Goya convertido en las Termópilas

Épico, parroquia, sencillamente épico. Un cuento de Navidad. En estas temporadas de calendario tan saturado y a chorrocientos partidos, la mayoría caen pronto en el olvido. Pero no el de hoy, de esta victoria nos acordaremos en las tertulias de la cuadrilla dentro de unos años. «¿Te acuerdas cuando le ganamos al CSKA en Navidad con 10 bajas?». Bien, ese día es hoy. No pensaba sentarme a escribir, del cabreo que aún tengo con la Euroliga por hacernos jugar en cuadro pero, bien pensado, los nueve héroes que han sacado el partido adelante bien merecen que eche unas líneas.

Y el héroe de entre los héroes ha sido ‘el nuevo’, Nigel Williams-Goss, al que la baja covid de Heurtel está sirviendo para asentarse por fin, superado el mes y pico de baja que le cortó la adaptación. Su actuación en Murcia el finde ya fue magnífica (val 25), y contra CSKA ha sido el sostén del equipo junto a Edy. Ha repartido juego y dirigido con sensatez, ha lidiado con la más fea en defensa, aguantando como un jabato las embestidas de Clyburn al poste, y ha decidido en la recta final con las tres últimas canastas del Madrid en el partido, todas en 1×1 y sin ventaja, de puro talento.

Tavares ha jugado como la bestia parda que es, todo corazón, puro madridismo. Se ha dejado literalmente la vida sobre el parquet, 36 minutos corriendo la pista de arriba a abajo con sus 221cms y 125 kilos, poniendo bloqueos y llegando a todo en defensa. En los últimos minutos el pobre ya subía andando, asumo que esta noche dormirá pegado a una bombona de oxígeno. Suerte que la ACB sí ha suspendido el partido del lunes (contra Joventut) y el Madrid tendrá ahora algo de margen para descansar y recomponer filas.

De entre los jugadores de primer equipo, Rudy, Llull y Taylor destacaron esta vez menos, un poco erráticos en ataque, entendible con semejante minutada y el derroche físico atrás, pero igual se llevan la medalla de héroes de las Termópilas. Un partido así no se saca sin el compromiso y fe de cada espartano. E imposible cerrar sin dos menciones especiales. Una a Chus Mateo, en su tercer partido al frente del equipo por el positivo covid de Laso, que ha sabido plantear una guerra de guerrillas con la que enjuagar la clamorosa desventaja con la que partía hoy el Madrid. La otra mención es a Klavzar, todo desparpajo en su debut en partido oficial: 10 puntos en 22 minutos, clave para dar aire a los veteranos.

Ganar el partido ha representado el mayor ‘in your face’ posible a la Euroliga por negarse a posponerlo. Imposible no acostarse orgulloso del equipo, esto es honrar la camiseta. Feliz Navidad a todos.

El partido de la vergüenza

Independientemente del resultado, este RM-CSKA quedará como el partido de la vergüenza, que el Madrid tuvo que jugar pese a once bajas, una forma de adulterar la competición por omisión de los que la dirigen. El principal deseo: que nadie (más) se lesione.

La mera disputa del encuentro me parece un insulto y falta de respeto a la afición blanca y al Madrid como institución. Me dan pena los adolescentes que mandan al matadero para cumplir el trámite: Klavzar, Seiq Garuba y Baba Miller, no es precisamente el debut soñado. También me dan pena los aficionados que se han gastado una pasta en la entrada de uno de los partidos más caros y atractivos del año para acabar fumándose este sainete.

Obligar a un equipo a jugar con las once bajas que tiene el Madrid, repito, once bajas, la misma jornada en que pospones un partido por covid (Zalgiris-Milán) es una indecencia que nadie entiende, independientemente de los protocolos vigentes. Quizá esos protocolos son mejorables, ¿no? Situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias, pero la Euroliga se ha dado mus en este caso, agarrada a la letra pequeñísima de un protocolo redactado hace meses, cuando ómicron solo era una letra del alfabeto griego.

Si algo deberíamos haber aprendido todos del covid a estas alturas, camino ya de los dos años, es que los protocolos son solo orientativos porque la realidad acaba sobrepasada por las circunstancias. En la calle Iradier no se dan por enterados y la suspensión del Joventut-Madrid de ACB del domingo les deja aún en peor lugar.

Sin defensa no hay paraíso

El Madrid viajó a Barcelona pero se olvidó la defensa en Atocha, su seña de identidad este curso. Y sin ella no alcanza para rascar en el Palau. 51 tantos encajados al descanso y 93 finales, que son 22 más de los que recibe de media en la competición. Ya me diréis.

