantilla, un guión más probable de lo que creemos.

Nadie sobresalió especialmente en el Madrid, fue un triunfo colectivo (21 asistencias por 10 del rival), que no pasará a la historia pero allana sobremanera la eliminatoria, el camino a Estambul, y es que Darussafaka ya enseñó toditas sus armas. Llull tiró del carro con su ración de canastas forzadas, que esta vez sí entraron en un porcentaje razonable (6/14), tras cuatro encuentros verdaderamente desafortunado (13/51 = 23%). En realidad fue el peor del primer cuarto y enseñó algún detalle de chupón en el último, pero sus mandarinas encendieron a la grada y sus asistencias a Ayón desangraron a los turcos en el tercero. El mexicano diseccionó a Zizic con su movilidad, subió 7 canastas, todas en situaciones de 2×2, que al final es su negocio. No es el más talentoso ni el de más recursos, pero tiene la mili hecha y logró que se le notasen al chaval los 20 añitos. Slaughter, que se llevó la ovación del Palacio, forzó por necesidad tras 21 jornadas de baja, 11 minutos voluntariosos aunque intrascendentes.

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No era partido de máximos sino de remangarse, y nadie lo entendió mejor que Draper, nº12 de la plantilla, ovacionado por el Palacio tras valiosos minutos, forzados por el apagón Carroll. Fue Draper, que acumula varias semanas mejorando sensaciones/prestaciones, el único que logró contener a Wanamaker, además mostró más decisión que otras ocasiones en ataque cuando el balón pasó por sus manos.

Randolph anduvo regañado con el aro (2/8) pero no escatimó entrega, y con las condiciones que atesora es suficiente para acabar sumando en muchos rubros: 7 rebotes, 3 asistencias, 3 tapones, 5 faltas recibidas… Sobre todo si se va a 28 minutos, el que más jugó del equipo, principalmente porque Laso le hizo coincidir en pista con Thompkins durante 6 minutos, en una variante táctica que habíamos visto poco pero dio buen resultado. Percibo un sutil cambio de actitud de Randolph desde el anuncio oficioso de renovación. Son detalles, algunos intrascendentes, como esas orejas de conejo en la fiesta de Pascua con los compañeros, esos golpes en el pecho hoy celebrando una defensa, su interés en los tiempos muertos también cuando no está en pista… la implicación de quien ha tomado la decisión de establecerse en Madrid. Su esposa mexicana está encantada en la capital española, su hija adaptada al colegio y él está a gusto en la pista y en el vestuario, comprometido con la causa, ni rastro de aquellas caras de mohíno del primer tercio de curso cuando no le pasaban el balón en ataque.

Hablemos de Darussafaka

blatt-wanamakerNo hay adversario fácil a alturas de cuartos de final, pero el primer puesto en la regular ha concedido al Madrid la gracia del rival efectivamente menos temible, Darussafaka. Han ganado los blancos 14 de los últimos 16 partidos en la fase regular y necesitarían perder 3 en una semana para caer eliminados. Se antoja complicado, por mucho que apriete el pequeño Volkswagen arena (5.240 asientos) y en el banquillo esté David Blatt, con varios repasos a Laso en el expediente, incluido el de la primera vuelta este año, eso sí, con la baja de Llull.

Su fichaje por Darussafaka levantó grandes expectativas el verano pasado, no era para menos, salió de Europa dejando campeón a Maccabi, a costa por cierto del Madrid, y desde entonces los israelíes navegan entre la mediocridad y el ridículo. Algo parecido a lo del Barca con Pascual, vaya. Los Cavaliers prescindieron de Blatt por capricho de Lebron, pese a un 74% de victorias, en el despido menos justificado  que recuerdo en la NBA. Ahora, en su primera temporada en Turquía y con una plantilla cosida a base de retales, por muy caros que hayan resultado algunos, ha logrado armar un equipo competitivo y con personalidad. Clasificarse para cuartos de final ha sido un hito, que pone al club en el mapa, pero anda muy justo de plantilla para aspirar al título.

