NBA – Cuentos de Navidad

– Comer turrón con Atlanta 4º clasificado del Este retrotrae a tiempos pretéritos, a los Hawks de Mutombo y Mookie Blaylock, así como una década atrás.

– Que la peor plantilla de la liga (Trail Blazers sin Oden) acumule 11 triunfos del tirón y ocupe puestos playoff en el Oeste entra en el capítulo de milagros navideños, “Que bello es vivir”.

– No tan bella es la historia de Miami: Un equipo de Shaquile O’neal que navega último de conferencia tras 28 encuentros. El 34 no ha cuajado ninguna noche por encima de 20 puntos (en 29 minutos de media) y ha lanzado 80 tiros menos que Ricky Davis con los mismos partidos jugados. ¿Cuestión de edad o de prioridades ofensivas?

– A Scott Skiles le hicieron la cama en Chicago y Papá Noel llegó con la carta de despido en el saco. Viendo la desidia de algunos Cavaliers (Larry Hughes, Pavlovic…), Mike Brown puede seguir el mismo camino en Cleveland. ¿Creen que Isiah Thomas y Pat Riley seguirían en los Knicks y en los Heat, respectivamente, si su nombre y su pasado (y bien pasado ya) no fuese el que es?

– Los Lakers se han llevado el Gordo: Andrew Bynum (2,13m., 19 años) ha encestado 27 de los últimos 32 tiros que ha lanzado, promediando 22 puntos y 11 rebotes en los tres últimos encuentros. Los angelinos ya son cuartos del Oeste, a sólo una victoria de Dallas y Phoenix. Bynum es el salvoconducto para que Kobe vuelva a ver segunda ronda vestido de amarillo.

– ¿Es casualidad que las dos decepciones del Oeste, Houston y Utah, ambos fuera de playoff, sean los equipos que más partidos han disputado lejos su pabellón (17 de 28 y 18 de 29, respectivamente)?

– “Los Pistons están viejos, muy vistos y sus partidos son un tostón”, sí, pero van segundos de la liga (20-7).

– Corey Brewer, puntal de los Florida Gators del doblete NCAA, 7ª elección del selecto draft’07, es el 5º rookie en minutos (24,3 de media). El alero tiene una gran oportunidad para progresar en una franquicia en reconstrucción como Minnesota, pero está negado: 31% en tiros de campo (5 tantos por actuación).

– ¿Qué bases de la NBA son netamente mejores que Calderón en aportación al equipo: defensa, visión de juego, anotación, liderazgo, pérdidas de balón? Steve Nash, Deron Williams, Chris Paul, Chauncey Billups, Tony Parker, Jason Kidd y Baron Davis. Siete. Brandon Roy, Gilbert Arenas y Jason Terry no son verdaderos bases, mientras que Marbury, Bibby, Cassell e incluso Hinrich no son ni la sombra de lo que fueron. Es decir, Calderón sería titular, sin necesidad de equilibrismos de plantilla, en unos 15/20 de los 30 equipos de la competición…Este verano, a poner el cazo.

– “Es un hombre nuevo desde que sale con ella, vuela sobre la cancha. Incluso hace mates, lo nunca visto”. Mark Madsen, sobre la transformación de su compañero Marco Jaric desde que es pareja de la modelo brasileña Adriana Lima. El serbio siempre ha sido un base más bien gris, pero su declive le había llevado a marginal en los tristes Timberwolves. Ahora promedia 10 puntos por noche, su mejores números desde que saliese de Clippers. Minnesota es una banda, sí, pero en la vida hay cosas más importantes que el deporte: con 7 millones de $ de sueldo anual en los próximos 4 años y una mujer así esperando en casa, las victorias bien pueden esperar.

