¿Por qué seguimos la NCAA?

Leo opiniones enfrentadas sobre el interés del ‘March Madness’. Para los menos ilustrados, apuntar que en el mes de marzo (loco) se disputa la fase final de la liga universitaria estadounidense (NCAA), cuyas eliminatorias se juegan a partido único.

Ramón Trecet se ha volcado en su blog y su twitter. Lo mismo que Jacobo Rivero (sputnik) y M. A. Paniagua. Por contra, Jesús Sánchez (Marca) apunta con sorna en twitter: «Queda muy in decir desde aquí que te gusta el march madness. Pero a mí me aburre soberanamente».

Todas las opiniones son respetables. Sin entrar a valorar, apunto algunos pro’s y contra’s.
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PROS

No se compite por dinero, al menos directamente. Cierto que algunos jugadores son conscientes de que les espera un futuro en la NBA, es decir, la vida resuelta. Pero son los menos. La mayoría compite únicamente por los colores. Nunca se darían los esperpénticos y frecuentes casos de jugadores NBA lanzándose las zapatillas en el último año de contrato. O de equipos dejándose perder en busca de más bolas en el sorteo del Draft. En ese sentido, la NCAA es mucho más noble.

El ambiente en los pabellones. El público se implica: acude uniformado, anima, canta y aplaude. Hay ruido, pasión. No hay mejor salsa para un partido de baloncesto que un pabellón con ambiente. En la NBA, en cambio, abunda el famoseo casposo, el concepto dejarse ver. «No me gusta el baloncesto, pero mi agente me ha recomendado sentarme en primera fila en el partido de los Lakers para ver si pesco algún papel». Llegan 5 minutos tarde y pasan en el bar el comienzo de la segunda parte. Tienen las manos demasiado ocupadas en comer y beber como para aplaudir. El resultado son babellones vacíos (NJ o Memphis) o silenciosos (Staples Center), con honrosas excepciones (Utah o Miami).

CONTRA

Escaso nivel de juego. Hubo un tiempo, antes de Barcelona’92, en el que combinados de universitarios se valían para ganar torneos internacionales. Hoy, un combinado con los mejores universitarios del país difícilmente lucharía por medallas en el próximo mundial de Turquía. Ninguno de los mejores jugadores de la actual NBA ha pisado una Final Four de la NCAA (Kobe, Lebron, Howard o Durant). Mientras que, un par de décadas atrás, toda estrella de la NBA presentaba un destacado currículum universitario: Jordan, Bird, Magic, Jabbar o Worthy. Sirva como botón de muestra la intrascendencia como profesionales de los 5 últimos MVP de la Final Four universitaria… Sean May, Joakim Noah, Corey Brewer, Mario Chalmers y Wayne Ellington.
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Pregunta al aire

Uno que escribe siente cariño por la competición universitaria, por su nobleza y autenticidad. Pero no puede evitar lanzar esta pregunta al aire: ¿Por qué seguimos en España la NCAA y pasamos de partidos como Olympiakos-Panathinaikos o CSKA-Khimki en las respectivas ligas nacionales, encuentros con más nivel, tanto ambiente y disputados en usos horarios cercanos? ¿Por ia influencia de la cultura americana? ¿Por la morrinha de tiempos pasados?