El desembarco de Blatt en Dogus resultó al final más ruido que nueces a efectos de mercado, principalmente por la propia escasez de agentes libres de calidad contrastada. Reclutó lo que había disponible, en algunos casos a bastante sobreprecio, mucho jugador de talento probado pero escaso recorrido en la elite, es decir, cabezas de ratón. Por ejemplo, el alero James Anderson, que cuajó una magnífica temporada 2014-15 en Zalguiris y se la pegó después en Sacramento en su intento de reengancharse a la NBA. Un gran talento ofensivo pero irregular e inconsistente, como su temporada. Llegaron también Adrien Moerman y Dairis Bertans, dos electricistas con sensibles carencias defensivas. Dos con perfil más alto y que sí han cuajado son Will Clyburn, alapívot de 27 años y 2.01m, máximo anotador de la liga israelí en la 2015-16 jugando para el Hapoel Holon, y Bradley Wanamaker, tras temporadón en Bamberg, los mejores hombros de la Euroliga, erigido por derecho propio en go-to-guy de este Darussafaka.

Del curso anterior siguen Scottie Wilbekin, un clásico combo zumbón de corriente alterna, y ‘nuestro’ Marcus Slaughter, que se ha pasado de baja por lesión casi toda la campaña. Al final, la pintura es el gran agujero de los turcos, con varios nacionales de relleno, una mediocridad como Harangody y en cuadro con esa baja de ‘masacre’ unida a la de Erden. Para paliar la cojera el club tiró de talonario por navidad, 1 millón de euros de transfer por Ante Zizic ‘el breve’, el mejor pívot joven de Europa pero que solo jugará unos meses en el club, pues hace tiempo anunció que jugará en los Celtics a partir de julio.

La historia reciente del baloncesto europeo está salpicada de nuevos ricos que cierto verano rompen el mercado, empujados por un patrocinador inexperto e impaciente. Su asiento en la élite depende de una inversión sostenida en el tiempo, algo en duda en el caso de Darussafaka, club históricamente modesto de la orilla europea de Estambul, cuyo principal patrocinador, el conglomerado Dogus, está negociando para mudar sus 10 millones anuales al vecino y más asentado Fenerbahce.

Que siga la fiesta

llullEra partido trampa, aún de resaca copera y ante un Dogus serio en plena puja por el octavo puesto. Pero no dio opción Llull, que sigue de dulce, apilando episodios para engalanar su leyenda. Abrió en canal a los turcos con 19 puntos en el primer cuarto, ¡19!, camino de 26 y 8 asistencias, con un triple final marca de la casa desde el medio del campo. Randolph alarga su buena línea (6 partidos seguidos no pueden ser casualidad), y además encontró esta vez escudero en Thompkins, que sacó la manopla y subió 14 puntos en un santiamén.

La velada sirvió también de reivindicación para algunos de los más desafortunados en la Copa. Jonas se reencontró con el aro (9pts), aunque brillaron sobre todo Othello y Rudy, a los que tanto se echó de menos en Vitoria. Fernández enchufó un par de triples. Luego se lanzó dos piedras, pero pelillos a la mar, que estuvo atento a los rebotes largos (6) y generoso en el extra pass. Repartió 4 de las 28 asistencias del Madrid, que lidera la competición en ese segmento.

Hunter hizo exactamente lo que se le supone, cargar el rebote y castigar el aro en continuaciones (6/7 t2). En todo caso, tanto él como sobre todo Ayón sufrieron para contener a ese factor en la zona que ya es Ante Zizic (7 rebotes ofensivos). Una pena que, con 20 años recién cumplidos, solo nos queden 7 partidos de disfrutarle en la Euroliga, pues Dogus tiene mal calendario como para clasificarse y el muchacho ya ha dicho que se unirá a los Celtics en verano.