Cualquier otro análisis me parece secundario, incluido el arbitraje, que leo a demasiado madridista agarrarse al tópico autocomplaciente de los «atracos del Palau». Si esperabais una crónica amable, centrando la derrota en el arbitraje ya os advierto que estáis en la tribuna equivocada. El arbitraje de hoy fue tan casero como cabía esperar, el de casi todos los partidos de Euroliga este año, independientemente del equipo y el pabellón, a lo que influye el regreso de público a las canchas. ¿O no recordáis ya Múnich o Kazán? Que sí, ante la duda, sobre todo si está Mirotic de por medio, han pitado azulgrana. Pero ya sabes a lo que te expones cuando juegas a domicilio. Y los números tampoco hablan de una diferencia escandalosa: 26 faltas cometidas el Madrid por 25 el Barca.

Mirotic (31pts y 10 rebs), manque pese, ha enseñado matrícula a Yabusele en el duelo estrella del partido, y le ha bajado el hype. El francés ya es burguesía Euroliga, su temporada es estupenda, pero no es una estrella continental, no domina, al menos todavía. Tres airballs se ha cascado hoy, por cierto. Tiene 25 años y margen de mejora, puede llegar a convertirse en un crack, pero aún no está entre los 12 mejores de la Euroliga. No condiciona el juego, no le das el balón y resuelve ni se echa el equipo a la espalda. No lo digo por hacerle de menos sino para dimensionar su nivel de cara a la cuantía de la oferta de renovación que habrá que ir pensando en ponerle sobre la mesa. Me vais a disculpar, pero es que soy muy de Joaquín Prat y de pagar el Precio Justo, que el presupuesto es finito.

Poirier tampoco tuvo el día, más bien estuvo nefasto atrás, superadísimo por Brandon Davies en el duelo de centers reservas: ¡¡-18 el equipo en sus 16 minutos en pista!! Fue el máximo exponente del apagón defensivo blanco. Tavares sí cumplió (+5 en sus minutos), pero no marcó diferencias, condicionado por las faltas, algunas rigurosas y otras innecesarias, como de costumbre. Este es un Madrid construido para que el juego interior domine y hoy no lo ha hecho.

Si el equipo no le perdió la cara al partido fue porque atacó mejor que de costumbre, gracias a una actuación aseada en los puestos en que suele cojear, los del backcourt. Entre Llull, Nigel, Causeur y Heurtel sumaron 42 de los 80 puntos y solo 5 pérdidas, poco que reprochar por ahí, más allá de la ida de pinza de Thomas en el último par de minutos, que costó varios puntos de average de los que nos podemos acordar al final de la fase regular si aspiramos al primer puesto (que tampoco me parece clave en Euroliga).

No haría mayor drama de la derrota ni sacaría conclusiones demasiado categóricas, no deja de ser un pinchazo a domicilio en la jornada 14 de la fase regular, totalmente en guión, y sigue habiendo un colchón de dos victorias sobre el tercer clasificado. Diría más, caer en el Palau con partidazo de Mirotic es un clásico de diciembre, una parada obligatoria prenavideña. Me quedo con que, defendiendo como el culo, se ha dado la cara, lejos de la sensación de inferioridad que reinó el año pasado. El Barca ha necesitado porcentajes de acierto muy altos, el factor cancha del arbitraje, 10 tiros libres fallados por el Madrid y un pésimo encuentro de los interiores blancos para llevarse el duelo, ingredientes que no se repetirán a menudo.

Sufriendo sabe mejor

Este Madrid se maneja bien en el barro, como nunca en la era Laso. Lo veníamos barruntando y la sufridísima victoria ante Maccabi lo viene a refrendar. Muy parecido al duelo frente a Fenerbahce, también en Goya y a marcador exiguo. Si fuese un combate de boxeo diríamos que a los puntos lo merecieron los visitantes.

Pero el equipo sigue teniendo alma y estrella, y también una marcha extra cuando calienta el sol, sobre todo atrás: en 11 puntos dejó a Maccabi en el último cuarto, ni un solo tiro cómodo concedió en ese parcial, que empezó con -9. Y en el desenlace apareció Yabusele, que culminó otra noche notable con ese game winner en penetración (bien la pizarra de Laso), pero sobre todo Heurtel, con los 8 puntos anteriores, providenciales y de canastas sin ventaja, de puro talento.