NBA – Gustos y Disgustos

Me gusta/n:

que a Navarro le vaya bien, su apuesta lo merece.
la clase de LaMarcus Aldridge (Portland), que me recuerda a Rasheed Wallace.
el alma de killer de Daniel Gibson (Cleveland), lo tiene en la mirada.
los pivots de los dos equipos de Los Angeles: Kaman y Bynum.
que Rajon Rondo sea un base suficiente en Boston.
Calderón anotando, asistiendo y mandando, ascendiendo a la burguesía de la Liga.
Caron Butler haciendo olvidar la espantada-Arenas, tirando del carro de los Wizards sin darse importancia.
las segundas oportunidades para aquellos chicos malos de Indiana, Stephen Jackson y Ron Artest, que han enderezado a Golden St. y a Sacramento tras sendos arranques nefastos sin su presencia.
Popovich, sí, Popovich, un ejemplo de integración del baloncesto internacional y de adaptación a las nuevas tendencias del juego, en contraste con otros compañeros de profesión, de ideas cerradas y cortos de miras.
los triples de Kapono en contraataque o transición, un regalo para los sentidos.
Ginobili y Jason Terry demostrando madurez, sacrificándose por el colectivo, brillando desde el banquillo sin patalear (Marbury, ¿te suena?).
cada lección de baloncesto que puedan todavía impartir Nash y Kidd.
que Indiana vea al fin marcadores de tres cifras, un equipo que juege de cara y sin complejos. La ciudad se lo merece.
Milwaukee sano, territorio desconocido.

Me disgusta/n:

ver a Sergio Rodríguez perdiendo años preciosos.
que Garbajosa se sienta mal por haber jugado el Eurobasket.
la sonrisa falsa de Isiah Thomas, un entrenador deleznable.
el regateo mutuo Varejao-Cleveland, pierden ambos.
Gasol vagabundeando desmotivado.
que alguien con tantas posibilidades como Bargnani se limite a lanzar de tres porque alguien le dijo un día que sería el próximo Nowitzki.
que Krstic y Hinrich se hayan borrado para la causa sin justificación aparente.
la falta de carácter de Yao. Tras seis temporadas en la NBA, todavía le “quitan la merienda”.
los ademanes de soberbia, ostentación y prepotencia de Lebron James.
la sensación de descontrol bajo la dirección de TJ Ford (no es nacionalismo).
los motes en lengua inglesa importados por narradores con poca inventiva.
que las mandarinas desde el centro del campo copen las selecciones de mejores jugadas, son suerte y están muy vistas.
Chicago de arriba a abajo. Están a tiempo de enderezar el proyecto, sería una pena tanto remar (reconstruir) para morir en la orilla.
la falta de seriedad, compromiso y profesionalidad de Gilbert Arenas con una franquicia que le ha dado todo.
las falsas ilusiones: Steve Francis no es nada, tampoco en Houston, ni con Adelman.
la aventura de geriátrico de Penny Hardaway en Miami: innecesaria e intrascendente.

NBA – División Atlántica, Diagnóstico 07/08

– Toronto Raptors: Compren acciones de la franquicia canadiense, uno de los proyectos con mayor perspectiva de crecimiento de la Liga. Juventud y talento no son ingredientes exclusivos, pero sí lo es el carácter competitivo que le imprime el esqueleto de jugadores formados en la otra orilla del Atlántico. Calderón, Parker y Garbajosa, piezas fundamentales del grupo más allá de su planilla estadística, carecen de la mentalidad de la clásica estrella estadounidense: individualista preocupado por presentar números lustrosos al final de su contrato y aparecer en los ‘highlights’ para ser objetivo de “cazatalentos” publicitarios. Bosh y Bargnani son, junto a Curry-Randolph, la más prometedora dupla de pívots de la NBA, un valioso activo. TJ Ford, que mostró una interesante evolución de su lanzamiento en los pasados Playoffs, suma con Calderón una pareja de bases lúcida y complementaria. Llega Jason Kapono, que compite por el Oscar en las categorías de mejor tirador y de peor defensor de la competición. El cliclotímico Carlos Delfino aterriza en el casi único equipo en el que puede sentirse comprendido. Ambos cubrirán holgadamente el hueco dejado por la marcha de Morris Peterson (un histórico de la franquicia, por cierto). Pívots y bases aparte, el chasis de los Raptors tiene un denominador común: tiro exterior. Cuando las defensas se cierren sobre Bosh y nublen su criterio ofensivo como lograron los Nets en la pasada postemporada, los Raptors vivirán de los réditos de más allá del arco, donde cuentan con una lustrosa batería. Diagnóstico: Segundos o terceros de conferencia en la Liga Regular y pasarán una ronda en los playoffs.