Es el sino de los tiempos, salvo milagro sucederá lo mismo con Doncic en un año, por mucha panoja que ponga Florentino. Hay que asumir que Europa es la segunda división del basket mundial, en realidad siempre lo ha sido, solo que ahora la brecha se ha agrandado por el nuevo contrato de tv allende el mar. Randolph podría ser otro que se marchase en verano, pese a que está a gusto y el Madrid le habría presentado ya oferta de renovación, tras su estratosférica Copa del Rey. El problema es que la prioridad del jugador parece intentar el regreso a la NBA, lógico por otra parte, querer ganar más dinero y jugar en tu país con los mejores. Como el club no puede arriesgarse a llegar a julio sin la certeza de continuidad de uno de sus referentes, ya trabaja en el plan de contingencia. Y el que suena para ese puesto es Nico Melli, de Brose, sin aspiraciones NBA conocidas, menos desequilibrante que Randolph pero muy completo y regular, de lejos el mejor ala-pívot Euroliga que termina contrato en junio.

Hoy no me quiero levantar

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Hay días en que es mejor no levantarse de la cama, que no das una derechas, para el Madrid este jueves 15 de diciembre queda como uno de esos días. Hasta 22 abajo llegó a estar en el último cuarto en pista de Darussafaka, que venía con la cadena fuera tras perder cuatro seguidos. El maquillaje de la recta final para dejarlo en 13 tantos no esconde el bochorno blanco más importante de lo que va de temporada. Discreto el equipo en defensa y lamentable en ataque, 22 puntos por debajo de su media Euroliga, su peor anotación (68) desde el 19 de abril, aquella paliza de Fenerbahce en el Palacio.

Faltaban dos de los pilares, Llull y Randolph, pero igual la plantilla tiene la profundidad y los recursos suficientes como para al menos competir en cualquier pista de Europa, especialmente en la de un Darussafaka. Fue una cuestión de cierta relajación y mucho desacierto, capitaneado esto segundo por Jaycee Carroll (0 de 6 de campo), desarbolado por la pizarra de Blatt y que ya podemos oficialmente decir que atraviesa un bache en este momento de la temporada.

Tras un arranque de curso a piñón fijo, acumula valoración -6 en los tres últimos partidos Euroliga, apagón especialmente sensible al coincidir con la baja de Llull. Tampoco fue la velada de Doncic (2 de 9 y 4 pérdidas), que en este, su año de consagración, tiene todavía pendiente la asignatura de las salidas en Euroliga, con ambientes hostiles y arbitraje esquivo. Los números no engañan: como local promedia valoración 12 y como visitante baja a 6. En Estambul se vio muy superado por su par, Wannamaker, ya de por sí un base puntero de la competición y que además traía ganas de reivindicarse tras su ridículo en Vitoria la semana previa (0 de 11).

Con la baja de Llull-Randolph y el apagón de Doncic, el Madrid quedaba huérfano de guitarras solistas, catalizadores ofensivos. En otro tiempo supondríamos ese rol de Rudy, pero estamos ya descreídos, nos conformamos con esta ‘versión pildoritas’, de intuición defensiva y habilitar a los pívots con pases en situaciones de bloqueo y continuación. No es que estuviese apático en Turquía, lo intentó al menos, pero esta vez el Madrid necesitaba al Rudy de antes, el vellocino, ¿recordáis?

Los rústicos dieron la cara, Felipe, Othello y Maciulis (34pts), no así Nocioni, al que tenemos en un altar merecido, pero no es de recibo semejante actuación el día que faltan por lesión los otros dos ala-pívots natos de la plantilla. Apático en ataque, limitado a lanzar triples sin rebote pese a que no tenía el día (0 de 5), para terminar con -2 de valoración en 15 minutos. Conociéndole seguro duerme esta noche caliente, todos deberían hacerlo.