Es capaz de lo mejor y de lo peor, sabíamos lo que fichábamos. Jasikevicius, que es un poco talibán con lo de la defensa, le dio boleto porque no toleraba una brecha en la falange. Pero en este Madrid su perfil de verso suelto hace de contrapunto a una plantilla tan potente física y defensivamente como cortita de talento ofensivo y creador en el backcourt. Es el joker que se permite Laso en la baraja, irregular y un poco anárquico, pero también clarividente y decisivo. Hay que quererle por lo que es, que no es poco.

Un faro en la oscuridad

Anoche dejó algunos errores defensivos y un par tiros de «porque me apetece», lo normal, vaya, pero a cambio representó un faro en la oscuridad del ataque, el único del juego exterior blanco. Porque el segundo y tercer cuarto del Madrid fueron droga durísima, nulo de ritmo y fluidez, que cada canasta costaba un riñón y los macabeos horadando poco a poco la mencionada victoria a los puntos. Los minutos al timón de Nigel, al que ya le toca ponerse en forma, y especialmente de Llull fueron una tortura china. El balear acabó en valoración -6, por segunda ve en los últimos tres partidos… Se jugó bastante mal, la verdad, como demuestra la estadística: más pérdidas de balón (14) que asistencias (12). A lo cual otorgo bastante mérito a Maccabi, que este año tiene tal vez menos potencial de plantilla pero como equipo está mucho mejor armado. Y en esta edición un poco flojita bien le puede alcanzar para top8.

¿Los demás? Bueno, Tavares y Poirier cumplieron, en sus números pero sin dominar tan claramente como de costumbre, que el rival también juega y el puesto puesto de pívot es de lejos el mejor de los israelíes. Zizic es tan bueno como suponíamos cuando (casi) le fichamos y Reynolds un lujo desde el banquillo. Del resto, Causeur estuvo muy apagado en ataque (4 puntos en 26 minutazos), pero a cambio realizó un sólido trabajo sobre Wilbekin atrás, obligándole a tiros forzados. Abalde se lesionó (posible rotura de fibras) y se une a Alocén en la enfermería, que no terminamos de vaciar nunca. Es nuestra cruz: señor, dame paciencia… Thompkins y Randolph no entraron ayer en convocatoria pero están ya para debutar, suponemos que Laso no quiso exponerles en un duelo de alto voltaje. Mejor para el regreso un plácido partidito ACB de domingo.

Y tras todo esto, entre el barro y los sofocos, sexta victoria consecutiva en Euroliga y el Madrid que sigue líder, en solitario si el Barca pincha esta tarde-noche en pista del vigente campeón. Como expliqué la semana pasada, habrá quien añore los marcadores abultados, y no seré yo quien le juzgue, pero a mí la ilusión de amanecer de viernes y verme en lo más alto de Europa no me la quita nadie.

Novena consecutiva: la vida en technicolor

La visita a Vitoria ha recordado a los derbis madrileños previos al descenso colegial. No hace tanto igualados y llenos de morbo, el tipo de partido que marcas en el calendario, pero cualquiera tiempo pasado fue mejor, que decía Jorge Manrique. El Baskonia juega otra liga, el peor equipo de la Euroliga el último mes, sin paliativos. No es que pierda, es que ni compite. Si hasta se han tenido que cepillar a Dusko, como si fuese su culpa. Una plantilla pretenciosa, corta, inexperta y desequilibrada que hace aguas por casi todos los frentes. Y el principal Wade Baldwin, un chupón con licencia, una carga financiera, una promesa en involución. El billete a otro año fuera del top8.

Tampoco es que importase, porque no había partido, pero Baskonia cometió el error de picar a Heurtel, que ya sabemos que es de corriente alterna. Desaparece a veces, ahora bien, cuando se pone de faena es diferencial. Baldwin, que va un poco pasado de rosca, empezó el pique, y el público arropó al suyo, por corporativismo pero también porque no le guarda especial cariño al francés de su paso por Vitoria. Tampoco sabemos por qué. La cosa acabó en 12 puntos y 9 asistencias en 18 minutos, Player of the Game. La clásica ‘venganza del exjugador’.

El valor de ganar a domicilio

Las dos visitas blancas al Buesa este curso han acabado en paliza: +18 en ACB y +28 hoy en Euroliga. Honestamente, no recuerdo una temporada en que cotizase tan barata la victoria allí. Se junta además el hambre con las ganas de comer, porque el Madrid camina con paso firme, noveno triunfo consecutivo, cierra noviembre invicto. Colíder de ambas competiciones porque, claro, los rivales tarde o temprano acaban pinchando, se llamen Milán o Barca.