– Nueva Jersey Nets: Con Krstic recuperado, cuentan con un quinteto temible. Kidd envejece como el buen vino (a su exhibición en la pasada postemporada me remito). Vince Carter, aunque algo ‘chupón’ e irregular, es determinante cuando se decide a aprovechar en ataque su descomunal físico en vez de su dudosa muñeca. Richard Jefferson es el sueño de cualquier técnico NBA por su profesionalidad, defensa e inteligencia sobre el parquet. Nachbar, que no eclosionó hasta los pasados playoffs, ve el aro como una piscina (eso sí, defiende y rebotea poco para su puesto). Krstic, sin ser Duncan, Garnett o Gasol, tiene clase y mide 7 pies. ¿Conocen muchos de esa especie? Cojea el banquillo. En vez de rascarse el bolsillo para retener a Mikki Moore en plena progresión (interesante reserva para la pintura), contratan a Jamal Magloire, que no ha dado pie con bola en los dos últimos años. Mala operación. El base Marcus Williams, todo un nº2 del draft, o mejora o se confirma como el timo de la estampita. Josh Boone, Jason Collins o Antoine Wright son nada. La temporada es larga, puede haber lesiones y faltan efectivos. Por solvencia y trayectoria, en playoffs volverán a ser temibles, pero en Liga Regular se dejarán llevar.

– Boston Celtics: Por primera vez en más de 15 años hay motivos reales para la ilusión de los aficionados celtics. Kevin Garnett y Ray Allen son verdaderas estrellas (nada de Ricky Davis, Olowokandi o Szczerbiack), de las que cambian a la mañana siguiente el rumbo de una franquicia. Se suman al consolidado All Star Paul Pierce. El precio pagado fue alto (la ilusión no tiene precio que anunciaría Mastercard), y la plantilla quedó con faro pero sin fondo de armario. El casting de veteranos a precio de saldo atrajo a Eddie House, a Scott Pollard y a James Posey, buen balance dada la escasez en el mercado. 24 victorias y penúltimo de la Liga es batir desde muy bajo cuando el cielo es el techo. Zona media de playoffs en campaña regular (4º, 5ªº o 6º), pero su tiempo llegará en mayo.

– New York Knicks: ¿No son Stephon Marbury, Nate Robinson, Jamal Crawford y Quentin Richardson un plantel exterior notable o cuanto menos presentable? ¿No son David Lee y Renaldo Balckman jugadores jóvenes con orgullo y corazón de los que agradan a entrenadores y grada? ¿No es Eddy Curry – Zach Randolph una pareja interior llamada a dominar las zonas de la conferencia Este en lo venidero? ¿No es la de Nueva York una plantilla suficiente para alcanzar, sin necesidad de alardes, un lugar en la postemporada? Y, entonces, ¿porqué siento que vaticinar que este curso los Knicks jugarán playoffs es más una apuesta personal llevada por mis colores que por un diagnóstico objetivo? Que sea lo que Dios quiera: Este año sí, por los pelos, octavos de conferencia…Papa, ¿por qué somos de los Knicks?

– Philadelphia 76’ers: Desprenderse de Chris Webber y, sobre todo, de Allen Iverson no fueron decisiones fáciles el pasado año. El primero supuso una gran desilusión, pues llegó a Pensilvania pasado de forma y desganado. Pagarle el finiquito y ponerle las maletas en la puerta fue una acto de dignidad de la franquicia. Con los años, Allen Iverson pasó de Mesías a lastre que impedía reconstruir y empezar de cero, dado que el tiempo había demostrado que la final del 2001 era lo más lejos que se alcanzaba con ese formato. Divorcio, separación de bienes y si te he visto no te conozco. Querría afirmar que decisiones tan valientes tuvieron recompensa, pero el resultado es la peor plantilla de la competición. Cierto que con ese grupo casi entran en playoffs la pasada temporada, pero igual de cierto es que no cambio el plantel de, por ejemplo y sin ponernos espléndidos, el Pamesa Valencia por el de estos Sixers. Bucearán junto a los Hawks en las cloacas del Este.

