CRÍTICA – "Entorno culinario del master de perodismo"

El reinado del “Freiduría”, un ejemplo de política de fidelización
La falta de una cafetería o comedor en el edificio del master, ha llevado a sus alumnos a buscar un templo donde alimentarse diariamente a precios universitarios. Aunque desde estas líneas defendemos la diversidad como fórmula idónea, no está de más una crítica culinaria de los restaurantes y bocadillerías de la zona para ilustrar a las generaciones venideras.
Mc’Donalds
La política del Mnisterio de Sanidad de criminalizar los Big Mac, ese compañero de aventuras en las noches de parranda, ha convertido a los Mc’Donald’s en lugares de culto para toda una generación, un símbolo de rebeldía culinaria, un punto de encuentro con hamburgesas tamaño duende de fino sabor a plástico.
‘Q Comes’
En el Q comes se sirven ensaladas para metrosexuales a precios aristocráticos. Es una opción recomendable para los viernes, para ilustrados y ortodoxos con cargo de conciencia tras las cervezas irlandesas de la alternativa noche del jueves. Sus colines para acompañar las ensaladas, que hacen las delicias del diplomático señor Soriano, son de lo más inn.
‘Telepi’
El Telepizza es como una mujer despechada y volupuosa, no hace prisioneros ni deja margen a la imaginación. Asegura una digestión dilatada en el tiempo, de las de pasar la tarde viendo tropezones en vez de teletipos.
Máquinas expendedoras Lo mejor que se puede decir de los cafés de as máquinas expendedoras del edificio es que están calentuitos, y que saben a tóner de impresora. Sin embargo, las Conchas y los Tender de Milka representan la burguesía de la bollería industrial y un saludable hábito matutino. No se dejen engañar por la adicción de Regalado a los sándwiches de cangrejo, es un pelagatos trasnochado. Si lo que buscan es el auténtico sabor gallego, no lo duden, la empanada de atún será un auténtico acierto.
‘Inframer’, el engaño
El Framer tiene una ubicación estratégica que cada año le asegura réditos con los desubicados alumnos del master en los primeros días de clase. Como los ligues de una noche, todo se ve distinto a la luz del día y la experiencia, dejando al descubierto que con camarero pseudo-graciosos y bocadillos poco generosos, Eloy acertó al rebautizarlo como Inframer.
‘Freiduría’
El bar restaurante Freiduría representa todo lo bueno de la cultura madrileña, las cervezas y las raciones por cuenta de la casa son un ejemplo de fidelización de clientela de los que no se enseña en los 5 años de carrera de Publicidad. Aunque no se limitan a tapas de tortilla y panceta, sino que igual se lucen con una tabla de ibéricos que se coronan con un navideño cava Freixenet. El trato es cordial y viril, igual que sus bocadillos, de proporciones generosas y grasas animales. La decoración austera y hogareña, se aliña con la fauna de su barra, digna de un estudio sociológico de la España cañí.
‘Duende Matto’
Ejemplo de que la virtud reside en el término medio es el Duende Matto. Igual encuentras ensaladas para momentos de conciencia saludable, que un contundente bocadillo de salchichas para los arranques de irracionalidad. Es algo caro y queda un poco alejado, pero su variedad es el recurso perfecto para las anárquicas salidas en grupo.
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