Puede que las victorias resulten feas para el espectador medio, del tipo placer adulto, como chocolates Valor, pero a la vez son cómodas, tranquilas para los que padezcan de condición cardíaca, gracias a una humillante superioridad física y defensiva que hace parecer peores a los rivales. El calendario ha ayudado un poco, no es que haya sido el tramo más exigente, tampoco es que sea la edición de más nivel, pero igualmente estas cuatro victorias a domicilio en Euroliga son un tesoro (Zenit, Bayern, Asvel y Baskonia), más en un año de arbitrajes especialmente caseretes y el público de regreso a los pabellones.

Habrá quien eche de menos los tiempos del run&gun, cuando Jaycee y Chacho, y me parece muy lícito, pero este equipo da para ilusionarse. Sobre todo porque aún no se ha tocado techo. Nos frotaríamos los ojos si nos lo dicen en setiembre: campeones de Supercopa y colíderes de ambas competiciones pese a las lesiones. Nigel ya ha vuelto, aún tiene que ponerse en forma, pero su mera presencia ya equilibra la rotación exterior, dos jugadores por puesto. Cuando regresen Randolph y/o Thompkins nos va a parecer ver la vida en technicolor.

Sobre Tavares y el arbitraje

¿Le pitan «mal»? Es un concepto bastante relativo, pero seguramente sí, comparado con los jugadores franquicia de otros clubes punteros de Euroliga. Ahora bien, no diría que es algo personal ni buscaría manos negras en la calle Iradier. Lo siento, si esperáis ese tipo de discurso guerracivilista os habéis equivocado de tribuna. Tavares sufre las desventajas de ser tan grande, no es el primero ni será el último: sus jugadas son aparatosas y se ven a leguas. Gajes del oficio de grúa en pista, a los que debería estar acostumbrado a estas alturas.

Llama un poco la atención, claro, que una vez consolidado como estrella del Real Madrid no goce de un poco más de favor arbitral. Recordemos lo bien que pitaban a Navarro o Felipe, por decir uno de cada equipo y evitar polémicas con ejemplos presentes. Pero no es excusa: Edy juega demasiado pendiente de los árbitros.

En ataque le hacen más faltas de las que se pitan, muchos manotazos cuando tiene el balón cerca del aro pasan por debajo del radar. Pero las faltas que le pitan en defensa sí que suelen ser, lógico cuando vas fuerte a la chapa, no siempre das balón. Tavares las protesta todas, las unas y las otras. Se vuelve antipático para el árbitro, el brasas, y le están esperando. El más mínimo aspaviento es técnica. Y en ocasiones cuestan caras. En Múnich hace 10 días dejó al equipo en pelotas a tres minutos del final y hoy en Fuenlabrada lo mismo, ambos partidos reñidos.

La gestión de la frustración

Su progresión tanto técnica como táctica ha sido espectacular desde que llegó a Madrid, referente indiscutible del equipo, ahora su próximo step ahead debería venir por el control de las emociones. Recuerdo, salvando las distancias, cómo Shaq O’neal permanecía estoico cuando se le subían tres rivales a la chepa y le breaban a palos en la zona para llevarle al martirio del tiro libre. Edy podría tomar su ejemplo.

El entorno del caboverdiano creo que no ayuda a calmarle: leo a demasiado tuitero hiperventilado, incluido alguno disfrazado de periodista, alentando el discurso victimista facilón, que si «persecución» y demás sandeces. Y no, mirad, no es normal lo de hoy en Fuenlabrada, que recién expulsado, con el partido aún en juego, en el alambre, estuviese tuiteando desde el vestuario para echar mierda sobre el arbitraje, independientemente de si los colegiados se han equivocado o no. Porque esa no es la cuestión. El fallo arbitral no da licencia para ponerse hecho como un basilisco o hacer el macarra en redes sociales mientras tus compañeros intentan sacar adelante el partido.

No se trata de llevar la razón, sino de gestionar la frustración. Edy es demasiado importante para el Madrid como para perderse tan a menudo en estas batallas paralelas menores. Imaginaos que en vez de Múnich o Fuenlabrada ocurriese en la final de la Euroliga. ¿Ya no tendría tanta gracia, verdad? Los árbitros se equivocan a veces en tu contra (y otras a tu favor), pero la técnica posterior por protestar es siempre error del jugador, y el perjudicado el equipo.

Laso, tras el partido de hoy: «Lo fácil para mí sería quejarme del arbitraje y proteger a mi jugador, pero debe entender que esto puede pasar, tiene que seguir jugando y aceptar estas situaciones. Me parece absurdo irte de un partido, siendo tan importante para nosotros, porque no te hayan pitado una falta». Amén.