4 traspasos que condicionan la temporada

Miro la clasificación de la NBA y comprendo la importancia capital de la gestión en los despachos. De hecho, cuatro traspasos, realizados a mitad de campaña, han condicionado la temporada regular que toca a su fin.
Antawn Jamison llegó a Cleveland procedente de Washington a cambio de nada, pues Ilgauskas partió con billete de ida y vuelta. ¿Que los Cavaliers se han aprovechado de un agujero negro en la legislación de traspasos? Pues sí. Pero así es la NBA, igual de sospechosos fueron los términos del intercambio que llevó Gasol a Lakers en su día, traspaso que igualmente ha condicionado el devenir de la liga en el último par de años.
No es que Jamison se esté saliendo desde que llegó a Ohio. Tampoco hace falta. Con sus 16 puntos de media, la nave de los Cavaliers navega cómodamente hacia el primer puesto de la temporada regular, hacia el anillo y hacia la continuidad de Lebron.
Caron Butler, Brendan Haywood y DeShawn Stevenson a Dallas a cambio de Josh Howard, Drew Gooden y Tim Thomas (a Washington). Los Mavericks marchan 12-2 desde el traspaso y son segundos de conferencia. Los Lakers ya no parecen inalcanzables en el Oeste. Por cierto, otro acierto de Dallas fue la elección del francés Rodrique Beaubois en el nº 25 del draft. Un buen escolta anotador para apuntalar una rotación de quilates.
John Salmons a Milwaukee a cambio de Hakim Warrick. Los Bucks firman un 13-2 desde la llegada de Salmons (20 tantos por noche) y serán 5º del Este en liga regular, con aspiraciones de susto en primera ronda. La otra parte implicada en el traspaso, Chicago, suma 10 derrotas seguidas y verá los playoffs por la tele.
– Pasado un mes y medio de temporada, Stephen Jackson se fue a Charlotte a cambio de Raja Bell y Radmanovic (a Golden State). Jackson, a parte de los 20 puntos que promedia, ha resultado ser el perro de presa que necesitaba Larry Bown para clasificar a los Bobcats para playoffs por primera vez en su historia.

¿La futbolización del Madrid de basket?

Ricky Rubio, habitualmente exagerado por la cátedra, cuajó, sí señor, un magnífica Copa del Rey. Al juego de Ricky le beneficia el repunte de forma de Fran Vázquez, menos apreciado por la prensa, cuyas portentosas condiciones atléticas y entendimiento del 2×2 convierten en un socio propicio.

En el otro lado de la balanza está la Euroliga. Los promedios de Ricky en el Top-16 son tan terrenales como 5,8 puntos y 2,5 asistencias, con un 25% en tiros de campo. Quizá el Barca debiera contratar a Randy Knowles, entrenador de tiro del Madrid, que ha obrado un milagro con Sergio Llull (50% en triples en la ACB). Pero, ¿para qué invertir dinero en formar a un jugador que se marcha en poco más de un año? En todo caso, que paguen los Wolves a escote…

Elefante en la cacharrería

Y hablando de inversiones… Tras el repaso en la final de Copa, Florentino quiere invertir aún más dinero en basket para limar el próximo curso la distancia que media con los azulgrana. Recordemos que el presupuesto del Barcelona esta temporada aún es ligeramente superior, 28 a 26 millones de euros. Pero la diferencia no es sólo en presupuesto, sino en físico (más altos y atléticos), continuidad de proyecto (repiten 7 jugadores de la temporada pasada) y salud (ausencia de lesiones). Puedes influir en los dos primeros factores, no en el tercero.

El Madrid de baloncesto corre el riesgo de futbolizarse. De que Florentino decida los fichajes. Y como no tiene ni idea de baloncesto, entraría en el mercado como un elefante en una cacharrería. Fichando a los tres famosillos mediáticos de moda que ha visto en las contadas ocasiones en que hablan de baloncesto en el telediario: Rudy, Splitter… Operaciones de una dificultad extrema, sólo posibles mediante un desembolso propio del fútbol. Un modelo cuyos resultados en fútbol han arrojado tantas luces como sombras.

A nadie amarga un dulce, pero no hacen falta desembolsos galácticos en la sección de baloncesto, especialmente en un equipo que ya tiene una base razonable. Más sentido tendría la continuidad de Messina y de 7-8 jugadores unida a la llegada de piezas menos mediáticas pero ajustadas a las necesidades de la plantilla (Carlos Suárez, Aleks Maric o Terrel McIntyre, por poner tres ejemplos).

La empanada de Villacampa
Tengo en muy alta estima a Villacampa como gestor, por eso me sorprende sobremanera lo mucho que está tardando en destituir a Sito Alonso. Quizá está demasiado abstraído en su candidatura para presidir la FEB…

El DKV Joventut es una nave a la deriva que acumula 6 derrotas seguidas en ACB (más la de Copa), y ya está fuera de puestos playoffs. No juega a nada, cada encuentro es un concurso de triples, sin un mal balón al poste. Y que no se engañen los aficionados, este año no hay excusas victimistas de equipo pequeño. La Penya ha reinvertido en jugadores de garantías el dineral obtenido de la venta de Ricky (Tucker, Bueno, Valters, Mario Fdez. o Tripkovic). Y eso, en los tiempos de crisis que viven la mayoría de equipos, es un verdadero lujo.