NBA – Pollos sin cabeza: del KFC a la NBA

Los pollos sin cabeza han dejado de ser exclusiva de KFC. Se extienden por las más selectas canchas de baloncesto del planeta. Al calor de una época en que un jugador vale lo que a la mañana siguiente dicen sus estadísticas en NBA.com, ha proliferado una peculiar estirpe de bases. Corren la cancha al contraataque como un seiscientos sin frenos, sin retrovisores ni airbag de serie. Lo importante es llegar el primero y saltar. Ya en el aires deciden entre lanzar a canasta un tiro de bajo porcentaje (eso sí, en pose acrobática que garantice, cuanto menos, puesto en las diez jugadas de la jornada) o pasar el balón, en caso de que algún visionario o precavido compañero le haya seguido en la expedición. Salvo honrosas excepciones de noches de gloria, ambas decisiones conducen a problemas. Sus notables números en puntos y asistencias, los ensucia una motita de polvo en el apartado de balones perdidos y % de tiros de campo en las que al día siguiente no se suele reparar.

Los errores del jefe
Véanse casos como: Mike James de Minnesota, Jameer Nelson de Orlando o Sebastián Telffair de Boston. A la cabeza, y nunca mejor dicho, de este singular club se sitúa T.J. Ford. El pasado verano, el ex de la universidad de Texas firmaba con Toronto Raptors un contrato de estrella. Un dudoso currículo, donde sólo brillan un par de temporadas de 7 asistencias por partido en un equipo de medio pelo, auspiciado por una de la mayores sequías de bases en la NBA en años, le valieron para arrancar a la franquicia canadiense un puro de 11 millones de dólares al año.
Los aficionados para los que la liga americana es el coeficiente de las estadísticas de los partidos con las 10 jugadas de la noche verán en T.J. Ford un base sobresaliente: promedios de 14 puntos y ocho asistencias, aliñados con alguna canasta circense y asistencia de sobaquillo.
Pero también hay seguidores que pasan noches en vela engullendo partidos de NBA, que prefieren ver a que se lo cuenten, con un libro de recetas en la mano que dice que el buen base es aquel que hace mejores a sus compañeros. Con ese criterio, sería interesante hacer una encuesta entre los jugadores de los Raptors preguntando (bajo estricto secreto de sumario) con quien se sienten más cómodos y más seguros (sí, cual anuncio de compresas), a quien prefieren en cancha, a Calderón o a Ford.
La respuesta la conoce hasta el propio entrenador, Sam Mitchell. Pero la asunción de sus consecuencias significaría airear públicamente el error del jefe, una bajada de pantalones de 11 millones de dólares anuales.

CRÍTICA – "Entorno culinario del master de perodismo"

El reinado del «Freiduría», un ejemplo de política de fidelización
La falta de una cafetería o comedor en el edificio del master, ha llevado a sus alumnos a buscar un templo donde alimentarse diariamente a precios universitarios. Aunque desde estas líneas defendemos la diversidad como fórmula idónea, no está de más una crítica culinaria de los restaurantes y bocadillerías de la zona para ilustrar a las generaciones venideras.
Mc’Donalds
La política del Mnisterio de Sanidad de criminalizar los Big Mac, ese compañero de aventuras en las noches de parranda, ha convertido a los Mc’Donald’s en lugares de culto para toda una generación, un símbolo de rebeldía culinaria, un punto de encuentro con hamburgesas tamaño duende de fino sabor a plástico.
‘Q Comes’
En el Q comes se sirven ensaladas para metrosexuales a precios aristocráticos. Es una opción recomendable para los viernes, para ilustrados y ortodoxos con cargo de conciencia tras las cervezas irlandesas de la alternativa noche del jueves. Sus colines para acompañar las ensaladas, que hacen las delicias del diplomático señor Soriano, son de lo más inn.
‘Telepi’
El Telepizza es como una mujer despechada y volupuosa, no hace prisioneros ni deja margen a la imaginación. Asegura una digestión dilatada en el tiempo, de las de pasar la tarde viendo tropezones en vez de teletipos.
Máquinas expendedoras Lo mejor que se puede decir de los cafés de as máquinas expendedoras del edificio es que están calentuitos, y que saben a tóner de impresora. Sin embargo, las Conchas y los Tender de Milka representan la burguesía de la bollería industrial y un saludable hábito matutino. No se dejen engañar por la adicción de Regalado a los sándwiches de cangrejo, es un pelagatos trasnochado. Si lo que buscan es el auténtico sabor gallego, no lo duden, la empanada de atún será un auténtico acierto.
‘Inframer’, el engaño
El Framer tiene una ubicación estratégica que cada año le asegura réditos con los desubicados alumnos del master en los primeros días de clase. Como los ligues de una noche, todo se ve distinto a la luz del día y la experiencia, dejando al descubierto que con camarero pseudo-graciosos y bocadillos poco generosos, Eloy acertó al rebautizarlo como Inframer.
‘Freiduría’
El bar restaurante Freiduría representa todo lo bueno de la cultura madrileña, las cervezas y las raciones por cuenta de la casa son un ejemplo de fidelización de clientela de los que no se enseña en los 5 años de carrera de Publicidad. Aunque no se limitan a tapas de tortilla y panceta, sino que igual se lucen con una tabla de ibéricos que se coronan con un navideño cava Freixenet. El trato es cordial y viril, igual que sus bocadillos, de proporciones generosas y grasas animales. La decoración austera y hogareña, se aliña con la fauna de su barra, digna de un estudio sociológico de la España cañí.
‘Duende Matto’
Ejemplo de que la virtud reside en el término medio es el Duende Matto. Igual encuentras ensaladas para momentos de conciencia saludable, que un contundente bocadillo de salchichas para los arranques de irracionalidad. Es algo caro y queda un poco alejado, pero su variedad es el recurso perfecto para las anárquicas salidas en grupo.