Diario de la Copa, 3. La bufanda

Fue el viernes por la noche, a la salida del pabellón tras la segunda jornada, cuando el viaje comenzó a torcerse. No había sido la mejor tarde de baloncesto, con victorias previsibles del Madrid y el Baskonia sobre el Joventut y el Bilbao Basket. Eran como las 12 de la noche cuando salimos del BEC. Nos pusimos las sudaderas y los abrigos, cubriendo hasta la tarde siguiente nuestras preferencias madridistas. Como cada día, había una fila de gente de más de un kilómetro y media hora para tomar el metro. El hambre apremiaba y decidimos cenar algo en los alrededores del pabellón, haciendo tiempo hasta que se despejase la marabunta.

Entramos al primer bar que vimos, estaba a medio llenar. Había unos 50 aficionados de diferentes equipos. Sólo quedaba tortilla. Así que, bocadillos de tortilla para todos y cerveza con limón. Nos sentamos en una mesa vacía en una esquina y pasamos el rato comentando las estadísticas de los partidos.

Un ‘error’

Quizá fue por la experiencia de Vitoria, donde fuimos muy bienvenidos sin importar procedencia o afición. El caso es que nos confiamos y cometimos un error, uno fue suficiente. Alfonso olvidó esconder el único vestigio que nos delataba aficionados del Madrid, una bufanda que llevaba atada en la muñeca. Un ‘aficionado’ del Bilbao Basket comenzó a increparle, a exigirle que se la quitase y se la diese, que le estaba «ofendiendo».

Alfonso, casi disculpándose, respondió que no podía, que tenía gran aprecio a esa bufanda por ser un regalo de hacía muchos años. La respuesta del lugareño fue sacarle del bar agarrado de la pechera para partirle la cara afuera, pertinentemente acompañado por tres gorilas del TAU. No fue lo peor el energúmeno que buscaba bronca, ni los tres gorilas que le siguieron a la guerra sin rechistar. Sino la complacencia silenciosa del resto del bar ante semejante esperpento.

Hay un requisito básico para que suceda una pelea: que las dos partes se quieran pelear. Para su desgracia, no era el caso. Por nuestra parte no era una cuestión de estrategia, sino de principios. Todo pasó en unos segundos. Ya en la calle, y en vista del cariz que tomaban los acontecimientos, entregamos la bufanda y salimos por patas. En esos pocos segundos, hubo empujones e insultos por su parte, y miedo por la nuestra.

El miedo es libre

Cierto que no pasó nada, pero el miedo es libre. Puede llegar de repente y quedarse enquistado. Quiso la (mala) fortuna que volviésemos a cruzárnoslos en el metro, primero, y en una discoteca, después. Tuvimos que cambiarnos de vagón y de discoteca, claro… Ganaron ellos. Todo nuestro delito fue ser aficionados del Madrid.

Hubiese preferido dedicar este post a hablar de baloncesto o del fantástico menú que comimos a mediodía en el restaurante Gorbea (del Casco Viejo). Pero sería engañarme, y engañar a los que lean estas líneas. Ese incidente no sólo condicionó lo que quedaba de día, sino nuestro ánimo para el resto del viaje. Cuando pasen las semanas, será lo único que recuerde del viernes de Copa en Bilbao.

Diario de la Copa, 2. Habitación con vistas

Salimos a las 8:20 y antes de las 12 llegamos a Bilbao, que nos recibió con 12 grados más de los que dejamos en Madrid (de -2º a +10º). Nuestro hotel resulta estar situado en la zona más decadente de la ciudad (alrededores de la calle San Francisco). Vimos prostitutas a media mañana, incluso nos cruzamos con un yonki jeringuilla en mano en un puente sobre la ría (literal). Se ve que la tan alavada modernización/lavado de cara de Bilbao no ha llegado a todos los barrios. Digamos que, a cambio, la habitación tiene espléndidas vistas de la ciudad…

En el mismo hotel se alojaban unos cien aficionados del Anderletch (equipo de fútbol de Bruselas), que por la noche jugaba en San Mamés partido de UEFA. He vivido un año en Bélgica, y creo poder afirmar que estos eran lo peorcito de cada casa. Mis sospechas se confirmaron a la mañana siguiente, cuando leí en el periódico los graves incidentes que se produjeron en el partido.

El Casco Viejo
Nos duchamos y salimos de tourné pintxos + txakoli por el Casco Viejo. Igual de rico aunque más caro que lo esperado. La ruta tuvo seis paradas. Sólo uno de los seis camareros que nos atendió no vestía la camiseta del Athletic ni tenía su bar decorado rojiblanco. Nos dijo en voz baja que era del Madrid, pero nos enseñó también su carnet de socio del Athletic, como para justificarse en caso de problemas. Parece que no puedes ser de ningún otro equipo si quieres regentar un bar en el Casco Viejo de Bilbao.

Bien comidos y bebidos partimos en metro al BEC, un enorme recinto ferial situado en Barakaldo donde se disputa la Copa. Tomé un café para engañar al madrugón, que ya comenzaba a pasar factura. Alfonso y Hernán se descolgaron a copazos. En aquel bar de los aledaños se congregaban cientos de aficionados de los 7 equipos (excepto del Madrid, claro). Cada afición con sus respetivos cánticos, y sólo uno común: el antimadridista. Todo estaba en su sitio, pues. Baskonistas y dementes eran los más numerosos. Nosotros hicimos piña con un par de sevillanos que, como nosotros, bebía en clara desventaja numérica.

Batibles
Pasamos la tarde-noche de baloncesto con Vane y Jaione, vitorianas, baskonistas y amigas desde la Copa del Rey de hace dos años. El Valencia eliminó a Estudiantes en un partido igualado. Claver y Rafa Martínez hicieron la diferencia en el último minuto. Gran alegría en la grada madridista. Por su parte, el Barcelona se deshizo con notablesufrimiento de un digno Cajasol. El partido dejó la esperanzadora sensación de que los azulgrana son batibles.

Hablemos de la organización. El BEC no es un pabellón de baloncesto. Falta desnivel entre las filas, lo que hace que la mitad de tu rango de visión sea la pista y la otra mitad la cabeza del de enfrente. Además, está fuera de lugar progrmar un partido de baloncesto a las 10 de la noche entre diario. Para cuando regresamos al centro de Bilbao, la noche estaba muerta. Igual que nosotros, que nos recogimos mucho antes de lo que marcaba el guión.

Diario de la Copa, 1. La Previa

Han sido meses planificando y fantaseando este viaje. La experiencia previa de hace dos años en Vitoria los justifican.

De vuelta a casa tras un mal día en la oficina, he revisado la presión de los neumáticos y llenado el depósito del coche. Ahora estoy con la maleta. La dejo abierta, a medio hacer, como esperando recordar los bártulos que olvido.

La expedición parte el jueves a las 8 de la mañana. Para los menos familizarizados, presentaré telegráficamente a los componentes.

1) De Alfonso me remito a mi definición de hace dos años: “un merengue de vieja escuela, un alcohólico social, cabeza de puente en asuntos de mujeres”.

2) A Hernán, la Supermanager y aquel viaje a Vitoria le han cambiado la vida. Al menos en lo importante, el baloncesto. De no conocer ni el quinteto del Madrid, a recitar de memoria el banquillo del Meridiano Alicante.

3) Esperamos una evolución similar de Tomy, agnóstico del baloncesto, que se estrena en estas lides.

4) Garcio, que estuvo en Málaga hace tres años pero no en Vitoria, es un perdido de la vida en el amplio sentido de la palabra. Le reconocerán en las fotos por su barba trasnochada.

5) David es discreto catador de vino, baloncesto y mujeres. Con preferencia al producto importado.

Desayunaremos en ruta para llegar como a las 12:30 h. Nos alojamos en dos hostales del centro de Bilbao sin mayor lujo que un parking donde acostar a los coches. De Mario y Marta, compañeros de trabajo, llevo recomendaciones culinarias, especialmente valiosas en una ciudad como Bilbao. Dos folios impresos que guardo en mi cartera como el bocata para el recreo.

El Madrid es el único club que participa en esta Copa del Rey al que le han sobrado entradas del cupo que adjudica la organización a cada afición. Una pobre tarjeta de visita para el club con mayor masa social de la ACB. Son 17 años sin ganar la Copa, toda una vida.

Seguiremos informando…