CRÍTICA – "Entorno culinario del master de perodismo"

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La falta de una cafetería o comedor en el edificio del master, ha llevado a sus alumnos a buscar un templo donde alimentarse diariamente a precios universitarios. Aunque desde estas líneas defendemos la diversidad como fórmula idónea, no está de más una crítica culinaria de los restaurantes y bocadillerías de la zona para ilustrar a las generaciones venideras.
Mc’Donalds
La política del Mnisterio de Sanidad de criminalizar los Big Mac, ese compañero de aventuras en las noches de parranda, ha convertido a los Mc’Donald’s en lugares de culto para toda una generación, un símbolo de rebeldía culinaria, un punto de encuentro con hamburgesas tamaño duende de fino sabor a plástico.
‘Q Comes’
En el Q comes se sirven ensaladas para metrosexuales a precios aristocráticos. Es una opción recomendable para los viernes, para ilustrados y ortodoxos con cargo de conciencia tras las cervezas irlandesas de la alternativa noche del jueves. Sus colines para acompañar las ensaladas, que hacen las delicias del diplomático señor Soriano, son de lo más inn.
‘Telepi’
El Telepizza es como una mujer despechada y volupuosa, no hace prisioneros ni deja margen a la imaginación. Asegura una digestión dilatada en el tiempo, de las de pasar la tarde viendo tropezones en vez de teletipos.
Máquinas expendedoras Lo mejor que se puede decir de los cafés de as máquinas expendedoras del edificio es que están calentuitos, y que saben a tóner de impresora. Sin embargo, las Conchas y los Tender de Milka representan la burguesía de la bollería industrial y un saludable hábito matutino. No se dejen engañar por la adicción de Regalado a los sándwiches de cangrejo, es un pelagatos trasnochado. Si lo que buscan es el auténtico sabor gallego, no lo duden, la empanada de atún será un auténtico acierto.
‘Inframer’, el engaño
El Framer tiene una ubicación estratégica que cada año le asegura réditos con los desubicados alumnos del master en los primeros días de clase. Como los ligues de una noche, todo se ve distinto a la luz del día y la experiencia, dejando al descubierto que con camarero pseudo-graciosos y bocadillos poco generosos, Eloy acertó al rebautizarlo como Inframer.
‘Freiduría’
El bar restaurante Freiduría representa todo lo bueno de la cultura madrileña, las cervezas y las raciones por cuenta de la casa son un ejemplo de fidelización de clientela de los que no se enseña en los 5 años de carrera de Publicidad. Aunque no se limitan a tapas de tortilla y panceta, sino que igual se lucen con una tabla de ibéricos que se coronan con un navideño cava Freixenet. El trato es cordial y viril, igual que sus bocadillos, de proporciones generosas y grasas animales. La decoración austera y hogareña, se aliña con la fauna de su barra, digna de un estudio sociológico de la España cañí.
‘Duende Matto’
Ejemplo de que la virtud reside en el término medio es el Duende Matto. Igual encuentras ensaladas para momentos de conciencia saludable, que un contundente bocadillo de salchichas para los arranques de irracionalidad. Es algo caro y queda un poco alejado, pero su variedad es el recurso perfecto para las anárquicas salidas en grupo.